29 septiembre, 2021

Economía salvadoreña: ¿Crecimiento económico o una débil recuperación?

Según el Banco Central de Reserva la economía salvadoreña tendrá un crecimiento de 9 % sobre el PIB, este crecimiento es mayor que todos los países de la región centroamericana y está creando grandes ilusiones en el oficialismo que lo presenta como un gran triunfo. Pero ¿qué significa realmente este dato? ¿Más empleo? ¿Mejores salarios? ¿Es realmente un crecimiento económico? Veamos: 

Si la economía salvadoreña cayó en 2020 a -7.9% y se dice que crecerá 9 % en 2021 no es realmente un crecimiento como tal, lo que está ocurriendo es que está llegando a niveles anteriores, o sea, de pre pandemia. En 2019 la economía creció 2.3 % tomando como base este índice en relación con los próximos dos años, – 7.9 % y 9 % de crecimiento entre 2020 y 2021 respectivamente, nos deja un saldo de crecimiento de 1.1 %, incluso la recuperación no es completa, para que pudiéramos hablar de un crecimiento tendría que superar el índice de crecimiento (2.3 %) del año 2019. 

Hay que advertir que esta recuperación está siendo estimulada por el crecimiento significativo de las remesas, que anualmente han crecido en 200 millones en los últimos años, pero en 2021 están superando cifras anteriores, creciendo 1,200 millones solo en el primer trimestre del año. Este crecimiento en las remesas está siendo influenciado por el plan de estímulos de Biden (inyección de dinero estatal a los contribuyentes) y por el efecto rebote de la economía mundial.

El crecimiento de las remesas ha reactivado el consumo y estimulado otros sectores, acompañado de un crecimiento de las exportaciones. Sin embargo, tarde o temprano estos estímulos tendrán tope, y nuevamente la economía salvadoreña necesitará incentivos ¿De dónde vendrán?

El «crecimiento» anunciado por el oficialismo es pasajero y no hay un plan económico para cuando acabe. Según datos del programa de inversión pública del Ministerio de Hacienda experimentamos el porcentaje más bajo de los últimos años en inversión pública, a junio del 2021 de 319 proyectos el 43.5 % tiene ejecución cero. La inversión más baja de los últimos 6 años.

Una de las formas de dinamizar la economía es a través de la inversión estatal en infraestructura social. A parte, nuestro país históricamente ha estado necesitado de hospitales, escuelas, universidades, vivienda, etc. Pero el gobierno de Bukele está siendo incapaz de ejecutar obras sociales para el pueblo.

Por otro lado, hay una baja en la inversión extranjera directa -IED-, otro de los factores importantes para dinamizar la economía. Esta baja en la IED se debe a lo que los economistas llaman clima de inversión, el cual es incierto en El Salvador.

En el futuro esto se traducirá en problemas inmediatos para la clase trabajadora: estancamiento del empleo o desempleo crónico, salarios precarios, mayor exclusión social y más precarización de la vida. Una encrucijada capitalista.

Con el 106% de endeudamiento ya, el gobierno de Bukele no puede financiar el gasto estatal. Hacienda está proponiendo recortar fondos en salud, educación, obras públicas, economía y justicia para cubrir gastos de remuneraciones, compras de bienes y servicios y subsidio al gas.

Sin embargo, el gasto militar se ha incrementado, se está invirtiendo millones en el Bitcoin a base de deuda y se tienen otros gastos que tienen menos importancia. Estas son las prioridades del gobierno que en medio de una pandemia le recortan a la salud.

Si bien es cierto este es un problema profundizado por el gobierno de Bukele, no hay que dejar de señalar que nuestra economía está anclada a la economía capitalista internacional, independiente del gobierno que tuviéramos hoy, la crisis nos golpearía y la política seguiría siendo igual, porque tenemos ademas de una economía capitalista, un Estado que prioriza los negocios y ganancias de las grandes empresa antes que las necesidades y derechos de las personas. 

Lo que necesitamos es cuestionarnos el modelo de producción, trabajamos de forma extenuante para enriquecer a unos pocos, nunca cambian nuestras miserables vidas, aunque trabajamos de sol a sol. Cambiamos a los gobernantes para que esto mejore, pero lejos de eso, cada vez se profundiza más nuestra miseria, necesitamos un cambio radical, necesitamos instituciones que nos permitan construir leyes y políticas que nos beneficien a los más pobres y no solo a los ricos de este país. Eso solo podemos lograrlo luchando contra el gobierno que defiende el capital y contra el capitalismo, sustituyendo la forma de gobernar y toma de decisiones por una donde nuestra opinión como clase explotada y oprimida sea la única que valga.   

 

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