12 agosto, 2020

¿Cómo será el socialismo?

Ben Gliniecki

Hoy, nos encontramos en medio de una de las crisis más profundas que el capitalismo ha sufrido. Mientras que al 99% se les impone pagar la crisis, el 1% está acumulando riquezas a pasos agigantados. La cantidad abrumadora de escándalos y corrupción en el sistema burgués está alejando a millones de la política tradicional. Todo esto ocasiona que se cuestione a la sociedad capitalista. Muchos buscan una alternativa al sistema que tenemos, y un número creciente ve a la revolución socialista como respuesta.

Para muchos es claro en contra de qué luchamos: corrupción, crisis y austeridad; sin embargo, es difícil explicar o imaginar exactamente por qué luchamos. Concretamente, ¿cómo puede una sociedad nueva funcionar? ¿En qué manera nos afectará a nuestras vidas cotidianas? ¿Cómo se vería el socialismo?

Los marxistas no pueden predecir el futuro con una bola de cristal. No podemos predecir el futuro con certeza absoluta y, por lo tanto, no podemos decir exactamente cómo se vería el socialismo. Por ejemplo, cuando habla de la familia bajo el socialismo, Engels dice “[la naturaleza de las relaciones familiares bajo el socialismo] será determinada después de que una nueva generación haya crecido… una vez que estas personas aparezcan, no les va a importar qué es lo que hoy nosotros pensamos que deban hacer. Ellos establecerán su propia práctica y opinión pública y eso es todo”. La sociedad no está formada por la especulación de generaciones pasadas, sino por las decisiones y acciones del presente.

Aun así, es posible hacer algunas deducciones sobre cómo se verá el socialismo, ya que los marxistas son socialistas científicos, que aplican un análisis materialista al desarrollo de la historia y la sociedad. Es decir, podemos hacer hipótesis sobre el future, basándonos sobre la evidencia del presente y el pasado. No es una ciencia exacta; así como los medicos no puede decir exactamente cuando un paciente se va a morir o los geólogos no puede dar la fecha exacta del siguiente temblor o erupción volcánica, un marxista no puede predecir exactamente cuando una revolución va a estallar o la forma que va a tomar. Pero, así como al ver a un niño puedes darte cuenta más o menos de qué clase de adulto será, al ver a la sociedad capitalista podemos ver el potencial de cómo puede verse una sociedad socialista.

Hoy en día, ya podemos ver el embrión del socialismo dentro del capitalismo. Al examinar las contradicciones y barreras que el capitalismo –un sistema de propiedad privada y producción por ganancias– impone en la sociedad, podemos ver el potencial de un futuro socialista; una sociedad donde estas barreras son eliminadas y donde la producción está basada en las necesidades humanas.

Una economía sin ganancias

El desarrollo económico es la premisa material para el desarrollo de todos los demás aspectos de la sociedad. Sin el desarrollo suficiente de las fuerzas productivas –de la industria y agricultura; de la técnica y tecnología– una sociedad no tendrá las condiciones materiales presentes y los medios necesarios para avanzar en los campos de la ciencia, arte, cultura, filosofía, etc. Este es el principio fundamental de la visión marxista -materialista- de la historia.

El capitalismo ya no es capaz de desarrollar este aspecto fundamental de la sociedad, debido a sus contradicciones, ineficiencia y anarquía resultante. Miles de millones de libras se perdieron en la crisis del 2008, que no fue causada por avaricia o ideología individual, sino por los funcionamientos inherentes del propio capitalismo. El estancamiento de fuerzas de producción económica a escala global siguió. Esto ha atrasado a muchos países en su desarrollo económico -en Gran Bretaña, por ejemplo, la inversión económica permanece 25% debajo de su pico pre-crisis y la construcción permanece 10% por debajo.

El capitalismo es incapaz de desarrollar las fuerzas de producción económica a su máximo potencial. La utilización de la capacidad de las fuerzas productivas en los países desarrollados actualmente está en un 70%-80%, aún después de haber visto el cierre de vastas extensiones de producción y la pérdida de millones de puestos de trabajo. A lo largo del mundo, el promedio de la utilización de la capacidad está en 70%. Esto significa que hasta el día de hoy tenemos la habilidad de incrementar el rendimiento global a casi 50%, con tan sólo usar la capacidad humana existente. A pesar de que en el mundo hay personas con urgente necesidad de comida, vivienda, atención médica y otras necesidades básicas, esta capacidad sobrante no está siendo usada. De hecho, muchos economistas burgueses hoy en día hablan de un exceso de capacidad – es decir, que la economía es capaz de producir demasiado (desde la perspectiva del mercado) y necesita hacer aún más recortes, por lo tanto, cierres y pérdidas de empleo.

La razón de esta contradicción son las ganancias. Bajo el capitalism, el poder económico de la sociedad sólo se usa para producir bienes que pueden ser vendidos para obtener una ganancia; si esto no se puede hacer entonces nada será producido. Los dueños de los medios de producción preferirían que sus negocios permanezcan inactivos antes que producir con pérdidas, incluso si las cosas que podrían producirse se necesitan desesperadamente. La economía capitalista está gobernada por las ganancias, no por la necesidad, y por esta razón es sumamente ineficaz en cuanto a cumplir las necesidades de la sociedad, a pesar de lo que digan los apologistas del capitalismo. Nos dicen frecuentemente que el capitalismo es el sistema económico más eficiente –sin embargo, si este fuera el caso, ¿por qué las fábricas y oficinas se quedan paradas y vacías, a pesar de poder producir una abundancia de bienes y servicios que la sociedad necesita?

Si la ganancia fuera borrada de la ecuación, no habría barrera para usar todos los medios de producción a nuestra disposición a su máximo potencial. La idea de una economía que no esté basada en las ganancias nos deja un vistazo de lo que podría ser el socialismo.

Capitalismo = pobreza entre abundancia

El desempleo global se encuentra en los 200 millones oficialmente, pero en realidad la cifra de los desempleados y subempleados está más cerca de mil millones. Estas personas no se quedan sin trabajo porque son incapaces de trabajar, ni porque no hay trabajos que se necesiten hacer, sino porque no es provechoso contratarlos.

Mientras tanto, cifras reveladas en el 2012 mostraron que el 24% de la población en Gran Bretaña tienen dos trabajos, de los cuales un 90% necesitó el segundo empleo porque el salario de sólo uno era insuficiente. En el 2012, hubo un incremento de 37.4% en registros de plataformas de búsqueda de empleo para buscar un segundo empleo. Con la inflación, salarios congelados y pagas miserables, es una tendencia que continuará en el futuro. El hecho de que miles de personas son forzadas a mantener dos trabajos mientras millones siguen desempleados es una evidente contradicción del capitalismo – un disparate nacido por la búsqueda de las ganancias.

Sin la barrera de las ganancias, los mil millones de desempleados y subempleados podrían tener un trabajo productivo. Todos podrían tener un solo empleo de una alta calidad, con suficientes personas sobrantes para la creación de muchos más trabajos. Con base en esto, las fuerzas productivas podrían recibir una inversión enorme de trabajo humano y el rendimiento económico global sería impulsado radicalmente.

Existen otras contradicciones absurdas de este tipo bajo el capitalismo. 6,500 personas duermen a la intemperie solo en las calles de Londres, un incremento del 77% desde el 2010; otras formas de indigencia también están aumentando, como con el aumento a hogares para indigentes de 26% de 11,960 en Inglaterra, o con 38,500 espacios en albergues ocupados por indigentes. Sin embargo, al mismo tiempo hay 610,000 casas vacías en Inglaterra de acuerdo con el gobierno. ¿Por qué tenemos una creciente epidemia de indigentes a la par de un incremento de propiedades vacías? Las propiedades sólo serán rentadas o vendidas a la gente que pueda pagar, independientemente de si necesitan un lugar para vivir. Para los capitalistas es una cuestión de ganancia, no de necesidad.

El atroz desperdicio humano causado por esto está complementado por el desperdicio material de lugares como Bishop´s Avenue en Londres, la segunda calle más cara de Gran Bretaña, donde un tercio de las mansiones están vacías; algunas se han hecho irreparables al no usarse por 25 años. Estas propiedades son usadas como inversiones para obtener ganancias, no como hogares para que las personas vivan en ellas. Aquí yace una propiedad con valor de 350 millones de libras que ha sido convertida en un basurero – el resultado de una economía basada en ganancias.

Una economía así también se interpone en el camino del desarrollo tecnológico y la aplicación de maquinaria. Las máquinas no compran mercancías, así que si la burguesía quiere tener un mercado para sus bienes, debe emplear una cierta cantidad de gente como trabajadores. Bajo el capitalismo, la implementación de maquinaria y tecnología lleva a que el trabajo se desplace, ocasionando desempleo (tecnológico) para unos y trabajo excesivo para otros. Sin las ganancias como obstáculo, las máquinas pueden ser creadas para hacer trabajos peligrosos y sucios que nadie más quiere hacer; la automatización podría liberar tiempo a muchas más personas para dedicarse a otras actividades económicamente productivas, reduciendo las horas de la semana laboral y produciendo tiempo de ocio genuino. La inactividad reforzada por el desempleo (o subempleo) que vemos en el capitalismo sería reemplazada por ocio voluntario.

Las ganancias obstaculizan el camino de la distribución así como la producción bajo el capitalismo. Las infames “montañas” y “lagos” de excedentes de comida producidas en la Unión Europea alcanzaron la cantidad de 13,476,812 toneladas de productos de cereal, arroz, azúcar y leche, además de 3,529,002 hectolitros de alcohol/vino en 2007. Mientras este excedente de comida está acumulado y la Política Agrícola Común de la Unión Europea sea usada para pagarle a los granjeros a que no produzcan comida, seis millones de niños mueren cada año a causa de la desnutrición. No hay una razón lógica para que la tierra fértil en algunas países no sea usada para producir comida y que sea distribuida a las personas viviendo en ambientes severos. La única razón por la que no se hace es porque no es lucrativo, y por la enorme barrera entre las naciones, que previene que una solución internacional genuina sea implementada. Bajo el capitalismo, desperdiciar comida es preferible a alimentar a aquellos que más lo necesitan.

Una economía planificada

A menudo se nos dice que la competencia es el secreto de la eficiencia capitalista; pero en realidad la competencia conduce a un mayor desperdicio. Por ejemplo, existe una duplicación significativa de trabajo entre empresas que realizan funciones similares, lo que significa que el tiempo y el dinero se invierten dos veces en las mismas cosas. Tomemos los supermercados como ejemplo: si la distribución de alimentos fuera realizada por una sola organización, las economías de escala harían el proceso más barato y la planificación centralizada lo haría más eficiente.

La competencia también obliga a las empresas a crear necesidades para sus productos particulares a través de la publicidad, cuyo costo se transfiere al consumidor. Los secretos comerciales y los derechos de propiedad intelectual significan que las mejores ideas e innovaciones no se persiguen tan plenamente como podrían y conducen a costosos casos judiciales, como los infames casos Apple vrs. Samsung para teléfonos móviles, que nuevamente elevan los precios para la gente común. En lugar de emplear a las mejores y más brillantes mentes del mundo para producir las cosas que la sociedad necesita, los científicos, ingenieros y diseñadores se dividen en diferentes corporaciones y se enfrentan entre sí en competencia, lo que resulta en una duplicación completamente innecesaria de esfuerzos y recursos.

En cualquier caso, la competencia genuina en la era del imperialismo, la etapa más alta del capitalismo, es algo así como un mito. En 2012, se descubrió que Barclays, UBS, Citibank, RBS, DB y JP Morgan tenían tasas de interés fijas para obtener mayores ganancias. En los últimos años, British Airways y Virgin Atlantic en la industria de las aerolíneas; Grolsch, Bavaria y Heineken en la elaboración de cerveza; y Sainsbury’s, Asda y otros supermercados: se descubrió que todos estos se habían coludido en los precios para obtener mayores ganancias. La razón de estos escándalos es que estas empresas reconocen que la planificación es una forma más eficiente de hacer funcionar la economía que dejarla a la anarquía del libre mercado.

La mera presencia de tales monopolios multinacionales gigantes en todas las industrias, con solo un puñado de empresas dominando el mercado, demuestra cómo la libre competencia se convierte en su opuesto, precisamente debido a la mayor productividad y eficiencia que se puede lograr produciendo en una escala tan grande. Dentro de cada empresa hay un inmenso nivel de planificación, coordinación y cooperación, todo en aras de aumentar la eficiencia en nombre de obtener mayores ganacias. Entre las empresas, mientras tanto, la anarquía de la competencia y la mano invisible permanece, lo que lleva a una enorme ineficiencia y despilfarro a nivel social.

Como ejemplo, en el libro Estrategia corporativa multinacional: planificación para los mercados mundiales, James C. Leontiades cita el ejemplo de la empresa de electrónica Texas Instruments, una organización multinacional que planifica todas sus operaciones desde su sede en Dallas. El nivel de control centralizado de la multinacional está indicado por los elementos de estrategia decididos en la sede. Estos incluyen:

  • Un análisis regional y global de la competencia.

  • Un núcleo de diseños de productos estandarizados en todo el mundo.

  • Investigación y desarrollo centralizados y coordinados para evitar costosas duplicaciones.

  • Producción racionalizada a nivel mundial para aprovechar al máximo las eficiencias relacionadas con el volumen a escala internacional.

  • Políticas de precios globales.

Aquí vemos la semilla de una nueva sociedad presente en la vieja. Una sociedad socialista abrazaría las posibilidades que conlleva la planificación de la economía; pero, por supuesto, podríamos planificar en función de las necesidades de la mayoría, en lugar de las ganancias de unos pocos. Ésta es la base de una sociedad de superabundancia, en la que todas las fuerzas de la producción y la inversión económicas se planifican racional y democráticamente en interés de la mayoría. El primer paso hacia esto será la expropiación de las alturas dominantes de la economía, es decir, la tierra, los bancos, los servicios públicos, la infraestructura y las empresas más grandes, todo para ser colocado bajo el control democrático de la clase trabajadora como parte de una economía planificada.

Los resultados de una economía planificada pueden verse en la transformación de Rusia en los cincuenta años entre 1913 y 1963, después de la Revolución Rusa de 1917, a pesar del enorme freno al desarrollo creado por la burocracia estalinista. En ese período, el país pasó de ser económicamente más atrasado que Bangladesh en la actualidad a ser la segunda nación más poderosa del mundo. La producción industrial aumentó 52 veces, frente a seis veces en los Estados Unidos y dos veces en Gran Bretaña. La productividad de la mano de obra aumentó en un 1310%, frente al 332% en Estados Unidos y el 73% en Gran Bretaña. La esperanza de vida en Rusia se duplicó y la mortalidad infantil se redujo nueve veces. Y el país tenía más médicos por cada 100.000 habitantes que Italia, Austria, Alemania Occidental, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y Suecia. Si esto se logró en la Rusia del siglo XX, que era un país atrasado, casi feudal en ese momento y fue devastado por dos guerras mundiales y una guerra civil, además de sufrir una burocracia estalinista, imagínense lo que una economía democráticamente planificada en Gran Bretaña y el resto del mundo económicamente avanzado en el siglo XXI podría lograr.

Cuba también ofrece un buen ejemplo de los éxitos de una economía planificada, incluso a pesar de su limitada democracia obrera. La esperanza de vida al momento del nacimiento en Cuba hoy (según las cifras del Informe de Desarrollo Humano 2005 de la ONU) es de 77,7 años (62 en 1959 en el momento de la revolución), casi la misma que en Estados Unidos (77,9) , y mucho más alto que el vecino Haití, donde tiene solo 59,5 años, y sustancialmente más alto que el poder capitalista regional de Brasil (71,7). La tasa de alfabetización de adultos en Cuba es del 99,8%, mientras que en Brasil es apenas del 88,6%, y también es superior a la de Chile (95,7%) y Costa Rica (94,9%). En realidad, según el mismo informe de Naciones Unidas, Cuba tiene el cuarto Índice de Desarrollo Humano más alto de América Latina. Si nos fijamos en las cifras de mortalidad infantil (en muertes por cada 1.000 nacidos vivos), según el World Factbook 2008 de la CIA, la situación en Cuba (5,93 hoy frente a 78,8 en 1959) es mucho mejor que incluso en Estados Unidos (6,3 ), Chile (7,9), Costa Rica (9,01), y que en Brasil (26,67), por no hablar de Haití, donde la tasa es de 62,33 muertes por cada 1.000 nacidos vivos. Estas cifras no deben sorprendernos ya que, según cifras del Banco Mundial, Cuba es el segundo país más alto del mundo en número de médicos por cada 1.000 habitantes (5,91), mientras que EE.UU. tiene solo 2,3, Brasil 2,06, Chile 1,09, Costa Rica 1,32 y Haití apenas 0,25.

Nuevamente, este era un país económicamente atrasado en 1959 cuando tuvo lugar la revolución de Castro. Su historia fue dominada por potencias extranjeras, utilizada como patio de recreo para los capitalistas estadounidenses y como productor monocultural de azúcar. Los avances desde entonces solo fueron posibles sobre la base de una economía planificada libre de dominación imperialista.

Trabajo, salarios y dinero

El resultado de tal planeación, combinada con una distribución de trabajo racional entre las personas capaces de trabajar (en lugar de que algunas personas tengan dos o tres trabajos mientras otras están desempleadas, como ocurre bajo el capitalismo) significaría una reducción en las horas de trabajo diarias sin reducción de paga. Se puede encontrar evidencia de lo anterior en la ocupación de la fábrica Flasko en Brasil. Desde el 2003, cuando la fabrica fue ocupada por primera vez y el trabajo fue planeado democráticamente, las horas de trabajo se han reducido de 40 horas a la semana a 30 horas, sin perdida de paga o disminución de productividad.

Con el desarrollo de la tecnología para reemplazar cada vez más mano de obra, las horas de trabajo podrían reducirse aún más. Por ejemplo, en 1870, del 70 al 80 % de la población de los Estados Unidos se encontraba empleada en la agricultura, sin embargo, hoy sólo es el 2%. Pero a pesar de la disminución de las personas empleadas en agricultura, la producción de dicho sector ha aumentado inmensamente. La productividad de la agricultura ha ido en aumento desde 1950 hasta el 2000. Por ejemplo, la cantidad promedio de leche producida por vaca aumentó de 5,314 libras a 18,201 libras por año (+ 242%); el rendimiento promedio de maíz aumentó de 39 fanegas a 153 fanegas por acre (+ 292%); y cada agricultor en el 2000 produjo en promedio 12 veces más producción agrícola por hora trabajada que un agricultor en 1950. Este desarrollo en la productividad se debió en gran parte a la mecanización, el desarrollo de nuevos fertilizantes y otros avances en la tecnología. Un desarrollo mayor de este tipo en otros sectores puede alcanzar resultados similares en términos de la reducción de horas de trabajo. Sobre esta base, la demanda de trabajo por persona podría calcularse en base a las horas trabajadas toda la vida en vez de diaria, semanal o mensualmente.

A los marxistas se les pregunta frecuentemente cual sería el incentivo de trabajar en una sociedad socialista. El incentivo de trabajar bajo el capitalismo consiste en que las personas trabajen para ganar dinero y así poder vivir sus vidas. Es por eso que exigen libertad de trabajar -para poder vivir. El socialismo, por otro lado, se trata de libertad del trabajo. El motivo para trabajar bajo el socialismo será trabajar para construir una sociedad en la cual seremos libres de la necesidad del trabajo duro. Esta libertad podría ganarse mediante los esfuerzos colectivos de la sociedad para desarrollar la economía y las fuerzas de producción hasta tal punto que se requeriría poco trabajo humano para mantenerla en movimiento, dejándonos libres para llevar nuestras vidas como queramos.

Los capitalistas tienen una concepción muy estrecha e incorrecta de lo que incentiva a las personas a hacer cosas -lo ven todo como una cuestión de dinero, a pesar de que hay muchas cosas que todos hacen (pasatiempos, etc.) simplemente porque les gusta hacerlas; cosas que nos ayudan a desarrollarnos como personas, que nos dan un sentido de propósito, y nos ayudan a crear lazos con los demás.

De hecho, hay algunos capitalistas que lo reconocen ellos mismos. Una profesora de la Escuela de Negocios de Harvard, Teresa Amabile, escribió un libro llamado The Progress Principle (El principio de progreso) que argumenta que es la sensación de progresar y avanzar, tanto profesional como personalmente, lo que realmente motiva a las personas en el trabajo. Según Alfie Kohn, científico social de Harvard Business Review, la jerga de la gestión capitalista se refiere a cuatro factores que motivan o incentivan a las personas a trabajar duro: crecimiento personal, reconocimiento, responsabilidad y trabajo desafiante: la recompensa monetaria está notablemente ausente de esta lista. Son estas formas de incentivo las que el socialismo pondría en primer plano, por encima de las ganancias monetarias.

En lugar de alejarnos de nuestro trabajo, el socialismo nos dará un interés real en la economía y en la sociedad, dándonos propiedad colectiva sobre él. El trabajo en sí, no solo los salarios derivados de él, tendrá por tanto un propósito más directo y será claramente para nuestro propio beneficio y el beneficio de los que nos rodean, en lugar de ser para los gatos gordos en una sala de juntas lejana. Así lo testificó el presidente de una de las fábricas ocupadas de Venezuela cuando informó que, en su fábrica, los trabajadores buscan activamente mejorar el proceso productivo porque saben que sus ideas son capaces de mejorar la vida de las personas.

Si el dinero juega un papel pequeño en incentivar a las personas bajo el socialismo, ¿significa esto que se abolirán los salarios? La respuesta a esto es no, no de inmediato; pero lo que sí significa es que los salarios podrían desaparecer gradualmente a medida que se desarrolla la economía. A los trabajadores se les seguirá pagando en dinero (cuyo valor, a su vez, está vinculado a la economía real) al principio; esto no es algo que pueda simplemente abolirse por decreto de la noche a la mañana. De hecho, es probable que existan diferencias salariales en un período socialista de transición, ya que la conciencia y las fuerzas de producción están cambiando y desarrollándose. Este fue el caso en Rusia poco después de 1917, donde los bolcheviques permitieron diferencias salariales cuando fuera necesario, pero estrictamente limitadas a una proporción de 1: 4.

Sin embargo, con el tiempo los salarios podrían ser reemplazados con cupones, los cuales a su vez serán reemplazados por nada en absoluto, puesto que las personas podrán tomar lo que sea que necesiten. Cuanto más se acerca la sociedad a un estado de superabundancia, menos salarios se requieren para racionar el consumo, ya que habría suficiente de todo para todos.

Como ocurre con los salarios, ocurre con el dinero en general. Trotsky explicó la necesidad de una moneda no regulada, con una oferta monetaria vinculada al nivel real de producción en la economía, incluso bajo el socialismo. Claramente, muchas de las funciones del dinero bajo el capitalismo cambiarían o desaparecerían (la necesidad de salarios monetarios es un ejemplo), pero aún podría desempeñar un papel como indicador de la salud de una economía planificada.

Bajo el capitalismo, el flujo de dinero y el uso de señales de precios actúan para indicar dónde hay escasez o abundancia dentro de la economía. Donde, por ejemplo, la demanda excede la oferta, los precios de las materias primas se elevan por encima de sus valores reales, generando superbeneficios para los capitalistas de ese sector. Esto anima a los capitalistas de otros lugares a invertir su dinero en estos sectores y, por lo tanto, aumenta la oferta de nuevo al equilibrio con la demanda. En las primeras etapas del socialismo, este papel del dinero y las señales de precios seguirá siendo necesario; pero, en cambio, las principales palancas de la economía -los bancos y las grandes empresas- estarían bajo el control del Estado de los trabajadores, que podría dirigir la inversión en consecuencia para eliminar cualquier escasez. Por lo tanto, las señales de precios serán un indicador de la oferta y la demanda de bienes en diferentes regiones y sectores, y la tasa de inflación señalará cualquier problema económico potencial. El flujo de dinero será una medida de hasta qué punto se está expandiendo el comercio en la economía planificada.

Gradualmente, a medida que más y más de la economía se someta a un plan de producción común y democrático, la producción y el intercambio de mercancías disminuirán, y el dinero en su conjunto se marchitará a medida que estas funciones de medir la salud de una economía serán reemplazadas por el control administrativo en vez del control financiero.

El Estado y la democracia

Así como el dinero eventualmente se marchitará bajo el socialismo, también lo hará el Estado. Un Estado proletario genuino comenzará, con su primer acto, el proceso de su propia destrucción. Esto se debe a que la expropiación de los medios de producción y su administración bajo el control democrático de los trabajadores como parte de una economía planificada iniciará la eliminación de las distinciones de clases, definidas como son por la distinción entre los que poseen propiedades y los que no. Una sociedad en la que todos poseen y trabajan los medios de producción es una sociedad sin clases; es una sociedad que ya no requerirá de un aparato estatal formado por cuerpos armados de hombres que son utilizados por la clase explotadora para mantener a raya a los explotados.

Antes de la sociedad de clases, que surgió alrededor del año 10.000 a. C. en el momento de la revolución neolítica, la sociedad estaba organizada según las líneas comunistas primitivas. Las clases no existían en este momento porque las fuerzas productivas eran incapaces de producir más de lo que se requería para la subsistencia, por lo que una clase poseedora y una clase desposeída era una imposibilidad económica. Engels, basándose en el trabajo del antropólogo Lewis Henry Morgan, describe la forma en que operaban estas sociedades comunistas primitivas. De manera crucial, en el contexto de un estudio de la gens iroquesa, señala:

La autoridad del sachem [líder] dentro de la gens era paterna y de carácter puramente moral; no tenía medios de coacción… La gens depone al sachem y al jefe de guerra a voluntad… Los miembros de la gens se debían ayuda, protección y especialmente asistencia para vengar el daño de extraños… La gens tiene un consejo: la asamblea democrática de todos los gentiles adultos, hombres y mujeres, todos con los mismos votos”.

Esta es una descripción de una sociedad sin estructuras estatales como la policía, el ejército, los tribunales, las cárceles o un establecimiento político separado de la sociedad y por encima de ella. Debido a que las fuerzas productivas eran mantenidas y trabajadas en común por esta tribu (por necesidad para sobrevivir), los intereses económicos de todos estaban alineados, lo que significa que no se requería ningún instrumento estatal con poderes coercitivos para hacer cumplir la voluntad de una clase contra otra.

Expropiar las cumbres dominantes de la economía, colocarlas bajo el control y la gestión democrática de los trabajadores y administrarlas como parte de una economía socialista planificada, eliminaría de manera similar la división económica de las personas en clases, eliminando así la base material del Estado. Volveríamos a una forma de sociedad comunista, pero a un nivel superior, con fuerzas productivas avanzadas en lugar de primitivas.

Esta imagen de cómo será el Estado bajo el socialismo contrasta fuertemente con lo que sucedió en la URSS bajo Stalin. El monstruoso Estado burocrático que asfixió la economía planificada en ese país no era un Estado obrero saludable, ya que carecía de democracia obrera, que es fundamental para el funcionamiento de una economía socialista saludable. El capitalismo tiene como objetivo (pero a menudo falla, como se ha discutido) utilizar la competencia para mantener la producción ineficiente al mínimo. Bajo el socialismo, sin empresas competidoras, se requiere un mecanismo más eficaz para garantizar la eficiencia y prevenir la corrupción; ese mecanismo debe ser el control democrático de la economía por parte de la gente común. Como dijo Trotsky una vez, la economía planificada necesita la democracia de los trabajadores como un cuerpo necesita oxígeno.

En términos concretos, esto significa implementar medidas como el pleno derecho de revocación para todos los funcionarios electos, quienes también deben ganar no más que el salario promedio de los trabajadores, de modo que tengan los mismos intereses materiales que las personas que se supone que representan. No debemos esperar cinco años antes de poder echar a los representantes que han tomado decisiones que no son del interés de la mayoría; la democracia proletaria implica más control que eso. Lenin también habló de la necesidad de involucrar a todos en el trabajo de administración de la nueva sociedad, para que no se establezca una clase especial de burócratas, separada y por encima del resto de la clase trabajadora. Si todos son burócratas, nadie será burócrata.

La formación de sindicatos representó una gran victoria para la clase trabajadora, ya que son organizaciones democráticas creadas por la clase trabajadora para la clase trabajadora. En ese sentido, encarnan las semillas de la democracia socialista. El autor marxista Rob Sewell señala este punto en su libro In the Cause of Labor: History of British Trade Unionism, donde dice: “Los sindicatos son las organizaciones básicas de la clase trabajadora. Pero son mucho más que eso. Son el embrión de la sociedad futura dentro de la vieja”. Continúa explicando que esto significa que están mejor capacitados para luchar por los intereses de la clase trabajadora:

Una y otra vez los trabajadores se han movilizado para transformar sus organizaciones en órganos y escuelas de solidaridad, lucha y socialismo, para usar la frase de Frederick Engels”.

La fábrica ocupada de Flasko en Brasil nos ofrece nuevamente un ejemplo de los elementos concretos de la democracia obrera en la práctica. El consejo de fábrica elegido está sujeto a un derecho de revocación inmediato. Este consejo se reúne semanalmente para discutir los planes de la fábrica, y las actas de esas reuniones se publican para que todos los trabajadores las examinen. Además, el presupuesto de la fábrica es votado por todos los trabajadores de la fábrica, todos los meses. Este modelo, al igual que los soviéts en Rusia a principios del siglo XX, coloca el control económico en manos de los propios pueblos, sin obligarlos a depender de nadie más.

Los soviets eran consejos de trabajadores elegidos en los que los trabajadores participaban y eran elegidos para administrar sus lugares de trabajo, localidades y regiones. Tal método democrático está mucho más cerca de la clase trabajadora que una democracia burguesa, porque le da a la gente un control inmediato sobre sus vidas de una manera que la democracia parlamentaria nunca podrá lograr. Tomemos las próximas elecciones generales en Gran Bretaña como ejemplo: cualquiera que sea el partido que forme un gobierno, será un gobierno que implemente la austeridad. No tenemos una opción real en este asunto porque la economía está en manos privadas, y para mantener la economía capitalista funcionando, el gobierno debe someterse a la voluntad de quienes poseen las alturas dominantes de la economía, es decir, los capitalistas. Solo dando el control de la economía a la clase trabajadora podemos garantizar una auténtica elección democrática.

La Comuna de Paris

Además de los soviets rusos, y antes que ellos, la Comuna de París de 1871 es también un ejemplo de Estado proletario, que es muy diferente del Estado tal como lo entendemos bajo el capitalismo. Marx describe la Comuna de la siguiente manera:

El primer decreto de la Comuna, por tanto, fue la supresión del ejército permanente y su sustitución por el pueblo armado.

La Comuna estaba formada por los concejales municipales, elegidos por sufragio universal en los distintos distritos del pueblo, responsables y revocables a corto plazo. La mayoría de sus miembros eran naturalmente trabajadores o representantes reconocidos de la clase trabajadora. La Comuna debía ser un organismo funcional, no parlamentario, ejecutivo y legislativo al mismo tiempo.

En lugar de seguir siendo agente del Gobierno Central, la policía fue despojada de sus atributos políticos y convertida en agente responsable, y en todo momento revocable, de la Comuna. También lo eran los funcionarios de todas las demás ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna hacia abajo, el servicio público tenía que hacerse a sueldo del trabajador. Los intereses creados y las prestaciones de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron junto con los propios altos dignatarios. Las funciones públicas dejaron de ser propiedad privada de las herramientas del Gobierno Central. No sólo la administración municipal, sino toda la iniciativa hasta entonces ejercida por el Estado, fue puesta en manos de la Comuna.

Una vez que se deshizo del ejército permanente y la policía -los elementos de fuerza física del antiguo gobierno- la Comuna estaba ansiosa por romper la fuerza espiritual de la represión, el «poder del párroco», mediante la separación del Estado y el despojo de todas las iglesias como corporaciones poseedoras. Los sacerdotes eran enviados de regreso a los rincones de la vida privada, para alimentarse de las limosnas de los fieles a imitación de sus predecesores, los apóstoles.

Todas las instituciones educativas se abrieron gratuitamente al pueblo y, al mismo tiempo, quedaron libres de toda interferencia de la Iglesia y el Estado. Así, no sólo se hizo accesible la educación para todos, sino que la ciencia misma se liberó de las cadenas que el prejuicio de clase y la fuerza gubernamental le habían impuesto.

Los funcionarios judiciales iban a ser despojados de esa falsa independencia que sólo había servido para enmascarar su abyecta subordinación a todos los gobiernos sucesivos a los que, a su vez, habían prestado y roto los juramentos de lealtad. Como el resto de servidores públicos, los magistrados y jueces debían ser elegidos, responsables y revocables”.

Por supuesto, para que la gente común pueda participar genuinamente en el funcionamiento democrático de la sociedad, de la manera descrita anteriormente por Marx, también debe tener tiempo para hacerlo. Bajo el capitalismo, la duración de la semana laboral y la presión del día a día hacen que la gran mayoría esté completamente divorciada de la actividad política. Para alguien que trabaja muchas horas o en dos trabajos, lo último que puede o está dispuesto a hacer en sus tardes y fines de semana es estudiar las complejidades de la planificación económica o el arte de gobernar. Esto se ve agravado por el conocimiento de que, incluso si se llevara a cabo dicho estudio, no haría ninguna diferencia porque los trabajadores comunes no tienen nada que decir sobre cómo se maneja la economía o la sociedad en su conjunto.

En una sociedad socialista, donde la tecnología, la automatización y la eficiencia de una economía planificada han reducido las horas de la jornada laboral, la gente común finalmente tendrá el tiempo libre necesario para participar plenamente en la gestión de la sociedad. Al colocar la economía bajo un control democrático genuino de la clase trabajadora, la gente también tendrá la motivación para participar gracias al conocimiento de que sus pensamientos y acciones pueden marcar una diferencia tangible.

Como ilustra la descripción de Marx de la Comuna de París, la democracia proletaria también consiste en reemplazar los órganos parlamentarios por ejecutivos, reemplazando las charlas con la actividad real. Por ejemplo, la huelga general de 1926 en Gran Bretaña vio al comité de huelga del noreste rechazar la solicitud del gobierno de distribuir suministros esenciales a la región, porque ya habían establecido un sistema para hacerlo por sí mismos. Este comité de huelga no se limitó a hablar, aprobar resoluciones y luego pasar la responsabilidad a otros; sus representantes tomaron decisiones, asumieron la responsabilidad de implementarlas y experimentaron las consecuencias junto con todos los demás. Esta es una auténtica democracia proletaria y es totalmente diferente a la caverna de aire caliente que son las Casas del Parlamento.

En el corazón de la democracia socialista, por lo tanto, está la capacidad de la sociedad para realmente poder implementar las decisiones que toma. Esta es la barrera fundamental para la democracia bajo el capitalismo: incluso si la sociedad vota por demandas como el pleno empleo y la inversión en este o aquel sector, ¿cómo se pueden llevar a cabo esas demandas en la práctica, cuando todas las decisiones reales sobre qué puestos de trabajo se crean y dónde va la inversión esta en manos de banqueros y jefes no electos? En última instancia, por tanto, la democracia genuina requiere que el control económico esté en manos del 99%, y no en manos del 1%.

La policía, el ejército y la ley

Los marxistas entienden que el Estado son cuerpos armados de hombres que están por encima de la sociedad, instituciones como la policía y el ejército. Bajo el capitalismo, el Estado es un arma de la burguesía, que usa la policía y el ejército para mantener su dominio; pero un Estado proletario sería un arma de los trabajadores para usar contra los intentos de los capitalistas de seguir explotándolos y oprimiéndolos. Esto es lo que quieren decir los marxistas cuando exigimos el armamento de la clase trabajadora. Significa reconstruir completamente la policía y el ejército siguiendo líneas proletarias, entregando el control de estas organizaciones a los trabajadores mediante la elección democrática de oficiales y su sujeción a la disciplina de la clase obrera organizada.

Se vieron ejemplos de tales medidas en Turín, Italia, en 1920 cuando se formaron Brigadas Rojas, compuestas por trabajadores voluntarios, bajo el control de los comités de fábrica. El sindicato FIOM ocupó fábricas y colocó grupos de guardias para vigilar las puertas de la fábrica. No se apoyaron en las fuerzas del Estado burgués, crearon una alternativa a esa estructura bajo el control del proletariado.

De manera similar, después de 1917, a Trotsky se le encomendó la tarea de reconstruir el Ejército Rojo en Rusia desde cero en las condiciones más difíciles. Implementó un sistema de comisarios en todo el ejército, cuyo papel como cuadros dirigentes del partido bolchevique era mantener la disciplina política de los regimientos y los generales que los comandaban (quienes, por razones de escasez de capacidad técnico-militar, eran a menudo generales que habían servido anteriormente a los antiguos regímenes reaccionarios del zar y Kerensky). De esta manera, el ejército se construyó como un arma del proletariado, no como la herramienta de la burguesía contrarrevolucionaria.

Con el tiempo, a medida que las clases se desintegran en las condiciones de la producción socializada, estos cuerpos se marchitarán, porque una clase ya no los necesitará para mantener su dominio sobre otra. Las tareas administrativas permanecerán; pero, con todos como burócratas, esto no conducirá a que un grupo en la sociedad esté separado del resto. La aplicación de las normas sociales de comportamiento, etc., se lograría mediante la presión social desde dentro de la sociedad, en lugar de una fuerza coercitiva fuera de ella, de la misma manera que el comportamiento civilizado se regula en un grupo de amigos o como lo era en las sociedades comunistas primitivas.

Engels describe una sociedad comunista tan primitiva, basada en el estudio de Morgan sobre los iroqueses, de la siguiente manera:

Sin soldados, sin gendarmes o policías, sin nobles, reyes, regentes, prefectos o jueces, sin cárceles, sin juicios, y todo sigue su curso ordenado. Todas las diferencias y disputas son resueltas por el conjunto de la comunidad afectada, por la gens o la tribu, o por las gentes entre sí; sólo como medida extrema y excepcional está amenazada la venganza de sangre, y nuestra pena capital no es más que una venganza de sangre en una forma civilizada, con todas las ventajas y desventajas de la civilización. Aunque había muchos más asuntos que resolver en común que hoy -el hogar es mantenido por varias familias en común, y es comunista, la tierra pertenece a la tribu, solo los pequeños huertos se asignan provisionalmente a los hogares- sin embargo, no es necesario ni un rastro de nuestro complicado aparato administrativo con todas sus ramificaciones. Las decisiones las toman los interesados, y en la mayoría de los casos todo está ya arreglado por la costumbre de los siglos. No puede haber ningún pobre o necesitado: la casa comunal y la gens conocen sus responsabilidades hacia los ancianos, los enfermos y los discapacitados en la guerra. Todos son iguales y libres, incluidas las mujeres».

Durante la gran mayoría del tiempo en el cual los humanos han estado en este planeta, alrededor de dos millones de años, hemos vivido en sociedades como esta, y hemos regulado nuestro comportamiento desde dentro de la sociedad en lugar de hacerlo mediante cuerpos que están fuera y por encima de ella. El socialismo marcaría un regreso a esta forma humana natural de organizar la sociedad, cooperativamente en lugar de antagonista.

Además de esos órganos que hacen cumplir la ley, está la propia institución del derecho, que Marx señaló no puede ser superior a su base económica. Entonces, la existencia de la Ley continuará mientras el Estado lo haga, pero al igual que el Estado, eventualmente también desaparecerá.

El jurista soviético Evgeny Pashukanis analiza esto en su libro Una teoría general del derecho y el marxismo:

La extinción de las categorías del derecho burgués significará, en estas condiciones, la extinción total del derecho, es decir, la desaparición del factor jurídico de las relaciones sociales”.

Una característica de la ley en el socialismo, ya que está en proceso de marchitarse, es que ya no adoptaría una forma completamente abstracta, como lo hace en el capitalismo. La ley burguesa insiste en que la justicia es ciega, en otras palabras, que tratará las cosas desiguales por igual. Por lo tanto, el derecho contractual asume que las dos partes contratantes son completamente iguales, incluso si en la realidad económica y social este no es el caso. Tal actitud dentro del derecho burgués simplemente afianza la desigualdad y la injusticia. La ley bajo el socialismo, por otro lado, no sería ciega, tendría los ojos bien abiertos y buscaría defender los intereses de la clase trabajadora.

Así como la propiedad de los medios de producción dejará de ser una cuestión de propiedad individual bajo el socialismo y se convertirá en una cuestión de propiedad colectiva, el derecho se volverá menos una cuestión de derechos individuales y más de derechos colectivos de la sociedad. Será contra estos derechos que el comportamiento será juzgado como criminal o de otra manera bajo el socialismo.

El refrán dice que la propiedad es nueve décimas partes de la ley, por lo que la abolición de la propiedad privada de las fuerzas productivas ciertamente verá una disminución en las disputas legales y el crimen. ¿Cómo se puede robar en una tienda, cuando los productos de dicha tienda existen en abundancia, libremente disponibles para que la gente los tome en función de sus necesidades? ¡Sería tan absurdo como acusar a alguien de robar oxígeno al respirar el aire que necesita para sobrevivir!

Bajo el capitalismo, la gran mayoría del trabajo legal existe únicamente para redactar contratos y establecer claridad sobre los derechos de propiedad privada. Con la propiedad ahora convertida en propiedad colectiva, bajo el socialismo, esta enorme cantidad de trabajo legal se volvería obsoleta y en su lugar podría ser redirigida hacia tareas más necesarias socialmente.

Además, sobre la cuestión del delito, cuanto más nos acerquemos a una sociedad de superabundancia en la que todos tengan un trabajo y un interés directo y democrático en la economía y en sus propias vidas, menor será el motivo para que se cometa el delito. En la medida en que lo sea, los que cometen delitos pueden ser tratados como víctimas de los males de la sociedad, en lugar de como animales rabiosos a los que encerrar. Pashukanis explica este punto de la siguiente manera:

Imagínense por un momento que el tribunal estuviera realmente preocupado solo por considerar las formas en que las condiciones de vida del acusado podrían cambiarse de tal manera que él mejorara o la sociedad estuviera protegida de él, y todo el significado del término ‘castigo’ se evapora de una vez».

La cuestión del derecho también plantea la cuestión de los propios legisladores: los partidos políticos. El socialismo no significa un Estado de partido único; pero sí significa un cambio de partidos como los entendemos hoy, es decir, agrupados alrededor de diferentes intereses de clase, porque esas distinciones de clase se erosionarán rápidamente. Mientras que los conservadores han representado tradicionalmente los intereses de la burguesía en Gran Bretaña, el laborismo fue fundado por los sindicatos para representar los intereses de la clase trabajadora. En los Estados Unidos, los demócratas y los republicanos representan diferentes alas de la burguesía que tienen puntos de vista ligeramente diferentes sobre la mejor manera de mantener el dominio del capital. Bajo el socialismo, los partidos políticos ya no se fundarán con el objetivo de representar un interés de clase particular, sino ideas diferentes sobre cómo planificar mejor la economía, dónde canalizar mejor la inversión y la investigación, cuáles son las prioridades para la sociedad, etc. Veremos partidos basados en ideas y deseos, no en clases.

El fin del nacionalismo, el sexismo y el racismo

El Estado nación tal como lo entendemos hoy se estableció con el desarrollo del capitalismo a partir del feudalismo, muy a menudo de manera arbitraria (las fronteras de muchos países africanos son simplemente el producto de líneas regladas trazadas en un mapa por los imperialistas). Hoy, el Estado nación es un grillete para el desarrollo de las fuerzas productivas, ya que genera proteccionismo, competencia entre estados y controles de inmigración. También actúa como un grillete en el desarrollo de la cultura humana al fomentar un nacionalismo venenoso que rechaza las ideas culturales extranjeras y al limitar la libre circulación de personas y la mezcla de sus culturas.

La creación de zonas francas, como la Unión Europea, es una admisión por parte de la burguesía de que el desarrollo económico requiere el desmantelamiento de las barreras nacionales; y la actual crisis de la eurozona es una prueba de que el desmantelamiento de las barreras nacionales es imposible bajo el capitalismo. El socialismo es un sistema que une a la clase trabajadora más allá de las fronteras y que derriba las barreras nacionales y la competencia entre estados. Esto no significa la destrucción de las diferencias y la cultura locales: tener diferentes regiones unidas dentro de un Estado bajo el socialismo no destruiría su individualidad; simplemente destruye los impuestos artificiales, la migración y otras barreras entre las personas.

Este es un punto que se señala en un artículo escrito por el Partido de los Trabajadores de Francia hace más de 120 años, titulado Patriotismo y socialismo. En una discusión sobre los méritos del internacionalismo, el artículo dice:

El internacionalismo nunca nos parará de ser patriotas. Verá el florecimiento completo de la humanidad. Como vimos a finales del siglo pasado, cuando, aunque nos convertimos en franceses, todavía veníamos de Provenza, Borbón, Bélgica o Bretaña”.

En otras palabras, aunque las revoluciones burguesas en lugares como Francia y Alemania superaron las divisiones locales y cimentaron la existencia de estados nacionales, eso no destruyó las identidades y tradiciones locales de la gente. De manera similar, el internacionalismo significa eliminar las barreras a la cooperación entre personas de diferentes nacionalidades, pero no significa imponer una identidad única para todos en todo el mundo.

Otras divisiones entre las personas retrocederían en un sistema socialista, por ejemplo, los prejuicios contra las mujeres. Engels explica que el origen de la opresión de la mujer está en la propiedad privada. El socialismo, al abolir la propiedad privada, elimina las condiciones materiales para esa opresión. Lo mismo ocurre con la familia tradicional, que bajo el capitalismo desempeña el papel de unidad más básica de explotación económica. Bajo el socialismo, la familia podría liberarse de las limitaciones burguesas y las tareas domésticas podrían socializarse, quitando esta carga de trabajo no remunerado de los hombros mayoritariamente de mujeres y haciéndola responsabilidad de la sociedad en su conjunto. La cocina, la limpieza, el lavado y el cuidado de los niños podrían proporcionarse como servicios públicos, liberando así a las mujeres de las limitaciones de la vida familiar tradicional. Esto no eliminaría la posibilidad de seguir viviendo una vida familiar tradicional, si así se desea, pero dejaría de convertirla en una necesidad. En tales condiciones, las leyes que rigen el matrimonio, el divorcio y el aborto serían absurdas.

Los bolcheviques avanzaron en esta dirección después de la revolución de octubre de 1917. Trotsky explica los objetivos del Estado socialista en un artículo para Pravda en julio de 1923 titulado De la vieja familia a la nueva:

La preparación física para las condiciones de la nueva vida y la nueva familia, nuevamente, no puede separarse fundamentalmente del trabajo general de construcción socialista. El Estado obrero debe enriquecerse para que sea posible abordar seriamente la educación pública de los niños y la liberación de la familia de la carga de la cocina y la lavandería. La socialización de las tareas domésticas familiares y la educación pública de los niños son impensables sin una mejora notable en nuestra economía en su conjunto. Necesitamos formas económicas más socialistas. Solo en tales condiciones podemos liberar a la familia de las funciones y cuidados que ahora la oprimen y desintegran. El lavado debe realizarse en una lavandería pública, el servicio de catering en un restaurante público y la costura en un taller público. Los niños deben ser educados por buenos profesores públicos que tengan una verdadera vocación por el trabajo. Entonces el vínculo entre marido y mujer se liberaría de todo lo externo y accidental, y el uno dejaría de absorber la vida del otro. Por fin se establecería una auténtica igualdad. El vínculo dependerá del apego mutuo. Y por eso en particular, adquirirá una estabilidad interior, no la misma, por supuesto, para todos, pero no seria obligatoria para nadie”.

Como explica Trotsky, tales cambios también contribuirían en gran medida a romper muchos otros prejuicios, como la homofobia, que bajo el capitalismo son utilizados por la clase dominante para causar divisiones dentro de la clase trabajadora. De hecho, los bolcheviques comenzaron muchas de estas reformas, incluida la legalización de la homosexualidad, después de 1917 bajo el liderazgo de Lenin y Trotsky.

El prejuicio racista tampoco sobreviviría bajo el socialismo. La clase dominante también utiliza el racismo como una herramienta para dividir a la clase trabajadora entre sí para que los patrones puedan explotar a los trabajadores más fácilmente. No es una coincidencia que la retórica racista y antiinmigrante pase a primer plano en períodos de crisis capitalista cuando la burguesía considera necesario reducir aún más el nivel de vida de los trabajadores.

Bajo el socialismo, eventualmente no habrá una base material para el racismo, ya que no habrá divisiones de clases. Aunque es un ejemplo muy distorsionado, la URSS nos da una idea de algunos de los avances que se pueden lograr bajo el socialismo en esta esfera. Gran parte del arte de la propaganda soviética presentaba imágenes de un grupo racialmente diverso de personas que luchaban por el socialismo, para enfatizar el hecho de que la batalla por el socialismo la lleva a cabo la clase trabajadora en todo el mundo. Además, la URSS ofreció educación gratuita a los ciudadanos de los estados africanos y estableció la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patrice Lumumba, que lleva el nombre del líder revolucionario congoleño de izquierda. Mientras tanto, en el archicapitalista Estados Unidos, la segregación racial duró hasta mediados de la década de 1950.

Además de eliminar la base material de estos diferentes tipos de opresión y prejuicio, el proceso de revolución y de construcción de una sociedad socialista acabará con estos prejuicios. En el contexto de la revolución socialista, son las cuestiones de clase las que pasan a primer plano, mientras que las divisiones entre razas, géneros, etc., pasan a un segundo plano.

La huelga de los mineros en Gran Bretaña en 1984-85 ofrece un ejemplo del efecto de un proceso revolucionario en las relaciones de género. Loretta Loach en su libro sobre las mujeres en la huelga de mineros explica cómo las relaciones entre hombres y mujeres se transformaron radicalmente dentro de las comunidades de la clase trabajadora en este momento, como resultado de su lucha común contra el gobierno archicapitalista de Thatcher:

A medida que las dificultades se hicieron más profundas, más fuerte se volvió la determinación de las mujeres. Comenzaron a marchar con sus hombres y a asistir a mítines y reuniones, aprendiendo todo el tiempo. Anteriormente, mujeres reservadas y apolíticas emergieron como creadoras talentosas y hablaron en reuniones con el fin de recaudar dinero para continuar con la tarea que tenían por delante».

En la lucha por el socialismo lo importante es el compromiso con la revolución socialista, un rasgo de carácter que no se limita a ningún género o raza en particular. Todas las demás divisiones se rompen en el proceso de lucha común.

Florecimiento de la ciencia y la cultura

En la URSS se llevaron a cabo programas masivos de alfabetización y la nacionalización de bibliotecas públicas. Con más personas capaces de leer y escribir, la cultura literaria, teatral y poética de la gente podrá alcanzar nuevas alturas muy rápidamente.

En Venezuela, un país que bajo Hugo Chávez adoptó una serie de políticas socialistas como parte de la revolución bolivariana, los efectos del enorme programa de educación y alfabetización, que ha enseñado a leer y escribir a 1,5 millones de personas, se pueden ver en el auge de la escritura de ficción venezolana. Según el periodista Boris Muñoz, la ficción venezolana se ha «abierto para encontrar un público mayor, a través de novelas negras, novelas históricas, sin renunciar a su propia idiosincrasia venezolana». Otro crítico literario, Antonio López Ortega, describe la ficción venezolana como “el secreto mejor guardado del Caribe”, mientras que en 2006 un venezolano ganó por primera vez el prestigioso Premio Herralde de Novela, además de ser el ultimó finalista al premio de ficción extranjera. del diario Independiente. Además, en la Feria Internacional del Libro de La Paz en 2006, Venezuela decidió distribuir 25,000 libros gratis a la gente de La Paz y la ciudad vecina de El Alto, en lugar de venderlos a los visitantes internacionales adinerados, con el fin de ampliar el acceso a la cultura. Tales desarrollos y actitudes solo han sido posibles en un país que ha utilizado la riqueza de sus recursos naturales en interés de la mayoría en lugar de en beneficio de unos pocos. ¡Sobre esta base, imagínese lo que podría lograrse en el ámbito de la cultura en una sociedad socialista sana y plenamente desarrollada!

Y esta pregunta va más allá de la simple expansión de los programas de alfabetización. El socialismo ofrece a los jóvenes un futuro más brillante y lleno de posibilidades que, en comparación con las sombrías perspectivas de los jóvenes bajo el capitalismo, proporcionará la inspiración para grandes avances en el arte y la filosofía. No es casualidad que los más grandes filósofos burgueses escribieran en los albores del capitalismo, cuando la sociedad emergía del decrépito sistema feudal hacia un futuro capitalista más brillante. Del mismo modo, los artistas más grandes, Da Vinci, Beethoven, Shakespeare, etc., produjeron sus obras maestras gracias a la inspiración de la lucha revolucionaria de la burguesía contra el antiguo orden feudal. Estos avances culturales tendrán lugar con el advenimiento del socialismo; pero con el beneficio adicional de varios cientos de años de desarrollo humano a sus espaldas, estas obras maestras socialistas expresarán ideas en un plano infinitamente más alto que cualquier cosa que hayamos visto antes.

Una economía planificada permitirá que la inversión racional en investigación científica produzca resultados mucho más efectivos que en el caso del capitalismo. La asistencia sanitaria de Cuba de renombre mundial es producto de inversiones planificadas en desarrollo científico, y su eficacia ha sido demostrada en repetidas ocasiones, más recientemente con la cantidad superior de ayuda brindada por Cuba a los países afectados por el virus del Ébola y las cifras de número de médicos per cápita, como se mencionó anteriormente.

Cuando se trata de cuestiones científicas sobre el cambio climático, parece que el socialismo es lo único que puede salvarnos de la destrucción del planeta. Lo que necesitamos es un plan coordinado internacionalmente para hacer frente al cambio climático, uno en el que las ganancias y las fronteras nacionales no sean una barrera. Si bien esta es la antítesis directa del capitalismo, describe el socialismo exactamente. Con los esfuerzos científicos planeados internacionalmente para reducir las emisiones y mitigar el cambio climático, podríamos resolver el problema más serio que enfrenta toda la vida en la tierra hoy.

La tecnología ya existe para aprovechar la energía del viento, las olas y el sol, que podría usarse para alimentar todo el planeta. En 1986, un físico alemán Gerhard Knies descubrió que en seis horas los desiertos de la tierra reciben más energía del sol de la que consumen los humanos en un año, lo que significa que un área del Sahara del tamaño de Gales podría proporcionar energía para toda Europa. Aprovechar esta oportunidad sería eliminar toda dependencia de los combustibles fósiles, reduciendo así drásticamente las emisiones de carbono, algo que el planeta necesita desesperadamente. Esto no se hace porque sería un ejercicio poco rentable para aquellos capitalistas que han construido e invertido en enormes empresas de combustibles fósiles. El capitalismo es incapaz de planificar el futuro, ya que solo le interesan las ganancias a corto plazo. Desde el punto de vista de un capitalista, destruir el planeta es un precio aceptable a pagar por mayores ganancias, sobre todo porque son las personas más pobres del mundo las que sufrirán la peor parte del cambio climático extremo. Solo mediante una planificación democrática racional a largo plazo podemos hacer lo necesario para salvar el planeta.

Los avances científicos en la exploración espacial podrían perseguirse de manera mucho más eficiente utilizando una economía planificada, en lugar de que cada nación produzca, lance y mantenga sus propios satélites y otros equipos. De hecho, incluso ahora, las empresas privadas que intentan lanzar misiones a Marte han tenido que recurrir a proyectos financiados por el gobierno como la NASA para obtener ayuda con fondos y experiencia. Un sector público planificado racionalmente es una forma más eficaz de continuar la exploración espacial, como demostró la URSS al ser la primera nación en poner a un hombre en el espacio y al estar a punto de lanzar una estación espacial capaz de alcanzar los límites exteriores del sistema solar, mientras que los EE.UU. aún estaban en la etapa de poner un hombre en la luna.

El final y el principio

 ¿Habrá marxistas bajo el socialismo? ¿Tendrá la teoría marxista algún papel que desempeñar después de la victoria de una revolución socialista? Actualmente el marxismo es ante todo una herramienta política, y quienes estudian las ideas y tratan de ponerlas en práctica son activistas políticos por encima de todo.

Sin embargo, en una sociedad socialista, el materialismo dialéctico, la filosofía del marxismo, seguirá siendo una herramienta vital para analizar los desarrollos de esa sociedad. Además, se convertirá en un elemento consciente de la investigación científica y la creación cultural. En la actualidad esta filosofía está implícita en diferentes áreas de la ciencia, como la investigación de los procesos cuánticos y la teoría del caos, pero al convertirla en un elemento explícito en nuestra comprensión de la sociedad, la conciencia de los seres humanos se desarrollará mucho más y más rápido bajo el socialismo. Así como las filosofías del liberalismo y el racionalismo han jugado este papel en la sociedad capitalista, el marxismo jugará este papel bajo el socialismo.

El socialismo significa el fin de una sociedad en la que los seres humanos son oprimidos y explotados por otros seres humanos. Significa el fin de la propiedad privada a gran escala y el fin del beneficio privado y la anarquía del libre mercado. Pero el socialismo no significa el fin inmediato de todos los problemas del mundo y la creación de un paraíso en el que todos vivan felices para siempre; tampoco significa el fin de la historia y todo el desarrollo futuro de la sociedad humana.

De hecho, el socialismo es solo el comienzo de la historia. Promete un sistema que es capaz de desarrollar las fuerzas productivas hasta tal punto que los humanos pueden dejar de destruirse a sí mismos y a su planeta y, en cambio, comiencen a tomar el control consciente de sus propias vidas.

El filósofo Hegel decía que la verdadera libertad no proviene de intentar trascender las leyes que gobiernan el mundo, sino de comprenderlas; ya que, una vez comprendidas, estas leyes pueden aprovecharse para nuestro propio beneficio. La teoría del marxismo nos proporciona la comprensión de las leyes físicas, sociales y económicas que gobiernan el mundo, y la práctica del socialismo nos brindará la libertad que proviene de aprovecharlas para nosotros mismos. Lo que hagamos con esa libertad será la cuestión que impulse todo el desarrollo humano futuro.