Nacional - Política - Principales - 18 febrero, 2019

La experiencia del FMLN en el gobierno: El fracaso del reformismo y la necesidad de la revolución

PRÓLOGO

Estas ideas, que no pretenden ser exhaustivas y mucho menos ser verdad absoluta, son un aporte al necesario análisis de los errores que durante el periodo del 2009 al 2019 cometió la izquierda salvadoreña en la década en la cual gobernó el FMLN; pues esos años no significaron ni un fortalecimiento del partido, movimientos sociales o sindicatos; ni la instauración de políticas públicas que pudieran llevar a los cambios estructurales que el país necesitaba para avanzar en su desarrollo social, económico y cultural. Por el contrario, la herramienta histórica de la lucha popular salvadoreña parece haber cumplido su ciclo histórico. Se anunció su crepúsculo en las elecciones del 2018, la falta de dinamismo clavó una estaca en las elecciones presidenciales del 2019 y será en el 2021 donde veremos, o un renacer o asistiremos al el entierro del que algún día fue el instrumento revolucionario de la clase trabajadora. Hay que apuntar que no es un hecho separado de las dinámicas políticas regionales, donde después de las olas de gobiernos progresistas en la región Latinoamericana que inicia a finales de la década de los 90, se da actualmente un retroceso hacia el conservadurismo, donde de manera cómplice actuó la izquierda al no permanecer fiel a su radicalidad ideológica, buscando siempre los acuerdos con los grandes capitales.

Iván Castro (Jaguar de Piedra)
roca_jaguar@hotmail.com

INTRODUCCIÓN

Después de las elecciones del 4 marzo de 2018, en donde el FMLN tuvo un fuerte revés electoral, con una disminución del 38.5%[i]  de su voto duro, la correlación de fuerzas que favoreció el ascenso de los dos primeros gobiernos de izquierda en El Salvador se diluyó drásticamente, así como el respaldo popular que se tuvo en estos periodos. En ese momento las causas fueron expuestas desde diferentes espacios: movimientos populares, academia, intelectuales, veteranos y otros grupos dentro o fuera del FMLN. Algunos de los señalamientos fueron la falta de cambios en una dirección que es percibida por la población como corrupta; la imposición de funcionarios y/o candidatos a puestos públicos; los señalamientos de corrupción a ciertos funcionarios; el distanciamiento de las bases, del movimiento social y del contacto con la realidad de las personas en general. La necesidad de cambios fue una exigencia en ese momento, pero solo hubo retoques cosméticos, en un claro mensaje de rigidez, necedad y aislamiento al clamor popular por parte de la dirección del partido. Todo eso cobró nuevamente una factura mucho más fuerte en las elecciones presidenciales del 2019, donde el FMLN perdió más de un millón cien mil votos, una disminución del 70.4%[ii] de su votación con respecto a las anteriores elecciones presidenciales del 2014.

Todo esto es importante analizarlo de manera clara y objetiva, de lo contrario, la errónea lectura de la realidad nos conducirá a la toma de malas decisiones que perjudicarán aún más el proceso histórico de resistencia y lucha popular.

El fracaso electoral del 4 de marzo de 2018 fue consecuencia de la decepción de las personas por la administración del FMLN en el gobierno. Después de 9 años, la población ya evaluaba mal, tanto al gobierno como al partido. Pero también hay que señalar que el fenómeno Nayib ya estaba presente, y jugó un papel importante para aumentar la desacreditación del partido ante la población. Nayib aprovechó ese malestar social para provocar una falsa esperanza, logrando que la gente buscara otra alternativa electoral. En su desencanto, tanto de ARENA como del FMLN, las personas canalizaron su energía hacia la construcción de una nueva fuerza político social alrededor de Nayib Bukele y el proyecto Nuevas Ideas, que a pesar de las inconsistencias e incongruencias que tuvo durante su campaña, como correr al final con el partido GANA, pudo alzarse con la victoria electoral en las presidenciales (2019) con el 53.10%[iii] de la votación, superando ampliamente a todos los demás partidos convirtiéndose en el candidato más votado en una primera vuelta en la historia electoral del país.

Aún es pronto para pensar que estos dos actores, Nayib Bukele y Nuevas Ideas, pueden dar un giro positivo a la realidad de El Salvador como espera la gente que votó por él, sin embargo, a partir de lo expuesto en su plan de gobierno, el Plan Cuscatlán[iv], no se puede ponderar que así sea. Tiene muchas propuestas, pero no presenta nada nuevo en materia de políticas económicas, además de estar lleno de contradicciones teóricas y políticas. Sin mencionar la carente explicación para el financiamiento de los proyectos más grandes, más que la pretendida teoría del rebalse y los Asocios Públicos Privados, donde el sustantivo crecimiento económico del capital privado da pie a una mayor inversión pública gracias al incremento en materia fiscal. Pero esa es una vieja teoría económica que ha demostrado ser inoperante.

El Salvador entra en un nuevo ciclo histórico**. El FMLN para no quedarse atrás debe recuperar su mística, sus lazos con el pueblo, hacer honor a su historia, debe renovarse desde su base para volver a tener la confianza de las personas que desde sus vidas diarias construyen nuestro país y que decidieron que el FMLN ya no les representaba, pero sobre todo armarse de un programa que se presente como una alternativa real a la decadencia del capitalismo, y eso solo lo puede dar el programa del socialismo revolucionario. Para el FMLN, en este momento de renovación, deberán tomar forma las palabras “Vencer o Morir”.

EL FRACASO DEL REFORMISMO Y LA NECESIDAD DE LA REVOLUCIÓN

Expongo las siguientes serie de ideas bajo la perspectiva de que actualmente, para la resistencia revolucionaria, el proceso electoral continúa siendo una estrategia valida para acceder y ejercer el poder político desde la institucionalidad democrática (burguesa capitalista) con el fin último de transformarla, creando desde esas instituciones los espacios de participación necesarios para que el pueblo trabajador, el pueblo proletario, obrero y campesino, construya y eleve su nivel de conciencia política de manera que se prepare para la futura revolución socialista.

1.- El primer gobierno del FMLN fue producto del cansancio social de los gobiernos de ARENA, y de la apreciación positiva que tenía la población del candidato Mauricio Funes. El segundo gobierno del profesor Sánchez Cerén, fue resultado directo de las políticas que la población apreció como positivas del anterior. Fue, no solo la promesa de continuidad lo que le permitió al FMLN hacerse de un segundo periodo, sino también, la perspectiva de caminar hacia cambios estructurales. Para ambos gobiernos fue fundamental la construcción de una correlación de fuerzas políticas afines, por ejemplo, desde la Sociedad Civil (empresarial) con los llamados “Amigos de Mauricio” y con representantes de los movimientos sociales que pasaron a formar parte del gobierno; alianzas menos afines como las partidarias con GANA, PCN, PDC en la Asamblea Legislativa; la designación de personas de derecha como cabezas de algunos ministerios.  Alianzas y proyectos económicos como ALBA y las relaciones de algunos dirigentes con el poder económico tradicional, particularmente de Ortiz con la ANEP. Estas alianzas daban cierta estabilidad para gobernar. Aunado a esto, la correlación internacional fue favorable. En la administración de Funes, fueron fuertes aliados tanto Brasil (a través de Wanda Pignato, el PT y el gobierno de Lula) como Venezuela a partir de ALBA (Ramiro Vázquez de la CP, el PSUV y el gobierno de Hugo Chávez) haciendo contrapeso a la embajada gringa, con la que igualmente se tuvieron excelentes relaciones. Sin embargo, en el periodo del Profesor Cerén ambos aliados se debilitaron (por cuestiones ajenas y externas), lo que provocó que la correlación con la derecha se fortaleciera y ganara peso dentro del gobierno. El gran ausente en esta política de alianzas fue el pueblo y los movimientos sociales populares.

2.- Ambos periodos dejan importantes lecciones para la izquierda. En primer lugar, nos demuestran que llegar al Ejecutivo y/o participar en las otras instancias de gobierno que son parte del Estado: Asamblea, alcaldías, ministerios, etc., resulta ser insuficiente para realizar cambios estructurales; primordialmente porque, y este es un error sustantivo, nada puede cambiarse cuando al ir accediendo a esos espacios de poder, la correlación de gobierno quiere hacerse con las fuerzas económicas y/o políticas adversas (en aras de mantener la “gobernabilidad” entendida como la capacidad de los diversos actores políticos por llegar a consensos en función de permitir al gobierno desarrollar su plan de trabajo) y no con las fuerzas sociales afines,  . Se asume un rol meramente administrativo y no subversivo frente al sistema.

Este error fundamental impide a la izquierda luchar contra el Estado burgués, porque mantener esas correlaciones significa obligadamente adaptarse al sistema. Por tanto, desde la postura de una izquierda que lucha contra el sistema, los objetivos estratégicos en función de presionar por los cambios desde la función pública son: primero, tener la claridad de denunciar al mismo Estado burgués como insuficiente para resolver los problemas del país. Segundo debe señalarse la caducidad de la democracia representativa y la necesidad de una democracia donde los trabajadores tomen las decisiones fundamentales de la sociedad. Tercero, para hacer ver con mayor fuerza a la población los puntos anteriores, es fundamental buscar construir una correlación de fuerzas con las organizaciones sociales-populares que están politizadas y en permanente lucha contra los despojos que hace el capitalismo sobre las masas empobrecidas y la depredación medio ambiental, para mantener una presión social sobre el Estado. Es decir, qué, al llegar una fuerza política revolucionaria al gobierno, ésta debe mantener una lucha tanto interna como externa contra el mismo Estado. Como marxistas sabemos que la única forma de cambiar las condiciones de vida de la clase trabajadora, será a través de demostrar que el Estado capitalista no responde a los intereses y necesidades del pueblo trabajador, que es necesario sustituirlo por instituciones de poder popular. Sustituir el Estado burgués por el Estado de los trabajadores.

3.- Mientras estemos bajo la perspectiva de mantenernos en los procesos electorales como medio para acceder al poder político del Estado y sus instituciones, es necesario reflexionar sobre cómo transformarlo desde dentro, sin que la corrupción inherente al sistema soslaye los objetivos revolucionarios de la lucha popular que queda en manos de aquellas personas que llegan a ser funcionarios. Esto ultimo solo se puede lograr teniendo una democracia sana dentro del partido que permita quitar y poner funcionarios de acuerdo al desempeño que estos tengan en “x” puesto del Estado, una vez traicionen los intereses de la clase trabajadora deben ser sustituidos. Además sus salarios no deben ser altos, debemos abogar por la consigna de “puesto público, salario obrero”. Lo primero es tener claro que el Estado sirve a una clase, la económicamente dominante, la capitalista, y que su función es la de proteger sus intereses y privilegios. Por tanto, un funcionario que viene de las luchas sociales debe mantenerse sometido al sector que representa, no desligarse de este, bajo el argumento de la ley burguesa que establece que un funcionario representa al Estado. Ese es el primer paso para la desarticulación de la lucha social. Mantener el arraigo permitirá ir construyendo y potenciando la correlación de fuerzas con los explotados, y evitará la cooptación por los ricos y poderosos, evitando la corrupción ideológica (segundo paso de la desarticulación de la lucha popular) de los compañeros que llegan a ocupar esos cargos públicos. En segundo lugar, los y las funcionarias públicas deben poner las instituciones primordialmente en función de los derechos de los explotados y oprimidos y no de la empresa privada. Deben entrar, no a administrar la institución bajo una visión estéril de pragmatismo, sino a darle un carácter político, lo que incluye también, el fortalecimiento de los sindicatos, devolviéndoles su carácter radical y revolucionario, para que sean vigilantes, controladores y denunciantes de la corrupción pública consecuencia de la corrupción privada. Un funcionario de izquierda a la cabeza de cualquier institución debe convertirse en el principal aliado de los sindicatos. Al tiempo que deben identificar las redes de corrupción internas y desarticularlas de la manera que sea. Ese es el trabajo interno de un militante de izquierda a la hora de ser funcionario público.

4.- El trabajo externo y paralelo es del partido, sindicatos y las organizaciones sociales populares. El partido no debe olvidar, como lo hizo en estos dos periodos, que su función no es defender al gobierno y al sistema, su labor es la de promover la organización al más alto nivel de las masas trabajadoras, campesinas y proletarias en general. Dotándolas de un programa de reivindicaciones tanto mínimas como máximas, despertándolas a la vida política y elevando su nivel de consciencia por medio de la lucha cotidiana contra el sistema y sus defensores; pues sólo así, la clase trabajadora podrá llegar a la conclusión de quién es el que realmente mueve a la sociedad capitalista, desvelando el papel parasitario de burgueses y oligarcas. El lugar del partido es al lado de la fuerza proletaria, obrera y campesina, no de los funcionarios. Otro papel fundamental es el del movimiento social-popular como ente fiscalizador del gobierno y promotor de las diversas luchas sociales. Desde esos espacios se debe ser siempre capaz de denunciar a los malos funcionarios cuyas acciones se alejen de los valores de la izquierda revolucionaria marxista, de tal manera que la lucha contra la corrupción y la impunidad sea en un primer momento el eje transformador del Estado y de la sociedad misma. Es preciso destacar negativamente la tolerancia por parte de algunas de las organizaciones sociales de izquierda unas más otras menos, a todos los errores del gobierno, desde el maltrato de ciertos funcionarios sobre el personal, hasta los casos de corrupción bajo el argumento de proteger el proceso de “cambio”. Pero esto por el contrario le causó mucho daño a la izquierda en general, pues se perdió la credibilidad ante la población. Hay que decir que en muchos casos hubo un acuerdo tácito entre la dirección de algunos movimientos, la dirección del partido y funcionarios de gobierno, para tolerar estas acciones, aunque las bases exigieran su denuncia. Por tanto, evidenciar y exigir la corrección de todo lo malo es defender el proceso histórico de lucha, ocultarlo es hacerle el juego a la derecha.

5.- Es obvio que el trabajo separado de gobierno (cuando se accede a él), partido, sindicatos y movimiento social, impide el logro de cambios más profundos cuando no hay coherencia ni un programa común. El objetivo final deben ser los cambios estructurales. Un ejemplo de lo negativo que es no estar coordinados fue la coyuntura de la reforma al sistema de pensiones. La empresa privada logró imponer su modelo porque, primero, el gobierno no quería crearse un conflicto con ella, el partido quiso apoyar al gobierno, lo que entró en contradicción con los intereses de los sindicatos que tenían una propuesta y el movimiento social que tenía otra propuesta, al final la cobarde postura del gobierno resultó en una reforma que golpea más al trabajador y aumenta los beneficios a la empresa privada. Si el partido hubiera presionado al gobierno para que se sumara a los esfuerzos de los demás actores por beneficiar al trabajador se hubiera golpeado, por el contrario, fuertemente al sistema capitalista. Está claro que, sin la alianza entre partido, sindicatos y movimientos populares organizados, que permita establecer una agenda mínima y crear una correlación de fuerza que desarrolle la estrategia de lucha de calle y mantenga una presión social activa sobre el Estado, no pueden lograrse mayores cambios. Ahora comprendemos que no importa que gobierne la izquierda o una fuerza progresista, el movimiento social no puede dar concesiones y debe tratar a un gobierno de izquierda con la misma, o aún mayor exigencia que a uno de derecha. No con la hostilidad con que se debe enfrentar a un gobierno reaccionario, pero sí con mucha exigencia y sobre todo con cero tolerancias a la corrupción y a la traición contra los principios y objetivos de la clase trabajadora.

6.- Fue un grave error la estrategia del Ejecutivo de mantener un permanente diálogo con el poder económico y por el contrario alejarse del dialogo con los movimientos y fuerzas sociales. Esto fortaleció la presión e influencia de las clases ajenas a la clase trabajadora quien fue la que los llevó realmente al gobierno y trajo como consecuencia su debilitamiento, fortaleciendo la corrupción, y apartándolo del ideario revolucionario. Sin duda que es necesario tener una política de alianzas, coaliciones, pactos y/o compromisos con diversos sectores que permita empujar el proceso de construcción revolucionaria, pero tiene que ser a partir de la concepción y comprensión de que solo los trabajadores pueden hacer efectivo el desarrollo de la democracia y de las fuerzas productivas en el país a través de la revolución social, lo que no se debe negociar son los intereses de la clase trabajadora bajo ningún motivo ni excusa. Los sectores económicos progresistas, aunque comprendan la necesidad de distribuir la riqueza, no son revolucionarios, jamás se sumarán a la lucha de clases mientras en sus cabezas se mantenga la idea del trabajo del obrero como la de un “costo fijo” que deban tratar de mantener al mínimo. Es decir, mientras la explotación del trabajo humano, la plusvalía, se mantenga en su mentalidad de empresarios. Las fuerzas progresistas pueden ser o actuar como un aliado coyuntural, pero no son la base para buscar cambios estructurales. Por otra parte, cuando con ese “progresismo” esconden su cara corrupta, buscar alianzas con ellos para mantener la gobernabilidad es descabellado pues lo más seguro es que, más temprano que tarde, adopten posturas contrarrevolucionarias. Sin embargo, vale la pena destacar también, que muchos revolucionarios abandonaron sus estilos de vida burgués para sumarse a la lucha del proletariado y hay muchos micro y pequeños empresarios que se definen ideológicamente como parte de la izquierda.

7.- Lo anterior, sobre las alianzas, nos lleva a uno de los principales problemas a dilucidar: separar Gobierno de Partido. Aunque pareciera contradictorio, plantear esta distinción es necesario puesto que como señalamos antes, son dos estructuras con funciones diferentes, pero que deberían tener la misma finalidad: superar el capitalismo. Ahora bien, esta separación en efecto se dio; el problema es que también se dio en los objetivos. Los y las compas que asumieron como funcionarios de gobierno, perdieron la visión subversiva de su función, fueron atrapados por la postura pragmática administrativa, y de eso derivaron en asumir la visión capitalista esforzándose por quedar bien con la empresa privada, manteniendo una eterna invitación al diálogo con ella, pero no con el pueblo organizado. El partido debió corregir eso distanciándose de las posturas contrarrevolucionarias adoptadas por el gobierno y señalando la pérdida del rumbo, pero dentro del mismo ya había pasado lo propio aún mucho antes de ser gobierno. El partido se hundió en el sistema capitalista de democracia electoral y asumió sus males como necesarios, perdiendo progresivamente el carácter revolucionario. Cuando se habla del partido, es necesario enfatizar que no es una cosa abstracta, sino que es al final reflejo de las personas que están al frente del mismo en todas las esferas de dirección. Así pues, la corrupción propia del sistema hizo mella en las personas. El gobierno perdió su visión y el partido la suya. La población en general y la misma militancia castigó eso y le pasó una fuerte factura el 4 de marzo de 2018 como primer aviso, pero cuando no se vieron cambios efectivos el de 3 de febrero de 2019, no solo se negó a seguir apoyando, dejó al partido casi muerto. En esas condiciones, la pretensión del partido de ser la vanguardia bajo la que deben plegarse las demás fuerzas políticas es una postura absurda, sobre todo, cuando la dirección está tan cuestionada, desacreditada y su programa político ha sido incapaz de ser una alternativa para superar la crisis, el cual ha sido un fracaso total en 10 años. Muy tarde la renuncia, muy tarde las elecciones anticipadas.

8.- Otra gran lección que nos dejan estos gobiernos del FMLN, es que la izquierda reformista traiciona el objetivo y la visión de la lucha popular por la disputa del poder político cuando quiere llegar a acuerdos con el poder económico. Desde el momento en que se abandona la concepción marxista del Estado, como resultado de las irreconciliables contradicciones de clases, y se asume el discurso de que a través de él se armonizan esas contradicciones, planteando el argumento burgués de la conciliación de clases, se abandona toda disputa ideológica. La reaccionaria idea de que “se gobierna para todos”, es entregar a la derrota esa lucha ideológica. Un gobierno de izquierda debe gobernar para los más desposeídos “la opción preferencial por los pobres” como la defendía Monseñor Romero, y entrar en conflicto con el poder económico representado en el Estado. Esto implica, como ya señalé, mantener una estrategia de lucha social en las calles que ejerza presión sobre las instituciones de manera que quede en evidencia que ellas están al servicio de los grandes intereses económicos del capital. La Lucha es necesaria para avanzar en la transformación. Un esfuerzo rudimentario por evidenciar esa contradicción fue el gobierno de Funes, qué, aunque se le llamó “el gobierno de la unidad nacional” entró en conflicto con un sector de la empresa privada, sobre todo el aglutinado en la ANEP. El enemigo ideológico estaba claro, aunque no llevó nunca la confrontación a un nivel de crisis más allá de lo mediático. Pero en la administración Cerén todo ánimo de confrontar y disputar espacios se abandonó. Por el contrario, se apreció un fuerte entendimiento con el enemigo de clase. Lo que facilitó la permeabilidad del discurso de Nayib en las personas, “son lo mismo”, “los mismos de siempre”, “ARENAy ARENA 2.0”. Un discurso que nunca pudo desmentir el FMLN que, aunque lo negara, las acciones políticas parecieron darle la razón a Nayib. Llegó un momento en el accionar del gobierno que parecía que deseaba regresar a la oposición y que incluso habían pactado entregar el gobierno a ARENA, es una especulación claro, pero no solo mía.

9.- Algo que es muy importante resaltar y con mucho énfasis, es el papel de la comunicación en y desde el gobierno. Esto es algo que se le ha criticado hasta el cansancio a la actual administración del FMLN. Le resultó imposible (o simplemente no quiso hacerlo) comunicar efectivamente los logros del gobierno, que los ha tenido, y la población, a pesar del acceso a estos, no lo relaciona de manera positiva con el hecho de contar con una administración diferente del Estado. En este problema hay dos factores fundamentales: el instrumento y el mensaje.

10.- Comencemos analizando el mensaje. En el Informe Central presentado al II Congreso del Partido Comunista Cubano en 1980, Fidel Castro reiteró: “Ideología es ante todo conciencia; conciencia es actitud de lucha, dignidad, principios y moral revolucionaria. Ideología es también el arma de lucha frente a las debilidades, los privilegios, las inmoralidades”.[v] ES ACTITUD DE LUCHA. Por tanto, el desmantelamiento o desarme ideológico no puede hacerse asumiendo el discurso del enemigo. La pretensión del gobierno de Sánchez Cerén de que se gobierna para todos es la muestra más clara del fracaso ideológico de su administración. Por poner un ejemplo, es necesario desmontar el paradigma del modelo de desarrollo económico basado en el consumo, pues los recursos del planeta son finitos. En su lugar es necesario posicionar en la mente de las personas, para empujar cambios estructurales, el planteamiento de la economía planificada y regulada, una economía sustentable, sostenible, amigable con el ambiente y la vida misma. Para ello es necesaria la confrontación ideológica en la disputa por el poder en lugar de aceptar, asumir y reproducir el discurso “empresarial” de crecimiento y desarrollo económico a partir del libre mercado y su fortalecimiento. Una gran victoria ideológica de la derecha es haber logrado que en este gobierno se haya propuesto y promovido un proyecto como el de las “Zonas Económicas Especiales”. La mentalidad de la izquierda ha sido debilitada y penetrada por las ideas del capitalismo. Aquello de entrar al sistema para transformarlo desde adentro, parece haber sido una rotunda derrota y, por el contrario, los que entran al sistema son transformados por este. De qué manera más rotunda puede esto afirmarse sino con las mismas palabras de Oscar Ortiz, vicepresidente de la República, en el segundo gobierno del FMLN, al participar en el Encuentro Nacional de la Empresa Privada, ENADE 2018:

 “¿Qué países no quisieran tener este tipo de eventos? Y yo estoy de acuerdo con Luis [Presidente de la ANEP], que me disculpen no quiero dañar sensibilidades, pero El Salvador es de los países más estables de la región centroamericana, [tenemos] partidos políticos fuertes (necesitamos abrir más los partidos políticos, ser más democráticos), un sector privado fuerte, tenemos instancias públicas más independientes, unos pesos y contra pesos cada vez más dinámicos, tenemos un creciente liderazgo joven en nuestro país y sobre todo tenemos una estructura jurídica que nos permite establecer las reglas claras del juego en el campo político, económico y social. Que yo me recuerde tenemos años de no tener una movilización de 100 mil o 200 mil personas en las calles y eso es importante reconocerlo y ojalá sigamos así”. Además, sentenció: “presidente (de ANEP), vamos a seguir trabajando de la mano, queremos cerrar bien este quinquenio como gobierno, queremos seguir trabajando de cerca, de la mano con el sector privado”.[vi]

11.- ¡Adiós, lucha revolucionaria! Cuando la izquierda llega al gobierno, comete un gran error al asimilar el discurso técnico-económico del capitalismo y luego reproducirlo para tratar de demostrar, ante la población, sus propios logros. Lo estratégicamente correcto es plantear un discurso y práctica revolucionaria para tratar de demostrar la falsedad del Estado burgués y exhibir su función como defensor de la clase capitalista, exponiendo que no basta con la “correcta administración” si se quieren cambios más profundos, como por ejemplo, disminuir la brecha entre la extrema concentración de la riqueza y la extrema pobreza. Es necesario exponer la falsedad del libre mercado; presentar propuestas para democratizar los espacios de radio y frecuencia televisiva, con el objetivo de luchar contra los monopolios de los grandes medios capitalistas de derecha, que no hacen sino, manipular la opinión pública. Por consiguiente, y siempre en la línea de mantener una lucha ideológica constante, hay que valorar en las estrategias de comunicación, que los planteamientos técnicos economicistas tienen poco impacto en el imaginario de la gente. Qué si el crecimiento es positivo; las exportaciones aumentaron; la macroeconomía es estable y demás. Todo eso en su mayoría no les importa a las personas, porque el sistema a través de los medios de comunicación que tiene a su servicio, lo que manipula son sus emociones y percepciones. Alejando la comprensión de la realidad de la subjetividad. Si bien es importante que la población conozca esta información, hay que tener presente que es necesario darla a conocer de manera más clara y aterrizada a su realidad vivencial, pues haciéndola accesible, también es una manera de formar a las personas. Pero esta información debe servir al pueblo para hacerle ver que el crecimiento y estabilidad de la economía, no es algo que nos favorezca como clase trabajadora, sino que es positivo únicamente para la oligarquía capitalista. La economía creció en estos dos gobiernos, pero la distribución de ese crecimiento fue desproporcional, por eso la clase trabajadora no lo percibe en sus vidas diarias y por eso le ha dado la espalda al FMLN.

12.- Ahora el segundo factor es la herramienta. Está claro desde hace décadas que para la lucha ideológica se necesitan medios, herramientas y armas. El dominio del capitalismo sobre las grandes empresas de comunicación constituye uno de los bastiones más importantes para la influencia ideológica de las masas, pues la manipulación de la opinión pública, los hechos y la realidad misma encausada a la inmovilización del pensamiento y la [in]acción política, crea en la población un permanente desánimo o desinterés a participar. No apoyar y desarrollar medios de comunicación alternativos y aliados, que visibilicen los avances, confronten ideas y den espacio de expresión a los excluidos y marginados por el sistema, fue uno de los mayores errores en estos dos gobiernos del FMLN, peor aún, cuando lo que se hizo fue seguir alimentando a los agresivos medios enemigos de derecha. En este sentido es un objetivo primordial para la izquierda en general de nuestro país, consolidar una empresa de comunicaciones que tenga el potencial de ir penetrando en las preferencias de las masas para hacer contra peso al pensamiento hegemónico. Con todo el dinero que estos dos gobiernos entregaron a los medios de derecha, quién sabe cuánto se pudo haber hecho apoyando medios alternativos. Es importante también para los esfuerzos comunicacionales de la izquierda saber manejar las TIC (Tecnologías Informáticas de la comunicación). Las personas están dejando atrás los medios tradicionales de información. Las nuevas fuerzas políticas se organizan más utilizando esas herramientas informáticas.

13.- Abordando el aspecto ideológico económico. Hay que señalar que la estrategia capitalista para, en lugar de industrializar el país mover la economía hacia la terciarización, es decir, darle preponderancia al área de servicios, tuvo como consecuencia (o finalidad) que por su misma naturaleza al empleado (proletario) se le dificulte más asimilar la concepción ideológica de su identidad de clase. Proletarios son todos aquellos asalariados que al igual que los obreros venden su fuerza de trabajo y no son dueños de los medios de producción. Es aquí donde puede verse el abandono de la mística de formación política que tenía el partido. El país siempre se ha caracterizado por ser conservador. Sin embargo, la falta de formación de cuadros políticos al interior del FMLN aumentó el distanciamiento con la clase social hacia la que se debe el partido. Es otro factor que ayudó a Bukele a vencer electoralmente, ya que Nuevas Ideas dice ser un partido sin ideologías y eso cala cuando no hay claridad política. Un proletario puede ser desde un albañil hasta un científico termonuclear, pero las condiciones laborales y sociales son tan dispares que las posibilidades de encontrar luchas comunes disminuyen significativamente, pero la formación político-ideológica, es la base para entender que los problemas estructurales en la sociedad son producto de la desigualdad que el sistema capitalista necesita mantener para acrecentar y concentrar la riqueza en unas pocas manos. Ese espacio de conciencia nunca lo lleno el partido. El trabajo político con los obreros es diferente, ya que son ellos/as quienes a través de sus vínculos directos con la producción pueden percibir las variaciones económicas: aumentos, estancamientos, decrecimiento, etc. Ese conocimiento producto de su vivencia diaria, progresivamente fortalece su voluntad de salir a las calles a luchar por sus derechos, pues en la obvia contradicción entre sus condiciones de vida y las del capitalista, dueño de los medios de producción, se crea la relación dialéctica entre las condiciones objetivas (aumento de producción, más explotación, desempleo masivo o lo miserable de sus salarios) con las condiciones subjetivas (claridad política, líderes dispuestos a luchar, elaboración de programas políticos y revolucionarios). Hay que señalar con énfasis, sin embargo, que la conciencia de clase no deviene de un proceso mecánico, sino que es el resultado de un proceso de lucha. Los trabajadores salen a las calles a veces por demandas económicas, este tipo de demanda puede y debe llegar a ser política, esto sucede cuando la dirección del proletariado tiene la suficiente claridad para trascender de las demandas económicas a las políticas. Pero, hay casos excepcionales donde a pesar de no tener una dirección revolucionaria los trabajadores se dan cuenta del potencial que como clase poseen y transciende su lucha al plano político. La pequeña demanda económica puede mutar y pasar a ser política, ya no se reclama un aumento al salario ahora se reclama el control obrero en las fábricas. Pero al mismo tiempo que toma conciencia la clase trabajadora, como clase para sí, que asume la lucha del proletariado por mejorar sus condiciones de vida, también se muestra la voluntad y fortaleza de la clase burguesa utilizando al Estado y sus formas de represión para enfrentar a la clase trabajadora, es decir, se expone lo que para Marx es el motor de la historia: la lucha de clases.

14.- Por tanto, un objetivo primordial de la izquierda al llegar a las estructuras de poder de gobierno es desarrollar las capacidades y fuerzas productivas del país. Este es el gran reto de la izquierda no solo local, sino mundial, desarrollar un modo de producción transitorio del capitalismo y su barbárico caos, hacia un modelo planificado que permita preservar la naturaleza y darle a la población un nivel digno de vida. Hasta ahora ningún gobierno de izquierda o al menos progresista ha podido salirse del sistema capitalista, la experiencia del socialismo real ha sido lo más cercano, pero no pudo sostenerse por las deformaciones de las direcciones revolucionarias, que dejaron de serlo. Incluso Cuba, a pesar de los años que tiene la revolución está dando claros pasos hacia el retroceso, aceptando políticas y proyectos puramente capitalistas para mantener su economía. Ni hablar de china y su capitalismo de Estado. Pero claro que no es cuestión solo de una transformación cultural sobre el modo de consumo y cuestiones tan subjetivas como el concepto de felicidad o vida digna, sino de cambiar un modo de producción: pasar del caos capitalista a la planificación socialista.

15.- Sin embargo, en países como el nuestro, con pocos recursos naturales, poca especialización de la mano de obra, con una visión capitalista de la vida tan arraigada en la población, una economía dependiente de las remesas. Con la injerencia del imperio norteamericano que marca el paso e impone su agenda en nuestra política interna; con altos niveles de corrupción, con una profunda debilidad institucional, con el lastre histórico de la impunidad; asediados por el crimen organizado, las mafias de narcotraficantes, el desarrollo territorial de las maras y la permanente migración de la población ¿qué políticas puede desarrollar un gobierno de izquierda, sino revolucionario, pero con la visión de la necesidad de cambios estructurales, que conlleven al desarrollo humano de nuestra sociedad? Es definitivo que un gobierno revolucionario que intente cambiar de un día para otro nuestra sociedad capitalista solo a través de la lucha electoral está condenado al fracaso. ¿Pero cómo avanzar a través del reformismo sin perder la brújula de la revolución? Como decíamos anteriormente, el conflicto es necesario para avanzar. En ese sentido la izquierda que realmente quiera trabajar para el pueblo debe olvidarse de conceptos como el de la “gobernabilidad”. El objetivo debe ser siempre demostrar que el Estado burgués responde a intereses de clase, y para hacerlo debe lanzar proyectos de políticas públicas enfocadas en el bienestar de las mayorías: apoyo a pequeños y microempresarios, fortalecimiento de sindicatos; reforma educativa e incremento presupuestario; fortalecimiento de la institucionalidad desarticulando la corrupción; rechazo a las políticas económicas impuestas por las agencias financieras internacionales, crear una banca nacional, rechazo de la deuda externa y demás. Bajo el esquema capitalista la economía crece, aunque esto no sea perceptible para las amplias masas de trabajadores, sin embargo, un partido marxista no quiere hacer crecer la economía solamente como un dato estadístico, en primera instancia busca organizar la economía tomando en cuenta la necesidad de la mayoría y poner las nuevas industrias bajo el control de los trabajadores. Pasar de un modelo económico de terciarización a uno productivo enfocándose en el desarrollo de la agro-industrialización. Pero además ver hacia los mercados tecnológicos, desarrollo de software bajo conceptos como “el internet de las cosas”, robótica, etc. Hay que crear una nueva masa obrero-campesina que pueda luchar por cambios estructurales, pero también es necesario, crear la identidad política del nuevo proletariado cibernético, es necesario reconstruir al sujeto político, dotar de conciencia de clase al trabajador.  

16.-. Estas medidas permitirían romper con el esquema de economía terciaria que vuelve dependiente al país de las transnacionales que inviertan en estos servicios, pero que no permite competir al país en el mercado mundial, pues al no poseer capacidad productiva poco tiene que ofrecer, lo cual lo vuelve aún más vulnerable. Esta medida no se limita a un plano económico, también es una medida política: el control de los obreros en las fábricas debe estar bajo la lógica de crear los principios de la organización socialista a través de Consejos de Fábrica. En caso de que el Gobierno hubiera impulsado una medida con estas características no cabe duda de que hubiera encontrado obstáculos por parte de la derecha a través de la Asamblea Legislativa, CSJ y las organizaciones de la empresa privada. Por eso la medida, si bien hubiera sido impulsada por el FMLN, tendría que ser defendida por la clase trabajadora en las calles, ellos tendrían que hacer suya la demanda y también la victoria de ésta. En la medida que los trabajadores salen a la calle ganan experiencia y toman conciencia de su potencial como clase. El FMLN no solo hubiera mantenido su base social, también la hubiera fortalecido.

17.- Por otra parte, ahora también nos queda claro, que no importa que tan bien gobierne la “izquierda”, aun aplicando las políticas que los organismos internacionales exigen; cediendo a la agenda del imperialismo; haciendo las mejores concesiones o favores a la derecha y a los grandes capitales. Nunca serán suficientes para permitir que se mantenga un gobierno que no represente los intereses de la oligarquía y el imperialismo. Pero, además, esto pone en evidencia la falacia de la democracia representativa. Para el sistema es necesaria la polarización y la fragmentación en partidos políticos para esconder la falsedad del proceso electoral como reflejo de la “lucha democrática”. La polarización puede ser entre partidos de derecha y se trataran como enemigos a muerte, aunque tuvieran la misma agenda. Esto demuestra que un gobierno de izquierda debe exponer la falsedad y decadencia del Estado burgués y su falsa democracia, no adaptarse a ello.

18.- Después de estos dos periodos con sus errores y aciertos, parece que el FMLN como fuerza política, social y revolucionaria se enfrenta a su posible final histórico. La imposibilidad de respetar su programa ideológico, los errores de dirección y comunicación estratégica que nunca corrigió el gobierno ni la CP del partido, más la forma de hacer política adecuándose a la corrupción, haciendo alianzas con el poder económico y con un sector de la derecha parlamentaria. La dirección Imponiendo sus decisiones sobre los deseos de las bases, alejándose de los movimientos sociales populares organizados, sin fortalecer los sindicatos, más la actitud pasiva de la misma militancia, han dado como consecuencia que la derecha interna del partido se apuntale y tenga ahora el control de este. Esto lo aleja de manera significativa de las masas dejando de ser representativo de la clase trabajadora.

19.- Las elecciones internas del FMLN para elegir al candidato presidencial, de donde surge victorioso Hugo Martínez, no significaron un giro hacia la democracia interna o hacia la izquierda dentro del partido, todo lo contrario, la fuerza política que acumularon después del 2018 -Ortiz en el gobierno y Martínez en el partido-, beneficia a los grupos procapitalistas en su interior y representa la pérdida de la identidad revolucionaria del mismo, aunque ellos continúen llamándose a sí mismos hombres de izquierda. Es primordial reconocer que las bases no tuvieron la fuerza para presionar por los cambios que la población exigió en el 2018, esto debido a la ausencia nula de democracia y formación política interna, pues el candidato a presidente fue votado junto al de vicepresidente según la ley de Partidos Políticos pero no su programa y la dirección del partido que continuo siendo impuesta, ahora se enfrentan a un reto mucho mayor pues deben evitar que el partido desaparezca como fuerza política en el 2021. Para ello deben demostrar que son capaces no solo de mandar órdenes a la dirección sino también de romper con la absoluta sumisión a ella e imponer una nueva que sea representativa de las bases, para evitar entregar el partido a la derecha imponiendo las aspiraciones de la mayoría por cambios sustanciales en la estructura del FMLN. Un amplio sector de la población y la militancia misma del partido mostró su descontento con la dirección, el partido y el gobierno, decidiendo darle la espalda el 4 de marzo de 2018 y no votar, en ese momento ni los militantes ni la misma dirección supieron representar el clamor popular, aun teniendo claro cuáles eran las exigencias. Ahora después de la catástrofe del 2019 las bases no pueden darse el lujo de no hacerse oír, de lo contrario si nuevamente caen bajo los falsos argumentos de la gente que condujo a la catástrofe al partido, en las próximos elecciones del 2021 el FMLN quedará reducido a una minúscula representación legislativa y municipal.

20.- Para las elecciones presidenciales del 2019, la población supo que el retorno de Arena al Ejecutivo era una amenaza, y que la adaptación del FMLN al sistema, así como su retraimiento de los sectores sociales organizados, alejado de sus principios fundacionales, implicaba que dejaba de ser representativo de sus intereses. Por lo que se ve obligada en esas circunstancias a buscar otra alternativa, y es que la aspiración del pueblo por cambiar la situación del país y la de sus propias vidas es legítima. En este momento para la población la mejor alternativa es el proyecto de Nuevas Ideas, cuya figura mediática es el empresario Nayib Bukele. Él se posicionó con un discurso confrontativo contra los partidos políticos, principalmente contra el FMLN y las políticas que aplica desde el gobierno, se ha mantenido cuestionando al sistema neoliberal (aunque caiga en contradicciones con su Plan Cuscatlán) criticando cosas como la regresividad de la carga tributaria, o la reforma al sistema de pensiones; cuestionando las políticas del FMI en contra de la reducción de subsidios; se opone al incremento al IVA; ha exigido que se combata la elusión y evasión fiscal entre otras. Es así como ganó adeptos y sumó fuerzas con el objetivo de ganar la presidencia. Lo que demuestra que la población está receptiva a la combatividad y la necesidad de verdaderos cambios. No haber podido leer la realidad de manera correcta impidió al FMLN apuntalar medidas políticas encaminadas a realizar los cambios estructurales que el país necesita y por el contrario se pone ahora frente a su final.

21.- Dentro del contexto histórico, pareciera que el FMLN como fuerza político-revolucionaria cumple su ciclo como herramienta de lucha popular. Desde haberse constituido como un ejército revolucionario (a partir de distintas fuerzas políticas) “con las estructuras de mando y la capacidad operativa correspondientes (que) a mitad de los años 80 […] ya estaba en condiciones no solo de resistir las fuertes ofensivas del Ejército –inscritas en la estrategia de guerra de baja intensidad, asesorada y sostenida logísticamente por el gobierno de Estados Unidos–, sino de tomar la iniciativa militar y de poner en situación defensiva a las Fuerzas Armadas salvadoreñas”[vii], hasta lograr desmontar la dictadura militar del Estado a través de la negociación. Para luego pasar a integrarse a la lucha democrática electoral como partido político, pasando por llegar a ser mayoría parlamentaria, y gobernando en las alcaldías más importantes del país, hasta lograr llegar a ser gobierno por decisión popular; se enfrenta ahora al juicio de su militancia y del pueblo en general, para quienes, según los resultados electorales (2018 y 2019), ya no es representativo de sus intereses luego de dos periodos de gobierno y se le da un fuerte voto de castigo. Paradójicamente, crea él mismo las condiciones para su reemplazo, por lo que podría dejar de ser la fuerza política que alguna vez fue y terminar por diluirse en el tiempo, quedando solo como un partido marginal en la política salvadoreña. El partido se enfrenta a su futuro de manera muy negativa, sobre todo por la lectura que hace de su propia realidad, siendo incapaz de realizar las acciones necesarias que le devuelvan la confianza de la población. En el mediano plazo, las elecciones del 2021 pueden ser su tumba, reduciéndolo a un puesto del que difícilmente pueda levantarse. Entregar la dirección del partido a sus fuerzas de derecha internas como Oscar y Hugo, o quedando la estructura de dirección con caras que para la población son más de lo mismo, lo aleja aún más de la base histórica y de la lucha popular, convirtiéndolo en una triste representación del reformismo socialdemócrata. 

22.- Si el FMLN quiere recuperar su lugar como representante de la clase trabajadora y de las necesidades de los sectores más humildes y excluidos, lo mejor que le pudo pasar fue perder las elecciones y no participar en el gobierno de Nayib. Ahora debe concentrarse en reconstruirse a partir de sus bases históricas marxistas revolucionarias. Éstas deben hacer un análisis crítico de las direcciones que se alejaron del proyecto histórico buscando entrar en alianzas con el poder económico y acomodándose a la corrupción para expulsarlas. Deberán imponer su criterio y condiciones a la bancada legislativa y de ser posible reducirla con la expulsión de esas figuras corruptas que tienen ya años de estar viviendo parasitariamente del Estado. No importa qué medidas se tomen, pero es necesaria la depuración del partido a todo nivel de direcciones. La misma base debe llevar a juicio a todo aquel funcionario corrupto que haya traicionado el programa revolucionario. La dirección de Medardo González, hace años se apropió el derecho de hacer una depuración del padrón interno expulsando a cientos de militantes, ahora es la base militante la que tiene que hacer la depuración de la dirección y expulsar a los traidores. Si el partido no se reconstruye a partir de la evaluación crítica, el razonamiento y dirección horizontal de las bases marxistas, retomando no solo en discurso, sino en acciones claras, su postura de izquierda radical, socialista y revolucionaria, éste seguirá el mismo rumbo hacia su ocaso, como los que han seguido otros partidos en otras latitudes.

23.- Refiriéndome un poco el proyecto Nuevas Ideas, en alianza con GANA y CD, éste presentó su Plan Cuscatlán como el proyecto con el cual pretenden cambiar la cara del país. Pero siendo políticas que no representan cambios estructurales sino reformistas, manteniendo en muchos casos las políticas neoliberales, lo primero que hay que señalar es que no es un partido de izquierda propiamente dicho, entendiendo la izquierda como aquella fuerza política que se opone al capitalismo. Es un partido totalmente heterogéneo, pero por su programa puede señalarse que será un gobierno en el menor de los casos de derecha liberal. Segundo, su proyecto no logrará responder a las exigencias y necesidades de la población porque no rompe con el sistema de explotación. Bukele es el representante de un fuerte sector económico, por lo que él estaría disputando poder a la vieja oligarquía. Es decir, es el representante de una posible disputa o recomposición de fuerzas al interior de la clase burguesa dominante, apoyada por un amplio sector social que más pronto que tarde se dará cuenta que este nuevo gobierno no podrá responder a sus expectativas. Está el otro actor fundamental, la Embajada de EE. UU. quien ha dado ya su apoyo inmediato a Bukele, a quién tratará de apartar de toda la base social que votó por él. Para EE.UU. la victoria de Nayib es la oportunidad de desarticular la vieja polarización que viene de la guerra, que significaba mantener vivo el debate entre capitalismo y comunismo, lo que pone de relieve las diversas luchas contra el sistema y su posible alternativa, el socialismo. Lo mejor es deshacerse de esa disputa, y aquí cae al pelo la figura de Nayib Bukele, que, sin tener una base y postura ideológica de izquierda fuerte y clara, cae fácilmente en el discurso de no ideologías, dejemos el pasado atrás, hagamos “nuevas ideas” abrazando lo único que sabe: capitalismo. Todo su planteamiento es para administrar de una manera diferente el sistema capitalista, a través claro, del Estado. Quiere dotarlo de humanismo y ética. Lo que cualquier marxista revolucionario y cualquier capitalista neoliberal saben perfectamente, es imposible. Pero, para la embajada ese discurso le cae como anillo al dedo. En este momento Bukele prácticamente elimina la herramienta histórica de lucha popular que enarboló la bandera del socialismo como alternativa para la humanidad y asesta un duro golpe a la estructura criminal más grande de nuestro país: ARENA (el nivel de corrupción de ARENA hace imposible el desarrollo mismo del capitalismo) lo que en ambos casos es positivo para el imperialismo norteamericano. Da una bocanada de aire fresco a nuestro sistema democrático tan desgastado.

24.- Ahora bien, que al final Nayib Bukele haya ganado la presidencia no significa que va a gobernar como él aspira. La heterogeneidad de Nuevas ideas, la alianza con CD y GANA, significan un torbellino de fuerzas al interior de ese conglomerado que haría muy difícil mantener la cohesión de gobierno, sin hablar de la propia personalidad del presidente electo. Solo Nuevas Ideas es una contradicción a su interior, con una amplia base social de izquierda, pero con una dirección marcadamente de derechas. Si bien en su interior hay una conjugación de diversas expresiones ideológicas, que tienen en común el cansancio de la polarización expresada en el binomio ARENA-FMLN, no hay razones para pensar que un eventual gobierno de Bukele y sus aliados, puedan empujar hacia cambios estructurales, que es a lo que la población aspira. Si el FMLN en sus dos periodos agotó toda su fortaleza histórica, no bastarán más que un par de años para que Bukele demuestre si realmente quiere luchar por cambiar el sistema o por el contrario, dejará de manifiesto todo su vacío político, y por lo tanto su gobierno solo se mantendrá en la inercia histórica, es decir, la defensa del sistema capitalista con la visión de la aplicación de políticas asistenciales, reformas superficiales, mantener el concepto del libre mercado como paradigma de desarrollo, etc. De ser así, al menos su aporte político será contribuir a la acumulación histórica de frustraciones e insatisfacciones populares; lo que eventualmente puede generar un espacio de acción revolucionaria, en donde, a la disputa por el poder, se presenten nuevamente las clases trabajadoras con la oportunidad de reorientar el proceso histórico de lucha popular abandonado por el FMLN.

25.- El país está muy lejos de estar preparado para un verdadero gobierno de izquierda radical revolucionaria, es necesario retomar la estrategia de educación insurgente de los años 60, 70 y 80 que dieron forma a la conciencia de clase y a las grandes manifestaciones populares de esas épocas. Después de entregar las armas, la formación política de las masas ha sido una gran debilidad de los movimientos sociales y del partido mismo. Dada esta debilidad ideológica en la población y el vacío de una herramienta de lucha es normal que surja una figura como Nayib Bukele. Estos dos gobiernos del FMLN deberían haber sumado fuerza social, conciencia política; deberían haberlo fortalecido como partido político, como la herramienta de la clase obrera, de los pobres. Deberían haberse asentado los cambios que permitieran al país dar un paso cualitativo en su institucionalidad democrática ya en un tercer gobierno, o por el contrario preparar a las masas para luchar por cambios estructurales. Pero solo se dedicaron a administrar el Estado y eso les pasó factura. Si se quiere seguir el camino electoral, politizar y radicalizar a las masas es necesario para sumar fuerza y resistencia popular, acompañando desde las instituciones públicas las reivindicaciones sociales históricas, de manera que esa sea la llave para superar al capitalismo.

26.- La izquierda revolucionaria necesita volver a tomar aire, oxigenarse en la juventud, esa juventud ávida de saber, de aprender, que es crítica y contestataria; que lucha contra las figuras autoritarias, no de autoridad, porque la autoridad se respeta, en tanto que se gana con el ejemplo. Hay hombres y mujeres que son respetados por la juventud por que han sabido ser ejemplo de lucha, compromiso y apego a la ética revolucionaria, esa unión entre experiencia e impulsividad, puede ser el catalizador para construir una nueva herramienta de lucha popular. Los hechos históricos nos muestran que el cambio de época se está dando, y que las figuras políticas que fueron referentes de la guerra civil de los 80, al menos para la izquierda ya deben dar un paso al costado y una nueva generación debe asumir el reto de continuar la lucha contra el sistema capitalista. El mayor reto está en mantener en la juventud el apego a la formación marxista, al socialismo científico, como alternativa a este sistema depredador que es el capitalismo, cuya superación debe ser siempre el horizonte del comunismo.

¡Por la sangre de nuestros mártires, hasta la victoria siempre!

Agradecimientos
Por su valiosa colaboración en la revisión y enriquecimiento de ideas de este documento:
Licda. Amelia Mejía Gonzáles
Comité Central del Bloque Popular Juvenil (BPJ)
Juan de la Cruz
Oscar Romero
Luis Valle
Will Guzmán


NOTAS:

[i] Elecciones legislativas y municipales de El Salvador de 2018. En WIKIPEDIA. Recuperado el 14 de febrero de 2019. https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_legislativas_y_municipales_de_El_Salvador_de_2018  [ii] Elección presidencial de El Salvador de 2019. En WIKIPEDIA. Recuperado 14 de febrero de 2019.
[iii] IDEM
[iv] http://www.plancuscatlan.com/
[v] Fidel Castro. 1980. Informe Central presentado al II Congreso del Partido Comunista Cubano en 1980. http://www.granma.cu/file/pdf/PCC/2congreso/informe-central-ii-congreso-del-pcc.pdf
[vi] Oscar Ortiz. 2018. Discurso ENADE 2018.  https://www.anep.org.sv/enade-2018/ Discursos ENADE Oscar Ortiz PDF
[vii] Luis Armando González. 2011. El FMLN salvadoreño: de la guerrilla al gobierno. http://nuso.org/media/articles/downloads/3791_1.pdf

1 comentario

  1. Excelente análisis, comparto la idea que el trabajo está en las bases proletarias, fortaleciendo los sindicatos y las organizaciones sociales, fomentando el fortalecimiento de la conciencia de clases que con los años se ha ido perdiendo sin dejar de lado todo lo que menciones del rumbo equivocado que han tenido «nuestras figuras históricas» enamorándose del discurso capitalista y dejando de lado la humildad. Como dijera alguna vez Tomás Borge (Sandinista) «La pérdida de la humildad arrastra dos vicios: la ostentación y la soberbia…»

    Saludos cordiales compañeros.

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