Así vivió un fotoperiodista el paso de la caravana de hondureños por El Salvador

La semana pasada, en El Salvador, se vivió uno de los pasajes más impactantes de este año. Y es que cientos de ciudadanos hondureños decidieron cruzar nuestro país para sumarse a los miles de sus compatriotas en la caravana migrante, que en ese entonces ya estaba en Guatemala, casi llegando a México.

Sin embargo, hubo un grupo de aproximadamente 300 personas las que no pudo ingresar, pues no contaban con los documentos necesarios que la burocracia migratoria exige. En su mayoría eran personas con menores de edad.

Al saber que había una situación migratoria irregular, decidimos emprender el viaje, desde San Salvador hacia Pasaquina, La Unión, exactamente a la frontera El Amatillo, zona fronteriza con Honduras.

Nos encontramos con un cordón policial de la Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO) en suelo salvadoreño, mientras que el grupo, en ese momento de un poco más de 150 personas, se encontraba en lado hondureño sin poder hacer más que esperar una solución para pasar a suelo salvadoreño.

Sus características eran notables: obreros, campesinos y hasta estudiantes. No escapaba más de algún joven que tenía tendencia a pertenecer a alguna pandilla o mara. De hecho, uno de ellos se acercó a mi persona y me consulto: “¿Ey, no hay “pedo” que rife el barrio, va?” Fueron sus palabras.

No contesté a tal consulta, pues se le notaba su estado de ebriedad y que han sido influenciados por grupos lumpen, y entendí que a eso los ha orillado el actual gobierno hondureño.

Cabe aclarar que mi presencia en el lugar fue por cuestiones de trabajo, tenía que documentar en imágenes lo que sucedía.

Luego de un rato, después de hacer un par de imágenes y observar a mí alrededor, me acerque a tres personas. Ellos eran un señor de aproximadamente 45 años, una joven de 23 años y otro que no pasaba de los 22.

Ella tomó la palabra, al preguntar el por qué su migración a los Estados Unidos. “En Honduras ya no podemos vivir”, fueron sus palabras. Y es que asegura que todos los recursos han sido privatizados.

“Antes teníamos subsidiada la energía eléctrica. Ahora, si nosotros pagábamos 100 lempiras, ahora pagamos 500 lempiras. Les ha aumentado. Hay una gran necesidad, pues los jóvenes ahora se dedican a robar para poder comer. El mismo gobierno orilla a los jóvenes a dedicarse a la drogadicción. Estamos viviendo en un narco estado”, expresó una de las migrantes.

Esto conlleva violencia, y también expresaron huir por tal situación. Aseguran que la producción de granos básicos es acaparada por los grandes empresarios, quienes ostentan el gobierno, a la cual llamaron dictadura.

La canasta básica ya no es sostenible al ganar el salario mínimo en Honduras. “al pueblo solo lo explotan, pues si usted trabaja y su sueldo, de salario mínimo, no puede subsistir en un mes, a lo mucho son 15 días. No estamos migrando, estamos huyendo de este gobierno”, aseveró otro migrante.

Con estas declaraciones culminamos a la 1 de la madrugada, aproximadamente. Nos fuimos a un hotel de paso, donde nos quedamos durante la madrugada del jueves, pues algunos de mis compañeros tenían que enviar sus notas de prensa y debían tener las condiciones para hacerlo.

El jueves, 5:30 de la mañana para ser exactos. Nos levantamos a ver las noticias, uno de los noticieros ya se encontraba en el lugar. Al parecer todo estaba normal, los hondureños seguían en el lugar.

Sin embargo, a las 6:30 de la mañana, salimos del hotel de paso, nos trasladamos hacia el límite fronterizo, nos dimos cuenta que ya habían habilitado el paso, para que los camiones de carga pasaran al lado hondureño.

La decisión de los migrantes fue cruzarse ilegalmente por el rio Goascorán, el cual es limítrofe con el hermano país. La noche anterior había llovido fuerte en San Miguel y sus alrededores. El cauce había crecido.

Pero esto no importó a los soñadores, pues ellos quieren vivir el “sueño americano”. Luego de que nos perdiéramos en la búsqueda, los encontramos. Vimos como uno a uno iban pasando el rio: niños, adultos y jóvenes por igual.

Solo dependían de sostenerse bien de un lazo para que la corriente no se los llevara y pasar al otro lado.

Hubo un pasaje, el más tenso. Una de las personas, una mujer de aproximadamente 25 años, iba con su madre, sus dos hermanos y su pequeño de apenas un año, aproximadamente.

Ella decidió no cruzar el rió, pues el peligro era inminente. Esta decisión no cayó en gracia en su madre, quien ya había pasado al otro lado con sus dos hijos. Esa decisión hizo que también ella desistiera.

Cruzaron nuevamente el rió para llegar a suelo hondureño. Ella pasó, con un poco de inconvenientes, pero lo pasó. Su pequeño, de unos 9 años, también lo pasó, también con inconvenientes, y con ayuda de uno de los adultos que si sabía nadar.

Sin embargo, el último de ellos, lo pasó, pero casi queda en medio del camino. Se iba a ahogar, pues no resistió la fuerza con la que la corriente golpeaba y se soltó del lazo, pero tuvo la suerte de que uno de los lugareños lo alcanzara a agarrar y lo salvara.

El hermano soltó en llanto, pues no quería perder a su hermano, sin embargo quería migrar. Quería que su destino fuera Estados Unidos, sin embargo, quizá no sabe, que su “sueño” se convertirá en pesadilla, y que los padres del capitalismo les esperan para darles una patada en el trasero y devolverlos, o en el mejor de los casos, acogerlos y explotarles laboralmente.

Los Estados Unidos ahora cosecha lo que ha sembrado. Vieron en los latinos una semilla fértil para que germinara en sus tierras, y así explotarlos. Mano de obra barata. Sin embargo, la sobrepoblación ahora les ha hecho que se les genere una crisis.

Lo que ahora convulsiona al país del norte es un claro ejemplo de la crisis que vive el capitalismo, la sobreproducción hace que se hunda más, pues ya no hay quien quiera sus productos. Así es también la migración.

 

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