A 26 AÑOS DEL ATENTADO AL CORAZÓN SINDICAL DE EL SALVADOR

La cacería de brujas

La madrugada del 31 de octubre de 1989, se colocó un explosivo en el local de San Salvador de COMADRES (Comité de Madres y Familiares de Presos Políticos de El Salvador), en este hecho cuatro personas incluyendo un menor resultaron heridos, ningún fallecido.

La cacería de brujas

La madrugada del 31 de octubre de 1989, se colocó un explosivo en el local de San Salvador de COMADRES (Comité de Madres y Familiares de Presos Políticos de El Salvador), en este hecho cuatro personas incluyendo un menor resultaron heridos, ningún fallecido.

 

 

Al mediodía del mismo día, a eso de las 12:30 md, desconocidos, -obviamente sicarios al servicio del imperio norteamericano y del gobierno de turno- colocaron un explosivo más alcanzativo en las afueras del local ubicado también en San Salvador de la FENASTRAS, (Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños). El hecho dejo un saldo de 9 personas fallecidas y más de 40 heridos. Entre los fallecidos se encontraban: Febe Elizabeth Velásquez Ramírez, Secretaria General de FENASTRAS en ese entonces, un ejemplo de lideresa en el movimiento obrero del país, en su honor la ofensiva lanzada por la guerrilla del FMLN el 11 de noviembre de 1989, se denominó: “Ofensiva Hasta el Tope” o “Ofensiva fuera los fascistas. Febe Elizabeth Vive”. Gerardo Díaz, sindicalista en el exilio, cedió un testimonio del hecho en el 2012, recordando a los compañeros caídos, dice: “Junto a Febe murieron compañeros y compañeras de gran valía” . Como: Humberto Cestoni, Daniel López Meléndez, Luis Edgardo Vásquez, Carmen Catalina Hernández Ramos y Rosa Hilda Saravia de Elías, (cocineras de comedor popular de la Federación) Julia Tatiana Mendoza Aguirre (su padre fue miembro del Frente Democrático Revolucionario, y fue asesinado en 1980) María Magdalena Rosales de 13 años, hija Paz Rosales y Vicente Salvador Melgar. Todos ellos trabajadores que ofrendaron su vida por una causa justa, por el deseo de transformar la sociedad. Murieron convencidos que la única forma de cambiar el estado de cosas es organizándose para luchar.

Algunas lecciones del atentado

 

Este hecho es por antonomasia el rompimiento del corazón sindical en la historia de lucha de nuestro pueblo salvadoreño, sin embargo, solo fue la chispa que encendió el fuego de la conciencia popular para luchar por su emancipación de una vez por todas, de ahí, que muchos se incorporan decididamente a la ofensiva de noviembre del 1989, intento fallido, pero un ejemplo de cómo la unión de fuerzas cuantitativas hace dar el salto a fuerzas cualitativas. Cabe recalcar que el hecho fue permitido por el exceso de confianza de los militantes de FENASTRAS y COMADRES, en el contexto de una guerra civil, de lucha armada, no se previó con vigilancia externa e interna, ni con grupos de autodefensa, el hecho pudo evitarse para no perder cuadros valiosos, para no tener muertes innecesarias. El gobierno de turno como sus antecesores militares era en su esencia un gendarme sangriento, este atentado es otra prueba más de cómo el capitalismo da a conocer su verdadera cara de asesino contra los que anhelan libertad, de cómo no puede permitir que sus intereses sean arrebatados, una de las máximas expresiones de su antagonismo y odio contra la clase trabajadora.

Expectativas del sindicalismo salvadoreño

FENASTRAS y algunos otros sindicatos después del atentado y de los acuerdos de paz, giraron lamentablemente a una línea patronal y conciliadora. Pero aún existen sindicatos que defienden intrínsecamente los intereses de la clase proletaria en general, sindicatos incluso que van más allá de la lucha sólo por reivindicaciones paliativas y llevan una lucha muy decidida, poco reconocida, considerada incluso insuficiente. Desmoralizarnos no es una alternativa, pues debemos entender la evolución de la conciencia de las masas en los procesos revolucionarios y entender a la vez estos procesos, por su naturaleza dialécticos. El movimiento sindical por nuestras condiciones actuales sufre una atomización, que no debemos satanizar, sino más bien el deber es luchar por la unidad de los sindicatos, definir la independencia de clase dentro de ellos, formar cuadros políticos bajo el marxismo revolucionario que tengan claro el por qué, dónde y cómo luchar por sus intereses. Su lucha que es nuestra lucha debe tener una base teórica firme e intransigente para una práctica correcta e irreversible.

 

 

 

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