29 marzo, 2021

Victoria no murió, la policía la mató. ¡Exigimos justicia!

Victoria Esperanza Salazar, una migrante salvadoreña de 36 años, fue sometida por elementos de la policía municipal de Tulum, Quintana Roo, hasta provocarle la muerte, en un cuadro de brutalidad policial que recuerda lo sucedido con George Floyd en Estados Unidos el año pasado. Victoria contaba con visa humanitaria para residir en México, huyó de la violencia en El Salvador, pero nada la salvó de la violencia del sistema capitalista que reprime, acosa y asesina a las mujeres en todas partes del mundo.

No murió, la asesinaron los policías

El hecho trascendió el domingo, pero ocurrió la tarde del sábado 27 de marzo. Algunos medios comenzaron a presentar la noticia bajo el titulo de “una mujer murió”, pero Victoria no murió, fue asesinada cobardemente por cuatro agentes policiales, entre ellos una mujer, que la detuvieron sobre la avenida La Selva, en Tulum, bajo el argumento que se encontraba en estado de ebriedad y alteraba el “orden público”.

Al detenerla, la esposaron, la tiraron al suelo boca abajo, y como si esto no bastaba la inmovilizaron aún más colocándole las rodillas en su cuello y espalda con excesiva fuerza. En los videos difundidos en redes sociales, se escucha a Victoria gritar, quejarse y clamar por su vida, pero sus gritos y suplicas cayeron en los oídos sordos de los policías que la sometían, hasta que dejó de respirar y suplicar para siempre.

La Fiscalía General de Quintana Roo, luego de la necropsia ha determinado que Victoria Salazar presentó fracturas en la parte superior de la columna vertebral producto de la ruptura de las dos primeras vértebras, lo cual ocasionó que perdiera la vida. La Fiscalía también informó que los cuatro agentes policiales que participaron ya están detenidos y serán procesados por el delito de feminicidio.[1]

La brutalidad policial en Quintana Roo

El asesinato brutal de Victoria es parte de un continuum de violencia policial por parte de los oficiales de Quintana Roo contra las mujeres. En noviembre del año pasado los policías de Cancún repelieron a mujeres con armas de fuego -saltándose todos los protocolos legales para contener una manifestación-, ellas exigían justicia por el feminicidio de Bianca “Alexis”, y aprovechaban para manifestarse y exigir justicia también por la ola de feminicidios y violencia hacia las mujeres que ha arreciado en el estado de Quintana Roo y en todo México.

Detrás de estas represiones policiacas esta el objetivo de resguardar las apariencias en las ciudades paradisiacas de Quintana Roo, para cuidar los negocios de los capitalistas, aunque esto signifique el infierno para los pobladores especialmente para las mujeres que sufren explotación y violencia a diario.

Hipocresía gubernamental

Tanto el gobierno de México como el de El Salvador, así como algunos organismos internacionales incluido ONU Mujeres, han manifestado su indignación y repudio sobre el asesinato, y han exigido justicia.

El gobierno salvadoreño ha dicho que se ocupará de la manutención de las dos niñas hijas de Victoria que quedaron en orfandad. Andres Manuel Lopez Obrador, presidente de México, se refirió al hecho en su conferencia mañanera condenándolo y diciendo que es algo que les llena de pena, dolor y vergüenza, asegurando que no habrá impunidad. Sin embargo, en ambos países la violencia contra las mujeres no ha parado, al contrario, se ha recrudecido mientras ambos gobiernos han tratado de minimizar u ocultar las cifras que ponen al descubierto la agudización de la violencia machista y feminicida contra las mujeres.

Por otro lado, las medidas antimigratorias que han subscrito estos gobiernos en el último tiempo han ocasionado una ola de violencia contra los migrantes, de las cuales las mujeres, la niñez y adolescencia son las mayores víctimas. El asesinato de victoria lamentablemente es solo la punta del iceberg, a diario cientos de migrantes son violentados y otros más asesinados a causa de todo esto.

Por tanto, la sangre de Victoria no solo esta en manos de los agentes que la asesinaron, sino también en manos del imperialismo estadounidense que ha emprendido una guerra despiadada contra los migrantes y los gobiernos que se han vuelto cómplices de esta política asesina.

Asesinos con placa: la naturaleza criminal de la policía

Ha sido destacable el hecho de que quien mató directamente a Victoria fue la mujer policía, y esto revela a su manera que no importa si se trata de una mujer u hombre, los agentes policiales están imbuidos de la ideología del sistema al que defienden, por tanto son profundamente racistas, xenófobos y feminicidas; tal como el sistema capitalista lo es.

La indignación y la rabia se ha apoderado de la población contra los abusos policiales, con muchísima más fuerza desde el asesinato de George Floyd. A Victoria la policía le quitó la vida en condiciones similares y, al igual que con Floyd, deja en evidencia la naturaleza misma de la policía y las fuerzas represivas de los Estados capitalistas en general: una naturaleza criminal que no esta para defender los intereses de los desposeídos, sino para cuidar la propiedad privada, el orden y la estabilidad de la clase dominante.

No basta con cambiar algunas “manzanas podridas”, o de feminizar estas instituciones – como lo ha hecho AMLO y Bukele con la policía y el ejército de México y El Salvador-, porque esto no sirve para cambiar de forma fundamental las relaciones de clase que sostienen y necesitan a estos aparatos represivos para mantener el statu quo a salvo. Por tanto, de lo que se trata es de abolir estas instituciones sustituyéndolas por la organización misma de las comunidades.

Vamos a repetir esta idea cuantas veces sean necesarias: La policía no está para defendernos o para cuidarnos, la clase trabajadora no puede confiar en la policía capitalista para protegernos, solo organizados podemos poner fin al terror policial.

¡Justicia para Victoria!

A Victoria la mató la policía, no cualquier policía, la policía de un país con un Estado capitalista que al igual que el Estado salvadoreño se ha mostrado hartamente interesado por reforzar a estos cuerpos de “seguridad”, equipándolos de mejor manera para reprimir a los pobres.

A Victoria la mató el racismo, la xenofobia y la misoginia propias de un sistema de clases que promociona esta ideología para mantener divida a la clase trabajadora en razones de su raza, religión, sexualidad, género, nacionalidad y cualquier otra división que sirva para mantener su dominación.

A Victoria la mató el capitalismo. El sistema inhumano que nos priva de lo necesario para vivir y desarrollarnos en nuestros países de origen. El sistema que condena al hambre, la inseguridad, el desempleo y la miseria a millones de trabajadores, que ven en la migración la única salida ante la barbarie que viven día a día.

Para hacerle justicia a Victoria debemos organizarnos para derrocar este sistema. Organizarnos aquí y ahora para garantizar el acceso a empleos dignos para las mujeres, y la clase trabajadora en general, con salarios acordes al coste de la vida; la lucha diaria contra la violencia machista y feminicida; la organización por abolir la policía capitalista criminal y sustituirla por policía comunitaria que defiendan verdaderamente al pueblo. Y mientras luchamos por esto, tener plena consciencia que la única manera efectiva de luchar contra este sistema es organizándonos por el socialismo, solo una revolución de la clase trabajadora a nivel nacional e internacional le pondrá fin al terror policial y a la barbarie capitalista.

¡No murió, la policía la mató!
¡Justicia para Victoria!
¡Por la disolución de todas las fuerzas represivas del Estado!

 


Nota:

[1] Victoria Salazar murió por fracturas en la columna vertebral, dice Fiscalía General de México, en www.laprensagrafica.com

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