18 febrero, 2020

¿Adónde va el gobierno de Bukele después de militarizar el Parlamento?

El pasado 9 de febrero, Bukele militarizó el parlamento. Días antes, llamó a la insurrección del pueblo haciendo uso del artículo 87 de la Constitución que da la potestad al pueblo de insurreccionarse cuando el orden constitucional se ha interrumpido. Estas acciones marcan un hito en la historia contemporánea del país, desde los Acuerdos de Paz ningún gobierno había hecho uso de la fuerza para conseguir reformas o préstamos para financiar políticas.

Las acciones del pasado 9F también anuncian un futuro convulsivo dentro de las instituciones del Estado, una crisis que tiene sus cimientos en la profundidad del régimen democrático burgués; el uso de los militares fue también un llamado de atención del presidente Bukele para todas las fuerza opositoras. 

¿Conviene un golpe al Parlamento?

En la declaración anterior explicamos que al presidente Bukele y a los Estados Unidos no les conviene por ahora un golpe al Parlamento, lo que sería en concreto la disolución de una de las instituciones más simbólicas de la democracia burguesa, para sustituirla en la práctica, por un régimen policíaco militar. 

La razón principal de esto es que no lo necesitan, sería una acción innecesaria que solo complicaría las cosas y no traería ninguna ventaja a los intereses capitalistas. La dominación capitalista y la explotación se encuentran mejor resguardadas bajo la cáscara democrática. Mientras más perfecta sea la “democracia”, menos visible es a la luz de las masas la dictadura de la burguesía.

Lenin plantea con absoluta claridad esta idea en El Estado y la revolución, siguiendo los análisis de Marx y Engels, él dice: «Otra razón por la cual la omnipotencia de la ‘riqueza’ está más segura en una república democrática es que no depende de los defectos de la maquinaria política o de la cáscara política defectuosa del capitalismo. Una república democrática es la mejor cáscara política posible para el capitalismo y, por lo tanto, una vez que el capital se ha apoderado de esta mejor cáscara… establece su poder de manera tan segura, tan firme, que ningún cambio de personas, instituciones o partidos en la república democrática burguesa puede sacudirlo».

No sabemos si en su momento Bukele comprendía exactamente bien esto, pero sí sabemos que Washington lo sabe perfectamente. La burguesía no mutila parte de su aparato de dominación: el Estado, sin un motivo fundamental, o ante el peligro inminente de procesos revolucionarios que amenacen el poder establecido. ¿De qué acontecimientos hablamos? De revoluciones o guerras con enemigos internos. El régimen en El Salvador, actualmente, está fuera de cualquiera de estas amenazas.

Al contrario, Bukele tiene todo un escenario factible para gobernar desde el parlamento en el futuro próximo. Veamos algunos datos revelados por la Encuesta de la UCA, una de las encuestas más seria del país, hace solo un mes. Ante la pregunta: ¿Si las elecciones fueran hoy por qué partido votarían? Nuevas Ideas -el partido de Bukele- lideraba la intención de voto con el 46.5 %, le sigue muy lejanamente Arena 6.8 %, el FMLN con 5.2% y Gana 3.7 %, la diferencia entre el partido del presidente Bukele y los demás partidos es absolutamente aplastante, entonces ¿qué sentido tiene disolver el Parlamento burgués cuando lo puedes dominar ganando una mayoría de diputados en las próximas elecciones? 

En realidad, creemos que Bukele buscaba dos cosas: demostrar su autoridad y poder, pero sobre todo desprestigiar aún más a los partidos políticos y a la Asamblea Legislativa misma. Sin embargo, el método utilizado fue demasiado exagerado incluso para sus aliados nacionales e internacionales.

¿Apoyó Estados Unidos el supuesto golpe?

Una semana después de los hechos del 9F ha quedado claro que Bukele actuó de forma independiente, estamos seguros que hubo muchos intentos por controlar sus acciones, incluso horas antes de la toma de la Asamblea por los militares, desde los Estados Unidos y desde los organismos internacionales.

Después de los acontecimientos muchos parlamentos, organismos y prensa internacional pusieron el grito en el cielo denunciando el “atentado a la democracia”, el New York Times, el Washington Post, CNN, La OEA, la UE, y la ONU condenaron de forma enérgica las acciones de Bukele categorizándolas como acciones dictatoriales que ponían en peligro la democracia alcanzada desde los Acuerdos de Paz.

Lo cual resulta completamente hipócrita, porque sabemos que han guardado silencio por años en situaciones de represión y dictadura en Latinoamérica. Comenzando con el golpe y el fraude electoral en Honduras que ha permitido la imposición de una dictadura totalmente sangrienta hacia al pueblo, o los últimos acontecimientos donde los gobiernos de Chile, Haití, Colombia y Ecuador, han hecho un uso excesivo de la fuerza policial y militar contra el pueblo. ¿Estos acontecimientos no iban en contra de la democracia? ¿Por qué hemos visto muy pocas condenas y llamados enérgicos a resolver los problemas de estos procesos?

La verdad es que todas estas declaraciones hipócritas no deben ser interpretadas en absoluto como un llamado a la defensa de los intereses del pueblo, lo que ellos realmente están defendiendo es la libertad de dominar y explotar, a través de sus instituciones, que aunque hoy estén desprestigiadas ante el pueblo, son herramientas eficaces para mantener el orden de cosas. Estas instituciones como la Asamblea Legislativa, La Corte Suprema de Justicia, etc., no están en la sociedad para que las cosas cambien, al contrario, están para que las cosas se mantengan igual.

Es a través de estas instituciones a las que ellos llaman “democráticas” que nos han impuesto el dólar como moneda nacional, nos privatizaron el sistema de pensiones y hoy los ricos se quedan con nuestro dinero y nos dan una miserable pensión, estas instituciones permiten que el abusador de una niña de 7 años este libre y que la mujer que tiene complicaciones obstétricas sea acusada y condenada por aborto con penas de hasta 30 años, estas instituciones obsoletas son el freno para tener salud, educación y vivienda.

Dicen repetidamente que son la expresión de la democracia, pero ¿será posible que nosotros los pobres podemos cambiar todo lo que nos afecta a través de estas instituciones? La clase obrera ha intentado por años cambiar sus condiciones de vida votando a un diputado, un alcalde o un presidente, pero al final nada cambia, ¿de qué democracia nos hablan entonces? Todo es una farsa.             

¿Por qué la gente apoyó estas acciones?

Teniendo en cuenta que la gente ha acudido a las urnas una y otra vez confiando en que sus condiciones de vida cambiarían si vota a tal o cual candidato, no es difícil comprender que pasado un tiempo en el que votan y nada cambia, la decepción sobre los partidos y sobre sus representantes se expresaría en descontento y buscarían alternativas para cambiar sus condiciones de vida. Y eso es lo que ha pasado en El Salvador desde hace un par de años. Los niveles de aceptación de la gente sobre los partidos políticos y las instituciones como el Parlamento han sufrido una caída estrepitosa, ya casi nadie cree en ellos.

El académico Manuel Alcántara cita datos interesantes en un artículo reciente sobre la situación de El Salvador, él dice: “De forma suplementaria, este escenario se ve acompañado por un serio problema de malestar de la gente con la política. Según Latinobarómetro, en la última década el apoyo a la democracia ha descendido del 68 % al 28 % y la confianza en los partidos políticos (“mucha y algo”) ha pasado del 39% al 6%. En cuanto a la identificación con los partidos políticos en los últimos diez años, según el Barómetro de las Américas ha descendido del 51% al 35%. Paralelamente, la participación electoral apenas ronda en el 50%, con una disminución en las dos últimas décadas de 15 puntos porcentuales, que, sin embargo, se corrigió muy modestamente en las elecciones presidenciales de 2019, en las que el panorama cambió súbitamente por la presencia como candidato de Nayib Bukele”[1].

Dejando de lado un poco la movilización obligada de trabajadores del Estado y teniendo en cuenta estos datos citados por Manuel Alcántara, no es tan difícil comprender porque alrededor de 5000 personas se movilizaron el domingo 9 de febrero gritando en favor de la toma del Parlamento, lógicamente ven en Bukele la figura que puede acabar con los que aplicaron políticas reaccionarias contra el pueblo en años pasados y que en todo este tiempo no han hecho nada por revertirlas. Por el contrario, se oponen a las políticas del gobierno que según Bukele están teniendo excelentes resultados.

Todas las acciones han sido justificadas por Bukele bajo esta idea central: “los diputados se oponen a mi gobierno, por tanto, hay que presionarlos, obligarlos a que trabajen para el pueblo y todo lo que no nos aprueben es un ataque para los más pobres”. Desde el inicio, montarse sobre el descontento de la gente ha sido la mejor política de Bukele.

Las encuestas y las conclusiones de Bukele

En enero, la encuesta de la UCA reveló que más del 50 % de las personas creían que su situación de seguridad había mejorado en el último año, y más del 50 % también dijo estar de acuerdo con las políticas de Bukele, destacando su Plan Control Territorial. Sin embargo, y a pesar de estos buenos números, su calificación cayó unas décimas pasando de 8.37 a 7.8  en 7 meses. Estos datos dan muchas luces de los acontecimientos recién pasados.

Si partimos de esto, fácilmente podríamos concluir que la negativa de los diputados por aprobar préstamos para financiar la política estrella de Bukele causaría un conflicto inminente, esto representó un gancho perfecto al gobierno de Bukele y los diputados lo sabían perfectamente, lo que no sabían era hasta donde podía llegar la rabia de Bukele con la manipulación del pueblo y las Fuerzas Armadas. Tenemos un presidente totalmente inestable y por lo tanto impredecible.  

Por otro lado, otra encuesta publicada en enero revela otros datos bastante interesantes y que Bukele pudo haber tomado en cuenta para sus acciones posteriores. Un artículo de ARPAS destaca estas preguntas: “¿Si hubiera huelgas o protestas que causaran desorden en el país, se justificaría que las autoridades usen la fuerza? El 50.5% dijo estar de acuerdo o muy de acuerdo. Además el 76.6% opinó que es necesario que las autoridades gobiernen con mano dura”.

Y continúan: “En relación a si en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser mejor que uno democrático, el 48.4% estuvo de acuerdo o muy de acuerdo, mientras que el 43.8% en desacuerdo o muy en desacuerdo. ¿Los grupos y las personas que representan serias amenazas para la sociedad deberían ser eliminados? consultó el IUDOP. El 64.3% opinó que está de acuerdo o muy de acuerdo”[2]. Parece que los asesores de Bukele y el mismo Bukele saben interpretar muy bien las encuestas. Las respuestas a estas preguntan reflejan el estado convulsivo de la sociedad contra los que se opongan a lo que parezca progresista en sus vidas. 

Bukele siempre gana

Si hacemos un análisis de las acciones de Bukele podemos decir que entre las clases oprimidas ganó cierta popularidad por enfrentar a los que siempre se han opuesto a las medidas que les beneficien. Los seguidores de Bukele interpretan todas estas acciones como una defensa a los planes que mantienen la seguridad del país, aunque esto no es realmente cierto, ya hemos explicado que el plan de Bukele es un plan militarista y represivo que puede frenar por un tiempo la violencia, pero no logrará acabar con ella por completo, tarde o temprano esto saldrá a la luz. Las políticas que pueden acabar con la violencia y la criminalidad deben estar equiparadas con elevar los niveles de vida de la clase trabajadora y acabar con la exclusión y la desigualdad.

El desprestigio de los diputados es tal que se encuentran en una encrucijada y todo lo que hagan y digan puede ser usado en su contra. Así, si bloquean el préstamo se ganan el odio de la gente, pero si lo aprueban tampoco es que ganen mucho electoralmente, más bien su fracaso en las elecciones estaba definido desde tiempo atrás. No importa más lo que hagan estos meses, además son demasiado reaccionarios como para darle al pueblo lo que necesita, por ejemplo, pensiones dignas y ley de aguas, sus intereses son los intereses de los grandes capitalistas no los del pueblo, hacer esto iría en contra de su política. En estas circunstancias, Bukele lleva todas las de ganar hasta el 2021.

Es necesario aclarar que, si bien es cierto la gente está decepcionada y frustrada con los partidos políticos y los diputados, no significa que quieran prescindir de estos, los trabajadores aún tienen ilusiones en la democracia burguesa y eso queda evidenciado si revisamos las opiniones de las últimas encuestas. Muchos tienen aún la idea de que si llegan otros diputados, por ejemplo de Nuevas Ideas, el parlamento puede ser diferente. No tener claro esto, nos puede llevar a serios errores en la interpretación de los hechos.

Estas perspectivas son muy buenas para el partido Nuevas Ideas y para Nayib Bukele. El gran problema se expresará cuando tenga el poder total del Ejecutivo y la Asamblea Legislativa, porque las excusas se les habrán agotado, y no habrá a quién más echarle la culpa de que no pueden elevar los niveles de vida de los más pobres, pues para esto se necesita dinamizar la economía, crear más empleos, mejores salarios y mayores oportunidades para la juventud ¿podrán hacerlo sin inversión y sin atacar a sus amos?

La inversión extranjera y el gobierno de Bukele

Pero no todo es bueno para el gobierno de Bukele, los inversionistas que están en un estado de nerviosismo indefinido, por el posible colapso de la economía mundial que se puede desencadenar en cualquier momento, necesitan hoy más que en otros tiempos de condiciones estables para invertir en los países.

¿Cuáles son esas condiciones de las que siempre hablan los gobiernos e inversionistas? En lenguaje simple significa bajos salarios, cero libertades sindicales y cero impuestos, pero además, y esto es una cuestión fundamental, necesitan de instituciones públicas estables que sepan manejar bien los conflictos laborales que se presentan, o que sepan mantener la explotación y la miseria como algo normal y común.

Así lo confirma las declaraciones de Luis Cardenal, presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada, ANEP, cuando declaró sobre las acciones de Bukele: “Los inversionistas cuidan sus recursos, sus ahorros y no lo van invertir en un lugar donde no hay las garantías suficientes de que va existir la estabilidad y seguridad que permita que sus inversiones estén aseguradas de cara al futuro”[3]. De esta manera, la suerte de Bukele está echada.

Ningún inversionista serio quiere arriesgarse a invertir en un país donde el presidente moviliza a sus seguidores para hacer cumplir sus políticas, donde las instituciones que deben resguardar sus intereses están en crisis constante. Esto es demasiado arriesgado para los capitalistas. Bukele se ha puesto la soga al cuello con su actuar, si pensaba recibir algún porcentaje de inversión extranjera, que de por sí ya era difícil, ahora tendrá condiciones mucho más adversas, lo cual le traerá conflictos con el pueblo que espera la solución de sus problemas, según lo que él mismo ha prometido.

Las actuaciones de Bukele después del 9F

Ahora Bukele tendrá que ganarse nuevamente la confianza de los capitalistas internacionales, y esto lo empezamos a ver inmediatamente después del domingo, sus apariciones en público se redujeron así como sus tuits, al punto que dio 8 días de plazo para que la Asamblea aprobara los préstamos, pero llegado los 8 días él no se movilizó ni llamó a la insurrección. Todavía tenía un poco rojas las orejas después que se las halaran con fuerza desde Washington.

La presión internacional pesó sobre el final en todas las acciones, es posible que tengamos en los próximos días un actuar más mesurado de su parte, sin embargo, el germen de su autoritarismo esta siempre latente en su personalidad, costará un poco volver a ganar la confianza de la opinión internacional. 

En su ausencia, Walter Araujo, exdiputado de ARENA y excandidato a alcalde de San Salvador por GANA, ha tomado el falso papel de caudillo del pueblo, pero la convocatoria para el domingo 16 no dejó de ser un show de muy mala calidad, muchos de los que estuvieron ahí seguramente se sintieron estafados. ¿Qué sentido tiene viajar muchos kilómetros por todo el país para escuchar un discurso de 15 minutos, lleno de patriotismo bajero, y finalizar diciendo que la insurrección se pospone para dentro de 15 días más? Esto es como el circo que pasa ofreciendo su última función desde el primer día que llega al pueblo.  

¿Qué significa en el régimen este tira y encoge? ¿Qué hay de fondo?

Todo lo que está pasando es una expresión de una crisis más profunda que se está desarrollando debajo de la superficie. Estas luchas por arriba solo expresan las enormes presiones que hay desde abajo y son los primeros indicios de acontecimientos mucho más convulsivos, debemos prepararnos para la llegada de estos acontecimientos que ahora mismo están siendo difíciles de contener.

Seguramente las tensiones entre las instituciones burguesas seguirán en el orden del día hasta el 2021, esto es una muy mala noticia para aquellos que piden paz y reconciliación. El imperialismo y la burguesía nacional necesitan de un gobierno fuerte y confiable para sus negocios. Bukele tiene que concederles esta petición, pero esto no será tan fácil, los oprimidos asumen que el gobierno de Bukele es su gobierno y lo mismo pensaran con los diputados de Nuevas Ideas que voten en 2021. Por tanto, se enfrentarán con una presión enorme para cumplir con su programa desde el primer día de la toma de curules. Si no se cumplen las promesas la oposición comenzará a tomar fuerza y podremos ver grandes acontecimientos en la lucha de clases. 

¿Hay una amenaza de fascismo ahora?

Equivocadamente, algunos intelectuales plantean que Bukele quiere imponer un régimen fascista, pero esto es una exageración que no tiene lógica alguna, nosotros que con el tiempo nos hemos forjado una imagen de seriedad, hemos negado esa posibilidad en El Salvador y en Latinoamérica durante muchos años atrás. Claro que nuestro análisis no parte de una cuestión subjetiva de los individuos, como si estos actuaran a su antojo, sino de un análisis profundo teniendo en cuenta todas las variables posibles de la situación para aterrizar en un análisis concreto.

En el pasado hemos dicho que[4], en primer lugar, no hay condiciones, por ahora, para regímenes fascistas en El Salvador. Una de esas condiciones es la ausencia de las clases reaccionarias que sirvieron de base social para los regímenes fascistas en el Siglo XX. Por ejemplo, las clases en las que se apoyó Hitler en Alemania o Mussolini en Italia, fueron los campesinos que eran una fuerza proporcionalmente grande en la sociedad Alemana e Italiana, así también se apoyaron en los estudiantes que en la mayoría de casos eran fascistas. Estas clases reaccionarias atacaban con arma en mano a las organizaciones de la clase obrera construidas en el pasado.

Hoy por hoy, estas fuerzas de la reacción están fuera de la situación actual, el capitalismo ha desarrollado tanto la sociedad que ha desplazado completamente al campesino, al punto que hoy no tenemos campesinado sino más bien una especie de obreros del campo que están desposeídos de sus tierras, ese es el caso en el país. Claro que no podemos tachar a los seguidores de Bukele como fascistas, solo porque algunos en las redes sociales suelen ser violentos contra sus opositores. Esto sería una generalización absurda, no toda la gente de NI es reaccionaria, algunos simplemente están confundidos y engañados, por no decir que es que la mayoría.

En cambio sí podemos decir que algunas de las acciones de Bukele pueden tener un contenido fascistas, como atacar el Sindicato de Trabajadores del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, STISSS, pero no nos dejarán mentir cuando decimos que un calvo no deja de ser calvo si de repente tiene tres pelos en la cabeza, o una persona con cabello abundante se vuelve calva solo porque pierda 10 cabellos.

No se puede catalogar un régimen como fascista por solo tener algún que otro método fascista, no es esta la forma en cómo podemos catalogar concretamente a un régimen, hacerlo así nos conduciría a una serie de errores en nuestra práctica revolucionaria.

La relación entre las clases dentro de la sociedad burguesa

Debemos tener en consideración que el devenir de los regímenes fascistas en Europa también estuvo marcado por grandes acontecimientos en la lucha de clases y por la guerra mundial misma. La derrota de los procesos revolucionarios de los años 20 donde la clase obrera dio la batalla por tomar el poder, pero fue duramente derrotada por la traición de los dirigentes socialdemócratas, fue una de las condiciones básicas para el ascenso del fascismo.

En América Latina la clase obrera está totalmente intacta no ha sido derrotada en procesos revolucionarios o insurreccionales desde hace décadas, lo que tenemos es una clase obrera poderosa, en algunos casos como en Chile y en Ecuador madura para la lucha revolucionaria y para la toma del poder.  En estos países como El Salvador la clase obrera aún no ha sido derrotada en una lucha abierta para tomar el destino de sus vidas en sus manos y se encuentra apta para luchar por cambiar sus condiciones de vida.

¿Hay un peligro para las relaciones de producción?

El desarrollo de los regímenes no se debe a los intereses subjetivos de los individuos, sino más bien a las condiciones objetivas sobre las que estos individuos se desarrollan. En los países donde vimos fascismo, las relaciones de producción propias del capitalismo corrían un grave riesgo, estas eran imposibles de salvaguardarse bajo los regímenes de democracia burguesa, o sea una república democrática como la que conocemos en El Salvador.

Esto creó la necesidad de un régimen totalitario, que pudiera elevarse sobre todas las clases: la burguesía, los trabajadores y campesinos, para mantener a salvo las relaciones de producción, no sin antes atacar a todas las clases, acabando con las instituciones de la burguesía, expropiando la industria, la banca y la tierra que estaban en manos del capital para ponerlos bajo los intereses del régimen y, por otro lado, aplastando y aniquilando violentamente a los oprimidos, principalmente a las organizaciones de los trabajadores sindicatos y partidos.

Por esto los regímenes fascistas no tiene siempre el beneplácito del imperialismo, la burguesía solo entrega el poder a los fascistas cuando no queda de otra. Pero estos regímenes no se pueden controlar. Por sus características concretas, estos regímenes son incapaces de mantenerse en el tiempo, porque surgen con un fin en principal: acabar con la amenaza de la revolución. 

Leyendo un poco la historia, las acciones de Bukele nos parecerán el maullar de un gatito, más que el rugir de un tigre fascista. Por ahora no hay un movimiento de masas que se oponga a las políticas de Bukele, es todo lo contrario, tiene el apoyo significativo de la clase obrera que ve en él un cambio. 

Aunque esto no será para siempre, las masas pueden soportar a un charlatán como Bukele por algún tiempo, pero tarde o temprano le exigirán que cumpla con sus demandas, ¿cuándo pasará esto? No se puede definir una fecha exacta, podría ser unos meses después de que gane una mayoría significativa de diputados en la Asamblea Legislativa o incluso antes, pero una cosa es cierta, cuando esto pase Bukele estará en serios problemas.

Nosotros hemos afirmado que por ahora el régimen de democracia burguesa le es favorable para cumplir con los objetivos de las trasnacionales y capitalistas nacionales que están detrás de Bukele. Y mientras esto sea favorable se mantendrá así, pero también hemos dicho que Bukele en determinados momentos puede convertirse en un bonapartista, ¿qué significa esto? Que ante el intento de cumplir con sus objetivos puede balancearse entre las clases, beneficiando a una y atacando a otra o utilizando su correlación de fuerza para conseguir sus objetivos tal y como lo hizo el domingo 9 de febrero.

Lo que implica que cuando la oposición a Bukele llegue a tomar fuerza y su base social se vea disminuida, no es descartable que salte a un régimen bonapartista completamente, así Bukele podrá volverse un juez entre las clases, sustituyendo al Estado y todas sus instituciones para concentrar todo el poder en sus manos y cumplir con sus objetivos que le beneficien en el poder. Lo qué significa que para derrocar al régimen deberemos derrocar a sus destacamentos armados auxiliares y para eso debe­mos armar a la vanguardia proletaria creando una milicia obrera.

Ted Grant explica muy bien este tipo de régimen en su articulo Democracia o bonapartismo en Europa:

“…la esencia del bonapartismo: una dictadura policiaco-militar, desnuda, el «árbitro» con la espada. Un régimen que indica que los antagonismos dentro de la sociedad se han hecho tan grandes que la maquinaria estatal, para «regular» y «ordenar» estos antagonismos mientras permanece como un instrumento de los dueños de la propiedad, asume cierta independencia respecto a todas las clases. Un «juez nacional» que concentra el poder en sus manos, que «arbitra» personalmente los conflictos dentro de la nación, enfrentando a una clase contra otra, sin embargo, sigue siendo una herramienta de los dueños de la propiedad. Al mismo tiempo, nosotros caracterizamos como bonapartista a un régimen donde las fuerzas básicas de clase de la burguesía y el proletariado están más o menos equilibradas entre sí, lo que permite al poder estatal maniobrar y equilibrarse entre los campos en contienda y de nuevo dar al poder estatal cierta independencia con relación al conjunto de la sociedad”.[5]

¿Cuál es la perspectiva más próxima?

Por lo tanto, la perspectiva más próxima es el recrudecimiento de la lucha de clases y no el advenimiento de un régimen fascista, batallas candentes entre la clase obrera y la clase dominante están todavía por ocurrir. Hablar de fascismo es un poco exagerado, no solo porque creamos que es un análisis incorrecto, sino porque en caso de ser cierto, deberíamos de tener un actitud más seria para defendernos.

Para concluir, plantear que viene el fascismo, también quiere decir que vienen los asesinatos en masa, la persecución sistemática política de los líderes del movimiento sindical, el ataque a los locales de las organizaciones obreras, la supresión de las libertades de reunión, expresión, de huelga y manifestación, la concentración del poder económico en manos del régimen, etc.  Y que por tanto debemos armar a los trabajadores para defenderse, porque esto no se detendrá con llamados a la paz y la reconciliación, al diálogo como lo hacen en gran parte el movimiento social hoy, eso significa que nos estamos entregando en bandeja de plata al régimen para que nos maten. Así de exageradas resultan las declaraciones cuando aterrizamos el análisis general a las cuestiones prácticas.  

¿Qué defendemos?

Nosotros levantamos la bandera de lucha en defensa de nuestras conquistas, las conquistas de miles de combatientes honestos que dieron su vida para conseguir las pocas libertades democráticas que le hemos arrebatado al régimen capitalista. No compartimos la absurda consigna de defender la democracia en abstracto que han levantado la ex guerrilla del FMLN y otros movimientos sindicales y políticos, eso sería ponernos de lado de la OEA, de Washington, de la ANEP y ARENA, y en contra de los trabajadores, que ven en los diputados de la Asamblea un freno para conseguir mejores condiciones de vida.   

Defendemos las limitadas libertades democráticas que nos permiten expresarnos y reunirnos/organizarnos como clase obrera explotada, que aunque son limitadas siguen siendo una conquista inestimable de nuestros mártires y héroes de los años 70 y 80. Denunciamos que defender a los diputados de la Asamblea y al mismo Parlamento y demás instituciones, es auto boicot, en el sentido que esas mismas instituciones son responsables de nuestra miseria. Luchamos por cambiar el parlamento burgués actual, un lugar de charlatanería y corrupción, por un parlamento de los trabajadores en favor de los trabajadores. Por una constitución basada en los intereses de los trabajadores.  

Porque la actual Constitución no es más que el marco de leyes que rigen nuestra explotación, las leyes que siempre han beneficiado a los capitalistas, porque cuando se trata de capital la ley se cumple, pero cuando se trata de garantizar educación, salud y vivienda, derechos establecidos en la Constitución, los diputados y funcionarios del gobierno pasan por encima de la misma.

¿De qué libertad, democracia o Constitución le hablan al pensionado que recibe solo 200 dólares cada mes para sobrevivir? ¿De qué derechos le pueden hablar al joven que no puede ir a la Universidad por falta de universidades estatales y gratuitas? ¿De qué libertad le pueden hablar a una mujer que no tiene el derecho de decidir sobre su cuerpo? No hay fundamento en esto. Todo es un engaño muy bien elaborado y ahora los trabajadores lo están comprendiendo a través de la experiencia, por eso rechazan los discursos de los que hablan en nombre de la democracia y la paz ahora.

Las tareas de la izquierda

La tarea de la izquierda no es unirse con los reaccionarios en contra de Bukele, la tarea de los revolucionarios es combatir a Bukele explicando que defendemos nuestras conquistas y derechos, pero que también luchamos por otro tipo de Estado, un Estado que se pueda organizar desde cada rincón del país, de todos los centros de trabajo, escuelas y universidades, que pongan en orden la sociedad retorcida en la que vivimos, en la que los que dejamos nuestras vidas en las fábricas al final de nuestras jornadas apenas tenemos un plato de comida en nuestras mesas, mientras un pequeño puñado de empresarios son los que se llevan la riqueza que producimos.

La forma revolucionaria de enfrentar al gobierno de Bukele, a la burguesía y al imperialismo es conformando una plataforma de la clase trabajadora, la juventud, las mujeres y todas las clases oprimidas, por las demandas más fundamentales del momento, hablamos de: Nacionalización del sistema de pensiones, aumento salarial no menor al costo de la vida, por una ley de aguas que evite la privatización del bien hídrico, por una educación laica, gratuita y de calidad, por la despenalización del aborto, contra la violencia machista y los feminicidios. Solo un programa de lucha amplio y general puede lograr la unidad de los revolucionarios contra los ataques de Bukele. 

Debemos transformar esta sociedad 

¿A caso no somos capaces nosotros los oprimidos de siempre de cambiar estas condiciones miserables? Nosotros creemos firmemente que sí, creemos que una sociedad totalmente distinta es posible, y el poder de cambiarlo todo está solo en nuestras manos. Pero también creemos que para conseguir esto es necesario construir una tendencia política fuerte, que pueda construir un partido político independiente de la clase obrera en el futuro.

Confiamos en el poder de la clase trabajadora que está en todas partes, en los almacenes y supermercados, en los mercados, en las maquilas, en los callcenter, en las fábricas de todas las industrias. Sin esta fuerza formidable de trabajadores nada se mueve en el país, ni tan siquiera una rueda. Este es el verdadero poder de la clase obrera salvadoreña el único poder que estando organizado puede cambiar la sociedad podrida en la que vivimos.

Pero esto solo será posible a partir de una lucha implacable contra la burguesía, el imperialismo y contra sus trabajadores a sueldo, todos los partidos políticos y funcionarios del régimen.

Súmate a nuestra lucha

Llamamos a todos los jóvenes honestos y abnegados, los que sufren a diario la miseria, la explotación y la marginación a nuestra lucha, es preciso comprender que solo juntos, formándonos como luchadores revolucionarios en la teoría y la práctica seremos capaces de mover todos los cimientos de esta sociedad asquerosa que nos ofrecen los gobernantes actuales, estamos llamados a vencer. ¡Organízate con nosotros y luchemos juntos por el socialismo![6]  


[1] https://www.politicaexterior.com/latinoamerica-analisis/salvador-ante-precipicio/

[2]  https://arpas.org.sv/2020/01/77-de-encuestados-por-iudop-considera-que-debe-gobernarse-con-mano-dura/

[3] https://www.elsalvador.com/noticias/nacional/crisis-en-asamblea-legislativa-anep-funde-impacto-economico/685381/2020/

[4] http://bloquepopularjuvenil.org/el-regimen-de-bukele-fascismo-bonapartismo-o-regimen-de-democracia-burguesa/

[5] https://www.marxists.org/espanol/grant/textos/1946/agosto/0000a.htm

[6] http://bloquepopularjuvenil.org/unete-al-bpj/ 


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