21 abril, 2020

Otras pandemias que matan, violencia de género en el marco del Covid-19

“Ana Paola, una niña de 13 años, fue asesinada el viernes en su casa en la ciudad fronteriza de Nogales mientras seguía la recomendación del gobierno de no salir del hogar para evitar contagios de coronavirus. El caso provocó la indignación de gran parte de la población, que mostró en redes sociales su incredulidad porque un caso tan brutal se hubiera registrado incluso en plena contingencia por el Covid-19 y en la propia casa de la menor”.1

“Yesenia Menjívar trabajaba cuidando niños en la zona urbana del municipio de Nueva Trinidad, en Chalatenango. Llegadas las 4:00 P.M. del 31 de marzo, salió del trabajo rumbo a su hogar. Nunca volvió a casa. Su madre imaginó que, debido a la situación de emergencia que vive el país por la pandemia del COVID-19, Yesenia había decidido quedarse a dormir en el trabajo. Al día siguiente, el 1 de abril busca interponer la denuncia ante la Policía Rural. Los agentes le dicen que debe esperar 24 horas de desaparecida para poder recibirla. Horas más tarde y luego de la negativa, la familia y la PNC emprenden la búsqueda. Su cuerpo fue encontrado con señales de violencia sexual, eran las 3 de la tarde”.2

“El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió este domingo que se adopten medidas para hacer frente a -un estremecedor repunte global de la violencia doméstica- contra mujeres y niñas ocurridos durante las últimas semanas, debido a los confinamientos decretados por los Gobiernos durante la pandemia del COVID-19. En esta ocasión destacó que la violencia no siempre se limita a los campos de batalla y que la amenaza sobre mujeres y niñas se cierne precisamente en el lugar donde deberían estar más seguras: en sus propios hogares».3

En el contexto de la pandemia por el Covid-19 el aislamiento social y las cuarentenas en casa son de carácter obligatorio, lamentablemente los femicidios y la violencia de género no han parado en ningún momento, como lo vemos a diario a través de distintos medios de comunicación. Esto es una clara muestra que los hogares no necesariamente son lugares de afecto, contención y protección para todos y todas. Para millones de mujeres que padecen situaciones de violencia de género, sus casas se convierten en verdaderos centros de tortura, en espacios de vejámenes y en muchas ocasiones los lugares en donde son asesinadas en manos de sus femicidas.

La violencia de género afecta a mujeres de todas las edades, culturas, niveles educativos, e incluso a mujeres de diferentes clases sociales, aunque las mujeres trabajadoras son siempre las más afectadas; además se manifiesta en los diferentes contextos sociales, familiares y laborales y ninguna parte del mundo está exenta de ella. Es importante aclarar que los datos sobre mujeres asesinadas o denuncias por maltratos son solo la punta del iceberg de una sociedad desigual y cruel. Podemos enumerar varias causas que originan este tipo de violencia, como: factores ideológicos, desigualdades de poder en las relaciones, aspectos educativos y sociales, creencias, mitos y estereotipos sobre la violencia y actitudes sexistas; la lista es larga y los factores que ayudan a perpetuarla, también. Comprender de dónde viene la violencia, cuáles son sus raíces y cuáles son los procesos sociales, políticos y económicos que la mantienen vigente es un ejercicio básico y necesario si queremos erradicar tal mal.

Reconocer que la violencia contra las mujeres no es un acto individual; si no más bien, es un acto de los estados cimentado en el patriarcado y el capital, conlleva a comprender que el capitalismo se desarrolla para controlar los medios de producción y todas las fuerzas de trabajo, por lo tanto, tiene un interés especial en las mujeres, en su cuerpo como la primera fuente de riqueza, ya que reproduce, biológicamente hablando, el resto de las fuerzas de trabajo. Es por esto que existen estas formas de opresión machistas, porque esta brecha entre hombres y mujeres da sustento a las clases dominantes, que de esta forma justifican su explotación y división de clases, haciendo del patriarcado algo natural y profundo.

El sistema capitalista es el que asigna roles fijos a unos y otras con el objetivo de asegurar el sostenimiento y la reproducción de sí mismo, en esta construcción impuesta se le confina a la mujer a un papel de reproductora, cuidadora y trabajadora a un precio paupérrimo y además, como cereza del pastel, esta es tratada como objeto de satisfacción sexual.

Ante situaciones de emergencias climáticas o de salud, como es el caso del Covid-19, la experiencia nos demuestra una y otra vez que estas situaciones tienen una mayor incidencia en aquellos sectores que ocupan un lugar de exclusión y sometimiento en el orden social, es decir las niñas y mujeres. Según el documento “Género y Desastres” (2010), elaborado por el Programa De Las Naciones Unidas Para El Desarrollo: “las mujeres y las niñas ocupan un lugar de especial vulnerabilidad ante los peligros naturales. Esto se ve reflejado no sólo en el alto porcentaje de mujeres y niñas que mueren en la situación como tal, sino también en la incidencia de la violencia de género – en la que se incluyen la violación, la trata de personas y la violencia doméstica –, que aumenta de forma exponencial durante y después de los desastres”.4

Otro documento a citar es el informe “Estado de la población mundial 2015: Un refugio en la tormenta” elaborado por El Fondo de Población de las Naciones Unidas.5 Este plantea que debe haber especial atención durante y después de las emergencias, para evitar que se propaguen círculos de violencia doméstica, abusos sexuales y cualquier otro tipo de problemas que sitúen a las mujeres y niñas en una posición especial de peligro y que vulneren sus derechos humanos.

Una verdadera sociedad igualitaria no podrá alcanzarse mientras exista la dominación entre clases, desigualdades entre hombres y mujeres que se traduzcan en vulnerabilidad y riesgo que unos u otras tienen frente a un desastre natural o social. Se vuelve imprescindible investigar y contrarrestar los distintos factores que contribuyen a esta vulnerabilidad, por lo tanto, las emergencias deben atenderse con un enfoque de género y crear políticas públicas que aborden con total seriedad estas situaciones tan complejas. Es pues necesario tener claridad que la salida ante tales injusticias debe de pensarse no individualmente sino en forma colectiva; es decir la emancipación de las mujeres forma parte intrínseca de la liberación de la humanidad y sin esta es imposible obtener avances económicos, sociales, democráticos y políticos significativos.

Ante tales evidencias es indispensable insistir que no hay forma de terminar definitivamente con la opresión hacia la mujer, sin combatir de raíz la base material que la origina y se beneficia de ella, es decir la explotación capitalista. La desaparición del usufructo de una clase por otra y el reemplazo de la propiedad privada de los medios de producción por la propiedad social son las condiciones para lograr ese cambio e iniciar la construcción de una nueva sociedad, distinta y verdaderamente igualitaria, sin explotación ni opresión.

Fuentes:

  1. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52194295
  2. https://arpas.org.sv/2020/04/a-yesenia-la-asesinaron-en-medio-de-la-cuarentena
  3. https://news.un.org/es/story/2020/04/1472392
  4. https://www.undp.org/content/undp/es/home/librarypage/crisis-prevention-and-recovery/gender_and_disasters.html
  5. https://www.unfpa.org/es/swop-2015