Un análisis del reformismo de izquierda


En un mes se cumplen siete años de gobierno del FMLN, 5 de Funes y dos de Salvador Sánchez Cerén.  Es complicado decir que el gobierno de Funes fue del FMLN.  En su momento, explicamos que se ganó con la bandera roja pero el partido no tuvo ningún control sobre el destino del gobierno, fue parte de una coalición  de elementos burgueses con el partido de izquierda.  Los partidos comunistas  (PC’S) le llamaban a esto Frente Popular, consistía básicamente en buscar alianzas con partidos o sectores de la burguesía que consideraban “progresista”.  Esta táctica llevo a la derrota de muchos procesos revolucionarios.  Basta mencionar la revolución española. 


En un mes se cumplen siete años de gobierno del FMLN, 5 de Funes y dos de Salvador Sánchez Cerén.  Es complicado decir que el gobierno de Funes fue del FMLN.  En su momento, explicamos que se ganó con la bandera roja pero el partido no tuvo ningún control sobre el destino del gobierno, fue parte de una coalición  de elementos burgueses con el partido de izquierda.  Los partidos comunistas  (PC’S) le llamaban a esto Frente Popular, consistía básicamente en buscar alianzas con partidos o sectores de la burguesía que consideraban “progresista”.  Esta táctica llevo a la derrota de muchos procesos revolucionarios.  Basta mencionar la revolución española. 

En 1936 el proletariado español se levantó contra el golpe fascista del General Franco.  En todo el país los obreros tomaron el poder en sus propias manos.  El viejo ejército en la práctica quedo destruido con la mayor parte de los oficiales pasándose al bando franquista.  Este fue reemplazado por milicias obreras.  Lo único que impidió la toma del poder por parte de la clase obrera fueron los dirigentes de sus propias organizaciones.  Habían aplastado la reacción  fascista, pero los dirigentes de todos los partidos obreros, anarquistas, socialistas, comunistas y el POUM* entraron en el gobierno burgués del Frente Popular y se convirtieron en el principal obstáculo para la revolución.  Hay muchos más ejemplos, pero este no es el espacio para mencionarlos.  Esta es una de las razones por las cuales los marxistas nos oponemos a la consigna de “Unidad Nacional”, significa en la práctica tratar unificar a la burguesía con el proletariado, es como querer combinar el agua con aceite.  Todo obrero sabe que eso es imposible y que sus intereses son totalmente opuestos a la patronal.      

¿QUÉ ES EL REFORMISMO?

El reformismo tiene una base material, prospero más que todo en países ricos durante el largo período de crecimiento económico después de la segunda guerra mundial.  Este crecimiento permitió a la burguesía dar  importantes concesiones a la clase obrera utilizando políticas económicas Keynesianas.  Durante décadas la lucha de clases se suavizo en estos países, pero está situación terminó con la recesión de 1973 – 74.  Luego de esto, los gobiernos reformistas de Europa han aplicado políticas de ataque a los niveles de vida.  Incluso en los países “ricos”  como los Estados Unidos y Europa Occidental el reformismo y el keynesianismo están en crisis. 

Esto es aún más claro en América Latina donde la situación de las masas es tan desesperante que no puede ser resuelto con medidas a medias.  La falta de recursos debida principalmente a su condición de países pobres hace imposible la aplicación de políticas keynesianas.  La debilidad histórica de la socialdemocracia y el reformismo en América Latina es el resultado  de la extrema debilidad del capitalismo latinoamericano y la imposibilidad de resolver los más acuciantes problemas de los obreros y los campesinos sobre una base capitalista.

REFORMISTAS DE DERECHA Y DE IZQUIERDA

Los reformistas de derecha son los elementos más listos de la clase dominante, entienden que el sistema que defienden  causa mucho sufrimiento a la mayoría de la población.  Comprenden el peligro que esto representa y por eso insisten en aplicar medidas que alivien un poco esta situación.  La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y su teoría de la dependencia, básicamente planteaba que el principal obstáculo para el desarrollo de los países latinoamericanos era su situación de dependencia de los países capitalistas avanzados.  Su receta fue la intervención del estado en la economía, la sustitución de importaciones, el proteccionismo, etc.  Este keynesianismo  condujo rápidamente a la hiperinflación y el estancamiento económico tan pronto como el precio del petróleo  se vino abajo.  Muchas de las figuras del cepalismo se encontraron aplicando grandes recortes en gastos sociales y ataques a los niveles de vida en los años ochenta y noventa, mostrando la imposibilidad de las políticas  reformistas en América Latina.  Todos recordaremos el Caracazo de 1989, un levantamiento popular contra el paquete de recortes de Carlos Andrés Pérez quien utilizó el ejército para aplastarlo.  Todo esto nos demuestra la imposibilidad de aplicar políticas reformistas en América Latina.  Los reformistas de derecha son muy sinceros al plantear que su objetivo es preservar el sistema capitalista, proponen reformas por arriba para evitar una revolución por abajo.

En cambio los reformistas de izquierda son un poco más peligrosos, defienden el socialismo en palabras pero en la práctica actúan como agentes de la burguesía.   Un intento de promover este reformismo en Latinoamérica fue el Foro Internacional de Porto Alegre, en Brasil.  Incluía grupos tan heterogéneos como los zapatistas mexicanos, los colombianos  de la FARC y el ELN, ATTAC y Le Monde Diplomatique, el PT de Brasil, bolivarianos venezolanos y otros grupos e individuos.  Este foro no significó ningún desafío al capitalismo.  Sus primeros mítines fueron financiados por la Fundación Ford.   Los ex estalinistas, es decir, los antiguos miembros de los partidos comunistas (PC’s) son los reformistas más consecuentes.  Prácticamente en todo el mundo están en bancarrota.  El Partido de la Refundación Comunista (RC) en Italia, Partido Comunista de Venezuela (PCV) entre otros son fuerzas insignificantes que juegan poco o ningún papel en la lucha de clases.   También por supuesto los ex – PCS (Partido Comunista de El Salvador) que actualmente dirigen al FMLN no se quedan atrás, tienen el mérito de representar en el gobierno los intereses de cientos de miles de obreros pero su política reformista que están aplicando los está llevando a desprestigiarse ante amplias capas de trabajadores.  Si bien es cierto aún cuentan con una buena base de apoyo, todo se transforma en su contrario.  La falta de solución a los problemas más duros de la clase obrera salvadoreña, que no se pueden resolver con medias tintas, puede llevar a una situación de desprestigio, desilusión e indiferencia.  Las consecuencias pueden ser desastrosas para los trabajadores/as.

LA REVOLUCIÓN DEMOCRATICA

Un error en la teoría te llevará tarde o temprano a un desastre en la práctica.  Los ex PC en todas partes aún plantean la errónea teoría de la revolución por etapas.  Su origen  histórico nos remonta a los mencheviques rusos quienes planteaban que la revolución rusa se debía hacer por etapas.  Primero la revolución democrática burguesa, es decir, desarrollar el país y democratizarlo para luego de muchos años hacer la revolución socialista.  En la práctica esto significo tratar de subordinar al movimiento de masas a la burguesía.  La lógica menchevique era la siguiente: como las tareas de la revolución eran democrático – burguesas, entonces la burguesía debía estar a la cabeza del proceso revolucionario y el proletariado tenía que apoyarlo en la toma del poder.  Por el contrario los bolcheviques estaban de acuerdo que las tareas revolucionarias eran democrático –  burguesas, pero que la burguesía rusa era tan débil y estaba subordinada al imperialismo por miles de hilos que era incapaz de llevar a cabo estas tareas, por lo tanto, la única clase capacitada para llevarlas hasta el final era el proletariado con ayuda del campesinado.  El proletariado una vez en el poder no se detendría a las tareas democráticas sino que continuaría con las socialistas.  Este era el debate fundamental entre bolcheviques y mencheviques, es decir, entre los marxistas y los reformistas.

CEGUERA REFORMISTA

La prueba más contundente del fracaso del reformismo es Venezuela.  La derrota electoral  de diciembre del año pasado fue el resultado de la negativa de llevar la revolución hasta el final destruyendo el estado capitalista y expropiando a la burguesía.  Es cierto que se han hecho algunas nacionalizaciones, pero el poder de la burguesía luego de diecisiete años de revolución sigue intacto.  El intento de regular el capitalismo con el control de precios y cambiario llevo a enormes distorsiones económicas.  Se ha creado una situación caótica de hiperinflación, contrabando, mercado negro, criminalidad y corrupción.  Esta situación ha llevado al cansancio a una buena parte de la base chavista.  El movimiento bolivariano ha perdido casi 2 millones de votos, mientras que la contrarrevolución solamente ha ganado poco más de 300 mil votos.  El margen de maniobra que permitía utilizar la renta petrolera para financiar las misiones sociales y el programa masivo de obras públicas ya no es posible.  Queda desenmascarado la ilusión del “socialismo petrolero”.  Lo que ha fracasado en Venezuela no es el socialismo ni la revolución, sino al contrario el reformismo, la burocracia, la corrupción y las medias tintas.

CONCLUSION

Las políticas reformistas no nos llevaran a ningún lado.  Tarde o temprano esto se reflejara en una caída del apoyo electoral a nuestro partido FMLN.  Esta situación puede preparar el retorno de la derecha al gobierno.  Es cierto que se han implementado varios programas sociales de beneficio para el pueblo, pero los problemas fundamentales no han sido resueltos.  Las alianzas con elementos burgueses y partidos de derecha como GANA aumentan el desprestigio y la sensación que no hay mucha diferencia entre uno y otro.  Muchos dirigentes se han convertido en empresarios y por lo tanto ya no están interesados en la revolución.  El peligro de la burocracia y corrupción se cierne sobre nuestro partido y los sindicatos.  Los militantes de base honestos debemos luchar contra los burócratas y exigirles que retomen la lucha por el socialismo, no dentro de 30 o más años sino desde ahora.  Para llevar a cabo esta tarea es necesario que nos preparemos con la formación teórica marxista.  La única que nos da las herramientas de análisis para comprender lo que está sucediendo en nuestro país y el mundo.

¡Viva la revolución socialista mundial!

 

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