Puerto Rico: Brutalidad policial en protesta contra compañía eléctrica privatizadora LUMA

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Por Nicole Díaz, Rumbo Alterno

El jueves 25 de agosto, el Viejo San Juan quedó sumido en gas lacrimógeno cuando unidades antidisturbios de la policía de Puerto Rico volvieron a reprimir brutalmente una manifestación frente al palacio del gobernador. La protesta tenía como reclamo principal la cancelación del contrato mediante el cual se privatizó el sistema de transmisión y distribución de energía eléctrica. La ira de la población con la privatizadora LUMA llegó a su punto de ebullición esta semana, luego de una serie de eventos que confirmaron la incapacidad de la subsidiaria de las multinacionales Quanta Services y ATCO para manejar efectivamente la infraestructura eléctrica.

Solo durante el pasado mes, averías sencillas han obligado a varios hospitales a depender durante horas de generadores de emergencia, provocando la cancelación de clínicas y procedimientos quirúrgicos. La frecuencia de los cortes es tal que varios generadores en un hospital de San Juan fallaron por el sobreuso y dejaron sin energía los departamentos de pediatría e intensivo neonatal. Esta misma semana se reveló que LUMA no registra las querellas recibidas por su departamento de servicio al cliente y manipula las estadísticas de interrupciones de servicio. Esto de acuerdo a empleados y ex empleados que también alegaron haber sido hostigados por intentar proveerle apoyo adecuado a los clientes.

Foto: Ricardo Rodríguez Ríos

Desde el traspaso de la red eléctrica a la corporación privada en junio de 2021, su desastrosa gestión ha quedado evidenciada por explosiones y fuegos en subestaciones eléctricas a través del archipiélago, peligrosas variaciones en el voltaje que reciben los hogares y averías cada vez más frecuentes y duraderas. Los problemas se atribuyen a la falta de experiencia de los empleados contratados por LUMA, muchos extranjeros con altos salarios altos, y a que la plantilla de trabajadores es mucho más pequeña que la que mantenía la corporación pública. Además, la propia Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) le ha advertido a LUMA que no está cumpliendo con su deber de darle mantenimiento a las líneas eléctricas.

Como respuesta, el miércoles 24 de agosto, el principal oficial ejecutivo de Quanta Services, el tejano Duke Austin se presentó ante el país en actitud penitente y en sustitución del antipático presidente de LUMA, el canadiense Wayne Stensby. La fallida estrategia de relaciones públicas tenía el objetivo de parar la ola de indignación que reclama la cancelación del contrato, que ya va encontrando eco en comentaristas influyentes y que está poniendo en riesgo la reelección de funcionarios del gobernante Partido Nuevo Progresista (PNP). Sin embargo, las promesas ambiguas y vacías de Austin quedaron muy lejos de ser convincentes. Peor aún, el truco de rodearse de empleados contentos resultó contraproducente, ya que pronto se supo que muchos son activistas del PNP que solían trabajar en la AEE pero obtuvieron mejores salarios en LUMA en puestos para los cuales no están cualificados.

En ese contexto, temprano en la tarde del jueves, personas de todo el país comenzaron a llegar al Viejo San Juan con el lema “Fuera LUMA” para exigirle al gobernador Pedro Pierlusi que cancele el contrato. La convocatoria a una concentración a las 5 de la tarde frente a La Fortaleza fue adoptada por partidos políticos de oposición, organizaciones de izquierda, sindicatos, grupos ciudadanos y hasta asociaciones profesionales, como el Colegio de Médicos. Pese a la amplitud ideológica de la actividad, la presencia de políticos del Partido Popular Democrático, partido de mayoría en la legislatura y aliado del PNP en sus políticas de austeridad y complacencia con la Junta de Control Fiscal, fue rechazada por la multitud. Portavoces de las organizaciones y ciudadanos ofrecieron mensajes utilizando un sistema de sonido ubicado en una camioneta. Caída la noche, el ambientalista Alberto De Jesús, conocido como Tito Kayak, cruzó la barricada custodiada por la policía a un par de cuadras del palacio, y fue inmediatamente arrestado. Aún cuando acabó la actividad planificada, cientos de personas se mantuvieron cantando consignas y haciendo sonar sus cacerolas.

Foto: Ricardo Rodríguez Ríos

La naturaleza pacífica de la manifestación tomó un giro a eso de las 9 de la noche, cuando los policías regulares ubicados en la barricada fueron sustituidos por unidades especializadas con equipo protector de pies a cabeza y armas antidisturbios. Su amenazante presencia era respondida esporádicamente con el vuelo de un huevo podrido o el olor desagradable de una bomba apestosa. A las 9:30 de la noche, ya muy heridas las sensibilidades de los efectivos militarizados, comenzó a sonar el pitido que anuncia la represión. Primero, se sintió el picor del gas pimienta dirigido a las caras de las personas frente a la barricada, entre ellos, miembros de la prensa y observadores legales. Cuando eso sólo provocó que la multitud se retirara unos cuantos metros, se activaron las escopetas de gas lacrimógeno.

En medio de la confusión, varias escuadras de botas negras salieron de detrás de la barricada y se formaron para ejecutar el desalojo. Casi todo el adoquinado Viejo San Juan se convirtió nuevamente en escenario de una lucha callejera entre manifestantes que resistieron la orden de dispersión y los agentes de la fuerza de choque que dispararon balas de goma y perdigones a quemarropa, pisotearon y patearon a quienes caían al suelo y ahogaron en gas a personas que aún no se recuperaban de la embestida anterior. Otras tres personas fueron violentamente arrestadas y deberán comparecer ante un juez en septiembre para la radicación de cargos criminales. Decenas más resultaron heridas, incluyendo a un trompetista de 70 años y a una joven mujer trans que tuvieron que acudir al hospital para remover perdigones incrustados en la piel.

Al día siguiente, el comisionado de la policía, la cual permanece bajo supervisión de una corte de EEUU debido a un patrón de violaciones de derechos civiles, justificó la violenta barrida alegando que sus oficiales habían sido agredidos con huevos, piedras y hasta una pala, que resultó ser parte de la utilería de un actor que se presentó a la protesta en su personaje de Pateco, el sepulturero. Una nueva convocatoria para la noche del sábado está circulando sin atribución en las redes sociales.

Foto: Ricardo Rodríguez Ríos
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