16 noviembre, 2021

El asesinato de los jesuitas, 32 años de impunidad

Por Camila Castillo


“Si me matan durante el día, es la guerrilla y si me matan durante la noche, es el ejército.“ —  Ignacio Ellacuría

La madrugada del 16 de noviembre de 1989, un equipo militar irrumpió en la casa de los jesuitas de la Universidad Centroamericana, matando así a los 6 jesuitas y dos mujeres que colaboraban con ellos en la casa. Ellos eran:

«Padre Amando López

Padre Amando López tenía 53 años, nació en España, estudió teología en Irlanda y consiguió su doctorado en Ciencias de la Religión en Francia. Rector del seminario interdiocesano de San Salvador, posteriormente rector del Colegio Centroamericano y de la UCA de Managua, Nicaragua. Su carisma fue un regalo de consejo, felicidad y ternura.

Padre Ignacio Martín-Baró (Nacho)

Ignacio «Nacho» Martí-Baró tenía 47 años, era español, había sido novicio en El Salvador y estudiante de humanidades y filosofía en Ecuador y Colombia, de teología en Alemania y Bélgica. En la UCA obtuvo una licenciatura en Psicología Social y un doctorado en los Estados Unidos. Publicó 11 libros e innumerables artículos. Vicerrector académico, maestro de los psicólogos salvadoreños, vivió atento a los problemas de los pueblos, a las consecuencias psicosociales de la violencia, a la religiosidad liberadora.

Padre Ignacio Ellacuría

Ignacio Ellacuría tenía 59 años, era español, salvadoreño por adopción como sus compañeros jesuitas, desde que ingresó al noviciado de Santa Tecla a los 19 años. Doctor en Filosofía, teólogo, rector de la UCA durante 10 años. Su rigor intelectual, su claridad en el análisis de la realidad, su creatividad para soluciones profundas e inmediatas, lo convirtieron en un interlocutor obligado para religiosos, intelectuales y políticos y su fama trascendió las fronteras centroamericanas. Invitado a congresos y conferencias, recibió muchos premios en el extranjero, que aprovechó para reclamar justicia para su pueblo.

Padre Joaquín López y López

Joaquín López y López tenía 71 años y era el único nativo salvadoreño. Había estudiado en los Estados Unidos y en España. Su vida la pasó entre el Colegio San José y la UCA; En los últimos veinte años se había dedicado a «Fe y Alegría». Gracias a esta institución, 48 mil niños, niñas y adolescentes recibieron educación en 30 centros.

Padre Segundo Montes

Segundo Montes, de 56 años, era español. Doctor en Antropología Social, educador por vocación, escritor. Desde 1984 se dedicó incansablemente a los refugiados de guerra que visitó en Honduras, Nicaragua y en los Estados Unidos. Su trabajo científico y humanitario atrajo la atención internacional. Sus escritos y conferencias revelaron la cruda realidad salvadoreña.

Padre Juan Ramón Moreno Pardo (Pardito)

Juan Ramón Moreno Pardo, de 56 años, era español. Estudió filosofía en Ecuador y teología en los Estados Unidos. Su inteligencia y agudeza le habían permitido adquirir una vasta cultura. Educador de estudiantes, seminaristas y novicios, también fue un predicador incansable en los ejercicios espirituales.

Elba Julia Ramos e Celina Maricet Ramos

Elba Julia Ramos, de 42 años, era la cocinera de la comunidad jesuita en la UCA. Madre de dos hijos, estaba casada con Obdulio, el “manitas” de la comunidad. Discreta, intuitiva, siempre dispuesta a servir, su risa alegraba la cocina y el alma de todos. Celina, su hija de 16 años, acababa de graduarse de la escuela secundaria. Positiva y deportiva, estaba cerca de casarse. Esa noche, por miedo, ambas durmieron en la casa de la comunidad». Datos biográficos tomados de la entrada ¿Quiénes son los jesuitas españoles que fueron asesinados en 1989? 

Los misioneros jesuitas se destacaban por denunciar las injusticias sociales y por promover una solución pacífica al conflicto armado.

El rector Ignacio Ellacuría, en su preocupación por los actos terroristas accedió a la solicitud del gobierno a colaborar como mediador, criticando la ofensiva guerrillera y reafirmando que la negociación pacífica era la solución.

Amenazas

A las once de la noche, todas las emisoras recibieron la orden de conectarse a una «cadena nacional» que no era otra que Radio Cuscatlán, la emisora de la Fuerza Armada salvadoreña. Dos emisoras, que al principio se negaron a conectar, fueron obligadas a hacerlo poco más tarde.

Bajo el control de la Fuerza Armada, la programación cambió radicalmente cortando la información directa sobre los combates. Habían mensajes repentinos del Centro de Información Nacional, afirmando que la lucha estaba localizada y que todo estaría bajo control.

Las llamadas que pedían información sobre parientes o la transmisión de mensajes a familias diciendo que estaban bien, fueron cambiadas por denuncias y ataques contra personas de la oposición política, sindicatos, organizaciones no gubernamentales e iglesia. Se les acusaba de ser fachada del FMLN. Aquellas llamadas estaban llenas de odio, que frecuentemente pedían actos violentos de quienes nombraban.

Sumando a la historia de acoso y persecución que ya sufría la Compañía de Jesús, estos ataques se dirigieron contra los jesuitas. El rector de la UCA era a quien se nombraba mayormente por quienes llamaban, diciendo:

Ellacuría es guerrillero. ¡Que le corten la cabeza!

Deberían sacar a Ellacuría para matarlo a escupidas.

El vicepresidente de ARENA José Francisco Merino López, acusó a Ignacio Ellacuría de haber envenenado las mentes de la juventud salvadoreña con sus enseñanzas en la UCA y el Colegio Externado San José.

Al informar de estos ataques, La Prensa Gráfica, matutino de San Salvador, hacía el siguiente resumen:

«También se oyeron a través de la cadena radial a nivel nacional, condenas y severas críticas contra el arzobispo monseñor Arturo Rivera Damas y contra el obispo auxiliar, monseñor Gregorio Rosa Chávez, porque dominicalmente, en vez de prédicas evangélicas, hacen discursos comunistas, en favor del FMLN, la Convergencia y FENASTRAS.

Categóricamente dijeron las referidas condenas y críticas, que es de suma importancia que saquen del país a los jesuitas, porque en la UCA esconden armas desde hace alrededor de diez años. Señalaron como principal responsable al sacerdote jesuita español Ignacio Ellacuría».

El director del Comité de Prensa de la Fuerza Armada, mayor Mauricio Chávez Cáceres, jugó un papel importante en el suministro y control de la información durante la ofensiva, negó cualquier responsabilidad ante las amenazas retransmitidas a través de la cadena nacional de radio, alegando que él estaba fuera del país, de vacaciones en Guatemala, dijo que el Gobierno por medio del Centro de Información Nacional controlaba la cadena y que el responsable era Mauricio Sandoval, director de la oficina de prensa del gobierno, el Secretariado de Información Nacional. «Cuando llegué a la emisora me di cuenta de que tenían un micrófono abierto por el que podía hablar cualquiera. Me contaron las amenazas, que la gente decía que los jesuitas eran los responsables», dijo el mayor Chávez Cáceres. «Di la orden de que se cortara el micrófono abierto. Desde el 14 de noviembre sólo se daba información militar.»

Al declarar Bernard W. Aronson, director general para asuntos interamericanos del departamento de Estado de Estados Unidos, ante el comité de relaciones exteriores del Senado el 17 de noviembre de 1989, dijo que, cuando supo de las amenazas, el martes 14 de noviembre, cablegrafió personalmente al embajador William Walker pidiéndole que «trasladará al presidente Cristiani el deseo de la administración (de los Estados Unidos) de que su gobierno, dentro de los límites de la libertad de prensa, no permitiera tales amenazas en los medios controlados por el gobierno». Pero Aronson rechazó las sugerencias de que el gobierno salvadoreño fuera responsable, diciendo: «Pienso que es un error sugerir que eran personas que trabajaban para el gobierno quienes lanzaron amenazas de muerte a través de las ondas».

Hubo presencia militar a los alrededores de la UCA, por que la universidad se encuentra a poca distancia de la sede del Estado Mayor Conjunto que alberga también el ministerio de Defensa, de la Escuela Militar, de la Dirección Nacional de Inteligencia, del batallón San Benito de la Policía Nacional y de dos urbanizaciones militares, la Colonia Arce y la Colonia Palermo. Es decir, sólo la Autopista Sur separa a la UCA del Complejo Militar más importante del país., de igual forma se dieron inspecciones. Un informe falso por parte de la Embajada de los Estados Unidos en San Salvador, envió un cable a la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa norteamericana) en el que decía que «el siguiente material fue encontrado por la Fuerza Armada salvadoreña en los dormitorios de los sacerdotes jesuitas en la Universidad Católica:

-Tres fusiles AK-47 (soviéticos), tres RPG-18 (granadas impulsadas por cohete), dos fusiles M-16, cuatro pistolas del 45 y tres radios YAESU».

Así se dieron inspecciones en el Centro Loyola, la casa de ejercicios de los jesuitas, que también fue registrada. En el centro Loyola, el cuidador abrió la puerta y revisaron las habitaciones dijeron:

«Esto pertenece a la UCA, ¿verdad? Aquí es donde planean la ofensiva.» Luego de esperar se encaminaron hacia la UCA y un oficial comentó:»Ya vamos a buscar a Ellacuría y a los jesuitas. ¡No queremos extranjeros!» Otro soldado le dijo a un empleado del centro:

«Esta noche va a haber mucha bulla por aquí. Métanse adentro y no asomen la cabeza.» Otro más añadió: «Vamos a buscar a Ellacuría, y si lo encontramos, nos van a dar un premio.»

Estado Mayor

Reuniones con la mayoría de oficiales de mayor graduación que vivían en el complejo militar e incluso el Presidente Cristiani pasaba allí varias noches.

Según el coronel Ponce, unos veinticuatro altos oficiales se reunieron hacia las siete y media de la noche del miércoles 15 de noviembre «para analizar las posiciones que habíamos perdido desde el 11 de noviembre… Analizamos lo que teníamos que hacer para recuperarlas. Nos dimos cuenta de que teníamos que tomar medidas más enérgicas.». «La reunión del 15 de noviembre por la noche fue «la reunión más tensa y desesperada de los más altos comandantes del país, desde que empezó la guerra contra los insurgentes izquierdistas diez años atrás»

De igual forma se comenta de otras reuniones de alto oficiales pero en grupo más reducido.

Noche del asesinato

Dos asesores militares norteamericanos permanecieron en ese centro de mando durante la noche. Los miembros del Alto Mando estuvieron allí hasta las dos de la madrugada, cuando los asesinos ya estaban en el campus.

El estruendo de las armas , el fuego de ametralladora y de fusiles de asalto automáticos, explosiones de granadas y de cohetes LAW se oyó perfectamente desde el Estado Mayor. «Al oír esas explosiones hubo preocupación extrema en el Estado Mayor», recuerda el coronel Carlos Armando Avilés. «Fue la primera vez que se temió un ataque a los centros vitales de la Fuerza Armada, el Estado Mayor y el Ministerio de Defensa.» Otro oficial que estaba presente esa noche, el jefe del departamento de contrainteligencia, «escuchó fuertes detonaciones y explosiones cerca del Estado Mayor… y las ubicó por el sector de la UCA.

Fue poco lo que estuvieron tirados en el suelo los cinco jesuitas. Algunos vecinos oyeron cuchicheos, sin entender lo que se decía. Justo antes de que los asesinos dispararon, una vecina asegura haber oído una especie de cuchicheo acompañado, como salmodia de un grupo en oración.

La entrada y la trayectoria de las balas hacen pensar que algunos de los padres trataron de incorporarse al comenzar la ejecución.

Fingieron un enfrentamiento frente al parqueo cerca a la capilla de la Universidad, así como también fingieron el ataque al Centro Monseñor Romero.

En el libro de operaciones del Estado Mayor se lee textualmente: «A las cero horas treinta minutos del dieciséis, delincuentes terroristas, mediante disparos de lanzagranadas desde la Quebrada Arenal San Felipe, en las proximidades y al costado Sur Oriente de la Universidad en mención, dañaron el edificio de Teología de ese centro de estudios, sin reportarse bajas.» El coronel sólo se equivocó en el lugar desde el cual fue atacado el edificio y en la hora, adelantada en realidad casi dos horas exactas.

En las puertas y paredes de la planta baja del Centro Monseñor Romero, los soldados escribieron las siglas «FMLN». Al salir de nuevo por el portón para peatones de la UCA, uno de los criminales escribió: «El FMLN hizo un ajusticiamiento a los orejas contrarios. Vencer o morir. FMLN.» 

Ocultando la verdad

Se le atribuye el hecho al FMLN, el gobierno comenzó una campaña con un grupo de emisarios, relacionados a ARENA y ejército, que viajaron a Europa, Estados Unidos y Sudamérica, en una ofensiva diplomática cuyo objetivo era combatir la publicidad negativa que producen los asesinatos a nivel internacional.

Alegaron que la amenaza a los jesuitas era «una manifestación de libertad de expresión», a pesar de las pruebas que implican a la Fuerza Armada. El ministerio de Relaciones Exteriores ofrecía lo siguiente:

«No debe olvidarse que en cualquier caso, la atribución de tal hecho al gobierno o al ejército salvadoreño carece de todo fundamento moral y jurídico y no debe tomarse más que como una estrategia de los grupos terroristas tendiente a desestabilizar la democracia de la Nación. Debemos tomar en cuenta asimismo, que el beneficiario inmediato de este crimen es el FMLN que lo utiliza internacionalmente en su favor».

Han pasado 32 años del asesinato de seis sacerdotes en la UCA, la ama de llaves y su hija, la investigación del crimen derivó en un juicio que cumplió con todas las garantías legales. El juicio tuvo que celebrarse en España porque en El Salvador la amnistía, vigente entre 1993 y 2016, bloqueó cualquier oportunidad de investigación. El proceso en España se abrió en 2010. Diez años más tarde, en septiembre de 2020, la Audiencia Nacional española condenó a 133 años de prisión al ex viceministro de Seguridad Pública coronel Inocente Orlando Montano Morales. Fue el único en ser encontrado culpable por su responsabilidad en la autoría intelectual del crimen. En El Salvador, la impunidad permanece. Tras la eliminación de la amnistía en 2016, El Idhuca y la Fiscalía intentaron reabrir el caso pero el expediente fue cerrado por la Sala de lo Penal de la Corte Suprema. La Fiscalía ha pedido a la Sala que reconsidere este fallo. Solamente algunos miembros de este grupo han sido acusados y llevados ante la justicia.

La participación que tuvo Estados Unidos, jugó un papel muy importante, ya que financió $3 mil millones de dólares durante todo el periodo de la guerra más el asesoramiento y entrenamiento militar, esto se traduce en medio millón de dólares al día que dio mayor poder a la Fuerza Armada de asesinar a todo aquel que se pronunciara en pro de la verdad, lamentablemente esto sigue vigente ya que los aparatos de represión se refuerzan constantemente y que no dudarán en actuar en la etapas de intensa crisis en nuestra sociedad. No podemos negar u obviar ésta realidad, ya que el presupuesto actual de gobierno le favorece considerablemente sobre el presupuesto de salud y educación. 

Cabe destacar la valentía y tenacidad de los sacerdotes jesuitas, quienes pudiendo huir decidieron quedarse para luchar y querer un El Salvador mejor, aún eso arrebatara sus vidas que hasta el último momento se mantuvieron firmes a sus convicciones. Debemos de inspirarnos y luchar unánimes, y como dijo el Padre Ignacio Ellacuría:

“La verdad de la realidad no es lo ya hecho; eso es sólo una parte de la realidad. si no nos volvemos a lo que está haciéndose y a lo que está por hacer, se nos escapa la verdad de la realidad.“ 

 

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