27 septiembre, 2021

Rusia: el fraude generalizado arrebata al Partido Comunista su victoria electoral

Por Oleg Bulaev (CMI-Rusia)

Las elecciones federales en Rusia han pasado. Como pronosticamos, fueron completamente amañadas por el régimen. Aunque parece que el Partido Comunista recibió la mayoría de los votos reales, literalmente de la noche a la mañana las autoridades elaboraron el resultado que necesitaban. Este acto descarado de reescribir completamente los resultados de las elecciones sólo provocará una creciente ira en la sociedad.


La falsificación de las elecciones a la Duma Estatal, sin precedentes por su escala y cinismo, enfureció a casi todos los rusos. Todo el mundo ha sido testigo de la descarada parcialidad de los medios de comunicación burgueses, que están bajo el control directo de las autoridades capitalistas, y que durante meses glorificaron al partido en el poder, Rusia Unida, mientras arrojaban lodo a la oposición.

Mientras tanto, se pusieron todo tipo de obstáculos para impedir que los candidatos de la oposición presentaran una verdadera alternativa al régimen. Se interrumpieron sus actos electorales y se los apartó de las elecciones con acusaciones falsas, mientras se encubrían las actividades ilegales de los candidatos progubernamentales, lo que, por supuesto, dejó al descubierto a la actual «élite» criminal-oligárquica.

Pero a pesar de todos estos sucios trucos, los argumentos de la oposición, liderados por el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), atravesaron el marasmo de mentiras, y las masas le prestaron mucha atención.

Rusia Unida: si no puedes ganar, amaña

El nivel de confianza en las autoridades ha alcanzado un mínimo histórico en los últimos años. Cada día son más las personas que se ven sometidas a presiones económicas insoportables, que se acumulan en sus vidas. Esta desconfianza ha llevado a millones de rusos a rechazar el régimen corrupto de Putin y a buscar una alternativa.

A la hora de votar, el PCFR se encontró por delante del «partido del poder» en varias regiones rusas, así como en un número considerable de distritos de Moscú. El aumento de los votos al PCFR en todo el país indica el deseo del pueblo ruso de deshacerse del yugo de la explotación, el robo abierto y el abuso de poder arbitrario de Rusia Unida y la oligarquía.

Sin embargo, a lo largo de la noche del escrutinio, el número de votos emitidos a favor del PCRF disminuyó milagrosamente, mientras que los de Rusia Unida aumentaron.

Al parecer, el número de votos de los hogares fue manipulado mediante la inclusión de personas fallecidas en el censo electoral. Además, se movilizó a los empleados de las empresas estatales y de muchas empresas del sector privado, y se los obligó a votar a los candidatos y partidos favorables al régimen.

El voto electrónico se explotó ampliamente como forma de robar votos a la oposición. Los resultados del procesamiento de los votos en papel indicaban inequívocamente que los candidatos del Partido Comunista ocupaban los primeros puestos en todos los distritos uninominales de la capital.

Sin embargo, el voto electrónico produjo el resultado contrario: los candidatos pro-régimen arrasaron.

Muchos trabajadores del sector público fueron chantajeados ayudando a amañar el voto electrónico, trabajando junto a un pequeño grupo de los llamados «especialistas en informática» (es decir, falsificadores electorales). Utilizando estos métodos, se registraron muchos votos electrónicos sin que los votantes fueran siquiera informados de su elección.

Al manipular las elecciones, los agentes del régimen quedaron expuestos como fieles servidores de los intereses de los patrones, que desean asegurarse de que un partido político afín a sus intereses siga al frente de Rusia.

Las masas se dieron cuenta de esta farsa. Es inconcebible que los candidatos progubernamentales hayan ganado en todos los distritos uninominales de Moscú, donde el descontento de la población ha alcanzado niveles colosales.

Provocación

Como reacción a este flagrante fraude, muchos moscovitas acudieron a la plaza Pushkin, en el centro de la ciudad, la tarde del 20 de septiembre, para reunirse con los diputados y candidatos a la Duma Estatal del PCFR.

A pesar del tiempo lluvioso y ventoso, y a pesar de la concentración de un gran número de vehículos policiales, un número considerable de personas acudió para alzar su voz contra esta injusticia, así como contra el cinismo absoluto de la clase dirigente y sus representantes.

Los continuos ataques a las garantías sociales –privando a la gente de la oportunidad de tener un trabajo decente, recibir salarios y pensiones normales, tener un techo digno sobre sus cabezas, recibir tratamiento médico gratuito, respirar aire limpio– son la esencia de la política pro-capitalista del régimen.

Dado el nivel de ira y resentimiento contra estas políticas, la única forma que tiene la camarilla gobernante de mantener su control del poder es manipular y falsificar las elecciones, y reforzar el aparato represivo del Estado.

Pero en lugar de acobardarse, estas sucias medidas sólo harán que aumente el ánimo de resistencia en Moscú, y en toda Rusia.

Los oradores de la plaza Pushkin condenaron enérgicamente las acciones del régimen que amañó las elecciones. También subrayaron la necesidad de una acción concertada del pueblo en la lucha por la justicia, además de hacerse eco de la desconfianza con el actual sistema electoral.

Los participantes en el acto apoyaron unánimemente a los oradores, coreando periódicamente consignas como: «¡Abajo los ladrones y sinvergüenzas!», «¡Rusia sin Putin!», «No a la represión política», «¡Libertad a los presos políticos!»

Al final del acto, el primer secretario de la sección moscovita del PC, Rashkin, anunció el inicio de una lucha por unas elecciones justas. Al mismo tiempo, anunció una reunión de los candidatos a diputados con los votantes, prevista para el sábado 25 de septiembre a las 14 horas en la plaza Pushkin. Invitó a asistir a todos los que se oponen al voto electrónico y están indignados por la falsificación de las elecciones.

En los días posteriores al mitin, los activistas del PCFR, así como las organizaciones que marchaban junto a él, comenzaron a enfrentarse a la activa presión policial. Entre ellos había activistas de la Corriente Marxista.

Los vecinos de uno de nuestros compañeros, que fueron interrogados por la policía, dijeron que habían venido a preguntar por él y por sus actividades políticas, y también, como dijo la propia policía, «para informar sobre la inadmisibilidad de las convocatorias extremistas y las reuniones ilegales.»

Esta actividad represiva de las fuerzas estatales y de seguridad interna indica que la lucha no ha terminado. De hecho, está entrando en un estadio superior y más intenso.

El aumento del autoritarismo y la intolerancia del régimen hacia la disidencia significará también una intensificación de la lucha contra él. Muchas capas de la sociedad que tenían ilusiones en reformar el capitalismo ruso se verán obligadas a reconsiderarlo.

El resurgimiento del apoyo al PCFR ya refleja una creciente radicalización y un aumento del estado de ánimo anticapitalista. En el próximo período, este estado de ánimo se profundizará y sentará las bases de explosiones sociales que sacudirán el régimen de arriba abajo.

Putin en la cuerda floja

El régimen de Putin llegó al poder a finales de los años ‘90, cuando Rusia sufría el devastador impacto del colapso de la Unión Soviética. Fue en un momento en el que los jefes del hampa, los ex burócratas y los títeres del imperialismo occidental estaban en pleno apogeo, saqueando el Estado y a la sociedad en general.

A base de golpear a algunos de estos elementos y utilizando los ingresos obtenidos por la subida de los precios del petróleo a nivel internacional, Putin consiguió estabilizar el régimen y proyectar una imagen de sí mismo como padre de la nación: manteniendo a los oligarcas bajo control y asegurando un relativo aumento del nivel de vida.

Ahora, sin embargo, esos días han terminado. El régimen está en un completo callejón sin salida. La corrupción y la decadencia trascienden todos los poros del establishment ruso, y las proclamas patrióticas de Putin no tienen el efecto que solían tener.

Las masas estaban dispuestas hasta cierto punto a aceptar las transgresiones de Putin, siempre y cuando hubiera comida en sus mesas. Pero la cantidad de esa comida disminuye día a día, mientras la camarilla de la cúpula parece vivir su vida a todo lujo.

Lo que está cayendo en la cuenta de mucha gente es que esto es lo mejor que el capitalismo ruso puede ofrecer a los trabajadores y a los pobres del país.

De hecho, el aumento relativo del nivel de vida en los primeros 15 años bajo el mandato de Putin fue excepcional, y ahora Rusia está volviendo a una nueva normalidad en la que las líneas que separan a la clase dominante de los trabajadores y los pobres, se perfilarán con más nitidez que nunca.

Paso a paso, quedará claro para capas cada vez más amplias de la sociedad que el único camino a seguir es la lucha por el Socialismo ¡Por el renacimiento de las orgullosas tradiciones revolucionarias de la clase obrera rusa y de la Revolución de 1917!

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