16 septiembre, 2021

200 años de falsa independencia

Por Damián Ibarra

La Falsa Independencia, suceso sobre cuya base se funda nuestra histórica, mártir y explotada patria que, hasta el día de hoy permanece sometida bajo el yugo del sistema capitalista, origen común de nuestros males. Es importante resaltar la eterna resistencia de nuestra gente que al sucumbir ante los infames ultrajes de españoles, criollos, gringos y las nuevas plagas que han brotado hasta nuestros días, jamás se ha cesado la búsqueda de esa tierra próspera, emancipada de las desigualdades, donde reine el bien común.

Antes del saqueo español, este nuestro pedazo de tierra conocido como El Salvador, ni siquiera se llamaba así, mucho menos estaba habitado por un solo pueblo; en dicho territorio se identificaron dos asentamientos de pueblos originarios bastante prominentes: pipiles y lencas. A pesar de que dichos pueblos siempre tuvieron contacto entre sí, fueron muy diferentes.

El ‘descubrimiento’

Hacia el siglo XV, los países en Europa buscaban nuevos lugares donde comerciar y encontrar riquezas. En el viejo continente, las clases privilegiadas demandaban productos originarios del lejano oriente. En 1948 la Reina Isabel de Castilla decidió apoyar a Cristóbal Colón por medio de Capitulaciones De La Fe, dichos documentos le dan el título de virrey, almirante de la mar océano y gobernador de todas las tierras que descubriera, ese documento no consideraba qué hacer con los pueblos que podían habitar esas tierras.

Detrás de las invasiones venían de manera subsecuente el despojo de tierras, violaciones, torturas, saqueos e imposición de una nueva religión sobre nuestros pueblos originarios. Incluso los españoles cuestionaban si las personas nativas poseían alma. Entre 1770 y 1820 en América del Norte y Europa se produjeron acontecimientos que terminaron influyendo en la independencia criolla. Fue de esta manera que la Independencia de Centroamérica se declaró en Guatemala el 15 de septiembre de 1821.

En Europa, más específicamente en Inglaterra se da la Revolución Industrial. Tomando ventaja de la fuerza de la máquina de vapor se construyeron grandes fábricas y así es como surgió la burguesía (patronos) y el proletariado (obreros). Sobre estos dos protagonistas nace el capitalismo. La idea principal del capitalismo es que debe haber plena libertad para que la burguesía tenga: medios de producción, mano de obra contratada y trabajando; grandes ganancias… pero, sobre todo, libertad para explotar a los pueblos.

El proceso de independencia centroamericano fue un proceso revolucionario que comenzó en 1811 y culminó en 1821, sin embargo, dicha revolución termina siendo abanderada por un sector de los criollos que estaban en desacuerdo con el régimen de la corona española, este desacuerdo nada tenía que ver con las necesidades del pueblo sometido a los abusos de los representantes de la corona.

Causas internas como las corrientes revolucionarias extranjeras e internas como el descontento con el Gobierno español, influyeron en que se llegase a declarar una independencia. Entre la población indígena había malestar por el aumento de los impuestos. Los criollos resentían ser excluidos de los puestos de Gobierno más importantes y no tener libertad para comerciar.

En noviembre de 1811 hubo en la provincia de San Salvador una serie de protestas de carácter popular, que posteriormente se le llamó “Primer Grito de Independencia”. La historia oficial destaca como gran protagonista de este hecho al cura José Matías Delgado, pero el verdadero protagonista fue el pueblo.

Hubo levantamientos en San Salvador, Santiago Nonualco, Usulután Chalatenango, Metapán y otros lugares. Estas revueltas no buscaban exactamente la independencia, sino que eran protestas en contra del aumento de impuestos y los abusos de los españoles.

Algo muy cierto es que los ahora próceres no tenían una sola opinión. Fueron determinantes los conflictos entre miembros de la élite criolla, las contradicciones entre autoridades españolas y el poder que habían ganado los alcaldes bajo la constitución de Cádiz (1812).

Los próceres Arce, Delgado y Juan Manuel Rodríguez no apoyaron decididamente los levantamientos populares, ellos temían que la exaltación llegara a niveles incontrolables y pusiera en peligro sus intereses. La elite criolla no tenía ni la fuerza ni voluntad para emprender una lucha abierta por la emancipación, pero hubo un acontecimiento que la obligó a decidirse: la independencia de México, donde los mexicanos buscaban extenderla hasta Centroamérica como una forma de evitar una reacción española. Los criollos sabían del descontento popular y temían que estas noticias agitaran al pueblo oprimido.

Las clases dominantes comprendieron que, si ellas no se pronunciaban por la independencia, tarde o temprano la haría el pueblo. Y esto lo deja bien claro el texto del acta de independencia, donde afirmaban que necesitan proclamar la independencia “para prevenir las consecuencias que serían temibles en caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. En total las haciendas de los próceres sumaban 22,336 manzanas. Con esta cantidad de tierra, no padecían mucha necesidad. El pueblo oprimido, sin embargo, no tenía ni bien para morir.

De esta manera, la Independencia en Centroamérica tuvo un carácter preventivo para las clases dominantes, ya que, ante la eminente crisis y desgaste de la corona española, más la creciente necesidad de dar paso al nuevo sistema liberal que traía consigo de manera intrínseca la inspiración hacia aquellos movimientos independentistas en nuestra América; evitar que el pueblo tomara el poder y amenazara sus privilegios era algo que no se podían permitir. Y es que en nuestra región como en la mayoría de América, los próceres provenían de las familias más ricas e influyentes. Fue un acto de traspaso de poder del Estado de los representantes de la corona española a la clase de terratenientes criollos, dando lugar a un caótico y acelerado proceso del nuevo sistema político.

Desde ese entonces hasta la actualidad, gracias a la historia oficial, hemos venido rindiendo culto a falsos próceres y enterrando en el olvido a los verdaderos hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas con la convicción de una sociedad justa, equitativa e inclusiva. Y exponiendo este tipo de eventos como situaciones de mal comportamiento de los explotados, perpetuando así en nuestra cultura la justificación de sus privilegios.

La República Federal de Centroamérica

Una vez lograda la independencia de la corona española, hubo un tiempo de relativa calma, sin embargo como era de preverse, dicho suceso trajo consigo una oleada de conflicto de intereses, entre los terratenientes criollos, quienes habían sido los principales beneficiados de la independencia, como se diría en estos días popularmente “pleito entre ricos”.

Durante este tiempo Guatemala había sido el centro del poder político y económico. La élite de dicho país se había aprovechado de las élites de las otras provincias.

Las corrientes políticas durante este período se clasificaron en dos: liberales, quienes promovían las relaciones de producción capitalistas y conservadores quienes se aferraban a un modelo feudal y semi esclavista de la clase trabajadora.

En conclusión, el interés de clase era el mismo, la diferencia yacía en la manera de explotación y ejecución de las funciones del Estado. Ambos bandos, ni por cerca estaban interesados en mejorar las condiciones de vida de la población indígena, jornalera y campesina y en cuanto a las leyes, en la práctica solamente los de la clase dominante eran considerados ciudadanos.

En 1824, en un intento por mantener a la República Federal de Centroamérica unida, se promulgó su Constitución. Sin embargo, este período fue marcado por una seria de guerras y hechos violentos entre liberales y conservadores por la consecución del poder, dando como resultado la bancarrota de las finanzas del Estado, mayor descontento en los sectores populares quienes eran los que sufrían toda esta convulsión generada por quienes gobernaban y sus adversarios.

Esta coyuntura fue creando las bases para que los pueblos indígenas y campesinos ganaran un nivel de conciencia en cuanto a sus derechos y la marginación social que habían venido sufriendo. Dando lugar a levantamientos populares como el de Los Nonualcos que tenían como objetivo reivindicar su territorio y autonomía, dirigido por Anastasio Aquino.

Es importante destacar la figura de revolucionario que Anastasio tuvo en su tiempo y que al día de ahora su huella sigue vigente. Con su fusilamiento al contrario de mitigar cualquier intento de rebelión, lo que hizo fue encender la llamada de la resistencia indígena y campesina. Ese movimiento es uno de tantos que se dieron a lo largo del siglo XIX.

Lamentablemente, la falta de dirección y la nula capacidad de dimensionar sus victorias hizo que el movimiento nonualco se atrincherara en su región, ya que, según historiadores, de seguir avanzando hacia San Salvador, se hubiera tomado el territorio sin ninguna resistencia ya que el Ejército Federal estaba derrotado.

La República Federal de Centroamérica se terminó disolviendo, El Salvador se declara Estado independiente en 1840. Para los siguientes años se dio la sucesión de producción del añil al café y la construcción del ferrocarril y consigo una agudización en el antagonismo entre dos clases sociales cuya relación es irreconciliable: explotados y explotadores.

Por una verdadera independencia

Ahora y en la actual coyuntura, se nos quiere vender la idea de una nueva independencia, bajo propaganda demagógica haciendo creer al pueblo que se ha liberado, pero es necesario preguntarse ¿libertad de quién y de qué? Acaso lo que hemos visto es nada más un cambio de manos en el poder, maniobrado por otro sector de las clases tradicionalmente dominantes.

La verdadera independencia de nuestro pueblo llegará cuando la clase trabajadora, obreros y campesinos, organizaciones sociales y juventud organizada, el pueblo se alcen hacia la abolición del sistema sangriento al que ha sido sometido a lo largo de la historia, constituyendo una nueva patria emancipada, sin clases sociales, incluyente, autosuficiente y socialista.

Han sido 200 años de resistencia ante las agresiones del sistema capitalista, ejecutados por distintos actores durante diferentes épocas, pero cuyo fin es el mismo, la explotación y represión del pueblo, quienes aún luchamos por una vida donde impere la igualdad de condiciones, oportunidades, educación, salud, inclusión. Esto solamente puede lograrse a través de un sistema socialista, capaz de garantizar una vida digna y que coloque al ser humano como centro de su razón de ser y no como sujeto de explotación. Hasta que el pueblo decida que haya socialismo, habrá socialismo, y para eso hay un largo recorrido de conciencia y lucha que aún seguimos caminando.

 

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