18 octubre, 2015

La emancipación de la mujer en Rusia antes y después de la revolución

La emancipación de las mujeres en la historia rusa, para entender este evento, se hace más fácil entender la evolución, del movimiento de liberación de la mujer hasta el día de hoy. Pero hay más que eso.

La emancipación de las mujeres en la historia rusa, para entender este evento, se hace más fácil entender la evolución, del movimiento de liberación de la mujer hasta el día de hoy. Pero hay más que eso. La experiencia de la maravillosa lucha de las mujeres bolcheviques está llena de lecciones vitales para nosotros, porque es un ejemplo de la forma más eficaz de superar la opresión de las mujeres.

 

Al igual que el resto del mundo, el desarrollo de industrialización de los siglos XVII y XVIII, que cambiaron radicalmente las relaciones dentro del núcleo familiar, también tuvo un profundo efecto en el desarrollo de la conciencia de las mujeres rusas sobre el estado y el de su propia explotación específica. Con la consolidación del modo de producción capitalista, el modelo económico familiar se había roto. Este se había basado principalmente en la producción para el consumo familiar. Las mujeres estaban condenadas simplemente a convertirse en seres agotados físicamente. En el contexto del antiguo modo basado en la producción familiar—a pesar de que fueron definitivamente oprimidas por los hombres—las mujeres no eran conscientes de los límites impuestos a su desarrollo individual y menos aún de los límites impuestos a los derechos sociales fundamentales. Primero como una hija, después como esposa y madre, una mujer pasaba su vida en los confines de la casa y la única sociedad que en realidad conocía era la del núcleo familiar. La opresión de género comienza a ser percibida como una limitación de la libertad de la mujer cuando el modo de producción capitalista se impone, y con ella el uso de máquinas se generaliza. Esto se debe a que estas máquinas minan por completo la producción independiente (u hogareña) y permiten que las mujeres trabajadoras busquen un papel fuera de su casa. Las mujeres luego comienzan a adquirir una conciencia que las empuja a tratar de defender sus intereses, y empiezan a ver que son discriminadas. Llegan a ser conscientes del hecho de que tienen menos derechos que los hombres.

Históricamente las demandas de emancipación de la mujer inicialmente surgieron dentro del movimiento feminista burgués, que tenía mayores recursos financieros y culturales. Sin embargo, fue sólo cuando estas demandas fueron tomadas por las mujeres de clase obrera que asumieron la fuerza necesaria para lograr importantes victorias. Sin embargo, las mujeres de las clases altas tendían a ver la lucha por los derechos civiles, como una forma de defender su propio estatus social. Esto no significaría necesariamente algún beneficio a las mujeres de la clase trabajadora.

El marxismo no ve cuestión de la mujer sólo como uno de los géneros. También ve la opresión de los patrones, que existe bajo el capitalismo, en la medida que juega un papel fundamental en la opresión de las mujeres. Es la explotación capitalista, lo que favorece el mantenimiento de la discriminación sexual. Dentro de las diferentes clases de discriminación social contra las mujeres, así como los métodos y los objetivos de las luchas de las mujeres, por necesidad asumen una naturaleza diferente. En el momento decisivo cada mujer apoyará la clase social a la que pertenece. Una mujer miembro de la clase burguesa no dudará en apoyar leyes antisindicales, incluso si éstos van en contra de los intereses de sus obreras «hermanas», si éstos contribuyen a aumentar su riqueza. Esto no quiere decir que los movimientos feministas burgueses – si sienten la necesidad de hacerlo – nunca buscaran el apoyo de las mujeres de la clase trabajadora. Lo que muestra es que el poder real en la lucha por la emancipación de las mujeres, tanto organizativamente y numéricamente, recae en las mujeres de la clase obrera.

La mujer durante el reinado de los zares

Como Engels señaló, el grupo que fue «el primero en Rusia en el que las mujeres desempeñaron un papel activo e independiente» era el círculo «Tchaikovsky» (1). Este grupo fue fundado a principios de 1870 y fue organizado por los estudiantes de ambos sexos, unidos por los principios éticos y morales, pero sin ideología común. El objetivo de este grupo era difundir propaganda socialista entre la población, al hacerla consciente tanto de la explotación que sufria, y de la posibilidad de superarlo con una revolución basada en los campesinos. Los grupos socialistas que trabajaban dentro de las organizaciones políticas formadas en ese período, tendían a concentrar su atención en el problema del analfabetismo y la necesidad de elevar el nivel cultural de las capas más explotadas de la sociedad. De esto desarrollaron la organización de conferencias sobre el capitalismo y la explotación de clase, así como la distribución de los escritos de bajo coste político y económico de carácter amplio.

La mayor contribución del grupo Tchaikovsky a la lucha por la emancipación de la mujer era la forma en que participan las mujeres en los debates y la actividad política en el mismo nivel que los hombres. Las mujeres que pertenecían a estos círculos, sin embargo, llegaron principalmente de los grupos que prohibían la participación masculina. El separatismo y la sospecha hacia los grupos mixtos no debería sorprendernos si recordamos que esto era en el contexto del atraso de la Rusia zarista, en la que el miedo a la dominación masculina, experimentada de diferentes maneras dentro de la familia y la sociedad en su conjunto, condujo a las mujeres socialistas activistas a ver la presencia de los hombres como una amenaza a su autonomía. Esta actitud no era más que una fase necesaria – en ese contexto dado – de un proceso de emancipación personal. El separatismo fue determinado por la necesidad de las mujeres de desarrollar libremente su propia conciencia de su propio estado de explotación, para superar su propia falta de confianza y de prepararse para actuar políticamente junto con los hombres, pero sin ningún sentido de sometimiento hacia ellos. Después de haber alcanzado un cierto grado de independencia económica y política, y de haber adquirido un nivel adecuado de la conciencia de clase, la necesidad de ir más allá de la lucha «personal» y abrazar una lucha más amplia de carácter social se hizo evidente. Muchos movimientos políticos de las mujeres siguieron el mismo camino general; la conquista de la independencia individual empujaría a abandonar el feminismo, en su forma más limitada [burguesa], llevándolos a la radicalidad del grupo Tchaikovsky y otras iniciativas similares, donde ambos sexos se unieron en la propaganda socialista y agitación.

La mayoría de los grupos de estudiantes [2] fueron influenciados por la ideología bakuninista (anarquista), entre los que estaba el grupo ‘Rosalie Jakesburg’ [1,872]. Ellos estaban cerca del partido «Tierra y Libertad» , lo que refleja – como es lógico – la orientación hacia la «mayoría campesina de la época, incluso entre el trabajador y estudiante de vanguardia. En los grupos de estudiantes, las mujeres fueron educadas políticamente para realizar su actividad de propaganda para los trabajadores. Estos militantes entendieron que sólo la eliminación de la explotación capitalista – que condenaba a la mujer a una doble opresión de trabajo en las fábricas y las tareas domésticas – junto con la participación directa en la gestión democrática de los procesos de producción, y la organización de la sociedad, podría garantizar una emancipación efectiva de la mujer. Sólo de esta manera serían mujeres capaces de decidir y crear servicios y estructuras que las emanciparía de los deberes privados de atención a la familia.

Estos fueron los objetivos que estimularon a muchas mujeres a participar directamente en el trabajo de propaganda en torno a una serie de huelgas en Moscú en 1875. Sin embargo, la mayor parte de los organizadores de estas huelgas fueron arrestados y se les dio duras penas en la cárcel mientras esperaban a ser enjuiciadas. Estos juicios fueron conocidos como el «juicio de las 50” o “El juicio de las mujeres Moscú”. Estos juicios tuvieron una enorme influencia en el aumento de la conciencia política, no sólo de las entonces organizaciones de mujeres, sino también de las futuras generaciones de mujeres de clase trabajadora. Aquí es cómo Kravinsky, un periodista revolucionario del siglo 19 describe el juicio:

«Antes de este ensayo los socialistas sólo eran conocidos por los jóvenes. Ahora un público atónito podía mirar a los rostros radiantes de estas mujeres jóvenes, que con sus dulces sonrisas como los niños, se dirigían a un lugar sin retorno, sin esperanza -hacia las prisiones centrales, hacia largos años de trabajos forzados Las personas se decían a sí mismas: «Estamos de vuelta en la época de los primeros cristianos, una nueva fuerza se está forjando”. [Traducido del italiano] (3)

Muchas de las mujeres que habían ido a la huelga o que habían simpatizado con los detenidos «moscovitas» se unieron al grupo terrorista llamado «Narodnaya Volya». Este grupo luchó con un espíritu extremo de sacrificio-aunque con métodos muy cuestionables (más tarde fuertemente criticados por el propio Lenin) – en defensa de la causa de los trabajadores contra la opresión zarista. Entre sus mejores militantes estaban Vera Figner, miembro del comité ejecutivo y una militante socialista desde 1850, junto con su hermana Lidia, que fueron llevadas a juicio en Moscú.

A partir de entonces el movimiento de mujeres se desarrolla, junto con la del movimiento obrero más amplio en las muchas huelgas espontáneas, sobre todo en la industria textil, que tuvieron lugar en el período de 1870 a 1880, donde se empleaban mujeres trabajadoras en una escala masiva. El resultado de este movimiento fue una ley que prohibía a los niños y las mujeres trabajar el turno de la noche. Más tarde fue seguido por las huelgas económicas de 1894-96 en Petersburgo y la gran huelga de los trabajadores textiles de 1896.


La Revolución Rusa de 1905 y el movimiento feminista burgués

Con la revolución de 1905, el cuadro general cambió radicalmente, con muchas mujeres que participaban ahora en los eventos como los dirigidos por el Padre Gapón. Las luchas para extender la franquicia, por lo que las mujeres tendrían derecho a votar en las elecciones a la Duma, vio una participación masiva de las mujeres. Las dificultades iniciales en la vinculación de las luchas contra la opresión de un género específico a la de una lucha de clases más generalizada a menudo hacían a estas mujeres presas fáciles para el movimiento feminista burgués. Este último jugó un papel reaccionario porque quería canalizar todas las luchas de las mujeres a través de las organizaciones de mujeres independientes, concentrándose en problemas «universales» de género. La Liga para la Igualdad de Mujeres y el Partido de Mujeres Progresistas promovieron la armonía entre los patronos y las trabajadoras, sobre la base de que ¡eran todas las mujeres! Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que las mujeres trabajadoras se distanciaran de este tipo de organizaciones y comenzaron a integrarse más en el movimiento obrero en general y concentrarse en las demandas sindicales como trabajadores. Por desgracia, la guerra contra el Japón estaba creando un empobrecimiento general en las zonas rurales, pero también tenía el efecto de crear un mayor grado de radicalización entre las mujeres campesinas, porque sólo ellas tuvieron que sufrir el peso principal de la guerra. Estas mujeres campesinas se convirtieron en líderes importantes de las luchas de las mujeres en los años 1904-1905.

Por desgracia, desde un punto de vista político, allá por 1905-06 las ideas del movimiento feminista burgués se habían extendido entre los mencheviques, socialrevolucionarios e incluso entre algunos activistas bolcheviques. En 1905 en la primera gran conferencia de la mujer, celebrada en San Petersburgo había pocas voces opositoras llamando por la unidad de clase trabajadora contra la opresión de la mujer trabajadora. Para luchar contra esta influencia burguesa, un grupo de mujeres socialdemócratas (bolcheviques y mencheviques) decidió dedicar una parte de su actividad de propaganda socialista, específicamente a la difusión de las ideas del socialismo entre las mujeres. Estas activistas organizaron una campaña contra el feminismo burgués, proponiendo la interpretación marxista sobre la cuestión de las mujeres. También presionaron para un trabajo específico por parte del partido y los sindicatos para ser dirigido a los problemas de las mujeres de la clase trabajadora.

Las diferencias reales en los derechos civiles y políticos entre hombres y mujeres pertenecientes a la misma clase social habían sido ignoradas durante mucho tiempo dentro del movimiento de la clase obrera tradicional, y esto alentó a las mujeres a simpatizar con los grupos feministas burgueses que estaban concentrando su atención en la opresión de género. Sin embargo, el trabajo de los bolcheviques como A. Kollontai había hecho posible que el movimiento de mujeres asumiera proporciones masivas ya en 1907, y sus líderes estaban ya organizando reuniones públicas, en abierta oposición a las de las feministas burguesas. La constante y paciente propaganda de las mujeres socialistas en los lugares de trabajo y en las reuniones organizadas por las feministas, fue finalmente dando sus frutos.

Los primeros círculos de trabajadoras, la «Asociación de Asistencia Judicial de la Mujer Trabajadora», se creó en 1907. Los hombres y las mujeres podrían unirse, pero las primeras posiciones dirigentes estaban reservadas para las mujeres. La estructura interna del círculo fue diseñado de tal manera que se facilitará la participación de las mujeres activistas, para que participaran directamente de las luchas específicas relativas a la opresión de las mujeres. El objetivo de la asociación era difundir las ideas del socialismo en el proletariado, y para atraer a trabajadoras aisladas a los sindicatos y al Partido Socialdemócrata. No tenía la ambición de convertirse en una entidad política autónoma, separada de las organizaciones tradicionales de los trabajadores. Por el contrario, se propuso que las mujeres debían unirse a éstos. De esta manera se abrieron las puertas para la participación de las mujeres en la política. El grupo no centró su atención en las cuestiones relativas a la opresión de género por sí solo, sino que vinculó estas cuestiones a las condiciones políticas, sociales y económicas que los determinaban. El objetivo no era llevar a cabo una agitación feminista limitada, sino la agitación socialista entre las mujeres.

En particular, la asociación tenía fuertes vínculos con el sindicato de trabajadores textiles y estuvo representada en diferentes secciones del partido. Tomó parte en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que tuvo lugar en 1907 en Stuttgart. Esa conferencia discutió qué demandas deberían ser presentadas, pero también qué métodos deberían ser planteados para alcanzarlos. Clara Zetkin también participó en la conferencia y obtuvo una resolución aprobada la cual hizo un llamado a los partidos socialistas de todos los países a «luchar enérgicamente por el sufragio universal (…) tanto en el legislativo y en las asambleas locales» (4). Al hablar sobre esta resolución, Zetkin hizo hincapié en que el derecho al voto no era un fin en sí mismo sino simplemente un medio para un fin. Serviría para fortalecer la lucha contra la dominación de clase y la propiedad privada de los medios de producción – la verdadera fuente de la opresión de género – al hacer llegar mujeres de la clase obrera a las asambleas locales y legislativas.

La resolución provocó discusiones dentro y fuera de la conferencia, debido a que algunos activistas (tanto hombres como mujeres) de los diferentes partidos socialistas tenían reservas sobre esta cuestión. Uno de ellos fue Wally Zepler – por poner un ejemplo – que pidió que la extensión del derecho de voto se limitara sólo a las elecciones locales. Víctor Adler, el líder socialista austriaco, quería dejar la decisión de si aceptar “el sufragio universal ‘de las mujeres”, como una demanda inmediata a cada partido nacional.

Después de 1907 las relaciones con las organizaciones feministas burguesas se volvieron particularmente tensas. Sin embargo, cuando éstas decidieron llamar a un congreso de todas las mujeres rusas en 1908, las mujeres activistas socialdemócratas, con el importante apoyo de Alexandra Kollontai, se aprovecharon de esto con el fin de llevar a cabo propaganda socialista entre las capas más amplias de la sociedad. Organizaron reuniones y discusiones individuales en condiciones de semi-clandestinas para elegir a los delegados de los sindicatos y secciones del partido. A pesar de sus esfuerzos, las mujeres de la clase trabajadora delegadas que en realidad participan en la conferencia fueron sólo 45, frente a las 700 feministas burguesas presentes. Los participantes socialdemócratas no perdieron las expectativas y utilizaron todas las oportunidades para dejar clara su propia identidad política independiente a todos. Formaron un grupo separado dentro de la conferencia y presentaron resoluciones revolucionarias en todos los temas del orden del día, que iban desde la seguridad en el trabajo, a qué relaciones las mujeres deben tener con los partidos políticos, al derecho de la mujer a votar. La mayoría de los delegados rechazó todas las resoluciones presentadas por el ala revolucionaria. Las feministas burguesas rechazaron por completo la necesidad de luchar en contra de la propiedad privada de los medios de producción. Cualquier intento de unir las trabajadoras en una sola organización «interclasista» con las feministas burguesas se demostró que era imposible. La intervención de las mujeres socialistas en esta conferencia sirvió para trazar una línea clara de demarcación entre las feministas burguesas y el movimiento revolucionario socialista, que sirvió para elevar de la forma más alta la conciencia de clase de las mujeres trabajadoras.

Sufragio universal

La segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas se celebró en 1910 en Copenhague y se concentró en la cuestión del sufragio femenino. Sobre este tema Clara Zetkin era la más experimentada, quien había luchado durante años contra las tendencias burguesas que querían limitar este derecho sólo a aquellas mujeres que tenían propiedades.

La lucha por el «derecho a votar» dividió a las mujeres en líneas de clase. Habían diversas asociaciones feministas que vieron la necesidad de unir a todas las mujeres en la lucha por los derechos de las mujeres – más allá de las divisiones de clase. Ellas hipócritamente vieron la lucha como un simple medio para obtener el voto para las mujeres de propiedad. Clara Zetkin explicó que dar el voto sólo a las mujeres de propiedad hubiera reforzado las políticas burguesas en oposición a la demanda por más derechos y garantías para todos los trabajadores (ya sean hombres o mujeres). De esta manera se socavaría la lucha por la emancipación de la clase obrera. Dar a las mujeres burguesas del derecho de voto no sería de ninguna manera hacer que la lucha por el derecho al voto para todas las mujeres se haría más fácil en el futuro. Esto era debido a que el proletariado y la burguesía son clases sociales antagónicas. Una concesión a una de ellas socava los intereses de la otra. Tanto los hombres como las mujeres de la clase burguesa obtienen beneficios de la explotación de las mujeres de la clase trabajadora, por lo que nunca va a apoyar de buen grado su emancipación.

Estas son las palabras que Clara Zetkin pronunció en el Congreso de Stuttgart de 1907 de la Internacional Socialista:

«El derecho de voto ayuda a las mujeres burguesas a romper esas barreras, en forma de privilegios para el sexo masculino, que son un obstáculo para su propio desarrollo y actividad. Para las trabajadoras este derecho se convierte en un arma en la batalla que deben librar para que la humanidad supere la explotación y la dominación de clase. Esto les permite una mayor participación en la lucha por la conquista del poder político por parte del proletariado, con el objetivo de ir más allá del orden capitalista y la construcción del orden socialista, el único que permite una solución radical a la cuestión de la mujer (…). Las trabajadoras no pueden, por tanto, contar con el apoyo de las mujeres burguesas en la lucha por los derechos civiles. Las contradicciones de clase excluyen la posibilidad de que las trabajadoras se conviertan en aliadas del movimiento feminista burgués. Esto no quiere decir que rechacen a las feministas burguesas si estas últimas, en la lucha por el sufragio femenino universal, se posicionan junto a ellas en la lucha contra el enemigo común en diferentes frentes. Sin embargo, las trabajadoras deben ser plenamente conscientes del hecho de que el derecho de voto no se puede ganar a través de una lucha del sexo femenino sin alguna discriminación de clase contra el sexo masculino, sino sólo a través de la lucha de clases de todos los explotados, sin ningún tipo de discriminación sexual, contra todos los explotadores, siempre sin ningún tipo de discriminación sexual”.

Los conflictos dentro del movimiento por el sufragio femenino destacaron las diferencias de clase. Había quienes consideraban el conflicto de género como el tema principal. Pero también hubo quienes subordinaron esto a la lucha por la emancipación de la clase obrera en su conjunto. A pesar de que no resolvería la cuestión por sí mismo, esto era una condición previa necesaria para la emancipación de las mujeres.

Las organizaciones de las mujeres de la clase trabajadora en construcción hasta 1917

El movimiento de mujeres socialistas se encontraba en la difícil posición de tener que responder a las tendencias burguesas y al mismo tiempo tener que lidiar con una fuerte desconfianza por parte de los miembros masculinos de los partidos socialdemócratas mismos. Los activistas masculinos que no sufrían directamente de la discriminación de género tendían a confundir las demandas de sus camaradas femeninascon un cierto radicalismo pequeño-burgués. En este período, la oposición a nivel internacional por parte de los partidos socialdemócratas demostró ser un obstáculo para la creación de un centro especial para la agitación entre las trabajadoras, algo que había sido solicitado por Kollontai. La importancia de contar con estructuras adecuadas – con un cierto grado de autonomía organizativa, pero fuertemente ligada al partido político y estratégico – que podría atraer a las mujeres al proceso revolucionario, no fue comprendido. Existía el temor de hacer concesiones a una política separatista.

A pesar de estas dificultades, el 19 de marzo, 1911 fue proclamado el primer día internacional de la mujer (6). Gracias a la labor de la líder del partido socialdemócrata alemán, Clara Zetkin, se organizaron mítines y marchas en Alemania con decenas de miles de mujeres que participaron. Gracias a un trabajo similar por parte de Samoilova y Kollontai, el 8 de marzo de 1913, Día Internacional de la Mujer logró un éxito similar en Rusia.

Más y más artículos sobre el trabajo que había que hacer entre las mujeres y sobre los problemas específicos de la mujer comenzaron a ser publicados en la prensa del partido. Luego, bajo la presión de Lenin, una revista especial para las mujeres de la clase obrera se creó: «La mujer trabajadora» (Rabotnitsa) (7). Los miembros de la primera junta editorial fueron detenidos por la represiva policía zarista, pero no obstante el primer número del periódico se publicó en 1914. En el mismo año, el Comité Central Bolchevique decidió crear una comisión especial para organizar las reuniones para el Día Internacional de la Mujer . Las reuniones se llevaron a cabo en las fábricas y lugares públicos para discutir temas relacionados con la opresión de las mujeres, y para elegir a los representantes de los que habían participado en las discusiones y propuestas, para trabajar en el nuevo comité.

Pero este fue también el año en el que los partidos de la II Internacional traicionaron las aspiraciones de millones de trabajadores al votar a favor de la guerra imperialista mundial, al apoyar a sus propias burguesías nacionales en los parlamentos nacionales. En este contexto, los bolcheviques tuvieron un papel muy importante en la defensa de la posición revolucionaria en la cuestión de la mujer y fueron capaces de reconstruir una nueva Internacional marxista sobre una base sólida.

Mientras tanto, la guerra imperialista significó que muchos trabajadores estaban siendo enviados al frente, y las mujeres y los niños estaban tomando sus lugares en las fábricas. En Petrogrado, entre 1914 y 1917, las mujeres trabajadoras constituyeron un tercio de la fuerza laboral total. Una nueva masa de las mujeres trabajadoras se estaba convirtiendo en parte de la maquinaria de producción capitalista a gran escala. En las fábricas la conciencia de las mujeres trabajadoras estaba creciendo. Estaban tomando conciencia del papel que su clase podría desempeñar en la construcción de una nueva sociedad. Ganaron confianza, ya que estaban más involucradas en la organización industrial del trabajo y en las estructuras sindicales.

La revolución de 1917

Durante 1917, el consenso general de oposición a la guerra imperialista aumentó, fortaleciendo a los bolcheviques, que habían estado denunciando con valentía la guerra imperialista desde 1914. El 23 de febrero, el gobierno trató de detener las manifestaciones convocadas para celebrar el Día Internacional de la Mujer. Esto provocó enfrentamientos con los trabajadores, sobre todo en la fábrica Putilov en San Petersburgo, que terminó en una movilización masiva de los trabajadores. Las mujeres salieron a las calles y hablaron a los soldados, que luego se negaron a abrir fuego contra los manifestantes, volviendo sus bayonetas contra la monarquía zarista. Así, en pocos días de manifestaciones el podrido régimen zarista se derrumbó y comenzó la revolución.

Cada vez más, los jóvenes trabajadores, ambos hombres y mujeres comenzaron a unirse a sus sindicatos y también trataron de unirse al partido Bolchevique. A partir de ahora no se detendrían hasta que destruyeran la fuente de todo su sufrimiento, no sólo en el lugar de trabajo, sino también la guerra imperialista. Los trabajadores de la lavandería, considerados entre la capa más atrasada de los trabajadores, se declararon en huelga, exigiendo la nacionalización de las lavanderías, bajo el control de los municipios locales. Sin embargo, aunque los bolcheviques apoyaron de forma natural esta demanda, los mencheviques y los social-revolucionarios [SBs], siendo en la mayoría en este momento, consideraron la demanda prematura y se opusieron a ella.

El trabajo de propaganda del periódico ‘Rabotnitsa’ ahora se estaba volviendo cada vez más importante para el trabajo de los bolcheviques. En su comité de redacción estaban esas incondicionales de la liberación de la mujer, así como las camaradas Krupskaya, Innessa Armand, Stahl, Kollontai, Eliazarova, Kudelli, Samoilova y Nikolayeva y otras trabajadoras de San Petersburgo. Estas mujeres estaban absolutamente dedicadas a la causa revolucionaria, organizaron reuniones, llamaron colectivos y generalmente se centraron el trabajo, en el desarrollo de la revolución. Cada fábrica tenía sus propios representantes en el comité de redacción de ‘Rabotnitsa’ y había reuniones semanales, donde todos participaban y revisaban los informes recibidos de las distintas zonas. El periódico también se utilizó como instrumento para elevar el nivel de comprensión, tanto en los sindicatos y las estructuras políticas, que aún se estaban quedando detrás de la conciencia de las masas, a una mejor comprensión del papel de las mujeres trabajadoras. En marzo de 1917 los bolcheviques crearon una oficina para promover el trabajo revolucionario entre las trabajadoras, pero este proyecto se mantuvo en el papel durante algún tiempo, con poca acción. Sin embargo, gracias a la obstinación y perseverancia de las compañeras, lograron finalmente involucrar al partido para llamar a un Congreso para todas las trabajadoras, para discutir la mejor manera de involucrar y organizar a las mujeres en las luchas revolucionarias que tenían lugar por entonces. En este período, Lenin escribió numerosos artículos sobre la necesidad de encontrar nuevas estrategias y modelos organizativos específicos para atraer a las mujeres trabajadoras al socialismo.

El congreso, organizado a través de los soviets, se llevó a cabo entre 1917 y 1918, pero se retrasó inicialmente durante los días de la conquista del poder por el partido Bolchevique. Muchas mujeres estaban participando activamente en este proceso, y la toma del poder trajo importantes cambios en la posición de las mujeres. La victoria sobre el régimen zarista permitió a la recién nacida Rusia Soviética implementar una serie de derechos civiles que el régimen capitalista nunca hubiera concedido en ese período. La participación directa de las mujeres trabajadoras en la gestión y control de la producción de bienes y servicios, a través de los Soviets, estaba abriendo la era de la verdadera emancipación de la mujer.

El ‘Mujeres del Este’ saludaron a las trabajadoras y los campesinos de la Rusia Soviética en los discursos pronunciados en la primera conferencia Pan-rusa de las mujeres comunistas militantes, celebrada en 1921, de esta forma:

«Nacimos como esclavas y acostumbradas a morir como esclavas. Así es como miles, millones de mujeres vivían sus vidas, y parecía que iba a ser su destino eterno, que jamás una mano se levantaría para romper sus cadenas. Pero entonces en octubre de 1917 apareció una estrella roja, que nunca se había visto antes, y por lo tanto las trabajadoras y las mujeres campesinas se unieron a la revolución que cambió sus vidas. Noticias de esos acontecimientos llegaron tarde a nosotros y de una manera confusa y parcial. Para que esta noticia nos haya llegado a las mujeres del Este, tuvo que pasar a través de las paredes, las barras de hierro y nuestra parandjà [Nota: largos velos que cubren una mujer de pies a cabeza].

«Durante mucho tiempo no lo creímos. Los mulas nos amenazaron y nos aterrorizaron con la condenación celestial, mientras nuestros maridos, padres y hermanos hicieron todo lo posible para no dejarnos tener contacto con el mundo exterior. Las compañeras trabajadoras que llegaron a nosotros desde la Rusia Soviética ganaron nuestra confianza y muchas de nosotras hemos comenzado a responder a sus peticiones, a seguir su ejemplo, para enseñar a otras mujeres a liberarse de la subyugación, y no tener jamás vergüenza o miedo … creemos en su energía y sabemos que en el futuro siempre vendrán en nuestra ayuda, de manera que las mujeres de Oriente no seamos arrojadas de nuevo a la antigua esclavitud, encerradas detrás de barras de hierro, asfixiadas bajo los velos de la presentación y la soledad «. [Traducido del italiano]. (8)

En un momento tan importante para el joven proletariado ruso, que tenía que mostrar su capacidad para defender el nuevo modelo social de la agresión externa de los países capitalistas, la educación política era particularmente importante. Es por esto que ‘el Congreso de Mujeres Trabajadores Industriales’ de Petrogrado decidió crear comisión especial, con una participación mayoritaria de las mujeres, a cargo de la educación de la mujer en la forma de ejercer sus nuevos derechos. Además, el nuevo poder del gobierno bolchevique implementó la legislación más avanzada, garantizando en los lugares de trabajo el derecho de las mujeres a participar directamente en la actividad social y política, la eliminación de todos los obstáculos formales y concretas que en el pasado habían significado la subordinación de su actividad social y política y su sumisión a los hombres. Se propuso una nueva legislación sobre el seguro de maternidad y la salud y aprobada en diciembre de 1917. Un fondo de seguro público fue creado, sin deducciones de los salarios de los trabajadores, beneficiando tanto a las trabajadoras y esposas de los trabajadores.

Después de la victoria de la revolución, la camarada Kollontai entró en el nuevo gobierno soviético como comisario para los servicios sociales. Esta posición le permitió participar en la aprobación de nuevas leyes que reconocían a las mujeres como ciudadanos, con derechos iguales a los hombres. Seis semanas después de la revolución, el matrimonio civil se introdujo y un año más tarde, el nuevo código civil sobre el matrimonio estableció un estatuto jurídico igual entre marido y mujer. La distinción entre hijos legítimos e ilegítimos fue eliminada. Los procedimientos de divorcio se hicieron mucho más fáciles, basado en el concepto de mutuo acuerdo que permite el divorcio inmediato, y el mantenimiento estarían garantizados en caso de desempleo o dificultades económicas.

En enero de 1918 el departamento para la «protección de la maternidad y de la juventud ‘fue establecido oficialmente. Se concedió asistencia a las trabajadoras embarazadas y madres que habían dado a luz, garantizando que esta ley fuera respetada. Esta ley fue particularmente firme; incluía, por ejemplo, un período de 16 semanas para ausentarse del trabajo, antes y después del parto. Se estableció que no deberían tener que hacer el trabajo pesado. Prohibía la transferencia o despido de mujeres embarazadas. También prohibía el trabajo nocturno de las mujeres embarazadas y las madres que habían dado a luz recientemente y se establecieron clínicas de maternidad especiales.

Las Comisiones establecidas durante el Congreso de 1917 estaban involucradas muy de cerca, y favorecieron una rápida aplicación de todas estas reformas. Las comisiones fueron compuestas por delegados de los trabajadores, soldados y campesinos soviéticos, sindicatos, junto con especialistas de atención social e infantil. La atención prestada a los problemas de las mujeres, sobre todo por parte de los miembros del partido Bolchevique, muestra la importancia de este manejo en la política, que no fue relegado más a un par de mujeres camaradas aisladas. La principal tarea de la comisión era promover la aceptación de las reformas por la población en general, que tuvo que superar viejos prejuicios residuales desde el último período de la opresión capitalista.

Pero 1918 vio el comienzo de los ataques contra el nuevo Estado Soviético de las principales potencias imperialistas y el estallido de la guerra civil. Esto trajo a primer plano las tareas concretas de la preparación de las mujeres trabajadoras, junto a los hombres, para resistir la invasión imperialista. Los organizadores del Congreso de San Petersburgo decidieron llamar a una conferencia a todas las trabajadoras y los campesinos – ya sea que fuesen miembros de un partido político o no – de la nueva república soviética. Sverdlov, en nombre del Comité Central de los bolcheviques, apoyó esta iniciativa y participó activamente en la organización de las reuniones para elegir a los delegados para asistir a esta conferencia. Hubo una fuerte respuesta de los campesinos en el campo y los trabajadores de las fábricas y de la totalidad del partido Bolchevique. Eventualmente más de mil delegados lograron asistir a la conferencia, todo un logro teniendo en cuenta las condiciones de viaje difíciles que muchos delegados tuvieron que superar para llegar a San Petersburgo desde las diferentes regiones de la Rusia Soviética.

La conferencia sirvió a un propósito útil en el establecimiento de una mayor coordinación y unidad de acción entre las zonas avanzadas, principalmente urbanas de la revolución, y las áreas más distantes y atrasadas. Muchas mujeres estaban siendo atraídas por el socialismo y se unieron al partido Bolchevique y las milicias femeninas de las «Hermanas Rojas”, con el fin de oponerse activamente a los ejércitos blancos. Aunque las comisiones especiales habían hecho un tremendo esfuerzo se consideró finalmente que sus estructuras organizativas eran inadecuados para las tareas que tenían por delante y en el otoño de 1919 se reorganizaron y se convirtieron en una sección oficial del Comité Central y se les dio el nombre de ‘Genotdel’, que publicó un periódico mensual, el ‘Komminitska’. Una red de sucursales se desarrolló, en estrecho contacto con los comités locales del partido (9). Genotdel fue liderada por los bolcheviques, pero no era una estructura de partido que fuese manejada por las mujeres, tanto miembros como no miembros, con el objetivo de atraer a las mujeres no politizadas a las ideas del socialismo y el partido.

Alexandra Kollontai y Lenin eran muy claros sobre los propósitos de este cuerpo. Su función consistía en traer a las mujeres al partido y hacer que participaran directamente en el trabajo de los soviets y del estado. Su objetivo también era promover una toma de conciencia dentro de los soviets y un genuino desarrollo de demandas específicas de las mujeres trabajadoras. Para lograr estos objetivos, las medidas de organización y propaganda especiales eran necesarias, porque era más difícil involucrar a las mujeres y politizarlas, principalmente debido a su aislamiento dentro de la familia. Además, a veces las presiones violentas de los esposos y la oposición de los padres, quienes no tolerarían su emancipación efectiva que tuvieron que superar. Por lo tanto, Genotdel nunca fue visto como una organización independiente. Inició la participación de las mujeres en la política, conduciéndolas hacia el trabajo en el interior de los sindicatos, el partido y los soviets.

18 de julio 2002

Continuará.