1 abril, 2020

El socialismo sí es posible, la humanidad no es egoísta por naturaleza

Mucha gente parece dispuesta a aceptar que el capitalismo es incapaz de resolver problemas tales como el desempleo, la falta de viviendas, el hambre y la guerra. En teoría, muchos estarían de acuerdo con que si los vastos recursos del mundo fuesen utilizados de forma racional con el fin de satisfacer las necesidades humanas, en lugar del enriquecimiento de  unos pocos multimillonarios, todos en el planeta tendrían garantizado un nivel de vida decente.

Sin embargo, con el fin de mantener un sistema en el cual ocho individuos controlan tanta riqueza como la mitad de la población mundial combinada, la clase dominante nos dice que el actual estado de cosas es natural, dado que está en la naturaleza humana ser avaro y egoísta. Cualquier intento de desarrollar un sistema más igualitario, se nos ha enseñado, está por lo tanto condenado a fracasar ¡Así que ni siquiera lo intentes!

A nivel superficial, esto puede parecer convincente, particularmente dado el fracaso del estalinismo en el siglo XX. ¿Pero cuál es realmente nuestra “naturaleza humana”? Conforme  más atrás miramos en la historia, más difícil se vuelve hablar de la existencia de un conjunto de valores universales que se apliquen a todos los seres humanos en todo tiempo y lugar.

Por ejemplo, ¿está en nuestra “naturaleza” mantener a otros seres humanos como esclavos? La clase dominante en la antigua Roma y Grecia lo habrían defendido, pero claramente este no es el caso hoy en día.

De hecho, en términos de anatomía los humanos modernos han existido aproximadamente durante 200.000 años, y hay señales de vida homínida con una antigüedad de al menos 6 a 7 millones de años. El uso de herramientas data de hace tanto tiempo como 3 millones de años. En la mayor parte de nuestra historia vivimos en tribus comunistas primitivas, donde no había ricos ni pobres, ni clases explotadoras ni explotadas, ni dinero, ni policía ni prisiones. Las herramientas y bienes de una tribu pertenecían a todos los miembros en común. Como la productividad del trabajo era tan baja, era imposible para nadie vivir a costa de explotar el trabajo excedente de los demás. La gente anteponía la tribu antes que a sí misma.

Las sociedades de clase, es decir sistemas basados en la explotación de la mayoría por una minoría, han existido sólo durante los últimos 6 mil a 12 mil años, desde el desarrollo de la producción agrícola más allá de la simple horticultura. La primera evidencia clara de una sociedad con estructura de clases plenamente desarrollada, apareció sólo alrededor de 5.500 años atrás con la civilización sumeria y el inicio de la Edad del Bronce.

Fue dentro de esas sociedades cuando un puñado de gente, la clase de los explotadores, fueron forzados por su posición como soberanos a actuar de forma egoísta y avara. Si no actuaban de forma despiadada y en su propio interés, hubiesen dejado de gozar de sus posiciones de poder, porque individuos más despiadados les habrían desafiado y desplazado.

Por lo tanto bajo el capitalismo, es el punto de vista de la clase dominante, que es necesariamente egoísta y codiciosa, el que ahora se nos dice que es aplicable a todos los seres humanos en todas partes y en todos los tiempos; es decir, que dichas características son parte inherente de nuestra “naturaleza”.

Sin embargo, obviamente esto no es verdad, como evidencian los millones de actos de solidaridad y bondad vistos todos los días en el mundo, desde bomberos arriesgando sus vidas para salvar a otros, hasta gente ordinaria que dedica su tiempo y dinero para ayudar a desconocidos en situación de necesidad.

Lo que seguramente no es “natural”, es que casi todos los medios de producción, incluyendo los recursos naturales, las industrias y el conocimiento, sean propiedad privada y estén controlados por una diminuta minoría de la población. Liberando a la industria de la restricción que significa producir con fines de lucro, ¡fácilmente podríamos producir lo suficiente como para que todo el mundo pudiera tomar lo que necesita libremente, y mucho más!

En una sociedad de superabundancia, la idea de acumular más de lo que puedes usar se convertiría en una irracionalidad, así como en una oficina con un almacén de material de papelería bien surtido, nadie haría acopio de su propia reserva de papel y bolígrafos. Como Marx explicó, son las condiciones materiales las que en última instancia determinan la conciencia, no al revés.

Para aquellos que concuerdan con un programa socialista, pero piensan que la “naturaleza humana” resulta un lastre, preguntaos: ¿está en vuestra naturaleza querer explotar despiadadamente a otros? Y si no es así: ¿por qué estaría eso presente en cualquier otra persona?

 

Tomado de: preguntas frecuentes sobre el marxismo