9 septiembre, 2014

¡Por una utilización racional de nuestros impuestos!, ¡No al incremento salarial de los Magistrados de la CSJ!

Con una votación a favor de 11 de 14 magistrados, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se ha decretado un aumento salarial del 15%, si tomamos en cuenta que los magistrados poseen gastos de representación valorados en $1022.86 estuvieran percibiendo alrededor de $5,540.66 mensuales.

Resulta absurdo que hayan justificado este aumento argumentando que “los sindicalistas presionaron por que se aumentaran los salarios”. Si bien es cierto que se aprobaron aumentos salariales para el resto de empleados del sector judicial (alrededor de 10,000 trabajadores) este no se compara con los jugosos aumentos que se recetaron los jueces y magistrados.

Con una votación a favor de 11 de 14 magistrados, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se ha decretado un aumento salarial del 15%, si tomamos en cuenta que los magistrados poseen gastos de representación valorados en $1022.86 estuvieran percibiendo alrededor de $5,540.66 mensuales.

Resulta absurdo que hayan justificado este aumento argumentando que “los sindicalistas presionaron por que se aumentaran los salarios”. Si bien es cierto que se aprobaron aumentos salariales para el resto de empleados del sector judicial (alrededor de 10,000 trabajadores) este no se compara con los jugosos aumentos que se recetaron los jueces y magistrados.

Con un presupuesto solo para salarios de 171 millones de dólares anuales (y este representa la mitad del total de presupuesto asignado para el sector judicial) podemos darnos cuenta como las reglas del sistema capitalista prefieren mantener los órganos de coerción (por decreto constitucional este debe ocupar el 6% del presupuesto general de la nación) sobre otros sectores como la educación.

Creemos que un aumento salarial escalonado para los trabajadores de menor ingreso del sector judicial son correctos, pero el aumento a los magistrados y jueces que de por sí ya tienen un salario oneroso es injustificado en cualquier dimensión en la que quiera ser visto.

El desorden de la economía capitalista

Para poder mantenerse el sistema, los capitalistas deben crear una estructura que le permita contener cualquier intento de los trabajadores para cambiar la situación, así el Estado lejos de ser un conjunto de  instituciones que velan por la sociedad en general realmente salvaguardan los intereses de la clase dominante, en este caso la burguesía.

Esto no quiere decir que en ciertos momentos el Estado no pueda elevarse sobre las clases en pugna, ejemplos como las dictaduras militares en nuestro país o los regímenes fascistas de Europa son muestra de ello, sin embargo en tiempos de “paz relativa” la clase dominante es capaz de permitir privilegios entre los funcionarios del Estado esto con el fin de amoldar a cualquier burócrata en defender estos privilegios y que se aferren a ellos así como Rómulo y Remo se aferraban de la teta de Luperca.

En ese sentido no veremos una oposición a este aumento de parte de la burguesía, al fin y al cabo son los impuestos que nosotros los trabajadores pagamos de donde se tomará para pagarles a los magistrados.

La clave: la participación y control por parte de  los trabajadores    

El problema fundamental es que los trabajadores no tenemos realmente un control sobre cualquier funcionario estatal, la democracia burguesa nos limita a únicamente poder escoger un número pequeño de “representantes” periódicamente sin que asegure un control real de ellos (como salarios, revocabilidad, etc), estas son las reglas del juego burgués, una mínima y controlada cuota de participación con tal de crear una falsa impresión de democracia.

Los revolucionarios abogaremos siempre porque haya una participación real de parte de los trabajadores, podemos ver parte de esta política en los textos de Lenin, así en los “Materiales para la revisión del programa del partido” escrito en abril-mayo de 1917 Lenin proponía extender el escueto punto 11 “la elección de los jueces por el pueblo” a “La elección de los jueces y funcionarios por el pueblo, tanto en la administración civil como en el ejército; la revocabilidad de todos ellos en cualquier momento por decisión de la mayoría”.

Pero estas medidas se ven mayormente evidenciadas en su obra El Estado y la revolución:

1) Elecciones libres con revocabilidad de todos los funcionarios.

2) Ningún funcionario puede recibir un salario más alto que un obrero cualificado.

3) Ningún ejército permanente, sino el pueblo armado.

4) Gradualmente, todas las tareas de administración del Estado se harán por todo el mundo de forma rotativa. “Cuando todo el mundo es un burócrata por turnos, nadie es un burócrata”.

Estas medidas son las que debe promover el FMLN, con ellas podríamos combatir la corrupción, el arribismo, el burocratismo mucho mejor de lo que hasta el momento se ha intentado.

Por una economía planificada que evite el despilfarro

Planificar la economía no se reduce al control de las fábricas, implica también el control del aparato estatal (en la primera fase transitoria hacia el comunismo nos valdremos del Estado para poder garantizar la edificación de una sociedad sin clases), Marx al analizar el fenómeno de la Comuna de Paris con respecto a la reducción salarial que llevaron a cabo los obreros franceses que fueron electos como funciones estatales escribió: “Al suprimir las dos mayores partidas de gastos, el ejército y la burocracia, la Comuna convirtió en realidad la consigna de todas las revoluciones burguesas: un gobierno barato”.

 

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