El Salvador y la salud mental

Vít Řezníček


¿Quién de los que usamos redes sociales no ha compartido memes acerca de la salud mental con sus amistades? El autor de este artículo confiesa que lo ha hecho muchas veces.

La presencia de tanta “diversión” sobre el tema debería alertarnos de que se trata de un problema grave. Es precisamente la falta de políticas públicas  de atención psicológica y psiquiátrica de calidad, libre y gratuita en nuestro país que hace que para muchas/os el poder reírse un rato sobre su padecimiento es la única manera de ver su malestar desde otra perspectiva. Pero hablar con amistades en vez de ir a terapia o compartir memes en lugar de recibir medicación adecuada, no soluciona los problemas a los que nos enfrentamos.  

Recién finalizamos el mes de septiembre. El día 21 de ese mes muchas chicas y chicos recibieron flores amarillas que se han vuelto el nuevo trend de inicio de primavera en el hemisferio sur y que representan el amor y la paz que han de reinar entre nosotras/os. Cada año la Organización Mundial de Salud organiza la campaña “Septiembre Amarillo” que está vinculada al Mes, Semana y Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El 10 de octubre de cada año es el Día Mundial de la Salud Mental. Suficientes indicios como para que nos detengamos un momento y nos preguntemos: ¿Qué hay de nuestra paz mental? ¿Se puede vivir en paz con las y los demás si no tenemos salud mental? Y más aún: ¿Se puede tener paz mental en la sociedad capitalista opresiva? ¿Tenemos derecho a la salud pública de calidad, libre y gratuita bajo este sistema? 

Padecimientos mentales

Cuando hablamos de enfermedad mental en nuestra sociedad nos encontramos con una cantidad de mitos y estereotipos. De los más comunes podemos mencionar apenas algunos:

  • que las personas con padecimiento mental son peligrosas
  • la enfermedad mental es irreversible
  • las enfermedades mentales son poco frecuentes

En realidad, las personas con padecimientos mentales no son más peligrosas que el resto de la población y los problemas mentales son más comunes de lo que creemos. Según la OMS, una de cada cuatro personas que vive en grandes ciudades necesitará ayuda psicológica en algún momento de su vida. Si es verdad que el padecimiento mental puede afectar la vida de una persona parcial y transitoriamente, la recuperación también es posible gracias a los cuidados y tratamientos comunitarios adecuados. Por desgracia, la red de atención psiquiátrica y psicológica en El Salvador es muy pobre. Según los últimos números del inicio de 2023, el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) disponía de 55 psiquiatras y 50 psicólogos activos a nivel nacional, mientras que el Ministerio de Salud tenía en 2018 un total de 147 psicólogos y 32 psiquiatras para atender las necesidades de nuestras comunidades en el área de salud mental. 

¿Qué hacer cuando la red de atención pública es tan pequeña? También soy usuario del ISSS y las citas con mi psicóloga las recibo cada dos meses y medio. ¿Acaso eso es suficiente? Las mismas doctoras que me atienden confiesan que la demanda de sus servicios supera por mucho la capacidad de ellas y de sus colegas. La falta de atención se deja ver en los números disponibles que muestran claramente que una gran parte de la población, 22% de las y los adolescentes sufren de depresión, ansiedad o estrés postraumático. Problemas que no están siendo atendidos por la poca accesibilidad a la salud pública. 

Según las estadísticas, las afectadas por problemas psicológicos son siempre en mayor número las mujeres. El género juega un papel importante en la forma de diagnosticar y tratar los problemas psicológicos. Somos los hombres quienes buscamos menos ayuda y no mostramos tanto los síntomas de depresión. Por eso el diagnóstico se puede dar con más frecuencia y facilidad en mujeres, pero la dificultad de diagnosticar y hablar sobre la salud mental en hombres reside en gran parte en la cantidad de prejuicios machistas arraigados en la sociedad capitalista. El ideal capitalista que se nutre de una visión jerárquica en la que tenemos que ser siempre competitivos, productivos, individualistas y ganadores se muestra insostenible a largo plazo para muchas/os. Las mismas exigencias recaen sobre los hombros de las mujeres de las que también se espera que estén disponibles para atender las necesidades emocionales y de cuidado de sus hijas/os y de sus parejas masculinas. 

A finales de septiembre algunos medios alertaron sobre las estadísticas de suicidios en el país. Una cifra preocupante de 2,118 personas entre 2018 y junio de 2022. Es decir 9 suicidios cada semana. El 2 de octubre de 2023, amanecimos con la triste noticia de la pérdida física de un estudiante de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de El Salvador. De la misma manera hacen su aparición otras noticias sobre personas que toman la decisión de terminar con su vida. El 81% de ellas son hombres. A pesar de que existen algunos esfuerzos para ayudar a mejorar la salud mental de las personas de manera individual, entre todas/os debemos organizarnos por la transformación revolucionaria de la personalidad y las mejores maneras de cómo lograrla. Sin un proyecto político y colectivo será complicado. Pero en medio de una epidemia de soledad, ¿qué mejor forma de enfrentarla que organizándonos como jóvenes y como clase trabajadora? El hecho de organizarse por una causa común es importante para que el movimiento tenga la fuerza suficiente para lograr sus objetivos políticos. De ningún modo significa una mejora para nuestra salud mental, no puede ni debe sustituir el tratamiento médico. Pero puede tener incluso ese efecto positivo en nuestra salud mental al vernos involucrados en un proceso de trabajo significativo. 

¿Qué nos está pasando?

En primer lugar debemos insistir en que los padecimientos mentales se deben a una variedad de causas que pueden ser personales, socioeconómicas, biológicas o de otra índole. Pero es innegable que en los últimos años se ha extendido cierto malestar entre la población y la juventud que sufre en carne propia la decadencia del modo de producción capitalista caducado que se niega a morir. Mientras agoniza está ahogando a toda una generación de jóvenes sumergida en un “realismo capitalista” en el que no hay alternativas. Un modo enfermizo de vida que queda perfectamente descrito en la película argentina “Hombre mirando al sudeste” de 1986 en la que un extraterrestre, Rantes, aparece en un manicomio para ser uno de los pacientes y para poder estudiar a nuestra sociedad moderna. ¿Su evaluación? Para nada alentadora:

 

Si alguien sufre, lo consuelo. Alguien me pide ayuda, se la doy. ¿Por qué entonces usted cree que estoy loco? Si alguien me mira, lo miro. Alguien me habla, lo escucho. Ustedes se han ido volviendo locos de a poco por no reconocer estos estímulos. Simplemente por haber ido ignorándolos. Alguien muere, y ustedes lo dejan morir. Alguien pide ayuda, y ustedes miran para otro lado. Alguien tiene hambre y ustedes dilapidan lo que tienen. Alguien se muere de tristeza, y ustedes lo encierran para no verlo. Alguien que sistemáticamente adopta estas conductas, que camina entre las víctimas como si no estuvieran, podrá vestirse bien, podrá pagar sus impuestos, ir a misa, pero no me va a negar que esté enfermo. Su realidad es espantosa, doctor. ¿Por qué no dejan de una buena vez la hipocresía y buscan la locura de este lado, y dejan de perseguir a los tristes, a los pobres de espíritu, a los que no compran porque no quieren, o porque no pueden, toda esta mierda que usted me vendería de muy buena gana? Si pudiera, claro.

Al ver la espantosa realidad para muchas/os la lucha por escapar de la decadencia del sistema se ha convertido en una huida espiritual hacia sus adentros. Basta con ver la popularidad de los libros de autoayuda, de prácticas de meditación, de ir a terapia si tenemos los recursos o de todo tipo de ejercicios de relajación. Todo eso puede tener su utilidad pero también tiene sus implicaciones socioeconómicas, es decir, cuesta tiempo y dinero que la clase trabajadora necesita para cubrir el gasto de canasta básica que no deja de ir en aumento. Entonces, ¿cuántos de nuestras/os lectores pueden acceder a servicios psicológicos privados, comprar libros o participar en cursos de meditación? La salud mental no puede ser un negocio. 

Necesitamos un sistema de salud pública que garantice nuestro derecho a la salud. El sistema de seguridad social es una conquista de los trabajadores, porque supera las limitaciones sociales de una medicina privada en la que sólo tenía derecho a asistencia quien tenía dinero. Pero en la medida en que no está bajo control de los trabajadores, sino que su gestión está en manos de elementos que la utilizan en beneficio de los “clanes privados de la medicina”, se convierte en una estafa permanente para las familias obreras.

También hay que combatir la idea de que los padecimientos mentales son, nada más, el producto de nuestras mentes y no tienen nada que ver con el entorno en el que vivimos. Por muchos antidepresivos que tomemos, el sentimiento de “enajenación” o de “alienación” que muchas/os experimentamos no desaparecerá. Marx utiliza esos términos para referirse principalmente a la separación de la masa desposeída de los trabajadores asalariados de los productos de su propio trabajo. No era un sentimiento ni una condición mental, sino una condición económica y social de la sociedad de clases – en particular, de la sociedad capitalista.

¿Estamos desposeídos? Sí. Sin vivienda, sin educación, sin salud, sin medio ambiente, sin siquiera oportunidades laborales. Todo se siente ajeno y como si nos fuera arrebatado. La explotación no se detiene. ¿Cuál es la salida de ésta situación? ¿Cuál es la forma de liberación? Marx y Engels nos responden:

“La «liberación» es un acto histórico y no mental, y conducirán a ella las relaciones históricas… de lo que se trata en realidad y para el materialista práctico, es decir, para el comunista, es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos”.  

Las y los comunistas nos organizamos para poder transformar la realidad de la esclavitud asalariada aunque esa a primera vista parezca inmutable y difícil de cambiar. 

Una nueva sociedad 

Las y los jóvenes están despertando y están buscando una alternativa. Cada semana lo comprobamos viendo las respuestas que recibimos como parte de la campaña “¿Eres comunista?”. La juventud se pregunta de nuevo sobre cómo será la sociedad comunista y está recuperando el sentido de la historia, del desarrollo y de la transformación que han de ordenar nuestra visión del futuro para la humanidad. En el contexto de la discusión de la “enajenación”, aparece aquella famosa cita de Marx y Engels sobre el estilo de vida en una sociedad comunista: 

“…en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos”.

No se trata de que si realmente tendremos o no la capacidad de cambiar de profesión tres veces al día en la sociedad comunista. La descripción de Marx y Engels nos muestra la posibilidad de organizar una sociedad más sana en la que las personas estarán desarrollándose según sus propias capacidades, intereses y necesidades en vez de las necesidades impuestas por el capital. Recuperar la salud destruida por las condiciones de trabajo, tener acceso a la vivienda más apropiada en un ambiente protegido y preservado para las generaciones futuras, vivir en comunidades que compartirá sus recursos, estudiar sin tener que sacrificar los sueños por consideraciones pragmáticas. Eso es lo que queremos, por lo que nos organizamos y por lo que luchamos.

Si crees que necesitamos una salud pública con atención de calidad disponible para mayor número de personas posible, si crees que es posible cambiarla radicalmente, aprovechar los recursos médicos en beneficio de las mayorías en vez de unos cuantos, entonces pensemos juntas/os en cómo organizar toda nuestra sociedad mejor de forma colectiva y planificada.

 

¡Organízate por la revolución!

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