13 febrero, 2020

Utopía romántica una arma del capitalismo

Contribución de Amelia Mejía para el BPJ

Es más que claro que se ha mitificado la idea del amor romántico burgués y se ha buscado ensalzar por todos los medios, tanto así que la industria publicitaria nos ha moldeado para lucir de una u otra forma y así convertirnos en objeto de deseo, en seres amados, captar todas las miradas y recibir afecto, estos métodos para resaltar el atractivo personal obedecen a una función social que se le atribuye al amor; ya que las formas que tenemos de querernos los seres humanos, tienen implicación desde la organización social hasta el ámbito económico. Reconocer que nuestros sistemas de relaciones interpersonales, y en este caso específicamente el de pareja, son productos influenciados por una ideología hegemónica sostenida por el poder patriarcal-capitalista, nos abre el panorama para replantearnos que es el amor romántico y preguntarnos si al final este no ha sido convertido en un instrumento de control social.

Definir el concepto de amor es un tema difícil, hay muchos textos y publicaciones que lo abordan desde una manera meramente abstracta y subjetiva, pero teorizar sobre dicho tema nos lleva más allá y nos exige ahondar en la relación existente que hay entre el plano sentimental y emocional de cada individuo e incorporar elementos históricos, sociales y económicos. El presente artículo no pretende abarcar todos los elementos de esta cuestión, pero si realizar una aproximación para pensar y cuestionar de cómo hemos aprendido a vivir las relaciones afectivas bajo un esquema ideológico y cultural en el sistema capitalista.   

 El tema del romance ha sido presa de las relaciones comerciales que lo enmarcan en una experiencia de consumo masivo, nos dicta qué sentir, cómo sentir y cómo debemos de ser para lograr el anhelado amor, los hilos que manejan esto, están representados por las imágenes y los mensajes de los anuncios de televisión, revistas, cine, internet, música secular, en fin cualquier medio de comunicación, los cuales establecen los ideales estéticos de belleza y distinción, aunque es verdad que los medios de comunicación no se han inventado el amor, si lo materializan en una utopía de felicidad, de ideales y realización garantizada, a partir de consumir determinados productos, que no solo son simples mercancías, sino que los presentan como elementos que permiten adoptar estilos de vida de ensueño y felicidad  garantizada. La apropiación que el mercado ha hecho del tema del amor romántico, permite que este lo conceptualice y le ponga el rostro que más le convenga, por lo tanto, los individuos terminamos practicando, cultural, social y económicamente el molde del amor que el capitalismo impone.

Afirmar lo anterior quizás puede parecer duro, pero es necesario cuestionarlo, acaso el amor romántico no es presentado por el sistema capitalista y la sociedad burguesa como un sentimiento profundo (es lo mejor que me ha pasado en la vida), pasional (estoy tan enamorado que no sé pensar), indispensable para vivir (si no estás conmigo me muero), exclusivo (solo te pertenezco a ti), todas las anteriores aseveraciones se toman como  la “norma”  dentro de las relaciones, por lo cual los celos, el sentido de pertenencia,  y hasta la violencia física y psicológica dentro de una relación son tomadas como naturales, estas posturas son defendidas y avaladas por la burguesía, la iglesia y los partidos políticos para mantener y sostener un orden social que refuerce el capitalismo y sus formas de explotación y opresión.

Para comprender con mayor exactitud como el capitalismo nos ha moldeado con su idea de amor romántico burgués con el objetivo de preservar el sistema, debemos hablar del consumismo. Al hablar de consumismo debemos aclarar que es una práctica que está basada en el derroche y bajo la lógica de usar y tirar, el mismo consumismo nos ha enajenado, nos cosificamos bajo un esquema mercantil en el que el éxito material constituye el valor predominante y el sistema de intercambio que gobierna los mercados, también maneja nuestras relaciones afectivas, así pues bajo el amor y la sociedad burguesa, entre mayor poder adquisitivo tenemos, somos más atractivos;  por otro lado juramos “amor eterno” mientras la otra persona supla alguna necesidad en nosotros. El consumismo es uno de los factores del comercio y la industria, para ello necesita la propaganda y publicidad, la cual nos seduce para adquirir lo que no necesitamos, como si fuese una necesidad básica. Por lo tanto, aprendimos que  para consolidar el amor, la lealtad y el romanticismo había que adquirir, comprar y endeudarse.

Para concluir recalcamos el planteamiento de que el ser humano y sus sentimientos desarrollados en la sociedad capitalista son mediados por la deidad del dinero y la cosificación de la mujer y el hombre. El planteamiento comunista para erradicar las relaciones enajenadas por el dinero propone hacer consciente al ser humano de su rol histórico y de sus situaciones concretas, este es un acto que combate la enajenación dada por el capitalismo, propone que hombres y mujeres sean conscientes de sus vidas, y que esta manera intervengan en su realidad, desarrollando el amor como amor, la lealtad como lealtad, la solidaridad como solidaridad, la confianza como confianza, etc. El objetivo de dicho proceso y del programa comunista, sería sentar las bases, para la construcción del ser humano total1

Comprendemos que toda actividad revolucionaria no puede estar alejada del concepto amor, por lo tanto, debe ser una práctica concreta y transformadora, que combata activamente el fetiche del dinero y la cosificación del hombre y mujer en las relaciones sociales; en la medida que el amor retome su carácter cualitativo y no enajenado se convierte en un dinamizador de la lucha de clases.

 

Fuentes

 

  1. Marx, Karl., Engels, Friedrich. “La Sagrada Familia”, AKAL, 2013, p.139