Estados Unidos: Los trabajadores de Amazon empiezan una larga lucha

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Por Jon Lange y Tom Trottier

El Sindicato Obrero de Amazon (ALU, según sus siglas en inglés) ha conseguido su primera victoria contra el gigante tecnológico en la planta de Amazon conocida como JFK8 en el distrito de Staten Island, Nueva York. Tras meses de lucha, los trabajadores lograron una victoria electrizante en la votación para sindicalizarse.

Los trabajadores de un almacén más pequeño, conocido como LDJ5, realizaron una votación similar poco después, pero ALU perdió con 380 votos a favor y 618 votos en contra. Más de un tercio de los trabajadores no votaron. Esta planta tiene como obstáculo un mayor porcentaje de empleados a tiempo parcial. No obstante, ALU ha tenido un éxito del 50% en sus intentos de sindicalización, lo cual es impresionante ya que está tratando de sindicalizarse a través de la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB, en sus siglas en inglés) cuyas reglas favorecen abrumadoramente a la empresa.

Jeff Bezos fundó Amazon para vender libros en Internet. Se convirtió en un gigante corporativo que vende todo tipo de bienes de consumo en línea e incluso ha comprado supermercados como Whole Foods. Nada de esto hubiera sido posible sin el trabajo de millones de trabajadores durante todos estos años. Amazon emplea, solo en EE. UU., a 1,1 millones de trabajadores, entre ellos los cientos de miles que operan más de mil centros de distribución. Sin trabajadores para abastecer los almacenes, empaquetar los pedidos y entregarlos a los clientes, Amazon no existiría.

Como todas las empresas bajo el capitalismo, cuanto más obliga Amazon a trabajar a sus empleados, y cuanto menos paga en salarios, mayores son las ganancias. Karl Marx explicó que los trabajadores que no están organizados colectivamente para luchar contra el empresario son simplemente materia prima para la explotación. Las condiciones de los trabajadores de Amazon son duras y era inevitable que se defendieran.

El importante papel que jugó Chris Smalls

Como muchos otros empleados de Amazon, Chris Smalls ya había tenido suficiente. En una entrevista con Socialist Revolution, explicó el trato diario al que están sometidos los trabajadores en los almacenes, que funcionan como fábricas gigantes. Cuando el COVID comenzó a propagarse en 2020, Amazon podía imaginar que sacaría más beneficios en un momento en que la mayoría de las personas se encontraban confinadas en su casa. Para ello, y para aumentar las ganancias, necesitaban más producción de sus trabajadores. Pero los protocolos de seguridad de COVID, como el periodo de cuarentena requerido en caso de dar positivo por COVID, iban a afectar los niveles de producción, ralentizar la producción o hacer aumentar los costos de funcionamiento de la operación. Chris Smalls fue despedido por denunciar la falta de protección de los trabajadores tras el brote de la covid-19 en su almacén en Staten Island.

Tras perder su trabajo, Chris no se dio por vencido. Creó una organización activista llamada “El Congreso de Trabajadores Esenciales”. Continuó manteniéndose en contacto con sus antiguos compañeros de trabajo y sus luchas. También visitó Bessemer, Alabama, para apoyar el esfuerzo de RWDSU para sindicalizar a los trabajadores de Amazon en ese almacén. Finalmente, él y algunos de los trabajadores de Amazon en Staten Island fundaron ALU, el 20 de abril de 2021.

El impulso para organizarse en Staten Island

Después de décadas de ataques de las grandes empresas, los trabajadores estadounidenses buscan formas de mejorar sus condiciones, lo que se refleja en un creciente apoyo a los sindicatos. Según cifras recientes de un sondeo de opinión (Gallup), el 68% de los estadounidenses apoyan a los sindicatos, la cifra más alta desde 1965. Según esta encuesta, incluso el 47% de los que se consideran a sí mismos Republicanos apoyan a los sindicatos. Según informa The New York Times, incluso entre los graduados universitarios, el apoyo a los sindicatos aumentó del 55% en la década de 1990 a alrededor del 70% en la actualidad.

Es en este contexto, en el que se desarrolló la campaña de Bessemer y se fundó ALU. Sus organizadores estuvieron en contacto con sus compañeros de trabajo siempre que pudieron, incluso organizando comidas al aire libre. Amazon gastó millones de dólares en la lucha contra este sindicato, pero no surtió el efecto esperado. Los trabajadores del almacén sabían quiénes lo componían.

Esto condujo a la victoria en el almacén más grande de Staten Island, donde trabajan más de 8.000 personas. Y aunque la instalación más pequeña de LDJ5, con alrededor de 1.500 trabajadores, no votó a favor del sindicato, está claro que una parte de los trabajadores quiere luchar. El siguiente paso es luchar por un convenio colectivo con mejores salarios y condiciones de trabajo. No será fácil, ya que JFK8 es solo una de los cientos de plantas de Amazon, y la empresa está tratando de impugnar la votación ante la NLRB.

¿Cómo se puede derrotar a Amazon?

Chris Smalls y ALU son ejemplos heroicos e inspiradores. Sin embargo, luchar contra un gigante como Amazon requiere recursos reales. Muchos trabajadores quieren luchar, pero entienden que hay mucho en juego. En un país donde el 64% de las personas vive al día, la amenaza de perder el trabajo no puede tomarse a la ligera. Los trabajadores no lucharán a menos que tengan una posibilidad seria de ganar.

La lucha de ALU es la lucha de toda la clase obrera. Una victoria contra una empresa como Amazon ayudaría a todos los trabajadores, incluidos los de empresas como Starbucks, Wal-Mart, Target, Apple, etc. Asimismo, una derrota sería un golpe a todo el movimiento obrero.

La clase trabajadora no puede igualar los millones de dólares que empresas como Amazon gastan en campañas antisindicales. La dirección puede organizar reuniones de “audiencia cautiva” para intimidar a los trabajadores y difundir mentiras antisindicales. Los trabajadores que luchan por organizarse no tienen la misma influencia ante sus compañeros de trabajo. El Estado capitalista, y sus apéndices como la NLRB, nunca son un árbitro neutral en las luchas sindicales y, en última instancia, se pondrán del lado del enemigo de clase.

¡La situación está lejos de ser desesperada! La inmensa fuerza de la clase obrera, su concentración en las grandes ciudades y lugares de trabajo, y su papel indispensable en la producción y distribución son ventajas decisivas en la lucha contra Amazon y otros monstruos corporativos. Pero estas ventajas sólo pueden ejercerse sobre la base de un alto grado de unidad de clase, solidaridad y combatividad.

Muchos representantes sindicales y políticos asistieron a la manifestación del domingo 24 de abril en Staten Island para apoyar a ALU. Pero ha habido muy pocas acciones concretas. El Consejo Laboral Central de la Ciudad de Nueva York (CLC) tiene 300 locales sindicales con 1,3 millones de afiliados, pero no hizo ningún esfuerzo serio por movilizar a sus bases para unirse a la manifestación de Staten Island. Los sindicalistas que asistieron lo hicieron por iniciativa propia. La lucha de ALU ha cautivado a muchos trabajadores y jóvenes en todo el mundo, pero no ha habido otras manifestaciones de solidaridad en la ciudad de Nueva York.

¿Qué hubiera pasado si la CLC hubiese organizado mítines masivos para apoyar a ALU en los cinco distritos de la ciudad? Si hubiera mostrado su pleno apoyo con acciones, el resultado de la votación del LDJ5 podría haber sido diferente. Pero, Incluso si la votación hubiera fracasado, tal efusión de solidaridad de la clase trabajadora podría haber dado a los trabajadores de otros almacenes de Amazon la confianza para unirse a la lucha e intentar organizarse en sus propios centros de trabajo.

ALU debe usar su “micrófono nacional” para hacer un llamamiento a todos los trabajadores y activistas sindicales de Amazon en todas partes. También deben estar dispuestos a romper la camisa de fuerza antiobrera de las “relaciones laborales” tradicionales. Deben explicar que en sus negociaciones con Amazon buscarán representar a todos los trabajadores de JFK8 y a cualquier trabajador de la empresa que se una a su sindicato. Solo a través de la participación masiva pueden obtener la influencia necesaria para forzar a Amazon a hacer concesiones. Además, ALU debe dejar claro a los trabajadores organizados que necesita su respaldo con números y acciones reales, y que los trabajadores de base deben pedir cuentas a sus líderes.

Si ALU y los trabajadores quieren tener éxito, solo pueden confiar en sus propias fuerzas y en la clase trabajadora en su conjunto. No deben confiar ni hacerse ilusiones en los Demócratas ni en el gobierno capitalista. El jueves 5 de mayo, Chris Smalls y otros activistas sindicales fueron invitados a la Casa Blanca. El gobierno pretende mantenerlos dentro de los parámetros establecidos por su sistema legal. Precisamente debido a estas reglas, los líderes sindicales han presidido una caída significativa en la proporción de la fuerza laboral organizada —de casi el 35% en la década de 1950 a menos del 11% en la actualidad—y los sindicatos se han visto obligados a aceptar convenios cada vez más deteriorados.

¿Qué podemos hacer ahora?

La batalla de ALU es el episodio más reciente de una larga historia de lucha y el precursor de confrontaciones de clase aún más intensas por venir. De cara al futuro, los trabajadores debemos aprender las lecciones del pasado. La principal de ellas es que las luchas sindicales no existen en el vacío. Las grandes victorias obreras de las décadas de 1930 y 1940 hubieran sido imposibles sin la participación de militantes con conciencia de clase en organizaciones como el Partido Comunista o los trotskistas. La formación de tales cuadros es tan vital hoy como lo fue entonces.

Se necesitarán más que palabras y pequeñas victorias para derrotar al Imperio Amazon, por muy significativas que sean esas victorias. Debemos construir una red de luchadores y organizadores clasistas en todo el movimiento obrero, para que los sindicatos puedan luchar contra las grandes empresas con políticas revolucionarias, las únicas que pueden conducir a victorias sustanciales. Junto a los sindicatos que luchan por salarios más altos y mejores condiciones, los trabajadores necesitan su propio partido para luchar por el poder político. Para lograr la victoria final sobre la patronal, la clase obrera necesita una dirección marxista armada con un programa para la revolución socialista. Cualquier persona inspirada por ALU debería considerar unirse a la Corriente Marxista Internacional para ayudarnos a construir esta dirección.

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