13 febrero, 2017

SOBRE LA REDUCCIÓN DE DIPUTADOS

El 5 de enero de 2017 organizaciones sociales presentaron a la Asamblea Legislativa una propuesta para que se pueda reformar el artículo 13 del Código Electoral, que busca reducir la cantidad de diputados de 84 a 50. Según el abogado Félix Ulloa, uno de los promotores, “la composición actual de la Asamblea Legislativa con los 84 diputados violenta los artículos 79 y 78 de la Constitución”.

Los promotores de la propuesta argumentan que con esta buscan que exista una representatividad equitativa, ya no utilizando un criterio de territorialidad sino uno demográfico, según la misma propuesta esto significaría 1 diputado por cada 115,000 habitantes. Esto además implica que ya no haya diputados por departamentos sino por zonas, y la distribución según cálculos sería de la siguiente manera: 10 para oriente, 5 para zona paracentral, 11 para occidente y 24 para la zona central.
Algunos diputados manifiestan estar en contra de esta propuesta, tal es el caso de Mario Tenorio, de GANA, quien considera que fomentará el “bipartidismo”; y Jackeline Rivera del FMLN asegura que contradice el “pluralismo” que se contempla como un principio en la Constitución. Ante esto cabe preguntarse si una reducción en el número de diputados que componen la Asamblea Legislativa es algo realmente significativo para los obreros, la respuesta es que no, porque aun cuando fuesen solamente 50 diputados nunca existiría verdadera representatividad para los trabajadores. Es decir, un cambio de forma no es lo verdaderamente importante, lo que sí es significativo para la clase trabajadora es el papel que debe jugar el partido de izquierda en el parlamento, además de cómo democratizar progresivamente esta institución y transfórmala en una herramienta para sus intereses.
El debate sobre la posible reducción del número de diputados saca a relucir en la población inquietudes que son muy válidas, por ejemplo, preguntarse ¿qué tan importante es dicha institución? Debemos recordar que el parlamentarismo sigue siendo “síntoma de democracia” en la sociedad burguesa; es la forma política más acabada de democratización para la burguesía, y su ineficacia solo demuestra que la clase dominante lo sigue utilizando para ocultar las contradicciones de la sociedad, este sistema ha caducado históricamente, más no ha caducado políticamente mientras las masas sigan creyendo que desde allí se pueden solucionar sus problemas, esto mismo da razón de porqué un partido revolucionario debe participar en él, como un medio de agitación y conexión hacia las masas. ¿Pero de qué manera se debe actuar en esta ilusión democrático-burguesa representada en el parlamentarismo?
Mientras no se tengan las fuerzas necesarias para acabar con el parlamento burgués por una forma política superior verdaderamente democrática y de beneficio para la clase trabajadora, el partido debe actuar en él para educar a los sectores más atrasados de su clase, y para demostrar la ineficacia de este parlamento. Esto será posible en la medida que se logren reivindicaciones mínimas impulsadas desde el parlamento, las cuales incrementarán el nivel de conciencia política de los trabajadores para buscar reivindicaciones máximas, que evidentemente no tendrán respaldo desde el parlamento burgués demostrando así su ineficacia práctica.

Por tanto, como marxistas no nos interesa, por el momento, enfocarnos tanto en el número de parlamentarios como si nos interesa pronunciarnos en contra de su ineficacia burocrática y abogar por convertir el parlamento en un instrumento beneficioso para el proletariado. Es por eso que nuestra propuesta es que debe buscarse la transformación del parlamento, que pase de ser un lugar de charlatanería, en palabras de Lenin, a verdadera corporación de “trabajo” que defienda los intereses de los trabajadores, es decir hacerlo más democrático. La única manera de hacer más democrático el parlamento será decretando que ningún diputado reciba un salario mayor al de un obrero cualificado, la eliminación de todos los funcionarios innecesarios, diputados suplentes y gastos de representatividad, así como también la revocabilidad de los cargos, solo así la Asamblea Legislativa se convertirá en un instrumento al servicio de la clase obrera.