Principales - Sindical - 4 semanas ago

Sindicatos: Retos y Desafíos ante el nuevo escenario político

Sin duda que una de las más grandes herramientas que ha tenido el pueblo para afrontar sus luchas populares han sido los sindicatos, las organizaciones de trabajadores por excelencia. Protagonistas de grandes conquistas en nuestra historia como lo señalara Salvador Cayetano Carpio (1967) al describir los sucesos de la histórica huelga del acero[i]:

[…]A las cero horas un minuto del día miércoles se inició la Gran Huelga General Progresiva, al pararse los ferrocarriles del Sistema IRCA en todo el país. Se paralizó también el puerto de Cutuco de la “United Fruit Co.” y cuatro barcos quedaron sin descargar. Piquetes de ferrocarrileros, con el clásico garrote, con bufandas, chumpas y gorros puestos para resguardarse del frío de la noche, con una admirable disciplina, serenidad y combatividad, se apostaron a lo largo de todas las estaciones ferroviarias del país. Los Trabajadores del Riel volvieron a reverdecer viejos laureles de lucha, y sintieron en toda su amplitud la fuerza de su unidad. Firmes, día y noche, bajo el sol y las estrellas, bajo el polvo y el sereno. Un sentimiento indescriptible recorrió de uno a otro confín del país en oleadas de entusiasmo combativo a toda la clase trabajadora.[ii]

La fortaleza de los sindicatos fue sin duda lo que alimentó la lucha revolucionaria, lamentablemente en el proceso revolucionario pasado en El Salvador, a pesar de esto la clase obrera no tuvo el protagonismo que debía, ya que al definirse la lucha guerrillera (la guerra popular prolongada) como mecanismo de acceso al poder “toda la iniciativa, quedaba en manos de los dirigentes guerrilleros que, en vez de basarse en el protagonismo de la clase obrera, trataban al movimiento obrero como un arma auxiliar de la táctica central de la guerrilla[iii] (Alan Woods, 1982). Luego de los acuerdos de paz la fuerza sindical disminuyó significativamente ya que al estar sometida a la dirección del partido se vio afectada por las decisiones de éste. Entrar al sistema abrazando la democracia electoral implicaba “considerar “inconveniente” la continuación de la lucha de calle y la orientar[on], con y desde sus bases, el manejo de un lenguaje y de unas acciones conciliadoras” (Luis Mario López, 2010)[iv]. Como consecuencia el sindicalismo fue perdiendo espacios de incidencia entre la clase trabajadora, y en consecuencia en la capacidad de incidir en la política del país, con el agravante de estar supeditado a la dirección de un partido que había perdido su carácter revolucionario y había abrazado el reformismo al mejor estilo estalinista.

La debilidad del sindicalismo es una realidad mundial. Es una situación que viene aparejada con la pérdida de la identidad de la izquierda y los cambios en los centros de generación y acumulación de riqueza del capital[v]. En el Salvador según datos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) el nivel de sindicalización en 2016 (es el último dato que se muestra) era del 19%[vi] para ese mismo año la tasa de empleo ronda los 2,6 millones[vii] de los cuales 1,6 millones corresponden al sector servicios; 0,5 al sector industria y 0,5 al sector agricultura. En el año 2016 también se publicó[viii] un informe del FMI[ix] (Fondo Monetario Internacional) donde se registra que los empleados públicos rondan alrededor de 200,000 personas. En resumen, podemos decir que para el 2016 aproximadamente 494 mil personas están sindicalizadas, siendo la representación del sector industrial obrero muy reducida en comparación con los años 60, 70 incluso los 80´s. Claro las dinámicas económicas eran otras, Cayetano (1967) lo describe:

 […] La estructura de la clase obrera ha ido cambiando aceleradamente. En pocos años ha crecido apreciablemente el sector obrero industrial, a medida que las fábricas han ido poblando al país convirtiéndose en la parte fundamental del proletariado salvadoreño. Es un proletariado joven, de reciente formación, que durante los primeros años no tenía aún muy definida su conciencia de clase, pero que a golpe de explotación e injusticias patronales ha podido ir forjando su conciencia colectiva.[x]

Después de la firma de los acuerdos de paz, la desmovilización de los ejércitos, la incorporación del FMLN al sistema político de partidos y la lucha electoral; junto con la progresiva implementación de la agenda neoliberal y la movilización de la economía hacia la terciarización, hubo como consecuencia una fuerte desmovilización de los espacios de lucha. Los sindicatos junto a otros actores sociales como los movimientos populares fueron cambiando las posturas revolucionarias por posturas al diálogo y la reconciliación, abrazando un enfoque de reformas alrededor de la consecución de derechos y ya no hacia el derrocamiento del sistema capitalista.

Ahora el escenario político en nuestro país ha sido trastocado fuertemente con la derrota electoral (2019) de los grandes partidos tradicionales que vienen luchando desde finales de la guerra civil. Tanto el FMLN como ARENA representaban complejos sistemas ideológicos que pugnaban por darle al país un nuevo rostro. Sin embargo, ante el fracaso de sus promesas, ahora se ha impuesto la visión de que no son necesarias las ideologías bajo la figura del presidente electo Nayib Bukele.

¿Qué representa este nuevo escenario político para la fuerza sindical de nuestro país? Sin duda que la primera idea que viene a la mente es renovación, pero es en principio una idea demasiado vaporosa, intangible o al menos etérea, sino se tiene la claridad de que un sindicato es primordialmente una organización eminentemente política y sustancialmente ideológica y por tanto no puede pensarse sin una base teórica que de explicación a la realidad de la clase trabajadora a partir de la cual se fundamente su praxis revolucionaria y liberadora. Lo que le pone en desventaja frente a un discurso ampliamente aceptado entre la población de “no ideologías”.

El camino de la renovación de las fuerzas sindicalistas debe iniciar por un retorno a la comprensión de su razón de ser a la luz de las contradicciones que existen entre los dueños de los medios de producción y los dueños de la fuerza de trabajo. Es decir, los sindicalistas deben volver al marxismo científico para la explicación y salida a sus deplorables condiciones de vida. Solo así volverán a ser los dinamizadores de sus reivindicaciones como clase obrera, campesina y proletaria. Solo así volverán a tener la fuerza para influenciar en la política del país, presionando a cualquier gobierno, funcionario o empresa privada.

Sin embargo, no es una tarea fácil, pues requiere un esfuerzo por ampliar el pensamiento de Marx a la realidad actual, para identificar y construir al sujeto o sujetos políticos que sean la fuerza motora de las transformaciones que requiere el país, para superar la situación de permanente crisis en la que pervive. No puede pensarse o verse al marxismo como letra escrita en piedra, como dogmas teóricos que pueden convertirse en manuales de revolución. Nada sería más antidialéctico que hacer algo así.

El marxismo en palabras de Trotsky concibió al obrero como clase, como el eje central, como el sujeto político capaz de llevar a cabo la revolución socialista y encaminarla hacia la utopía del comunismo por su relación directa con la creación del plusvalor sobre la contradicción de su nivel de vida con la riqueza que genera para el capitalista.

La clase obrera, por el papel que juega en el proceso productivo del capitalismo –al que aporta el factor decisivo, el factor de la fuerza de trabajo–, es la clase social que dispone de la capacidad material para hacer posible el derrocamiento del propio sistema capitalista. Ninguna otra clase, ninguna casta puede paralizar la producción capitalista y atacar el corazón de la economía de mercado como la clase trabajadora[xi].

Pero la fortaleza de la clase obrera ha decaído como ha decaído la fortaleza del partido obrero. La principal debilidad está en la construcción de la conciencia de clase. Un trabajador puede estar sindicalizado, pero no haber desarrollado su conciencia de clase, esto significa que puede luchar por mejorar sus condiciones laborales, seguridad, aumento salarial, derechos etc., pero sin llegar a transformar la realidad económica, política y social del país. En ese sentido, el primer gran reto de la clase obrera actual es recuperar la identidad revolucionaria del sindicalismo.

Como ser político e ideológico su labor no es solo dentro de la empresa a la que está adscrito, por el contrario, debe ser un motor de transformaciones y acompañar las luchas que sean necesarias para romper al sistema.

El mayor desafío será ir al encuentro de una clase trabajadora sin conciencia de sí misma. La masa proletaria no tiene la misma experiencia que el obrero en las dinámicas de la producción del plusvalor, o del contacto con la tierra que tiene el campesinado. Sin embargo, la precariedad de la vida es la misma tanto para la obrera en las maquilas, como para la del personal de servicios en los hoteles y restaurantes o la de los vendedores informales. El trabajo de organización de los diversos sectores productivos o de servicios es fundamental para la transformación de la realidad del país y es en este sentido que decimos que el marxismo no puede ser letra escrita en piedra, pues el sujeto político que en un momento de la historia pudo haber sido el pilar de la revolución hoy está reducido, pero hay otras masas de trabajadores oprimidos que pueden alimentar de nuevo las aspiraciones de cambio y a los movimientos de masas. No verlos sería una miopía histórica. El esfuerzo debe ser crear y desarrollar la conciencia de clase en sí y para sí, de manera que el trabajador y la trabajadora se vean así mismos como la clase capaz de desplazar de su lugar a la parasitaria clase burguesa capitalista.

Por último, la clase trabajadora no debe olvidar que es fundamental la construcción de un partido que sea representativo de sus intereses y si un sindicato debe sostenerse ideológicamente sobre las bases del socialismo científico no debe esperarse menos de un partido de los trabajadores, sea que este se llame comunista, socialista, revolucionario o democrático. Un verdadero partido obrero debe ser la vanguardia de la lucha contra el sistema, en el entendido que bajo éste se encuentran las y los revolucionarios más preparados para hacer frente a las demandas históricas, como guiar a las masas en una situación revolucionaria a la toma del poder, para luego poner la institucionalidad del Estado en manos del pueblo. En ese sentido un verdadero partido de los trabajadores impulsará siempre el crecimiento de los sindicatos y su fortalecimiento. Trotsky (1929) lo señaló muy bien:

la tarea del Partido Comunista no consiste solamente en ganar influencia en los sindicatos tal como son, sino en ganar a través de los sindicatos influencia en la mayoría de la clase obrera. Esto es posible solamente si los métodos que emplea el partido en los sindicatos corresponden a la naturaleza y a las tareas de éstos. La lucha del Partido Comunista por ganar influencia en los sindicatos se pone a prueba en el hecho de que éstos prosperen o no, en si aumenta el número de sus militantes, como también en sus relaciones con las masas. Si el partido paga su influencia en los sindicatos al precio de limitar su alcance o de fraccionarlos (convirtiéndolos en auxiliares del partido para fines momentáneos o impidiéndoles convertirse en auténticas organizaciones de masas), las relaciones entre el partido y la clase andan mal. […] el modo de salir de esta situación no es contraponer los sindicatos al partido (o a la fracción) sino luchar implacablemente por cambiar toda la política del partido, incluso la sindical.”[xii]

A la luz de estas palabras es fácil ver cuál ha sido el papel del FMLN para con los sindicatos y la lucha popular.

Por tanto, no se trata de crear estructuras sindicales desvinculadas de un partido. La famosa “independencia sindical” es un fantasma creado por los intereses del capitalismo para mantener desarticulada la lucha de los trabajadores, el binomio partido-sindicatos debe ser uno que mutuamente se fortalezca, en esa concordancia puede verse la verdadera naturaleza de sus fines.

En resumen, un sindicato que realmente defienda a la clase obrera debe estar política e ideológicamente plantado en el marxismo científico; debe buscar siempre la unidad de la clase trabajadora por encima de protagonismo o intereses ajenos a los que representa. Su labor principal debe ser la construcción de la identidad de clase impulsando a otros sectores laborales a organizarse. Por último, mantener una relación de fortalecimiento y crecimiento con el partido que lo represente.

Los retos y desafíos del sindicalismo en El Salvador como en el resto del mundo, son grandes. Sobre todo porque tienen que arrastrar décadas de fracasos provocados por dirigencias mediocres o corruptas. Las formas del trabajo van cambiando de acuerdo a los intereses del capital y las nuevas generaciones tienen perspectivas diferentes de la vida, sobre todo cuando son tan influenciadas por las necesidades consumistas del sistema y los espacios de organización social son suplantados por el hedonismo individual. Ante esto, lo único que se nos plantea como marxistas es la continudad de la lucha revolucionaria siendo fieles a nuestros principios y ética para recuperar la confianza que la mayoría de la población ha perdido en la izquierda.

 


[i] Salvador Cayetano Carpio. 1967 “La Huelga General Obrera de Abril de 1967” Retomado el 28/02/2019 de https://www.marxists.org/espanol/tematica/elsalvador/carpio/1967/ago/06.htm

[ii] Salvador Cayetano Carpio. 1967 “La Huelga General Obrera de Abril de 1967” Sección VIII “La Huelga General Progresiva” Retomado el 28/02/2019 de  https://www.marxists.org/espanol/tematica/elsalvador/carpio/1967/ago/06.htm

[iii] Alan Woods. 1982 “El Salvador: ¿Habrá una intervención norteamericana?” Retomado el 28/02/2019 de

https://www.marxist.com/revolucion-salvadorena-30-anos-22-enero-1980.htm

[iv] Luis Mario López. 2010 “El Salvador. Sindicalismo, movimientos sociales y globalización” Pueblos. Revista de Información y Debate #42 junio 2010. Luis Mario López fue secretario General de Bases Magisteriales y miembro del Comité Ejecutivo de la Central de Trabajadores Democráticos (CTD, El Salvador). Retomado el 28/02/2019 de http://www.revistapueblos.org/blog/2010/06/16/pueblos-42-junio-de-2010/

[v]  Altamiro Borges & Joao Batista Lemos. 2005 “Los desafíos del sindicalismo mundial” Revista digital Sin Permiso http://www.sinpermiso.info/ Retomado el 28/02/2019 de http://www.sinpermiso.info/textos/los-desafos-del-sindicalismo-mundial

[vi] Los datos deben buscarse utilizando la herramienta estadística de la página.  https://www.ilo.org/ilostat/faces/oracle/webcenter/portalapp/pagehierarchy/Page27.jspx?subject=IR&indicator=ILR_TUMT_NOC_RT&datasetCode=A&collectionCode=IR&_afrLoop=616747916057354&_afrWindowMode=0&_afrWindowId=8fx8kw0hx_87#!%40%40%3Findicator%3DILR_TUMT_NOC_RT%26_afrWindowId%3D8fx8kw0hx_87%26subject%3DIR%26_afrLoop%3D616747916057354%26datasetCode%3DA%26collectionCode%3DIR%26_afrWindowMode%3D0%26_adf.ctrl-state%3D8fx8kw0hx_155

[vii] Los datos deben buscarse utilizando la herramienta estadística de la página. https://www.ilo.org/ilostat/faces/ilostat-home?locale=es&_adf.ctrl-state=1acdvbg3f7_57&_afrLoop=619557368779108&_afrWindowMode=0&_afrWindowId=null#!%40%40%3F_afrWindowId%3Dnull%26locale%3Des%26_afrLoop%3D619557368779108%26_afrWindowMode%3D0%26_adf.ctrl-state%3D8fx8kw0hx_172

[viii] Estado gasta el 9 % del PIB en salarios de 200 mil empleados. Periódico digital El Mundo https://elmundo.sv Retomado el 28/02/2019 de https://elmundo.sv/estado-gasta-el-9-del-pib-en-salarios-de-200-mil-empleados/

[ix] Gasto en salarios gubernamentales: análisis y desafíos. 2016 FMI Retomado el 28/02/2019 de http://www7.mh.gob.sv/downloads/pdf/700-UC-IF-2017-0032.pdf

[x] Salvador Cayetano Carpio. 1967 “La Huelga General Obrera de Abril de 1967” Sección II “Ascenso” Retomado el 28/02/2019 de  https://www.marxists.org/espanol/tematica/elsalvador/carpio/1967/ago/06.htm

[xi] León Trotsky. 2008 ACERCA DE LOS SINDICATOS. Prologo. Fundación Federico Engels. Segunda reimpresión 2008. C/ Hermanos del Moral 35, bajo 28019 Madrid.

[xii] León Trotsky. 2008 ACERCA DE LOS SINDICATOS Sección “Comunismo y Sindicalismo”, punto 25. Fundación Federico Engels. Segunda reimpresión 2008. C/ Hermanos del Moral 35, bajo 28019 Madrid.

Deja un comentario

Check Also

Una Nueva Amnistía, más impunidad para el sistema

Recientemente Rodolfo Parker, diputado por el PDC (Partido Demócrata Cristiano) ha estado …