8 junio, 2015

Sobre la pitada al “himno nacional” en la final de Copa ¡Defendamos la libertad de expresión!

La final de la Copa del Rey de 2015 será recordada por la enorme pitada que, una vez más, recibió la Marcha Real en presencia del rey Felipe VI. En las semanas previas al partido, la derecha mediática se dedicó a calentar el ambiente, calificando poco menos que de atentado la previsible pitada y prescribiendo todo tipo de sanciones y medidas represivas contra quien fomentare tal hecho. Esta campaña infame consiguió, lógicamente, que la pitada de 2015 fuera aún mayor que las que se produjeron en las finales de 2009 y 2012, que enfrentaron también a Barça y Athletic Club.

La final de la Copa del Rey de 2015 será recordada por la enorme pitada que, una vez más, recibió la Marcha Real en presencia del rey Felipe VI. En las semanas previas al partido, la derecha mediática se dedicó a calentar el ambiente, calificando poco menos que de atentado la previsible pitada y prescribiendo todo tipo de sanciones y medidas represivas contra quien fomentare tal hecho. Esta campaña infame consiguió, lógicamente, que la pitada de 2015 fuera aún mayor que las que se produjeron en las finales de 2009 y 2012, que enfrentaron también a Barça y Athletic Club.

Hechos como éste son inseparables de la crisis económica y social del Estado español, que ha devenido en crisis de régimen afectando especialmente a la Corona. No es casualidad que estos hechos se produzcan un año después de la abdicación de Juan Carlos I, una decisión dictada por el desprestigio de la propia figura del rey y de la propia institución monárquica. Desde entonces, el nuevo rey Felipe no ha conseguido apenas revertir esta situación, aumentando levemente el apoyo social a la Corona, sin que esta llegue al aprobado en las encuestas.

Las demandas de mayor democracia, mayor transparencia y mayor participación en la vida pública, en el centro del debate desde el 15M y elementos centrales del desarrollo de PODEMOS y de las candidaturas de unidad popular municipales, son incompatibles con la permanencia de una institución antidemocrática y opaca como es la Corona. Así, la monarquía y sus símbolos son rechazados por parte de capas cada vez más amplias de la población en el conjunto del Estado.

Ver vídeo aquí.

En particular la Marcha Real y la bandera rojigualda siempre han sido rechazadas instintivamente por amplias capas de la clase obrera y de la juventud, además de por los sectores militantes del nacionalismo catalán y vasco. La bandera rojigualda y la Marcha Real están vinculadas, en la memoria histórica de la clase obrera, tanto al régimen franquista como a los de la monarquía borbónica desde el siglo XIX hasta hoy, con su carga histórica de corrupción, caciquismo y opresión nacional y de clase.

El PP ha tratado de instrumentalizar esta manifestación de rechazo popular a lo que ellos consideran “símbolos de la nación”, en la misma semana en que han sufrido la mayor derrota electoral de su historia y en que continúa el goteo de cargos públicos del PP imputados por tramas de corrupción como la Púnica. También desde CiU se ha tratado de instrumentalizar la pitada, en su caso apoyándola, para tratar de recomponer su apoyo social y su, cada vez más discutido, liderazgo del “bloque soberanista”, ante la posibilidad cierta de que Ada Colau sea investida alcaldesa de Barcelona con el apoyo del ala izquierda del independentismo, ERC y las CUP.

El gobierno amenaza con sanciones por ofensas a los símbolos del Estado, lo que no es posible conforme a la legislación vigente, tratando así de alimentar un estado de opinión favorable a una regulación más represiva, de la misma manera que usaron la represión y el alarmismo ante las movilizaciones del último periodo para aprobar su Ley mordaza. La libertad de expresión es incompatible con la agenda política del PP.

Nosotros no podemos más que estar absolutamente de acuerdo con el capitán del Fútbol Club Barcelona, Xavi Hernández, que a preguntas de la prensa declaró que la pitada al himno es un ejercicio de libertad de expresión y que lo que habría que preguntarse es por qué pita la gente.