Guatemala: Una democracia burguesa en conflicto

Por Vít Řezníček


El triunfo de Bernardo Arévalo en las elecciones presidenciales de Guatemala representa una sorpresa para el poder político que ha gobernado el país en las últimas décadas. Para la primera vuelta, Arévalo apenas figuraba en el quinto lugar en las encuestas de intención de voto. Pero en dos meses, en un país azotado por la corrupción, su partido, el Movimiento Semilla, captó el hartazgo de los guatemaltecos y conectó con sectores históricamente excluidos, como los movimientos indígenas y los jóvenes.

Hace un par de semanas, el 20 de agosto, fueron las elecciones presidenciales en Guatemala. Dos horas después de que empezara el conteo, a las 8 de la noche, el Tribunal Supremo Electoral de Guatemala se pronunció. Anunciaron que el 96% de los votos ya habían sido escrutados y que la diferencia entre los dos candidatos era de más de 20 puntos.

Esto ya indicaba que Bernardo Arévalo había vencido a su rival, Sandra Torres, una de las candidatas aliadas del gobierno actual. Después del anuncio del Tribunal Supremo Electoral, miles de personas salieron a las calles a celebrar la victoria de Arévalo. Pero la llegada de Arévalo al gobierno no será nada fácil y es muy probable que los sectores populares y la clase trabajadora se lleven otra decepción y más que un par de promesas incumplidas.

El inicio

Hace menos de dos meses, para la primera vuelta de las elecciones en Guatemala, Bernardo Arévalo figuraba en el quinto lugar en intención de voto. Dio una gran sorpresa durante la primera vuelta de las elecciones generales del 25 de junio. Ahora, es el presidente electo de Guatemala. Arévalo hizo de la lucha anticorrupción el centro de su campaña, y en muy poco tiempo logró capitalizar el hartazgo de los guatemaltecos. Entre sus votantes se encuentran grupos que han sido históricamente excluidos, como los movimientos indígenas y los jóvenes del país. Su triunfo marca una ruptura con la política que ha gobernado Guatemala en las últimas décadas. Pero de ninguna forma es una ruptura con la dependencia de los poderes económicos extranjeros e imperialistas y con la democracia burguesa. Pues una de las primeras reuniones de Arévalo fue la que sostuvo recientemente con el vicesecretario de Estado para Gestión y Recursos de Estados Unidos, Richard Verma, con el que comenzó a abordar desde ya temas de cooperación bilateral entre Guatemala y los Estados Unidos.

Arévalo es sociólogo y diputado del partido Movimiento Semilla y trabajó en puestos diplomáticos. Fue viceministro de Relaciones Exteriores, cónsul en Israel y embajador en España. Arévalo nació en Uruguay, tiene 64 años y de niño vivió en Venezuela, México y Chile. Quizás no se le puede desligar de la imagen de su padre, Juan José Arévalo, el primer presidente democrático de Guatemala. El primero elegido democráticamente después de décadas de dictaduras. Fue presidente entre 1945 y 1951. Pero en 1954 su sucesor fue derrocado en un golpe respaldado por la CIA, y los Arévalo tuvieron que exiliarse. Por eso, Bernardo nació en Montevideo y llegó a Guatemala cuando tenía 15 años.

Arévalo se define como de izquierda progresista. Es uno de los fundadores del Movimiento Semilla, que comenzó como un grupo de análisis en 2014 y al año siguiente se convirtió en un referente político en medio de las protestas anticorrupción más grandes que ha visto el país. Protestas históricas en Guatemala que exigieron la renuncia del presidente Otto Pérez Molina. Pidieron a los gobernantes que abandonen sus cargos y se sometan a la justicia. Una de las principales causas es la corrupción de muchos funcionarios del gobierno. Se llevaron a cabo diferentes manifestaciones por parte de diferentes sectores de la sociedad civil en la Plaza de la Constitución, en rechazo a la corrupción del gobierno de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti que gobernaron en Guatemala entre 2012 y 2015 y terminaron condenados por corrupción, y acusados de asociación ilícita y defraudación aduanera.

Es en este escenario que al movimiento Semilla, que era liderado por intelectuales y académicos, se sumaron jóvenes universitarios. Los simpatizantes de Movimiento Semilla se identifican con el mensaje de la lucha contra la corrupción, uno de los mensajes que constantemente Bernardo Arévalo reforzó en su discurso:

“Vamos a impulsar un sistema nacional anticorrupción para desterrar este cáncer, una enfermedad dolorosa que tenemos que atacar desde múltiples blancos.”

La corrupción atraviesa al sistema político en Guatemala (y de toda Centroamérica). Está el caso del exmandatario Pérez Molina que acabamos de mencionar, o el del actual presidente Alejandro Giammattei, que fue investigado por presuntos sobornos. También hay persecución judicial a trabajadores de la justicia y a periodistas, que han sido criminalizados por su lucha contra la corrupción. El año pasado, por ejemplo, el Ministerio Público pidió la captura de 11 fiscales y ex fiscales.

En Guatemala, al igual que en otros países de la región, hubo una fuerte campaña de desinformación durante el proceso electoral. Por ejemplo, “la acusación estigmatizante de comunismo” de la que hablaban Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, sigue volviendo a aparecer 175 años después, acusando a Arévalo de tener la intención de expropiar las tierras. Pues bien, él mismo ha salido al paso de las acusaciones y reiteró su compromiso con la política de conciliación de clases cuando la postura comunista hubiera sido la de lucha de clases.

La campaña de desinformación también incluía mensajes que decían que Arévalo quería legalizar el aborto o apoyar el matrimonio igualitario. En Guatemala solo está permitido el aborto cuando corre peligro la vida de la madre y está prohibido el matrimonio entre personas del mismo sexo. También es un país con una sociedad conservadora, por lo tanto hay temas que todavía no se abordan o si se abordan, no se abordan con tolerancia. Por ejemplo, no se tolera que exista una diversidad sexua y es muy difícil hablar del aborto. Todos estos temas que algunos denominaron de miedo, formaron parte de esta campaña de desinformación y por lo tanto, Bernardo Arévalo y Karin Herrera tenían que dedicar un momento para esclarecer estos temas, porque surgían las dudas. Por lo dicho queda más que evidente que las mujeres y la comunidad LGBTIA+ no pueden esperar la conquista de sus derechos (reproductivos, jurídicos etc.) en el marco del sistema capitalista que los reparte según sus propios intereses, más que todo económicos, sin que le importen en nada su liberación de la marginalización y opresión. Es la organización política, económica y social revolucionaria de toda la clase trabajadora la que permitirá la resolución de estos conflictos, hasta entonces las luchas seguirán y la perspectiva comunista ha de guiarlas hasta su victoria.

El triunfo

Arévalo no figuraba entre los favoritos en la primera vuelta. Las elecciones y sobre todo las encuestas de intención de voto en Guatemala fueron muy divergentes entre ellas. No hubo un solo candidato o candidata que se mantuviera a la cabeza todo el tiempo. La campaña se caracterizó por cambios muy rápidos, en corto tiempo.

En años anteriores se habían unido al Movimiento Semilla personas que atrajeron a los jóvenes y liderazgos de diferentes espacios. De la lucha estudiantil del 2015, de la universidad pública, de las universidades privadas. Algunos liderazgos territoriales, académicos. Entonces Movimiento Semilla comienza a ser como una constelación de personas que se ha ganado cierto renombre. El movimiento ha logrado captar el voto anti-corrupción, anti-pacto de corruptos, pero no es un voto antisistema más allá de la formalidad de la institucionalidad democrática burguesa como la conocemos. Esa democracia que tiene libertades para algunos pocos pero no para las mayorías quienes por el momento no ven otra alternativa que buscar la solución de sus males en el partido menos vinculado a los escándalos del pasado.

Ya, antes de las elecciones del 20 de agosto, Arévalo dijo en una entrevista con El Faro que si ganaba habría intentos de evitar el traspaso de poder. Lo que hemos visto entre la primera y la segunda vuelta fue una serie de arbitrariedades y excepcionalidades en medio de un proceso electoral como nunca antes visto en Guatemala. Vimos allanarse el Tribunal Supremo Electoral. Vimos girar también una orden de allanamiento a una sede de un partido.

Después de la primera vuelta, y por un pedido de la Fiscalía, un juez menor, que ha sido aliado del Gobierno en la persecución judicial a periodistas críticos y operadores de justicia, le ordenó al Tribunal Supremo Electoral que suspendiera la personalidad jurídica del Movimiento Semilla. Eso los hubiera inhabilitado de competir en la segunda vuelta. Pero la Corte Constitucional se negó a cumplir con la orden porque la ley no permite inhabilitar a un partido que ya está participando en el proceso electoral.

Aunque parezca que Arévalo sea una víctima de un viejo orden judicial y político corrupto, recordemos que según Lenin la democracia parlamentaria es perfectamente compatible con los intereses de la clase dominante:

“Por tanto, se confirma una y otra vez con toda evidencia que los gritos en defensa de la democracia en general son de hecho defensa de la burguesía y de sus privilegios de explotación.”

Esos intereses y privilegios serán defendidos por Arévalo quien ha tenido un fuerte discurso anticorrupción, pero no va a ser fácil luchar contra la corrupción cuando está tan enquistada en todo el sistema que no sufrirá mayor transformación.

Pero además de la corrupción, Guatemala tiene otras necesidades. Más del 50% de los guatemaltecos viven en condición de pobreza. Tiene una de las mayores tasas de desnutrición del mundo y según datos del Ministerio de Educación hay un 70% de deserción escolar. Entre los pilares del plan de gobierno de Arévalo están el crecimiento económico y el desarrollo social, que incluyen propuestas para lidiar con estos problemas. Pero para lograr cambios necesitará del Congreso, y el Movimiento Semilla no va a tener mayoría. Ni siquiera tendrá su bancada que por ahora no fue reconocida por el Congreso de Guatemala. Esto significa que los diputados de Semilla quedan excluidos de participar en las comisiones de trabajo del Congreso, así como de las discusiones sobre el presupuesto para el año 2024.

Las tareas comunistas

Si bien es cierto que la victoria de Arévalo se debe a las aspiraciones de las masas de trabajadores y campesinos a una vida mejor, la oligarquía capitalista no puede permitir que se cuestione su poder, su riqueza y sus privilegios, por muy limitados que sean. Se repetirá lo que se ha visto en Colombia, Venezuela, Argentina o México donde ha habido una constante campaña de demonización en los medios de comunicación, y parte de sectores del aparato estatal intenta socavar su legalidad.

La crisis capitalista no permite ningún desarrollo nacional y las graves necesidades de la población en educación, salud, transporte, empleo, vivienda etc. quedarán insatisfechas porque el partido de Arévalo no tocará la propiedad privada de grandes empresas trasnacionales o de grandes terratenientes. Dentro de los confines del capitalismo, ninguno de estos problemas puede resolverse. Así lo ha demostrado la experiencia con distintos gobiernos progresistas en América Latina.

Las tareas democráticas y nacionales que quedan pendientes, ya no se resolverán gracias a la burguesía que desde hace mucho ha dejado jugar un papel progresista. La resolución le corresponde a la clase trabajadora mediante la revolución y la destrucción  del capitalismo y la toma del poder encabezando los demás grupos oprimidos de la sociedad. En palabras de nuestro camarada Jorge Martín:

“Sólo la revolución socialista puede empezar a abordar los problemas de vivienda, empleo, educación, agricultura y salud a los que se enfrentan decenas de millones de trabajadores y pobres en todo el continente. Esto significa la expropiación de la minúscula y podrida oligarquía capitalista de terratenientes, industriales y banqueros, atados por mil lazos a la dominación del imperialismo.”

Por eso hacemos el llamado a todos los y las comunistas en El Salvador y toda Centroamérica para que juntos y juntas construyamos un partido de la clase trabajadora que sea capaz de intervenir en las crisis capitalistas y en los procesos revolucionarios que están por venir. La juventud y la clase trabajadora no han renunciado a la visión de una sociedad sin opresión y sin clases. Nos estamos organizando para lograr ese objetivo.

 

¿Eres comunista? ¡Entonces organízate con nosotros!

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