26 febrero, 2015

¿Por qué deben participar los trabajadores en las elecciones?

En su autobiografía, el comandante Leonel Gonzáles hace referencia al ambiente previo a las elecciones de 1972, en el sonado fraude electoral donde se impuso al candidato del PCN: “…en cada uno de los centros de votación se había producido una derrota contundente del candidato del partido oficial, PCN, el coronel Arturo Armando Molina. En la inmensa mayoría de las urnas Duarte era el ganador, pero en algunos lugares la Guardia Nacional pretendió hacer fraude tratando de llevarse las urnas para rellenarlas con papeletas del PCN…”

En su autobiografía, el comandante Leonel Gonzáles hace referencia al ambiente previo a las elecciones de 1972, en el sonado fraude electoral donde se impuso al candidato del PCN: “…en cada uno de los centros de votación se había producido una derrota contundente del candidato del partido oficial, PCN, el coronel Arturo Armando Molina. En la inmensa mayoría de las urnas Duarte era el ganador, pero en algunos lugares la Guardia Nacional pretendió hacer fraude tratando de llevarse las urnas para rellenarlas con papeletas del PCN…”

 

Más adelante plantea la forma en que respondieron las masas: “Tras el fraude electoral de 1972 se generalizó fuertemente la lucha reivindicativa en todos los sectores populares de la sociedad, de manera muy especial entre los estudiantes de secundaria, universitarios, maestros, campesinos, sindicalistas, pobladores de tugurios. En 1974 el movimiento estudiantil desarrolló una lucha muy fuerte contra el cierre de la Universidad Nacional por parte de la dictadura. El 30 de julio de 1975 hubo una gran marcha ciudadana que fue brutalmente reprimida [1].”

 

Ejemplos de este tipo abundan en nuestra historia reciente, las luchas del heroico pueblo salvadoreño por liberarse de sangrientas dictaduras militares merecen un homenaje aparte por la inmensa cantidad de relatos. Muchos de nuestros familiares, amigos, vecinos sufrieron en carne propia la feroz represión, unos fueron muy afortunados y lo pueden contar de viva voz, otros no los volveremos a ver nunca. La búsqueda de una alternativa a semejante situación hizo que nuestra gente hiciera uso de esos mecanismos –las urnas—que estaban a su alcance para querer cambiar su historia. Con el correr de los años, sin alternativas claras para la toma del poder y con base a la experiencia propia, muchos compañeros tomaron el camino de las armas como única alternativa para cambiar la sociedad, no nos detendremos en analizar si el método estuvo acertado o no, situación que ya se ha analizado anteriormente, para un análisis más exhaustivo buscar La Revolución Salvadoreña www.bloquepopularjuvenil.org/revolucion-salvadore%C3%B1a

 

En aquel entonces no había posibilidad de llevar a cabo cambios por mínimos que fueran a través de las urnas, y desde luego la oligarquía salvadoreña no iba a aceptar que la “amenaza comunista” se cerniera sobre su territorio con la elección de candidatos que le apostaran según ellos a dicho sistema. Los espacios se cerraban, la represión aumentaba, los fraudes eran la comidilla diaria y tuvimos un desenlace catastrófico a lo largo de muchas décadas con un saldo de alrededor de 75 mil personas entre muertos y desaparecidos, y claro, como menciona el compañero Leonel la mayoría de víctimas fueron los pobres de este país, trabajadores, campesinos y estudiantes. Con la percepción de que el conflicto se hacía cada vez más insostenible para la oligarquía y para el mismo Washington—con la guerra costándole aproximadamente $15 millones al mes—se vino un desenlace y los acuerdos de paz, luego la inscripción del Frente como partido; sin embargo, antes tuvieron que correr ríos de sangre para que pudiéramos hacer nuevamente uso efectivo de estos espacios de democracia controlada por la clase dominante, quien ante el temor de perderlo todo casi siempre está dispuesta a hacer concesiones.

 

La consigna del voto nulo

 

Luego de conquistados estos espacios democráticos, las clases más desfavorecidas de la sociedad harán uso de ellos para querer cambiar su realidad. Esta es la alternativa que por el momento las masas miran aceptable y más viable. Pero también hay otras personas que le apuestan simplemente a no asistir a las urnas, y otros tantos a ir, pero anular el voto, lo que se traduce como tomar la papeleta y hacer con ella cualquier cosa con tal de que ésta no sea tomada en cuenta como válida para ningún partido en contienda.

 

Hay muchos argumentos que se esgrimen por parte de estas personas, por ejemplo que no hay que asistir a votar ya que después de todo “da lo mismo uno que otro” y que no cambia en absoluto la situación precaria de la gente, su eslogan es bien conocido “si no trabajo, no como”. Para plantear una alternativa ante una realidad muy obvia, se debe tener claro que primero tiene que haber un convencimiento muy extensivo entre la población de que las elecciones de diputados y alcaldes si no se utilizan de manera revolucionaria, no nos llevan a ningún lugar y que es necesario anteponer algún otro tipo de democracia que en todo caso tendría que ser la democracia obrera, en lugar del parlamento, deberíamos tener consejos de trabajadores, campesinos, estudiantes y pequeña burguesía revolucionaria con representantes elegidos democráticamente en asambleas. Un movimiento desde las propias bases de la sociedad explotada capaz de barrer con el parlamentarismo y todas las expresiones de la democracia burguesa. Lastimosamente este nivel de consciencia está ausente en las masas por el momento; pero no dudamos de que se dé tarde o temprano. Proponer un boicot a las elecciones tendría que pasar por el análisis de la realidad objetiva, y tener un movimiento insurreccional que sea capaz de arrastrar a la mayoría de la sociedad y ser una opción real para la toma del poder. Incluso en un escenario revolucionario la participación de diputados en la asamblea no es descartable, tal eran las tácticas de Lenin y los bolcheviques de hacer uso tanto de los métodos legales como de los ilegales, pero en momentos en que la revolución está al orden del día, las decisiones más importantes no se tomarán en la asamblea, sino en las calles, los barrios y los cuarteles.

 

El boicot tendría que ser de forma activa anteponiendo una alternativa a este tipo de democracia basados en un fuerte movimiento revolucionario de los trabajadores; pero cuando no se tiene la fuerza para lograr esto se debería de participar en estas elecciones a pesar de sus límites. El voto nulo representa el rechazo a las elecciones de manera pasiva, cada quien en cualquier lugar del país puede hacer uso de esto sin mayor sobresalto, y su descontento quedó consumado.

 

Una consigna que está queriendo ser difundida entre las masas es aquella que reza: “que no hay que votar o que debemos anular el voto ya que ningún diputado de la asamblea nos representa”, en específico a los trabajadores tanto del campo como de la ciudad. Hay que ser claros que ningún elemento de la actual bancada legislativa del partido de izquierda proviene del movimiento organizado de los trabajadores. Creemos que el tipo de elección interna está determinado por la cúpula y que las propuestas a diputados pasan toda una serie de mecanismos en los que podemos estar seguros de algo: la falta de un debate democrático para proponer a los mejores candidatos. ¿Pero cómo le explicamos eso a las masas sin esas denuncias y gritos estridentes de que los líderes y diputados del partido no nos representan, o que en el peor de los casos son unos traidores?

 

Hay quienes cuestionan nuestra tendencia por nuestro trabajo dentro del FMLN especialmente con las bases y que con ello contribuimos a fortalecer la cúpula que por años se ha enquistado en el poder. Hemos repetido en innumerables ocasiones de nuestra persistente determinación hacia las organizaciones de masas, y una de ellas es el Frente, cuya militancia y simpatizantes son en su mayoría proletarias y campesinas. Nosotros no abandonamos a las masas que están siendo influenciadas por las tendencias que emanan de la dirección tanto de reformistas como estalinistas. Con las denuncias de traición o que no nos representan, no lograremos hacer que las masas avancen a posiciones revolucionarias. Lenin explicó que era un crimen separar a los trabajadores avanzados de las masas, y que tales tácticas, lejos de minimizar las burocracias de estas organizaciones, terminan haciendo lo opuesto; las masas no abandonan a sus organizaciones tradicionales de lucha por mucho que éstas se encuentren degeneradas o corrompidas, harán uso de ellas una y otra vez, y tratarán de convertirlas en verdaderas herramientas de lucha antes de desecharlas. Muestra de ello fueron 1, 494,144[2] que le dieron al partido de izquierda la mayor cantidad de votos en su historia con un 50.11% de la totalidad escrutada en las últimas presidenciales.

 

Tampoco consideramos que las candidaturas independientes solucionen los problemas más acuciantes de las masas, reconocemos que muchos compañeros son honestos y que pretenden hacer un esfuerzo por su cuenta, llevando un programa de reivindicaciones para los más necesitados, sin embargo creemos que no es la estrategia correcta, las masas no entienden de grupos pequeños que pretenden salvarlos cada cual a su manera, y consideramos que serán absorbidos al final por la lógica y el ambiente de la aritmética parlamentarista. Tampoco le apostamos a la creación inmediata de otro partido revolucionario independiente, un partido revolucionario comienza siempre como un embrión y que para superar su aislamiento de las masas, los revolucionarios deben de manera obligatoria desarrollar tácticas flexibles para penetrar en las organizaciones de masas de la clase obrera, y mantener siempre una posición firme sobre todas las cuestiones de principios. Trotsky en su polémica con los dirigentes del ILP (Partido Laborista Independiente) de Inglaterra les cuestionaba por no hacer trabajo hacia el Partido Laborista que aún disfrutaba del apoyo de millones de trabajadores: ¿Acaso no es un hecho que una fracción marxista no logrará alterar la estructura y la política del Partido Laborista? Con eso estamos enteramente de acuerdo: La burocracia no se rendirá. Pero los revolucionarios, trabajando dentro y fuera, pueden y deben ganar a decenas y centenares de miles de obreros[3]. No pretendemos dividir al partido como muchos creen que es nuestra intención, si no convertirlo en una verdadera herramienta de lucha para la toma del poder por parte de la clase trabajadora.

 

La dirección, las masas y el partido

 

Hay cuestionamientos muy concretos hacia la dirección de nuestro partido, como su metamorfosis de militantes a burgueses consumados. Tenemos que tomar en cuenta el hecho de que las organizaciones de masas ya sean partidos o sindicatos, son creadas dentro del seno del capitalismo, lo que inevitablemente produce deformaciones burocráticas, y éstas organizaciones creadas en la lucha como el Frente, tienden a degenerar cuando la presión de las masas desaparece. “Las presiones del capitalismo tienen sus efectos más perniciosos en las cúpulas del movimiento obrero, y la tendencia de la burocracia de las organizaciones obreras a separarse de la base y caer bajo la influencia de las ideas burguesas siempre se multiplica por mil cuando disminuye la presión de la clase obrera. Esta es una ley que puede demostrarse históricamente[4]”.

 

El argumento de que una persona no se puede corromper y abandonar a las masas si está firme en sus convicciones no es del todo cierta. Las personas no se desenvuelven en el vacío o están aisladas llevando a cabo la lucha política así como los monjes tibetanos se asilan para contemplar el mundo. Viven y se desarrollan en un contexto específico y concreto, y si no sienten que deben entregar cuentas de su actuación y sus decisiones a nadie, lo más probable es que esta persona sufra desviaciones. Marx decía hace años que las condiciones materiales y la vida misma son las que determinan la conciencia de una persona, y no que la conciencia va a determinar las condiciones en que quisiéramos que fuese la vida. De ser así con el simple hecho de pensar en que necesitamos mayor justicia e igualdad bastaría para transformar la sociedad.

 

“Cuando los capitalistas pueden dar concesiones y reformas, la mayoría de los trabajadores no ven la necesidad de participar activamente en el movimiento. Eso lleva a una mayor degeneración en la dirección que cada vez se divorcia de las masas y las bases del partido. Gradualmente, casi de manera imperceptible, se pierden de vista los objetivos revolucionarios. Los dirigentes quedan absorbidos en la rutina diaria de la actividad parlamentaria o sindical. Llega un momento en que se encuentran teorías para justificar este abandono de los principios[5]”. Las masas y la mayoría de las bases del partido se aferran a él a pesar del alejamiento o degeneración de sus dirigentes, ¿son tontas todas estas personas? Claro que no, simplemente no ven como una alternativa seria para cambiar su realidad a la infinidad de pequeños grupos que le están diciendo que el partido es en estos momentos un partido más que defiende los intereses de la burguesía. Lenin al respecto decía: “Si quieres ayudar a las masas y ganarte la simpatía y su apoyo, no debes temer las dificultades o provocaciones, insultos y persecuciones por parte de los “dirigentes” (que por ser oportunistas y social chovinistas están, en muchos casos, directa o indirectamente vinculados a la burguesía y la policía), sino que debes en cualquier caso trabajar en cualquier sitio donde están las masas. Tienes que ser capaz de cualquier sacrificio, de superar los mayores obstáculos, para poder hacer propaganda y agitación sistemáticamente, perseverantemente y persistentemente en esas instituciones, sociedades y asociaciones, incluso en las más reaccionarias donde estén las masas proletarias o semiproletarias[6]”

 

Lenin era muy claro al respecto, la lucha por la trasformación de la sociedad pasa por dar la pelea por todas y cada una de las reivindicaciones que representen una mejora en las condiciones de vida de las masas oprimidas por mínimas que sean, pasa también por transformar el partido en un órgano de lucha genuino para la toma del poder y comenzar a cambiar la sociedad capitalista desde sus cimientos. Para ello necesitamos de un programa revolucionario verdaderamente socialista y que los dirigentes, alcaldes y diputados lo apliquen si queremos ver cambios reales, las masas tienen que ser partícipes de esta transformación y no meros espectadores, como decía Lenin, ellas son más revolucionarias en determinado momento, que las bases del partido más revolucionario.

 

La asamblea legislativa, ¿solución a nuestros problemas?

 

Se han hecho avances en muchos aspectos de la vida económica y social de los trabajadores y sus familias, la implementación o continuidad de programas que ya conocemos dan testimonio de ello, ley de medicamentos, el querer aprobar una ley del agua y de soberanía alimentaria etc…No necesitamos más que dos ojos para ver quiénes son los que están en desacuerdo con este tipo de iniciativas. La burguesía representada en Arena sabe muy bien que ese es un ataque certero a sus intereses económicos y de clase, por lo cual hará todo su mejor esfuerzo por bloquear, derogar, reformar este tipo de leyes y programas, aunque luego aparezca con su discurso populista de trabajar por el bien del pueblo salvadoreño, lo que no quieren reconocer es que cuando mencionan al “pueblo” hablan en primera persona es decir “nosotros”.

 

Nos parecen acertadas estas medidas que la fracción del partido impulsa desde la asamblea; sin embargo, siempre hemos sido honestos en señalar sus límites y lo insostenible de dichos programas bajo el régimen de la economía de libre mercado, es decir de su financiamiento, estamos en total desacuerdo por más deuda externa para financiarlos, para la burguesía esto es un desperdicio y un gasto excesivo, para las masas esto es insuficiente. Saludamos estas medidas que en lugar de representar clientelismo electoral como afirman algunos, son medidas paliativas que de alguna manera llevan beneficio a las masas, y que incluso a muchos de los abiertos seguidores de Arena los beneficia de manera directa, ya sea involucrándolos como productores de bienes y al ser sus hijos o ellos mismos, receptores de dichos programas.

 

Le decimos a nuestros diputados que estos programas están bien, pero que no resuelven las condiciones más alarmantes de nuestra población, como el desempleo, salarios dignos, incremento constante de los productos de la canasta básica, emigración, crimen etc… y que es necesario ir más allá, que no debemos tener pactos ni acuerdos con la burguesía, y debemos de confiar en nuestras propias fuerzas, en la mayoría trabajadora de nuestro país para hacer avanzar la sociedad hacia otros niveles de desarrollo, lo que pasa por romper con el capitalismo, nacionalizar la banca, las principales industrias del país y la tierra productiva en manos de un puñado de holgazanes. ¿Qué esto suena muy extremista y radical? Para las masas que han sufrido hambre por décadas, le pareciera lo más justo si encontramos la forma más adecuada de explicarles y convencerles.

 

En ciertas condiciones es posible como ya hemos explicado, la transformación socialista de la sociedad de forma pacífica, toda vez los diputados basados en un programa revolucionario ganen la mayoría en el parlamento y movilicen a los trabajadores fuera de él para apoyarse y proceder a llevar a cabo estas medidas. Algunos nos acusarán de antidemocráticos por plantear dichas medidas, al contrario es la burguesía la que restringe la democracia como vimos al principio de este artículo.

 

Luchamos por los derechos democráticos, la clase dominante es la que suele abolir todos estos derechos cuando parece que los trabajadores amenazan su dictadura. De nuestra parte seguiremos participando de las elecciones y en la asamblea legislativa, y trataremos de ganar la mayoría de forma pacífica; pero también somos realistas y hemos aprendido que los banqueros, terratenientes e industriales, no se detendrán ante nada para defender su poder y privilegios.

 

Cerramos con Alan Woods y su apreciación de las circunstancias: “Lenin y los bolcheviques no eran ni cretinos parlamentarios ni anarquistas. Entendieron que, para poder llevar adelante la revolución socialista, primero es necesario ganar a las masas. Por ese motivo aprendieron a utilizar todas y cada una de las posibilidades para llevar adelante trabajo revolucionario. En general, no tenían fetiches, ni el fetiche parlamentario de los reformistas, que piensan que todo se pude reducir a la acción parlamentaria, ni el fetiche antiparlamentario de los anarquistas, que dicen que no hay que participar en el parlamento bajo ninguna circunstancia. Esta última postura hubiera condenado a los bolcheviques a una existencia sectaria. Boicotear el parlamento y las elecciones cuando no se está en condiciones de ofrecer una alternativa mejor equivale a boicotearse a uno mismo”.

 

¡Por más diputados de izquierda que apliquen un programa socialista!

 

¡Ningún pacto con la burguesía, confiar en nuestras propias fuerzas!

 

¡Trabajadores al poder!

 

[1] Con sueños se escribe la vida. Pág. 118 Salvador Sánchez Cerén

[2] Elecciones 2014, Resultados preliminares. TSE

[3] Trotsky, Escritos, pág. 142 de la edición inglesa.

[4] Prólogo de Alan Woods a la Enfermedad Infantil del Ultraizquierdismo en el Comunismo. Fundación Federico Engels.

[5] Ídem.

[6] Lenin, La Enfermedad Infantil del Ultraizquierdismo en el Comunismo. Fundación Federico Engels.