4 julio, 2020

La cuestión del Estado y los trabajadores

Gerson Molina

El Estado es el producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. Como clase trabajadora tenemos que entender que el Estado como tal surge de la sociedad misma cuando llega a una determinada fase de desarrollo; cuando el Estado surge automáticamente se confiesa que esta sociedad se ha enredado internamente en una contradicción insoluble o, mejor dicho, se ha dividido en dos clases sociales que son opuestas y muy marcadas. Estas clases en la sociedad moderna son: por un lado, la burguesía, compuesta por los ricos y adinerados que manejan las grandes empresas e industrias de nuestro país y fuera de él; y por otro lado, el proletariado, al que pertenecemos todos los trabajadores asalariados que solo contamos con nuestra fuerza de trabajo y tiempo de vida para subsistir.

Hay que saber también que la burguesía no puede existir si no existen trabajadores a quienes explotar, dado que los trabajadores son los que mantienen al que claramente nunca llega a trabajar, es de orden imperante liberarse de ese yugo opresor y la única forma es organizarse como clase social oprimida y emprender ese camino de liberación que ya está trazado. Estas clases sociales opuestas tienen distintos intereses económicos que hacen que la pelea sea cada vez más vistosa y latente, cuando eso pasa tiene que aparecer un poder que se coloque por encima de la sociedad, por encima de los trabajadores llamado y conjurado a amortiguar el conflicto y mantenerlo dentro de los límites del orden establecido. Ese poder que está por encima y que se divorcia cada vez más de la sociedad es el Estado.

El Estado salvadoreño no es la excepción, de hecho cualquier Estado democrático burgués alrededor del mundo cumple las mismas funciones dentro de su territorio. Es necesario recalcar que el Estado como tal siempre estará en favor de la clase económicamente dominante siendo ésta la que tiene a su servicio todas las instituciones del Estado, las cuales en todo momento buscan mantener a los trabajadores en esa situación de dominados y despojados de todo lo que en realidad les pertenece.

En la sociedad salvadoreña actual se puede percibir el carácter explotador en el que el Estado solo es la máquina de dominio que utilizan las clases sociales gobernantes, desde mucho tiempo atrás ha sido así solo que con distintos envoltorios. La misión del Estado burgués es adormecer a toda la población para que no sientan ni se den cuenta de lo que en realidad pasa, actualmente el Estado salvadoreño protege los intereses de la burguesía y de las transnacionales que son como enormes pulpos que succionan la riqueza natural y humana de cada territorio y es de ahí que se hacen grandes préstamos para mejorar la infraestructura vial para que la mercancía circule de manera más rápida y así hacer más rico al rico mientras que, al mismo tiempo, tenemos a los trabajadores y sus familias viviendo en la pobreza extrema y que aun así siguen siendo exprimidos tal cual fueran un limón y por si eso no fuera mucho el Estado también les cobra impuestos, ese mismo Estado que no estipula un salario digno, sino más bien de hambre. Se forman dos caras de una moneda, unos pocos adinerados y poseedores de la mayoría de la riqueza eludiendo y evadiendo el pago de los impuestos y por el lado opuesto otros muriendo por pagarlos. Cualquier crisis se pudiera solventar si el Estado en verdad gobernara para la clase trabajadora y sus intereses, entonces, el Estado salvadoreño es por y para la burguesía salvadoreña.

El Estado tiene dos mecanismos bien marcados los cuales hacen que el rico viva en opulencia sin que haya problema por todos esos atropellos y barbaridades que comete en las fábricas en contra de los trabajadores que son rebajados a una simple mercancía, son pues la burocracia representada en los diputados y demás funcionarios de los tres poderes que conforman el Estado y las fuerzas armadas junto con la policía que son permanentes, los dos diseñados para explotar y dañar al trabajador utilizando la fuerza legal que el Estado le dicta para mantener el orden y decretando leyes que favorecen a los ricos y a la vez dotándolos de nuevas armas de explotación. La fuerza armada recibe una gran cantidad de dinero del presupuesto general de la república dejando en segundo plano al sector salud, educación, etc. Mientras que la burocracia conformada por parásitos adheridos al cuerpo, llamado sociedad salvadoreña, alimentados y guiados por los burgueses, engendrados por las contradicciones internas que dividen a la vez a la población, pero, precisamente un parásito que tapona puntos vitales. Su función es parasitaria ya que poseen elevados salarios, gastos de representación, seguros médicos de gran costo, privilegios con la justicia y todo esto sin desempeñar una ardua labor, que claro pasa factura de manera alta a las arcas del Estado, las cuales son alimentadas por la gran mayoría explotada por medio del trabajo asalariado y mal remunerado.

Por todo lo anterior se debe de guiar a todos los trabajadores para que abran sus ojos y se den cuenta que son la mayoría y que, por tanto, se puede organizar una revolución que le dé vuelta a los papeles que hoy en día conocemos y así la clase oprimida -que es mayoría- sea la que oprima a la minoría que hoy es la opresora, pero para ello se tiene que infundir la doctrina liberadora del marxismo y tener en cuenta esta lucha que existe entre clases sociales que el Estado trata de ocultar día a día. Pero hay que tener cuidado porque no todo el que conoce de la teoría marxista es amigo del proletariado ni mucho menos es marxista, marxista es aquel que hace extensivo el conocimiento de la lucha de clases al reconocer la dictadura del proletariado. Hay que instruir en la ardua tarea de desaparecer ese Estado burgués que hoy en día ha instaurado junto con la burguesía una dictadura que es invisible al ojo humano pero que se vuelve visible una vez se haya tomado una conciencia de clases sociales, cabe destacar que nosotros los trabajadores no estamos solos ya que hoy por hoy nos respalda toda esa experiencia que nuestros compañeros obtuvieron en tiempos pasados gracias a su valentía y determinación para luchar contra estos mecanismos de opresión capitalistas.

Una vez hayamos observado, estudiado, comprendido y localizado esos puntos o pilares del capitalismo que yacen en el Estado, podremos ayudar a la clase obrera a pasar a otra fase, fase en la cual es imperante que se organicen a las masas trabajadoras, todos los que son explotados por el yugo opresor capitalista y así tomar por asalto al poder político que es controlado por estas burocracias que están rancias, que contaminan a la gloriosa clase trabajadora que reclama su puesto y su verdadero derecho, pero hay que tener en claro que no sirve solo llegar, despojar y conducir a la máquina burguesa llamada Estado sino que por el contrario se debe destruir y en su lugar edificar un nuevo Estado, que sea dirigido por y para los trabajadores. Sabemos que la opulencia en puestos del viejo y defectuoso aparato estatal burgués no servían para nada más que para hacer enojar a la gran mayoría, sabiendo eso ya se entiende que esos errores no pueden manchar los logros de los valientes trabajadores y que lo mismo se tienen que hacer con las fuerzas represivas y en su lugar el pueblo organizado y armado que ahora sea el que defienda la revolución sobre la amenaza burguesa de volver al poder, pero no solo eso, hay que destruir todo mal, toda sobra de la propiedad privada que es la base por la cual el rico esclaviza al trabajador.

Tal cual se siembra una semilla, crece, florece y da frutos que irán madurando hasta el punto de caer y poder ser disfrutada; así será el nuevo amanecer de la dictadura del proletariado, es decir la democracia de la clase trabajadora, que irá madurando las condiciones y claro está que aparecerán oportunistas que querrán el viejo Estado para poder servirse insaciablemente de él e intentarán aliarse con la burguesía, pero la disciplina y la unión hará del movimiento obrero el más fuerte que la humanidad haya visto, es pues, de primer orden instaurar la dictadura del proletariado en cada país o región del mundo moderno para que la cosecha se siga esparciendo, qué nazca, que crezca y que madure al amanecer del nuevo mundo, en donde se dará solución a los problemas y necesidades de todos sin aprovecharse del trabajo de los demás ya que ese es el mal que infecta a la humanidad. Expropiar a los expropiadores, eso es lo que hay que hacer y construir sobre las ruinas del capitalismo el socialismo.

La dictadura del proletariado no tiene que durar para siempre, eventualmente habiendo eliminado las bases que permiten el surgimiento de las clases, estas irán desapareciendo y por consiguiente ya no habrá a quien oprimir en materia de clases sociales entonces viene la fase superior de la humanidad o lo que Marx, Engels, Lenin, Trotsky y muchos más llaman “comunismo”, es decir, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora del trabajo y en su lugar venga el desarrollo múltiple de los individuos y crezcan también las fuerzas productivas y fluyan con todo su caudal los manantiales de la riqueza colectiva; sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad para escribir en sus banderas: “De cada uno según sus capacidades; a cada uno, según sus necesidades”.