10 mayo, 2015

Sobre la unidad de las organizaciones de la clase trabajadora

En el proceso de desarrollo de la crisis capitalista que estalló en el 2008 y ante la política reformista de la dirección del FMLN, que no resuelve los problemas fundamentales de la clase trabajadora, provocando la decepción y apatía de amplios sectores del pueblo, que puede preparar el camino para el restablecimiento de la burguesía, a la toma nuevamente de sus instituciones burguesas y con ello el aplastamiento de las conquistas que con tanto sudor y sangre se han obtenido a través de la lucha de años de la clase trabajadora. 

En el proceso de desarrollo de la crisis capitalista que estalló en el 2008 y ante la política reformista de la dirección del FMLN, que no resuelve los problemas fundamentales de la clase trabajadora, provocando la decepción y apatía de amplios sectores del pueblo, que puede preparar el camino para el restablecimiento de la burguesía, a la toma nuevamente de sus instituciones burguesas y con ello el aplastamiento de las conquistas que con tanto sudor y sangre se han obtenido a través de la lucha de años de la clase trabajadora. 

Hoy es cuando más se necesita la unidad de las capas explotadas y de las masas aglutinadas en los sindicatos existentes.

La independencia de los sindicatos

Si bien es cierto que abogamos por la independencia de los sindicatos, eso no, nos hace negar, que sea necesario y de suma importancia que los sindicatos revolucionarios estén íntimamente relacionados al programa del partido de los trabajadores, ¡relacionados no diluidos! Buscando la independencia muchos dirigentes miopes teóricamente, plantean que semejante postura no es correcta dentro del sindicalismo, pero es que hay que saber entender que el sindicalismo es limitado y que no puede asumir el papel del partido. En periodos revolucionarios los sindicatos juegan un papel fundamental en la toma de fábricas y la creación de consejos de huelgas que son el germen de la nueva organización social, pero su carácter es limitado y es aquí donde la importancia del partido revolucionario se expresa en una necesidad, ya que hará falta tomar el Estado burgués para transformar las relaciones de producción y sustituir dicho Estado por un nuevo Estado socialista. Tarea histórica del partido revolucionario.

La unidad de la clase

Abogamos por la unidad entre la clase trabajadora, está ya sea dentro del partido como herramienta fundamental para transformar la sociedad; pero también dentro de los sindicatos.  Es la clase trabajadora organizada y no organizada en los sindicatos de las fábricas la única que puede poner en jaque al sistema burgués y paralizar la economía esto a través de la huelga. Pero con el simple hecho de remitirnos a decir esta afirmación o decir que la clase obrera es la llamada a tomar las riendas del futuro socialista no contribuimos mucho a la causa, aquí deben de exponerse más elementos en juego. Los revolucionarios aglutinados en las organizaciones de masas son los encargados de abogar por la unidad de la clase, pero ¿qué tipo de unidad debe ser esta y en qué sentido debe desarrollarse? La unidad de la clase no puede basarse en la vacía idea de “unidad” por “unidad” como lo plantean los reformistas, abogamos por una unidad basada en un objetivo común –la toma del poder-; la unidad en base a consignas que le den a la clase obrera sentido por qué luchar, consignas que partan de las condiciones materiales del momento planteando el carácter limitado de estas y la necesidad de luchar por consignas generales que garanticen un verdadero desarrollo de las condiciones materiales; la unidad en base a un programa claro y revolucionario, que conquiste a todas las demás capas heterogéneas y explotadas de la sociedad, (elementos desclasados, campesinos pobres y pequeña burguesía), abanderado por los sindicatos y el partido revolucionario que debe de estar encargados de elevar constantemente el nivel político de sus cuadros más capaces y más decididos. ¡Preparar el ejército de trabajadores que tomará el poder!  

La política reformista del FMLN

Actualmente vemos como la política reformista del Fmln en el gobierno, justificada por muchos argumentos que parecen muy inteligentes, lejos de unificar el movimiento de los trabajadores la dispersa.  Nuestra postura no debe girar en cuanto a la separación del movimiento por el reformismo de los dirigentes del partido y sindicatos, a menos que seamos lo suficientemente fuertes y tengamos el aparato adecuado para emprender la tarea histórica del proletariado con un aparato nuevo y preparado,  nuestra tarea en el periodo actual debe ser, luchar junto con las masas en contra de la burguesía y de la burocracia degenerada de las organizaciones tradicionales de los trabajadores, que constituyen la columna vertebral donde se sostiene el capitalismo. Dividir el movimiento por “principios” supondría un error garrafal, una traición. Una política incorrecta se combate con una política correcta, no con caprichos infantiles ultraizquierdistas.

 ¡Construir el partido revolucionario en el seno del movimiento obrero y ganar a las masas, en base a la verdad es nuestra tarea!