Nacional - Principales - 6 abril, 2019

Luchar contra la muerte

La ola de violencia que nos azota está ahogando a mujeres y jóvenes en nuestro país, incluso niños y niñas. Si bien la mayoría de muertos son hombres, estos son también en su gran mayoría victimarios, por tanto, son las poblaciones más vulnerables las que merecen mayor atención y reconocimiento. Sin ir más lejos, recientemente el cadáver de una pequeña de 12 años fue encontrado en el kilómetro 11 y medio de la carretera Troncal del Norte, muy pocos pensarán que fue una mujer u otra joven la victimaria.

Ante la horrible tragedia que es, uno solo puede pensar que en nuestro país la vida no vale nada, sobre todo si eres mujer o una persona joven. Las estadísticas solo dicen que un mes suben los homicidios que al siguiente caen, pero al finalizar el año nos mantenemos en los primeros lugares como uno de los países más violentos de la región. Hombres, mujeres, niños y niñas, sin importar la edad mueren a diario, lo único que tienen en común es que son pobres en su gran mayoría y en menor medida de las capas medias.

No hay una sola causa ante este cuadro de violencia exacerbada que vive El Salvador, pero si hay un par de responsables que pueden señalarse directamente, uno es el Estado; otro, el sistema capitalista, patriarcal y machista. En el Estado hay planes, leyes, políticas, funcionarios, instituciones, convenios internacionales, tratados firmados, compromisos a futuro… pero nada da al país el descanso ante tanta violencia.

El Estado es insuficiente para garantizar las obligaciones establecidas en nuestra Constitución donde en su artículo primero determina que el principio y fin de su actividad es el ser humano y que es su obligación garantizar entre otros el derecho a la vida establecido en el artículo segundo.

Uno se pregunta ¿por qué el Estado es tan ineficiente para garantizar nuestros derechos? La respuesta por redundante que parezca no es otra que la corrupción al servicio de un sistema deshumanizante.

El Estado no sirve al pueblo, sirve al gran capital, sirve al hombre adinerado que necesita funcionarios que le sirvan; por eso los partidos políticos tienen financistas privados, por eso jueces y fiscales son comprados, por eso la institucionalidad y la ley se aplican con rigor al pobre, pero es laxa y permisiva con el rico o con el funcionario que sirve al capital.

Cotidianamente tenemos ejemplos de esto, el caso FECEPE donde la exvicepresidenta de la república Ana Vilma de Escobar era señalada por malversación de fondos fue desestimado por la Corte Suprema de Justicia. El caso del magistrado de la Cámara Tercera de lo Civil Jaime Eduardo Escalante Díaz acusado de agresión sexual contra una menor de 10 años que será juzgado en libertad; El expresidente Tony Saca llegó a acuerdos por condenas reducidas; su esposa Liga de Saca cumplirá una pena de tres años de servicio social por confesar haber lavado 22 millones de dólares. Pero que sea un pobre al que agarran con una planta de marihuana, se haya robado una vaca, un canasto de jocotes o un poco de carne del super; o una mujer pobre violada que haya tenido un aborto involuntario, para ellos todo el rigor y la rigidez del sistema, la pena máxima sin contemplaciones. El sistema juzga y condena la pobreza no el delito ¡y con más fuerza y dureza si es una mujer pobre!

Nuestro orden jurídico esta subvertido por la corrupción, la Asamblea Legislativa, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Corte de Cuentas, la Policía Nacional Civil y demás, dan muestras a diario de que no están cumpliendo con su rol constitucional, que por el contrario trabajan protegiendo intereses económicos, privilegios de clase o privilegios de funcionarios.

Nuestra sociedad no aguanta más, el país no puede aguantar mucho más este desangramiento diario. Es necesario que esta indignación, que esta rabia surgida de la impotencia nos empuje a luchar contra la muerte que nos impone este sistema deshumanizado.

Nuestra constitución es extraordinaria en su texto, es fenomenal en el papel, pero en la realidad hay un abismo de diferencia. Por eso exhortamos ahora a la población a que lea el ARTICULO 87 que dice:

“Se reconoce el derecho del pueblo a la insurrección, para el solo objeto de restablecer el orden constitucional alterado por la transgresión de las normas relativas a la forma de gobierno o al sistema político establecidos, o por graves violaciones a los derechos consagrados en esta Constitución. El ejercicio de este derecho no producirá la abrogación ni la reforma de esta Constitución, y se limitará a separar en cuanto sea necesario a los funcionarios transgresores, reemplazándolos de manera transitoria hasta que sean sustituidos en la forma establecida por esta constitución. Las atribuciones y competencias que corresponden a los órganos fundamentales establecidos por esta Constitución no podrán ser ejercidos en ningún caso por una misma persona o por una sola institución.”

¿Acaso no está claro? Quien puede negar que nuestro orden Constitucional está alterado por la transgresión causada por la corrupción a nuestra forma de gobierno ¡no hay democracia sin institucionalidad! Quien puede negar que nuestro sistema político sirve a intereses ajenos a los del bien común como dicta el articulo primero de nuestra carta magna.

¡Acaso las muertes diarias de mujeres y niñas, las violaciones, las masacres, el crimen organizado y la impunidad  estructural no son graves violaciones a nuestros derechos consagrados! ¡Y por tanto, acaso no tenemos la obligación, no solo constitucional, sino a demás ética y humana de hacer un llamado vehemente a la insurrección popular donde las mujeres sean vanguardia, para restablecer nuestro orden jurídico y político!

Día tras día solo vemos que la crisis humana aumenta, que la violencia contra las mujeres aumenta, que los jóvenes mueren o desaparecen; que cada vez niñas de menor edad sufren la violencia del patriarcado machista consumando sus muertes. ¿Y el Estado? ¿Y las leyes? ¿Y los funcionarios? ¿Y el pueblo?

Cada 3 y 5 años hay elecciones, en cada proceso electoral hay promesas: crecimiento económico, seguridad, empleos, educación… pero nada… nada cambia… la macro economía esta bien, es fuerte, crece, poquito pero crece… pero la macro economía es la de los ricos, la de los grandes capitales, ellos están bien, ellos aumentan sus riquezas… mientras el pueblo pobre sufre la permanente crisis de la que el neoliberalismo promete librarnos con más impuestos regresivos y más privilegios al capital; con mas flexibilidad laboral y aumento de la edad de jubilación; con la privatización del agua y de la vida… mientras tanto las mujeres pueden trabajar y votar, pero no deben exponerse, no deben andar solas o vestirse “inadecuadamente”… los jóvenes sin oportunidades de educación de calidad y pocas oportunidades laborales deben aceptar que la pobreza es su realidad y que para cambiarla deben aceptar el trabajo de servidumbre que los Poma, los Simán o los Kriete les ofrecen… o los que tienen algunas ventajas, ser emprendedores y buscar créditos en los bancos para poner sus empresas donde tienen que explotar al trabajador para poder pagar sus deudas…

El país no aguantará mucho tiempo más esta realidad. Las causas que dieron origen a la guerra siguen presentes por tanto su consecuencia esta en el horizonte.

Estos próximos 5 años serán decisivos, duros para unos o para otros, pero algo tiene que cambiar para que cambie nuestro futuro.

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