13 agosto, 2020

Declaración sobre la situación en Bielorrusia: ¿por qué las masas ya no creen en el régimen de Lukashenko?

La siguiente es una declaración sobre la situación que está desarrollándose en Bielorrusia ¡Por una huelga política general! ¡Abajo el régimen de Lukashenko! ¡Por el socialismo y la democracia genuina!

Como marxistas, entendemos que la crisis política que se está desarrollando ahora en Bielorrusia no ha sido causada por una coincidencia accidental de circunstancias o las intrigas de ciertos gobiernos extranjeros. Es consecuencia de la crisis socioeconómica a la que se ha enfrentado el país durante los últimos años. Durante dos décadas, a partir de mediados de los años noventa, cuando Lukashenko detuvo el proceso de privatización y retuvo, en general, la propiedad estatal y elementos de planificación relevantes en sectores clave de la economía, Bielorrusia siguió siendo la única isla de estabilidad económica de los países procedentes de la antigua URSS. Desafortunadamente, como muestra toda la experiencia de la historia del siglo XX, la propiedad estatal en sí, en un mercado libre, es decir, sin una economía planificada directiva, no es capaz de desarrollar fuerzas productivas, excepto a través de la superexplotación y represión de la clase trabajadora.

Es precisamente esto lo que ha motivado los ataques a los derechos de la clase trabajadora y a los de los trabajadores autónomos (a menudo los más oprimidos), que se han visto en los últimos años del gobierno de Lukashenko. El régimen bonapartista está cada vez más en contradicción con esa parte de la burocracia y de la burguesía nacional que está estrechamente alineada con él, que aboga directamente por la privatización y la plena integración en el sistema imperialista mundial. Estas fuerzas no lo necesitan personalmente, ni a su camarilla, y hoy han marcado un rumbo para derrocar a su régimen.

Por otro lado, la política de austeridad y los ataques a los derechos de la clase obrera y a sus organizaciones privaron a Lukashenko del apoyo (aunque pasivo) de la mayoría de los trabajadores que tenía antes. El ataque a los intereses de los trabajadores ha encontrado su expresión concreta en fenómenos como la política de privatizaciones, el aumento de la edad de jubilación, la abolición de las prestaciones sociales, el actual sistema contractual de empleo, etc. En estas condiciones, la caída del régimen bonapartista de Lukashenko es solo cuestión de tiempo.

Sin embargo, su derrota no significa automáticamente la victoria de los partidarios del libre mercado y la privatización total. La clase trabajadora de Bielorrusia ha demostrado en los últimos días y horas su fuerza y capacidad para luchar por sus derechos. Todo lo que falta es una dirección política.

Como sabemos, el movimiento comunista de Bielorrusia está dividido por la lealtad a Lukashenko y a su camarilla, más que por principios ideológicos. Ambos lados de la confrontación, el PCB y “Mundo Justo”, se vieron atrapados en el pantano de la realpolitik del mal menor y, por lo tanto, abandonaron la perspectiva de una revolución social. Por el contrario, creemos que los acontecimientos de hoy son solo el comienzo de un proceso revolucionario que, en un momento determinado, llevará al proletariado bielorruso a la arena de la historia bajo la dirección de un partido revolucionario verdaderamente marxista. Tan pronto como esto suceda, la revolución proletaria abarcará inmediata e inevitablemente a Rusia, Ucrania, Lituania, Polonia y también a otros países. El desarrollo de una situación revolucionaria es inevitable y ahora, como nunca antes, la cuestión del factor subjetivo está en la conciencia de las masas: el verdadero partido comunista que pueda llevar a la clase trabajadora a la revolución socialista.

Somos conscientes de que un partido así no se puede construir sobre la base de las organizaciones de izquierda que existen hoy en Bielorrusia, con sus actuales limitaciones programáticas y políticas. Sin embargo, sobre la base de las ideas del marxismo genuino, esas ideas que la Corriente Marxista Internacional ha estado defendiendo durante muchos años, la creación de tal organización es más que posible. Si se crease una organización de este tipo con las tácticas adecuadas, conquistaría a las masas y cambiará el destino no solo de Bielorrusia, ¡sino también de toda la humanidad!

¿Cuál es la situación y cuál debe ser el siguiente paso para las masas?

El régimen bonapartista de Lukashenko ha entrado en un período de crisis política, que tarde o temprano terminará con su derrocamiento. Cualquier posibilidad de una transición electoral pacífica fue bloqueada por flagrantes falsificaciones y acciones violentas por parte del aparato de seguridad del régimen en la noche electoral del 9 al 10 de agosto, así como por la continua violencia policial que provocó la posibilidad de una mayor escalada de la situación.

La crisis del régimen fue causada no solo por la continua represión de las libertades democráticas elementales (incluida la libertad sindical y de organización política de los trabajadores), sino también por la disminución del nivel de vida de la población, y principalmente el de los trabajadores asalariados, en los últimos años. El sistema de contratos, recortes de beneficios sociales, la ley contra los “parásitos” y otros ataques del régimen son un reflejo de la crisis del capitalismo mundial a nivel nacional. Aquellos que intentan ver a Bielorrusia como una especie de continuación de la economía planificada soviética cometen un profundo error: el régimen actual ha seguido durante mucho tiempo la política antisocial de privatización de empresas y desregulación de precios.

Por el momento, las masas están poniendo encima de la mesa la tarea de una revolución política, cuya esencia real en los hechos apunta a la transición a un régimen de democracia burguesa.

Apoyamos plenamente el deseo de las masas de establecer plenamente las libertades democráticas y, en particular, de crear la atmósfera más favorable para que la clase trabajadora defienda sus intereses y derechos, tanto económica como políticamente.

Sin embargo, advertimos a los trabajadores contra las ilusiones sobre su situación económica bajo el régimen democrático burgués, principalmente porque su implantación no dará garantías de detener las medidas de austeridad. De hecho, en las condiciones actuales, estas demandas democrático-burguesas solas ya son completamente inadecuadas para una solución real a la cuestión de la democracia, especialmente si tenemos en cuenta el rostro político de los principales líderes de la oposición en este momento, quienes, habiendo llegado al poder, sólo continuarán la política anti-obrera ya iniciada por el régimen, como mínimo en el ámbito económico, pero bajo una nueva cobertura. Además, estos mismos líderes capitularán fácilmente ante el régimen, siempre que se llegue a un acuerdo con él o exista una presión suficientemente fuerte por su parte. Debemos repetir la verdad, evidente para todos los verdaderos marxistas, de que en nuestro tiempo solo hay una clase consistentemente revolucionaria capaz de transformar fundamentalmente la sociedad en cada país: el proletariado.

La participación de la clase trabajadora, y su núcleo, los trabajadores industriales, en una huelga política muestra su importancia y potencial en la lucha por un cambio social progresista. Además de la lucha por expandir las libertades democráticas para ellos mismos, la clase trabajadora y sus representantes deben plantear simultáneamente su propia “agenda social” dirigida tanto contra las viejas medidas anti-obreras (el sistema de contratos, etc.) como contra las nuevas posibles nuevas (privatización de empresas estatales, despidos, etc.).

Pero para proteger verdaderamente sus intereses, la clase obrera y sus organizaciones, que han cobrado vida en las condiciones actuales, tendrán que pasar de políticas defensivas a ofensivas, es decir, a trabajadores que formen sus propios órganos políticos (consejos) y utilizarlos para tomar el control de la política, manteniendo el orden público mediante la creación de una milicia obrera y el control de las empresas. Este es el único camino posible a largo plazo. La alternativa es el desastre.

Condenamos las declaraciones reaccionarias de determinadas organizaciones (el Partido Comunista de la Federación de Rusia, el Partido Comunista de Bielorrusia, etc.) que abogan a favor del desacreditado régimen de Lukashenko. Consideramos improbable la posibilidad de que se repita el «escenario ucraniano» debido a la exclusión casi completa de la ultraderecha de las protestas actuales, la ausencia de contradicciones nacionales y lingüísticas importantes, la popularidad de las ideas antifascistas entre el pueblo bielorruso y la memoria histórica de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación fascista alemana. Una de las garantías que impiden una posible transformación reaccionaria de la protesta (o al menos la monopolización de la protesta por parte de los liberales) es la más amplia participación de la clase obrera y sus representantes políticos en ella.

Consideramos inadmisible que los gobiernos capitalistas de otros países se inmiscuyan en los asuntos del país, y en primer lugar de las potencias y bloques imperialistas como Rusia, la UE y Estados Unidos. Cualquier iniciativa dirigida contra la libre determinación del pueblo bieloruso es inequívocamente reaccionaria. Aquellos en Rusia que hoy están tratando de hablar «desde la izquierda» contra esta autodeterminación en realidad están reemplazando el antifascismo con un imperialismo que solo está adornado con retórica «roja», independientemente de si lo hacen consciente o inconscientemente.

Habiendo perdido el apoyo de las masas, Lukashenko depende casi exclusivamente del poder del aparato burocrático. En tales casos, es muy posible que se abra una escisión en la clase dominante y el aparato estatal, bajo la presión de las masas, y que los intentos de llegar a un compromiso con la élite liberal de la oposición se lleven a cabo para impedir una  participación mayor de las masas en el proceso político. Esto no se debe permitir. El cambio político en la línea de la democracia y el socialismo debe llegar lo más lejos posible.

Hacemos un llamamiento a aquellos que están dispuestos a tomar en serio la lucha por la democracia obrera y el socialismo internacional para que se unan a nuestra organización, la Corrriente Marxista Internacional, comenzando a trabajar en la construcción de una sección nacional de pleno derecho en Bielorrusia.

Nuestro programa es el siguiente:

  • ¡Por una huelga política general!
  • ¡Abajo el régimen de Lukashenko!
  • ¡Contra cualquier medida anti-obrera!
  • ¡Libertad de las organizaciones de trabajadores, derecho del pueblo a determinar su propio destino, contra la represión política!
  • ¡Libertad para los presos políticos!
  • ¡Contra las políticas de austeridad y de privatizaciones, por la abolición del aumento de la edad de jubilación, por contratos laborales indefinidos!
  • ¡Democracia genuina en interés de la inmensa mayoría de la población – los trabajadores – por la formación de consejos de trabajadores!

11 de agosto de 2020