El impacto de la revolución bolchevique en Centroamérica

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Autor: 
Ricardo Ayala

En octubre de 1917 la clase obrera tomó el poder en Rusia iniciando la revolución socialista. Existen muchas mentiras y distorsiones sobre este acontecimiento, pero lo cierto es que se estableció el régimen más democrático de la historia de la humanidad. Esta revolución abarcaría una sexta parte de la tierra y realizó una profunda transformación que sacudiría al planeta entero. El proletariado en Rusia se convertiría en el ejemplo de los explotados de un mundo donde las noticias viajaban lento pero se fueron abriendo camino para anunciar el nacimiento de esta nueva sociedad a los países vecinos hasta los lugares más recónditos. Cada uno de los países fue sacudido de una u otra forma por este acontecimiento. A esto hay que sumar que en América México había vivido una revolución que también jugaría un papel de impulso de la lucha en Centroamérica. Las revoluciones son contagiosas.

Europa vivió una ola de revoluciones, otros países vieron escindir a sus organizaciones de masas para dar paso a la formación de partidos comunistas llenos de jóvenes obreros radicales que luchaban por la revolución mundial y en otros casos la revolución bolchevique inspiró la creación de los primeros sindicatos y partidos obreros que asumían la insignia de comunistas. Centroamérica vivía condiciones de atraso económico cuando se consumaron los acontecimientos en octubre de 1917, no existían casi organizaciones obreras y de hecho el proletariado aun no terminaba de configurarse y formarse plenamente, eso no impidió que la fuerza de la revolución proletaria impactara e impulsara la lucha de clases y las organizaciones obreras.

Atraso económico y desarrollo desigual

La independencia Centroamérica iría rompiendo los vestigios feudales pero teniendo poco desarrollo industrial, estableciéndose relaciones capitalistas en el campo. El desarrollo capitalista se vio coartado por la propia incapacidad de la burguesía que no pudio de llevar adelante las tareas de su propia revolución empezando por la unidad nacional. Aunque unida en su historia, la balcanización de Centroamérica llevaría a un desarrollo separado de sus inviables naciones que tuvo ciertas particularidades en cada país pero que, en general, no consiguió un gran desarrollo industrial ni salir de la economía agraria ya entrado el siglo XIX.

La independencia centroamericana fue capitalizada por los criollos y una capa de mestizos que fueron favorecidos y constituyeron las nuevas oligarquías locales que nunca lograron unificarse. La federación centroamericana se partió en 1840. Con la independencia cada estado tuvo ciertas particularidades en su desarrollo pero en general lo que vimos es el desarrollo de relaciones capitalistas en el agro; poca industrialización, derivado de la incapacidad de las oligarquías; un proceso de acumulación de capital de imperialistas y oligarcas; la inviabilidad de cada Estado y una subordinación, directa o indirecta, al imperialismo.

En Nicaragua fueron filibusteros aventureros como William Walker quienes iniciaron la tradición invasora de los imperialistas y empezaron a comerciar sin importar lo que dijeran los campesinos o el gobierno oligarca que siempre terminó subordinándose al capital norteamericano, eso llevaría a levantamientos armados contra los invasores, siendo el más importante y consecuente el de Augusto Cesar Sandino de los años 20. El imperialismo terminaría imponiéndose y construiría ellos mismos el Estado nicaragüense usando como instrumento a la dinastía de los Somoza. Nicaragua, sin embargo, sería de todos el país más atrasado económicamente y por eso ahí el impacto de la revolución rusa fue menos fuerte. Aunque hubieron combatientes comunistas actuando en este país como el salvadoreño Farabundo Martí y campañas internacionales de solidaridad hacia la lucha de Sandino de los comunistas.

Un punto de inflexión en el proceso de desarrollo económico fue la construcción del ferrocarril inter-oceánico en 1855 que sacaba por un lado del aislamiento a la región, generaría cambios importantes en las relaciones económicas y tendría consecuencias en la lucha de clases.

Capitalistas estadounidenses empezaron a saquear los recursos naturales y a explotar a la población en su beneficio. A partir de la fusión de dos grandes compañías agrícolas se fundó en 1899 la UnitedFruit Company que adquiriría una enorme fuerza en Costa Rica, Guatemala y Honduras, imponiendo su política y subordinando a los gobiernos en turno.

En Guatemala ya existía capital extranjero, como el alemán que se introdujo al sector cafetalero, pero fue la entrada de capital norteamericano lo que marcaría un punto de inflexión creándose un gobierno dictatorial títere dirigido por Manuel Estrada Cabrera (1998-1920) apoyado políticamente por el imperialismo. La economía se trasladó de la producción del café al banano. La burguesía estaba dividida en dos partidos: el liberal en el gobierno y el conservador en la oposición.

El caso salvadoreño fue un poco distinto púes, aunque hubo intromisión económica imperialista, la oligarquía local mantuvo las riendas de la sociedad y gran poder, aunque manteniendo su dependencia económica. Lo que Marx llama el proceso de acumulación originaria, después de la independencia, se dio con el control de grandes extensiones de tierra de la clase dominante que constituyó a la oligarquía, El Salvador tenía como mercancía principal al añil que su producción todavía podía convivir con la gran propiedad capitalista de la tierra, la pequeña propiedad y la tierras comunales de los pueblos indígenas. La burguesía decidió dar un giro hacia la producción cafetalera que veía más rentable, para ello uso al Estado controlado por ellos mismos bajo la dinastía Meléndez-Quiñonez para implementar leyes que promovían la producción del café y luego justificaban el arrebato de las tierras de pequeña propiedad y comunales. Sumado a ello se dieron leyes contra la vagancia para obligar a los campesinos que se les había arrebatado la tierra a trabajar la de los capitalistas.

Al convertir a El Salvador en una república del café se consiguieron algunos éxitos momentáneos que permitieron, con la producción y venta a gran escala de esta mercancía, desarrollar la economía, eso trajo como resultado también el crecimiento de algunas ciudades como San Salvador y el surgimiento del proletariado en las ciudades. Esto no se dio de forma inmediata, lo que predominó en un primer momento eran los talleres donde iban jóvenes buscando aprender un oficio. Se dio un tránsito desde el artesanado al proletariado. En esa etapa encontró la revolución rusa a Centroamérica.

 

Costa Rica y Honduras

Es un proceso natural que la clase obrera con su desarrollo ve la necesidad de organizarse. Al estar en un estado de gestación sus primeras organizaciones tuvieron un carácter mutualista, eran sociedades de apoyo para los trabajadores necesitados o caídos en desgracia, un caso conocido es el del primer tipógrafo costarricense, Pantaleón Abarca, quien murió en la pobreza y la enfermedad, fue ejemplo para crear este tipo de sociedades. El mutualismo por un lado promueven la colaboración de clases y puede ser apoyado e impulsada desde el Estado, pero por otro lado el trabajador aprende a organizarse dando paso al nacimiento de los sindicatos y partidos obreros. En 1917, ideológicamente, el naciente proletariado centroamericano no lograba asumir su propia independencia y estaba muy influido por tendencias burguesas pero el peso del bolchevismo impactará marcando su posterior desarrollo.

Las primeras organizaciones de artesanos y obreros centroamericanas apoyan comúnmente a alguna de las facciones de la burguesía. Este fue el caso de la Liga de Obreros de Costa Rica. Después de la revolución rusa el movimiento obrero costarricense se diferenció y pocos meses del triunfo del proletariado ruso, en junio de 1918, protagonizaron varias huelgas y para 1920 una huelga general por la reducción de la jornada laboral a 8 horas. Esta evolución daría paso a nuevas formaciones obreras y ya para 1929 se creó el Bloque de Obreros y Campesinos y dos años después el Partido Comunista.

Costa Rica no fue el único caso, con la revolución bolchevique el movimiento obrero en Honduras entro en ebullición y huelgas, éste se escindió en dos alas, una mutualista y otra que se abrazó a las ideas clasistas del comunismo. De acuerdo con una militante obrera de la década de los veinte, “fue en 1918 cuando los proletarios hondureños organizaron los primeros círculos de estudio marxista, ‘que fueron embrión del partido de los trabajadores’”. [1]

Se dio un intento de formar un Partido Comunista en Centroamérica, como detallaremos más adelante, en Honduras se formó una sección del mismo en 1922 pero en realidad este sólo sería un pequeño grupo, un embrión que conformaría el partido años después.

México había vivido su propia revolución y sus sectores avanzados fueron impactados también por la revolución bolchevique, ellos jugarían un papel en la organización comunista centroamericana. Lenin y Trotsky veían a la revolución rusa como el inicio de la revolución mundial y formaron una organización para impulsarla y dirigirla: la Internacional Comunista. Con ese internacionalismo revolucionario, comunistas radicados en México, incluyendo exiliados, viajarían a Centroamérica, empezando por Guatemala, para apoyar la organización de los comunistas de esta región.

Desde México se enviaron cuadros para apoyar el trabajo comunista, Russell Blackwell (Rosalío Negrete) se internó en 1925 en Honduras para ayudar a la organización comunista, pero sería capturado por el Estado y deportado, significando un duro golpe para la PCM. Años después Blackwell junto con Julio Antonio Mella se posicionarían a favor de las ideas de la Oposición de Izquierda de Trotsky frente al proceso de estalinización del partido.

Pese al golpe que significó la salida de Blackwell el trabajo se siguió desarrollando con los trabajadores hondureños. Existe un informe de Félix Lloveras, gerente del Banco Atlántida en la Ceiba, quien fue a Wachingtón donde relató al Departamento de Estado Estadounidense el ambiente de agitación entre los trabajadores:

“Las organizaciones en la Ceiba estaban completamente imbuidas con bolchevismo y los periódicos obreros a menudo citaban las obras deLenine (sic) y Trotzky (sic) y los tenían como ejemplos para el hombre trabajador… Los comunistas locales al presente, hasta dónde sabía, eran hondureños, pero sin duda estaban en correspondencia con comunistas en México y recibían instrucciones de estos últimos”. [1]

Años después, en 1927, se conformaría, a partir de una organización llamada Sociedad Leninista, el Partido Comunista de Honduras bajo la dirección de Manuel Cálix Herrera.

 

El Salvador

Las noticias de la toma del poder del proletariado ruso generaron un ambiente de ebullición entre el naciente proletariado en las ciudades. Miguel Mármol, un joven obrero zapatero de El Salvador, recuerda como las noticias de la revolución rusa llegaban de forma distorsionada: “la prensa nacional diría venía cargada de propaganda contraria a una revolución acaecida en un lejano país del cual yo apenas había oído hablar, pues sólo sabía de su participación en la gran guerra mundial: Rusia”. [2] Se hizo una moda, que él dice era para desprestigiar a la revolución, con productos estilo “bolchevique”, como caramelos bolcheviques, zapatos bolcheviques, etc. que se encontraban en el mercado.

El Estado creó un grupo paramilitar al que llamó La Liga Roja para tratar de confundir a los trabajadores y que reprimía abiertamente las manifestaciones de los trabajadores. Como diría Anderson: “Aunque aparentemente se trataba de una organización laboral, los fines de la Liga eran profundamente políticos, y a pesar de que parecía un organismo ligado al Partido Bolchevique, de hecho era un instrumento para manipular a las clases bajas en beneficio de la camarilla en el poder”. [3] En Rusia ocurrió años atrás algo similar, fue la misma policía zarista, con la dirección de Sergei Zubatov, quien organizó los primeros sindicatos con el fin de controlar a la clase obrera, la Liga Roja fue un experimento zubatovista salvadoreño.

La verdad encuentra su camino y las noticias de Rusia abren acalorados debates entre los trabajadores que comprenden que gente como ellos han tomado el poder y comenzado a construir una sociedad a favor de ellos mismos. Al mirarse en medio del régimen represor de los Meléndez-Quiñonez y en su condición de pobreza, los trabajadores buscan la forma de organizarse. Un periódico llamado El Submarino Bolchevique, proveniente desde Panamá, era leído en los talleres, donde el ambiente conspirativo crecía, se hacían reuniones clandestinas y se buscaba cómo dar la lucha contra el enemigo local.

Una muestra de ese ambiente electrizante se puede entender en las palabras de Mármol: “Todo aquello me inspiró una ardiente simpatía por eso que no pasaba aún de ser para mí una palabra que había que cuidar mucho, pronunciándola en voz baja: revolución”. [2]

En 1920-1921 ese ambiente se materializó en una serie de huelgas y en 1923-1924 se crearon los primeros sindicatos que surgieron sin protección legal pero sí como una necesidad de la clase obrera de organizarse.

La revolución rusa, además de animar a los trabajadores a luchar despertó un ambiente de unidad proletaria que llevó a la búsqueda de organización a nivel centroamericano. En 1924 se constituiría la Confederación Obrera Centroamericana (COCA) que sería conocida en El Salvador como La Regional.

Farabundo Martí, encontrándose en el exilio, formaría parte de la fundación del Partido Comunista Centroamericano, pero este partido en realidad no tendría un fuerte arraigo en El Salvador. En 1929 la Federación Regional de Trabajadores se incorporaría a la Confederación Sindical Latinoamericana, impulsada por los comunistas. Fueron los sectores más conscientes de los nacientes sindicatos quienes formarían en 1930, como parte de una evolución natural del movimiento obrero y una política consiente de cuadros comunistas, el Partido Comunista de El Salvador (PCS). Desde México fue enviado a Jorge Fernández Anaya para ayudar en la construcción de del PCS quien complementó esfuerzos junto a otros comunistas como el peruano Jacobo Hurwitz y el venezolano Ricardo Martínez.

La formación del PCS está marcado por un ambiente de radicalización del proletariado urbano y rural, después de la crisis de 1929 que llevó al país a la quiebra por la caída de los precios internacionales del café. En 1930, Farabundo Martí regresa al país y se convertiría en el indiscutible dirigente del movimiento comunista.

La revolución rusa se enfrentó a múltiples dificultades, empezando por la reconstrucción del país que se dificultó porque le fue impuesta una guerra civil por la invasión de 21 ejércitos extranjeros impulsado por la burguesía internacional para aplastar al Estado Obrero. El proletariado soportó eso y más, pero al final la revolución no se pudo extender, hubo derrotas revolucionarias debido a la traición de los reformistas de la segunda internacional y la inexperiencia de los Partidos Comunistas. Luchar contra el aislamiento era vital pues Rusia era un país atrasado económicamente con un proletariado e industria pequeñas. Las masas que combatieron con heroísmo cayeron en cansancio y desánimo y eso permitió el ascenso de la burocracia que aplastó con sangre la democracia obrera y dejó de pugnar por la revolución internacional defendiendo la bandera del socialismo en un solo país y la oportunista teoría de la revolución por etapas que se traduce en conciliación de clases. Esa nueva teoría y esos métodos, tan alejados del auténtico bolchevismo, fueron generalizándose en toda la internacional. Cuando nace el PCS fueron esas ideas distorsionadas del bolchevismo las que lo formaron.

Aun sin contar con una teoría adecuada no se puede negar que los fundadores del PCS eran abnegados revolucionarios que luchaban por el comunismo. Sin dinero, sometidos a condiciones de pobreza se echaron bajo sus hombros la construcción de esta organización, viajando de pueblo en pueblo caminando por kilómetros y kilómetros y agitando a favor de la revolución. Cuando un comunista caía víctima de la represión estatal las familias quedaban desamparadas. Fue necesario construir otra organización para ayudar a los combatientes revolucionarios y sus familias a la que le llamó el Socorro Rojo Internacional. Ésta sería menos dogmática y permitiría el desarrollo mayor de las fuerzas del comunismo. Fue Farabundo Martí, con el que Fernández Anaya y otros dirigentes del PCS mantuvieron críticas y diferencias, el principal dirigente del Socorro Rojo Internacional y del movimiento comunista salvadoreño.

Este joven Partido Comunista y el Socorro Rojo Internacional, con su inexperiencia, se vieron sumergidos en la vorágine de acontecimientos y a una insurrección revolucionaria en 1932 que terminaría en una masacre sangrienta, empezando con el asesinato de Martí junto con los estudiantes Luna y Zapata y la posterior fusilamiento de miles de campesinos indígenas. Esta derrota mostró el heroísmo de los combatientes comunistas y abonaría una tradición revolucionaria en este país.

Guatemala y el Partido Comunista Centroamericano

Como hemos visto, la revolución rusa sirvió como un catalizador de la lucha de clases en Centroamérica animando a los trabajadores a ir a la batalla quienes vieron en el ejemplo del proletariado ruso la forma de ajustar cuentas con la clase capitalista local y sus Estados autoritarios pero estos no solo no contaban con un partido bolchevique sino que ni siquiera contaban casi con organizaciones sindicales. Las ideas del marxismo no eran conocidas y después de octubre de 1917 llegaban a cuentagotas a través principalmente de México (El Machete, periódico del PCM, tenía importante distribución en Centroamérica) pero eran pocos los textos que llegaban de Lenin y Trotsky. La naturaleza abolió el vacío e inicialmente tendencias burguesas capitalizaron parte del descontento pero los obreros más avanzados buscaron la forma de construir organizaciones con independencia de clase que enarbolaran las ideas de la nueva sociedad que se anunciaba con el bolchevismo.

A finales de 1917 hubo terremotos que destruyeron varios edificios de Guatemala, la pobre respuesta del gobierno de Estrada Cabrera aumentó su desprestigio. El movimiento obrero estaba en estado de fermento, construía sindicatos y luchaba por su reconocimiento y fue avanzando en su unificación, sin embargo el descontento popular fue capitalizado por el ala burguesa conservadora que formó el Partido Unionista y realizó manifestaciones contra el gobierno de Estrada que derivarían en una lucha armada y su derrocamiento en 1920. El movimiento obrero fue arrastrado tras los unionistas pero pronto serían traicionados. Pese a todo esta lucha mostró a los obreros su propia fuerza y frente a la traición de la burguesía los trabajadores continuaron la lucha por sus propias reivindicaciones como lo eran los aumentos salariales que llegaron al corazón del proletariado de la UnitedFruit Company. Estas luchas eran impulsadas por organizaciones mutualistas y los sindicatos que comenzaban a formarse. La respuesta del nuevo gobierno fue la franca represión.

Un sector de los trabajadores claramente se identificó con las ideas del comunismo y ganarían la dirección del sector de panaderos y formaría, como una escisión a la izquierda del movimiento obrero, la Unificación Obrera Socialista el 1° de mayo de 1921 cuando se celebró la primera manifestación del día de los trabajadores realizada en Guatemala. De este grupo de obreros, dentro de los que ya se encontraba Obando Sánchez, el histórico dirigente comunista guatemalteco, se formaría la base que fundaría el Partido Comunista de Guatemala.

La revolución en México permitiría importantes reformas sociales para las masas pero donde sus sectores más consecuentes con los intereses de las masas, villistas y zapatistas, fueron derrotados y el ala burguesa se coronaría victoriosa. Pese a ello este fue un país de exilio y organización para los revolucionarios centroamericanos y de otros países. Pero también de exportación de revolucionarios. En 1921 un comunista estadounidense, Richard F. Phillips, y un anarquista español, Sebastián San Vicente, fueron expulsados de México hacia Guatemala y realizarían una importante labor de organización de los trabajadores y agitación revolucionaria. Edgar Woog (Alfred Stirner), el comunista suizo fundador del Partido Comunista Mexicano, mantendría discusiones con la USO combatiendo tendencias anarquistas y socialdemócratas en su seno y empujándolos a que se unieran a la Internacional Comunista.

Fue en 1923 que se formaría el Partido Comunista de Guatemala (PCG) el primero de toda Centroamérica que sería aceptado en la Internacional Comunista. Sus militantes tenían que lidiar con el allanamiento de su local, encarcelamientos como el caso de Alberto del Piñal y hasta asesinatos de sus militantes. Este partido sacaba proclamas haciendo llamados a la huelga general y a seguir el ejemplo del bolchevismo en Rusia. Es en medio de este ambiente represivo que en base al PCG y seguramente bajo la directriz del PCM se impulsa la creación del Partido Comunista de Centroamérica en 1925 que busca el establecimiento del socialismo por medio de la conquista del poder y la implantación de la dictadura del proletariado pugnando por su adicción a la Tercera Internacional. Si bien este partido no logra consolidarse si agruparía a personajes por demás influyentes como Farabundo Martí y sería impulsor de la construcción del Partido Comunista de Honduras.

El Partido Comunista de Guatemala, pionero de Centroamérica, sería desmantelado en 1932 en medio de lucha de clase intensa en la región y la ola reaccionaria que se abrió que significó la entrada de la dictadura de Jorge Ubico. Pero el primer PCG generó una tradición que sería ejemplo para la construcción del partido comunista fundado tras la revolución de octubre de 1944 en Guatemala.

Mantengamos en alto la bandera del bolchevismo

La revolución rusa arrastró tras de sí a lo mejor de la sociedad. En cada país de Centroamérica lo que nos encontramos entre los primeros comunistas es a militantes valerosos que se entregaron en cuerpo y alma a la causa del comunismo enfrentándose a todo tipo de adversidades materiales, de relativo aislamiento y represivas.

Algunas ideas de los principales dirigentes y teóricos de la revolución rusa, Lenin y Trotsky, fueron distribuidos y estudiados en Centroamérica pero de una forma limitada. Hoy tenemos la ventaja de que es mucho menos difícil acceder a esos materiales que en los años 20. La revolución rusa es importante no porque es algo de la historia y el pasado, sino porque nos sigue mostrando el camino para la emancipación de la clase obrera hoy. Desde los primeros círculos a la toma del poder en Rusia pasaron tres décadas, esto es un tiempo pequeño en la historia de la humanidad. Un revolucionario consecuente debe saber que no hay atajos y es necesaria la herramienta que permitió el triunfo del proletariado ruso: un partido revolucionario cimentado en la teoría del auténtico marxismo revolucionario. Vale la pena dedicar nuestra vida a construir el arma emancipadora de la revolución socialista.

La revolución rusa es el acontecimiento más glorioso realizado por una masa de explotados pero también el acontecimiento que más distorsiones históricas ha tenido. Así como en Centroamérica, hace 100 años, el naciente proletario encontraba el camino a la verdad, así nosotros lo debemos hacer. Tenemos una tradición de lucha revolucionaria gloriosa e inspiradora, pero debemos complementarla con el estudio a profundidad por parte de cada obrero, estudiante, ama de casa, desempleado y revolucionario de la teoría marxista y las lecciones de la revolución rusa. Para ello lo mejor es estudiar a profundidad directamente a Marx, Engels, Lenin y Trotsky y en particular la revolución rusa de 1917, traduciendo esas ideas en organización revolucionaria ligada al movimiento de masas de la clase trabajadora.

NOTAS

[1] Mario R. Argueta, Historia de los sin historia, Editorial Guaymuras.

[2] Roque Dalton, Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador, UCA editores.