Taiwán: tras las elecciones, una nueva época de crisis interna y externa

El llamado “año de las superelecciones”, en el que más de 50 países tienen previsto acudir a las urnas, se inauguró en Taiwán con unas elecciones presidenciales y legislativas de gran trascendencia. El candidato del gobernante Partido Progresista Democrático (PPD), William Lai Ching-te, se impuso, pero el partido perdió su mayoría legislativa y una importante cantidad de apoyos. Con este telón de fondo, se avecina una nueva era de inestabilidad para Taiwán y la situación de seguridad en torno a Asia Oriental.

William Lai Ching-te, antiguo miembro del PPD con una larga carrera como político burgués en Taiwán, fue el candidato sin oposición del PPD para suceder a la actual presidenta Tsai Ing-wen. Lai es el líder indiscutible de la facción dominante “Nueva Oleada” del PPD, con profundos vínculos con la principal clase capitalista conservadora de Taiwán. Anteriormente había entrado en conflicto con la presidenta Tsai, de tendencia liberal, pero ésta se vio obligada a ceder para que Lai fuera su vicepresidente en las elecciones de 2020.

En la campaña de este año, Lai prometió ser el candidato de continuidad del gobierno de Tsai, que se había inclinado marcadamente hacia el imperialismo estadounidense frente a las ambiciones chinas de anexionarse a Taiwán. Esta es la principal diferencia entre el PPD y el otro gran partido de Taiwán, el KMT. Aparte de esto, los dos partidos mantienen idénticas políticas procapitalistas en un momento en que Taiwán está cada vez más inmerso en la crisis capitalista mundial.

Aunque Lai obtuvo una cómoda ventaja sobre su principal competidor, el candidato del KMT Hou You-yi, el resultado muestra una caída neta del apoyo al PPD. Comparado con su predecesora Tsai, que ganó con 8,1 millones de votos en 2020, la mayor victoria electoral desde que Taiwán se convirtió en una democracia burguesa, Lai ganó con 5,5 millones, una caída de 2,6 millones de votos.

De hecho, el voto combinado de los dos principales competidores del partido -Hou, del KMT, y el populista insurgente Ko Wen-je- sumó unos 8,2 millones de votos. Un mes antes de las elecciones, Hou y Ke estaban negociando una alianza electoral que acabó en una agria escisión pública. Sin embargo, de haberse materializado, Lai habría perdido las elecciones por goleada.

El PPD, tras dos legislaturas de gobierno con mayoría en el Yuan Legislativo (Parlamento de Taiwán), inicia una tercera legislatura sin mayoría. Ahora tiene que enfrentarse a una legislatura en la que están los partidos de la oposición KMT y el Partido Popular de Taiwán (PPT) de Ko Wen-je, ambos con escaños y mayoría combinada, en caso de que decidan cooperar. El gobierno de Lai será un gobierno en minoría que se enfrentará a un poder legislativo beligerante.

La derrota del PPD en la legislatura es merecida. Tras ocho años de mayoría, no han llevado a cabo ninguna de las reformas progresistas que prometieron, y en su lugar han cumplido fielmente muchos de los planes del anterior gobierno del KMT de contrarreforma salarial, de la jornada laboral, del bienestar, etc. – es decir, atacando los intereses de la clase trabajadora.

En el pasado, el PPD cortejó el apoyo de los trabajadores como la alternativa “progresista y pro Taiwán” al KMT capitalista, establecido y alineado con China. Procedieron a desenmascarar su carácter burgués haciendo más de lo mismo, abriendo los ojos de muchos trabajadores y jóvenes de Taiwán en el proceso.

En estas condiciones, el gobierno de William Lai no tiene nada del brillo de la imagen “progresista” de Tsai Ing-wen, y ha perdido el control del Yuan Legislativo. Con sólo el poder ejecutivo bajo su control, Lai no puede gobernar como lo ha hecho el PPD anteriormente. Ya sea en política exterior o interior, siempre que esté en desacuerdo con la oposición se producirá un bloqueo.

El propio William Lai dista mucho de ser una figura querida entre los trabajadores y los jóvenes. Como alcalde de Tainan y luego primer ministro bajo el mandato de Tsai Ing-wen, fue vilipendiado por su postura arrogante y brutal a la hora de cumplir la voluntad de la clase dominante. Dado que los bajos salarios asolaban desde hacía tiempo a los trabajadores taiwaneses, Lai aconsejó en una ocasión a los trabajadores sociales mal pagados que trataran sus penosas condiciones como “ganarse un buen karma”.

Cuando este brutal ejecutivo de la clase capitalista dé un paso al frente para tomar las riendas del Estado en el contexto del agravamiento de la crisis social, Lai atraerá la ira encendida de las masas que tienen pocas ilusiones en él. Esta es la perspectiva para la que deben prepararse los comunistas revolucionarios de Taiwán.

El significado de Ko Wen-je

Lai apenas tiene motivos de celebración. Pero, ¿significa esto que el KMT ha ganado un nuevo aliento?

La respuesta es no. De hecho, los 4,6 millones de votos de Hou You-yi son incluso inferiores a los 5,5 millones que obtuvo el candidato del KMT Daniel Han Kuo-yu en las últimas elecciones. El propio Han fue una sorprendente estrella emergente dentro del KMT, al estilo de Donald Trump, que en un momento dado pareció capaz de derrotar a Tsai. Eso fue antes de que el movimiento de masas de Hong Kong de 2019 contra el PCCh truncara su ascenso, recordando al electorado taiwanés la amenaza del imperialismo chino.

Esta vez, Hou, un candidato de consenso, es un ex jefe de policía evasivo con un pasado de persecución de activistas democráticos contra la antigua dictadura del KMT. Aunque Hou intentó suavizar la imagen del KMT como “partido prochino”, no consiguió engañar a la mayoría absoluta de la sociedad taiwanesa, que se niega firmemente a unificarse con China sobre la base capitalista actual. Después de todo, el nombre oficial del KMT sigue siendo Partido Nacionalista Chino.

En el Yuan Legislativo, el KMT obtuvo más escaños a costa del PPD, pero aún no ha logrado la mayoría en la legislatura de 113 escaños de Taiwán, con sólo 52 escaños.

Aquí no hay nada sorprendente. El KMT continúa su declive como fuerza principal en la política burguesa de Taiwán, su apoyo ha sido destripado y nunca se ha recuperado desde el movimiento masivo Girasol de 2014 contra el anterior gobierno de Ma Ying-jeou.

A medida que la crisis del capitalismo mundial agudizaba el conflicto entre el imperialismo estadounidense y el chino, y Taiwán se convertía rápidamente en un potencial punto álgido entre ambos, la posición prochina del KMT se hacía insostenible entre una población que está frontalmente en contra del régimen del PCCh en China. Durante años, el KMT descendió a una crisis interna, produciendo no pocos personajes estrafalarios que fueron rotundamente rechazados por las masas taiwanesas. Esto va a continuar.

La principal diferencia de estas elecciones radica en los resultados del Partido Popular de Taiwán de Ko Wen-je. Aunque en las presidenciales el propio Ko quedó en un lejano tercer puesto (con 3,7 millones de votos), su partido duplicó su porcentaje de votos (hasta el 22%) en las elecciones legislativas, asegurándose 8 escaños en el Yuan Legislativo. Como ni el PPD ni el KMT obtuvieron mayoría, el PPT es ahora el “rey” de la legislatura.

Ko Wen-je es un recién llegado a la política burguesa. Antes de presentarse a las elecciones a la alcaldía de la capital, Taipéi, en 2014, era un reputado cirujano especializado en trasplantes de órganos. Cuando apareció en la arena política, se definió a sí mismo como “verde profundo” (es decir, extremadamente proindependentista de Taiwán), y más liberal y progresista, presentándose como independiente, aunque aliado al PPD.

Al tomar las riendas de la capital, pronto se reveló como un reaccionario pequeñoburgués de derechas, sólo interesado en el poder personal. Abandonó sus posturas independentistas taiwanesas en favor del lema “Una sola familia a través del Estrecho”. Mientras tanto, aplicó las mismas políticas procapitalistas que los gobiernos municipales del KMT y del PPD habían llevado a cabo anteriormente contra la clase obrera. El hasta entonces “médico fiable y de mente clara” demostró ser como el resto de los políticos, con frecuentes meteduras de pata misóginas, homófobas y otras reaccionarias.

En 2019, Ko fundó el Partido Popular de Taiwán como vehículo para sus futuras ambiciones presidenciales. Aparte de esgrimir el lema “rechazar al Azul (KMT) y al Verde (PPD)”, los principios fundacionales del PPT eran una lista de tópicos amorfos sobre estar “centrados en las personas”, ser “profesionales” y estar “orientados a los valores”.

A diferencia del histórico Partido Popular de Taiwán, que fue un partido obrero-campesino de masas que luchó contra el dominio colonial japonés en la década de 1920, el PPT de Ko es una banda de antiguos políticos del PPD y el KMT de tercera fila descontentos, que encontraron un nuevo hogar en el partido. Su carácter burgués se puso de manifiesto en sus primeros vínculos con Terry Kuo, el hombre más rico de Taiwán y el tristemente célebre consejero delegado de Foxconn. Esta vez, la compañera de fórmula de Ko es Cynthia Wu Hsing-ying, heredera del conglomerado taiwanés Shin Kong y antigua ayudante del diputado tory británico Peter Lilley. Es objeto habitual de burlas por hablar chino mandarín con un marcado acento estadounidense, habiendo nacido y crecido en Estados Unidos.

Sin embargo, dado que las masas taiwanesas están cada vez más cansadas del sistema bipartidista capitalista que no ha hecho nada por ellas, Ko se convirtió en un desafortunado canal para el deseo de una alternativa.

En el periodo previo a las elecciones, Ko obtuvo un importante apoyo de los jóvenes, hasta el punto de que tanto la campaña del PDP como la del KMT concedieron en gran medida el voto juvenil a Ko. Sus mítines de campaña tenían una atmósfera casi mesiánica, con grandes contingentes de seguidores que le adoraban. A diferencia de las multitudes del KMT y el PPD, no estaban allí a cambio de cajas de bento gratis. Se trataba de algo diferente.

Aunque Ko parece captar la atención de grandes capas de la juventud, los comunistas revolucionarios de Taiwán organizados en La Chispa han advertido firmemente contra cualquier ilusión en él y en su partido. Muchos jóvenes y trabajadores avanzados también ven a través de él. Los sindicatos más combativos de Taiwán también han declarado su oposición al demagogo Ko Wen-je por su terrible historial de políticas antiobreras.

Pero ahora, a pesar de no haber ganado, el partido de Ko es el que manda. Como arribista sin escrúpulos, vigila de cerca el estado de ánimo de la sociedad y dirá casi cualquier cosa para escalar posiciones.

En relación con China, aunque en gran medida se muestra conciliador y dispuesto a distanciar a Taiwán de EE.UU., también ha hecho un llamamiento a un “Movimiento A4”, llamado así por la lucha de masas en China que obligó al PCCh a poner fin a sus cierres draconianos en 2022. Este tipo de lenguaje es inaceptable para el PCCh, y éste no controla a Ko como lo hace con el KMT. Esto deja más espacio para que las ilusiones en Ko persistan en el próximo periodo, hasta que finalmente acabe en una posición que lo exponga como el KMT y el PPD antes que él.

Desde el punto de vista internacional, Ko y el PPT no son nada nuevo. No son más que la iteración taiwanesa de la desafección de las masas contra el establishment capitalista, expresada en ausencia de una alternativa socialista. En muchos sentidos, el PPT es como el Movimiento Cinco Estrellas de Italia, que canalizó la ira de las masas italianas contra el deterioro del sistema capitalista en ese país. Al igual que el Cinco Estrellas, el PPT no logrará convertirse en un elemento estable de la democracia burguesa de Taiwán, y se disipará tan rápido como llegó cuando las masas den un paso al frente para enfrentarse al sistema por sí mismas en el próximo período de agitación en Taiwán y en el mundo.

El primer disparo en un mundo al borde del abismo

Después de haber sido largamente ignoradas por los medios de comunicación burgueses del mundo, las elecciones presidenciales de este año en Taiwán han atraído una atención significativa de la clase dominante internacional de todos los bandos. Están principalmente interesados en cómo las elecciones afectarán a las perspectivas de futuros conflictos entre EEUU y China, especialmente desde el estallido de la guerra en Ucrania.

El imperialismo estadounidense respiró aliviado, ya que Taiwán sigue bajo el control de fuerzas proestadounidenses que no se saldrán de los límites de sus deseos. Aunque William Lai fue hace tiempo un ferviente defensor de la independencia de jure de Taiwán, su paso por la política burguesa le ha llevado a moderar significativamente su postura, hasta el punto de que una vez enarboló el eslogan “más cerca de China, ama a Taiwán” como alcalde de Tainan para frenar los conflictos con China. En su discurso de victoria como presidente electo, prometió mantener el statu quo.

La moderación de Lai sigue de cerca la posición del imperialismo estadounidense. El largo tiempo de Lai en la cúpula del Estado y del establishment del PDP también forjó una línea fuerte y directa con EEUU. Así, cuando Washington pida a Lai que salte, éste preguntará “¿a qué altura?”. EEUU tendrá una mano fiable en el gobierno de Taiwán mientras sigue presionando a China sin llegar a desencadenar una guerra.

La verdadera cuestión es que tan estable será Estados Unidos en el próximo periodo, con un presidente Biden senil y apenas coherente que, según todos los indicios, tiene posibilidades reales de perder sus propias elecciones contra Donald Trump en noviembre. Junto a esto, tenemos la creciente lucha de clases, con un interés significativo en las ideas marxistas desarrollándose entre los jóvenes.

Para la China “comunista”, estas elecciones parecen, a primera vista, una humillante reprimenda. Sin embargo, el PCCh seguramente había previsto este resultado, ya que las encuestas indican desde hace tiempo que el PDP podría ganar por cierto margen. Se han preparado para ello en la propaganda oficial, con los habituales desplantes beligerantes sobre la “unificación de la patria”.

Seguramente continuarán las afrentas contra Taiwán y Estados Unidos, como el envío de aviones de combate para invadir el espacio aéreo taiwanés. Dado que el mandato de Lai no puede inaugurarse hasta mayo, podemos esperar que China haga más demostraciones de fuerza, especialmente en los próximos meses. Sin embargo, en el momento actual, China pretende principalmente con ello distraer a sus propias masas de sus propias crisis sociales mediante posturas nacionalistas. Todavía no está dispuesta a entrar en guerra por Taiwán.

Dicho esto, el periodo inminente será testigo de cambios bruscos y repentinos, especialmente en este “año de superelecciones”, en el que el destino de muchos gobiernos pende de un hilo. Nada excluye que se produzcan acontecimientos sorprendentes que pongan patas arriba todos los cálculos de las clases dirigentes.

Si, de alguna manera, China se ve impulsada a dar un paso contra Taiwán que cualitativamente vaya más allá de los que ha dado en el pasado, entonces sus primeros objetivos serían los territorios de Kinmen y Matsu, dos islas frente a la costa de China bajo control de Taiwán, pero con una pequeña población que en gran medida se considera china y separada de Taiwán. Tomar estos islotes sería tan sencillo como la anexión de Crimea por parte de Putin, y si se hiciera, poco podrían hacer Taiwán o Estados Unidos.

Por una alternativa comunista revolucionaria

Los marxistas de La Chispa y la Corriente Marxista Internacional (CMI) han explicado firmemente que ningún político burgués puede resolver la crisis del capitalismo para la clase obrera. Cualquier cambio político sin la participación real de los trabajadores sólo puede ser superficial y fugaz. A lo largo de los años, muchas de nuestras predicciones se hicieron realidad, incluida la aparición de los pequeños partidos liberales y “progresistas” de la “Tercera Fuerza” en 2014, que han sido completamente aniquilados en estas elecciones. Mientras tanto, la clase dominante de todos los matices mantendrá las mismas condiciones opresivas y de deterioro para los trabajadores y los jóvenes.

El profundo deseo de una alternativa persiste, y ahora está siendo parcialmente aprovechado por el PPT de Ko. Está claro que las masas están cansadas de los partidos burgueses que se pelean por las cuestiones del otro lado del estrecho mientras ignoran sus preocupaciones cotidianas. Como observó The Economist:

“Casi la mitad de los votantes taiwaneses están preocupados por la posibilidad de una guerra con China en los próximos cinco años, según una encuesta de Commonwealth, una revista de negocios taiwanesa. Sin embargo, la mayor prioridad de los votantes es el desarrollo económico, por encima de la seguridad nacional y las relaciones entre ambos lados del estrecho, según la misma encuesta. Esta priorización de las cuestiones económicas es aún mayor entre los votantes menores de 40 años”.

Una alternativa real sólo puede forjarse sobre la base de un partido obrero de masas, que se diferencie de los partidos políticos tradicionales de Taiwán en que no sea un mero frente electoral operado por una banda de activistas, sino un partido de afiliados con participación activa de los miembros de base para controlar la política del partido, manteniendo una clara perspectiva de clase. Sólo una organización así podría inspirar de forma significativa la participación de capas más amplias de trabajadores y jóvenes en la política, combatiendo las tradicionales redes clientelares a través de las cuales la burguesía suele movilizar los votos en el país.

Forjar ese partido es responsabilidad de los dirigentes sindicales de Taiwán, los más avanzados de los cuales están claramente centrados en Taoyuan, en torno a la Unión Industrial de Taoyuan. Deben enviar cuadros por todo el país para conectar con elementos afines, para fortalecer el movimiento obrero en su conjunto en preparación de una nueva era de embestidas presidida por William Lai. El periodo que se avecina implica necesariamente que los trabajadores de Taiwán ya no pueden permitirse no tener su propio partido de clase.

Desgraciadamente, aunque miembros destacados de los sindicatos combativos han sugerido, en ocasiones, la formación de un partido obrero de masas, todavía no han actuado de acuerdo con sus palabras. Siguen teniendo ilusiones en reformar y no en abolir el capitalismo, por lo que consideran la construcción de un partido de clase como una cuestión secundaria. Pero las condiciones materiales se están deteriorando mucho más rápido de lo que ellos creen para la clase obrera general de Taiwán, y si el movimiento obrero no proporciona una alternativa política, lo hará otro, y es poco probable que proporcione algo remotamente progresista.

La forja de un partido así requiere también un programa coherente, claro, revolucionario y comunista, que plantee la cuestión de que los trabajadores tomen el control de la sociedad, y una solución internacionalista de unirse a los trabajadores chinos para acabar con el PCCh y echar al imperialismo estadounidense. Sólo un programa así puede sacar a Taiwán de la interminable niebla de la guerra, y asegurar el sustento de las masas trabajadoras taiwanesas, haciéndolas dueñas de sus propios destinos. Es el único programa que puede inspirar y atraer a capas más amplias de la población que buscan una alternativa viable al statu quo.

Los comunistas revolucionarios de La Chispa, partidarios de la CMI en Taiwán, estamos trabajando para construir nuestras fuerzas basándonos en esta visión y estrategia. Invitamos a todos los trabajadores y jóvenes que quieran conquistar un verdadero futuro para sí mismos a unirse a nosotros en la construcción de nuestras fuerzas y en la construcción de una voz comunista revolucionaria dentro del movimiento obrero taiwanés.

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