Velázquez Parker y Norman Quijano ¿austeridad para quién?

La opinión pública ha estado en efervescencia los últimos días con las declaraciones de dos de los diputados de ARENA, Velázquez Parker y Norman Quijano, quienes han declarado en medios de comunicación televisivos lo inclemente y precario que es trabajar como diputado de la Asamblea Legislativa.

Norman Quijano ha dicho que las oficinas de la Asamblea Legislativa no están adecuadas para el trabajo que tiene que hacer desde allí: “El edificio de la Asamblea es una necesidad, el actual no reúne las condiciones de seguridad para empleados, periodistas, visitas y no hay porqué poner en riesgo la vida de todas esas personas”, ha declarado a los medios de comunicación, también ha dicho que las oficinas de los diputados pueden compararse a un cuchitril, es decir, a una habitación sucia y pequeñísima. Esta opinión de Norman Quijano ha desatado las críticas en las redes sociales, unas horas más tarde de la entrevista empezó a circular un video donde se puede apreciar al diputado en una oficina muy grande con pertenencias personales, entre fotografías e incluso estatuillas con su figura. El video a la fecha no ha sido desmentido por el funcionario.

Otro caso que ha desatado la crítica de la opinión pública ha sido las declaraciones vertidas por Velázquez Parker quien ha denunciado que su salario es muy bajo comparado con su trabajo y que los diputados de El Salvador son los peores pagados de Latinoamérica: “No te quiero contar –le dice el diputado al presentador de televisión- la cantidad de peticiones que reciben los diputados, que no es parte del trabajo legislativo, pero el pueblo exige que me construyan… que me reparen… y de esas exigencias nadie te va a decir ‘gracias’”, dijo en el Noticiero Hechos de canal 12, más adelante detalló la cantidad de dinero que se les da a los diputados, en concepto de transporte, representación, seguridad, etc. Con lo cual manifiesta que solo termina recibiendo $3500 dólares netos de su trabajo, comparando esto con los sueldos de otros funcionarios del Estado es muy poco, afirma, además comparte la idea que el Fiscal General debería ganar alrededor de $15,000 dólares. Esto ha hecho desencadenar una serie de críticas públicas, incluso hoy salió a la luz una campaña de recolección de firmas en change.org https://www.change.org/p/pueblo-salvadoreño-el-pueblo-exige-renuncia-de-diputado-ricardo-velásquez-parker en las que se esperan 1500 firmas para pedir su renuncia, en pocas horas ha superado las mil firmas.

Estos acontecimientos aparentemente aleatorios y esporádicos, son el reflejo que la sociedad salvadoreña está en un estado de crítica, esta crítica despiadada a los funcionarios y diputados, lleva consigo un mensaje de rabia y descontento acumulado en décadas, deja entrever también que no será tan fácil lanzar cualquier medida contraproducente para los intereses del pueblo. Contrario a lo que vulgarmente se piensa con la afirmación de que la derecha tiene la mayoría parlamentaria, esto no necesariamente significa que estos podrán hacer y deshacer como en el pasado. En el fondo la Asamblea no ha sido legitimada por el pueblo, su poder yace en bases cargadas de dinamita y hoy cualquier incidente puede detonar una explosión que termine demoliendo todo el edificio. El giro drástico en el cambio de conciencia de los trabajadores se dio el 4M, pero sus efectos no han llegado a su culmine, más bien el 4M fue la primera demostración de lo que el movimiento puede hacer con tal de manifestar su descontento. El mensaje del 4M puede interpretarse como: “no queremos más política infértil, queremos soluciones pronto”, y el curso de los acontecimientos han girado en ese sentido, buscar una respuesta, la respuesta más real.

Las declaraciones de estos diputados entran en contradicción con su viejo discurso de campaña sobre la austeridad y la responsabilidad fiscal, son discursos vacíos y huecos, que sacan de los libretos cuando ya han sido votados y que solo se aplican contra los programas sociales que el gobierno ha implementado en los últimos años, para ellos esto siempre es despilfarro, algo que no tendría por qué suceder. Pero, ironicamente, cuando las misiones del FMI vienen a El Salvador o cuando recomiendan la austeridad aumentando la edad de jubilación, la disminución de las pensiones, el aumento a los impuestos o al IVA, son los primeros en apoyar estas medidas, las cuales les parecen sensatas y razonables, pues significa no recargar sobre los empresarios los efectos de la crisis de un Estado que necesita de los contribuyentes para financiarse, pero que en periodos de crisis, con altos niveles de desempleo, bajos salarios y precariedad, la recaudación fiscal no va bien.  Contrario a lo que se cree los empresarios en estos periodos se niegan rotundamente a pagar sus impuestos, más bien perfeccionan el sistema de elusión y evasión de impuesto a través de leyes que aprueban los diputados de la Asamblea. Al final, quienes pagamos la crisis de un sistema decadente somos los más pobres, los que no tenemos más que nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir a costa de que los que poseen todo en la vida no sufran el menor rasguño en sus montañas de dinero. A estos últimos son los que se deben los diputados de la derecha, el señor Parker, Norman y demás diputados, solo son los perros falderos, trabajadores a sueldo del gran capital, en ese sentido la austeridad es para el pueblo pero nunca para ellos y sus amos. De entre tanta charlatanería siempre terminaran defendiendo sus altos salarios, sus prebendas y lo que le convenga al patrón.

Como revolucionarios creemos que un partido que pretenda defender los intereses de los más explotados deberá luchar por la eliminación de los altos salarios de sus funcionarios, la eliminación de los gastos por representación, regalías, bonos, cenas, etc. Ningún diputado del pueblo debería recibir un salario superior al de un trabajador calificado, esto ronda alrededor de los $1.000 dólares para vivir dignamente. Es contradictorio que una sociedad tan desigual y con niveles de pobreza extrema, tenga a funcionarios en el Estado ganando miles de dólares, esto es algo que la burguesía ha implementado para poder controlar a su antojo a sus funcionarios, por tanto, renunciar, combatir y denunciar estas prácticas es un acto revolucionario implícito que requiere de una firme convicción y fidelidad al proceso de transformación de la sociedad. A la larga, aquel que no se atreva a denunciar, ni a rechazar cuánto dinero extra reciba del Estado se vuelve cómplice de la manipulación y dominación por parte del Estado burgués. Ante esto nosotros decimos: ¡Puesto político; salario obrero!  ¡No más oportunistas y gangueros!

Hay una historia que a los defensores del sistema capitalista no les gusta recordar, esa historia es la que muestra que el Estado puede ser sumamente barato solo si es administrado por la misma clase obrera, si hace 100 años la historia mostró que esto era posible con la Revolución Rusa, como no habremos de intentarlo ahora que los trabajadores somos más capaces, más cultos y por consiguiente más capacitados que hace cien años. En estos tiempos modernos cualquiera puede hacer las funciones que hace un burócrata del Estado, la clase obrera no debe temer a transformar el monstruoso Estado creado por la burguesía en un Estado para los fines e intereses de los más desposeídos. Debemos hacer que los oprimidos de hoy, los que mueven los hilos de la economía, los que producen todo y no deciden nada en el capitalismo, sean los grandes arquitectos de una nueva sociedad.

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