Andes 21 de Junio, un legado de tradiciones y lucha sindical que debemos continuar

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Autor: 
Oscar Armando Romero —Trabajador de la Educación

Breve reseña histórica y origen de la clase obrera

“Hablar de sindicalismo, es hablar de una constante lucha por defender los intereses de las trabajadores y trabajadores, por la mejora de las condiciones laborales, por impulsar cambios en las estructuras económicas, sociales y políticas, por construir organización; pero también es hablar de persecución, represión, traiciones, asesinatos y estrategias por destruir la organización por parte de empresarios y gobiernos y, de muchas prácticas violatorias a las libertades sindicales".1   

 

El sindicalismo y la organización obrera en nuestro país nos lleva directamente a los miles de mujeres y hombres anónimos que ofrendaron lo más preciado que poseían—sus vidas—por ver liberado a su pueblo y a sus hermanos de clase de los tiranos, oligarcas, colonizadores e imperialistas de toda calaña, que una y otra vez quieren agenciarse el derecho de ser patronos irrevocables de este reducido espacio de tierra llamado El Salvador. La famosa marcha del principal partido de la derecha en este país reza que “…libertad se escribe con sangre, trabajo con el sudor…”, dicho escritor tenía razón cuando en su retorcida cabeza hacia alusión las formas bajo las cuales se rige esta sociedad, lo que no menciona el nefasto autor es que esa sangre y ese sudor han sido, son, y siguen siendo de la clase trabajadora, de los campesinos, de los menos afortunados del país, y que han sido los que promueven dicha marcha de la desgracia, los que por años han derramado la sangre de la clase trabajadora y siguen exprimiendo el sudor de nuestro pueblo para mantener sus privilegios.

 

La clase trabajadora con un instinto natural ha buscado siempre la forma de organizarse y defender sus derechos por medio del elemento básico organizativo dentro del sistema de producción capitalista: el sindicato. Desde la implantación del capitalismo en nuestro país alrededor de 1860, los trabajadores comienzan a organizarse en forma de sociedades mutualistas, estas asociaciones reflejaban así mismo el incipiente desarrollo capitalista dado que la industria comenzaba a desarrollarse, y la forma prevaleciente de producción era mayoritariamente artesanal. Aun así, los trabajadores conformaron las primeras agrupaciones tales como La Sociedad de Artesanos “La Concordia”, fundada en 1872 que llega hasta 1940, y la Sociedad de Artesanos de El Salvador, la cual en 1873 incluso publicaba un periódico llamado “El Obrero”.

 

El desarrollo industrial se expresó en la época por medio del establecimiento de fábricas textiles, talleres de zapatería, sastrería, panaderías y otras formas productivas. Este impulso de las formas de producción en mayor escala llevó al mismo tiempo al origen y expansión de la clase trabajadora que comienza a utilizar las formas tradicionales de lucha como la huelga. Así por ejemplo en 1919, con la introducción del ferrocarril para el transporte del café, se impulsa una huelga de ferrocarrileros. En la medida que el capitalismo comenzaba a establecerse como la forma dominante de generación de riqueza y mercancías, la clase obrera se fortalecía y aumentaba su peso determinante en la sociedad, y ya por 1924 se forma la Federación Regional de Trabajadores de El Salvador (FRTS).

 

Con la primera crisis del capitalismo a nivel mundial conocida como “el gran crack”, el país sufre de sus ondas expansivas, y sus secuelas impactaron de forma determinante el funcionamiento normal de la economía de mercado que ya era la que predominaba por la época. La combinación de esta crisis y los antecedentes de finales del siglo XIX cuando el gobierno de turno aprobó un decreto de eliminación de las tierras comunales y ejidales, para utilizarlas en el desarrollo del cultivo del café en la zona occidental del país, dejando sin tierra a gran parte de los agricultores indígenas, fueron el caldo de cultivo que originaron un enorme descontento y pequeños levantamientos de la población indígena, que desembocaron posteriormente en la insurrección del 32. Los sindicatos tanto del campo como de la ciudad jugaron un papel protagónico en estos sucesos, junto con el joven Partido Comunista Salvadoreño que aglutinaba entre sus filas una militancia de mayoría obrera y que incluía entre sus precursores a docentes como Víctor Manuel Angulo y Juan Campos Bolaños. Esta insurrección es reprimida salvajemente y la clase dominante coloca a la cabeza de la nación para resguardar su estatus quo al tirano Maximiliano Hernández Martínez.

 

Represión, persecución y combate contra las dictaduras de turno

 

La clase trabajadora sufre una derrota terrible luego del 32, de la cual no se recuperaría sino hasta pasados varios años. La represión de la dictadura de Hernández Martínez durante y después de la insurrección es de carácter sangriento, miles de obreros, campesinos y población indígena fueron masacrados a punta de metralla. El derecho a la organización sindical es eliminado junto con otras libertades políticas y de pensamiento, pero esto sirve al mismo tiempo para la acumulación del descontento y contribuye a un nivel de organización y trabajo político superior debido a que se tienen que desarrollar formas clandestinas de realizar la propaganda, agitación e integración de más trabajadores al movimiento.

 

Martínez es derrocado por un extraordinario movimiento huelguístico donde participaron una gran cantidad de sindicatos, trabajadores no organizados, estudiantes, amas de casa, docentes y muchos más. La dictadura era una manzana podrida la cual no podía seguir sujeta al árbol, y cayó al primer soplo de viento de los trabajadores quienes entraban nuevamente al escenario de la lucha de clases luego de varios años de permanecer aparentemente desarticulados y dispersos; pero esto demostró en la práctica que había sido un periodo de preparación previa, y que las masas no podían seguir viviendo como lo habían hecho hasta entonces y la clase dominante no podía seguir gobernando como lo había estado haciendo bajo la figura de Martínez, estas condiciones definían la situación prerrevolucionaria del momento.

 

Con la Huelga de Brazos Caídos, se da un paso importante ya que demostró la vigorosidad del proletariado salvadoreño y los intelectuales vanguardistas; pero no logra hacer retroceder al Estado burgués quien sigue teniendo el sartén por el mango por medio de los hombres armados y se impone otra figura militar, llegando al poder Osmín Aguirre, quien al igual que su predecesor desata otra campaña de represión, persecución y exilio de dirigentes sindicales y populares. Aunque el nivel de represión era feroz, los trabajadores siguen utilizando sus métodos de lucha y se lanzan a continuas huelgas, entre las que destacan las de los ferrocarrileros, zapateros y panificadores. Ante las constantes huelgas llevadas a cabo en condiciones represivas, los gobiernos de turno legalizan en 1945, el derecho de huelga, otra conquista más de la clase obrera.

 

La gran unión nació

 

La entrada en escena de otras capas de la clase trabajadora anteriormente menos activas marcó el periodo de finales de la década de los 60’s. Los batallones pesados de los trabajadores—los obreros de la industria—habían marcado el paso de las luchas y huelgas anteriores. Pero la sociedad se seguía radicalizando y ahora el movimiento sindical y huelguístico se extendía a los estudiantes, maestros y maestras. Esto al mismo tiempo reflejaba un poco de cansancio de los trabajadores industriales, quienes habían sido los protagonistas en las décadas pasadas.

 

En 1968 se lleva a cabo una Huelga General que aglutinó alrededor de 35,000 trabajadores de diferentes sectores. El detonante fueron las condiciones de los trabajadores de la fábrica Acero S.A. de Zacatecoluca, quienes convocan a la huelga por mejores salariales, seguridad laboral y un mejor trato de la patronal. Se hace un llamado a la solidaridad por medio de la FUSS y la CGS e incluso de estudiantes aglutinados en la AGEUS. Esta huelga cuenta con la simpatía de miles de trabajadores que progresivamente se van sumando al llamado hasta que la patronal cede ante las peticiones y muchos trabajadores no alcanzaron a incorporarse debido a la desconvocatoria que se realizaría luego. Esto demostraba en la práctica de quién es el que tiene el poder real en una sociedad capitalista. De haberse planteado la cuestión del poder a los trabajadores, estos no hubieran dudado en seguirse movilizando, los capitalistas y el gobierno de turno ante el temor de perderlo todo, simplemente cedieron ante la presión de la clase trabajadora y sus peticiones.

 

Las cosas no eran mejores para los trabajadores del sector público, en especial los docentes. Años atrás—1965—los educadores ya habían sentado las bases de lo que sería más adelante ANDES 21 DE JUNIO, cuando en ese año se realiza el Congreso Nacional de Educadores y se declaran los estatutos que serían aprobados en 1967 por el Ministerio del Interior. Concluye así, uno de los objetivos planteados por los docentes pioneros de la organización sindical que buscaban la dignificación del gremio.

 

El contexto del nacimiento de ANDES, está marcado por la implementación del gobierno de turno de Fidel Sánchez Hernández de la Reforma Educativa. Hay que hacer notar que el gremio atravesaba una situación de precariedad extrema, donde las plazas disponibles eran muy pocas comparada con la cantidad de docentes graduados, los salarios de los docentes no se correspondían con el costo de la vida, los niveles de desempleo eran también altos—condiciones que incluso se mantienen hoy en día—todo esto se sumaba al ambiente de combatividad de los trabajadores en general. La Reforma iba orientada a modificar el currículo nacional con la intención de adaptarla a la situación política y económica de la región que estaba ya dominada e influenciada por el imperialismo norteamericano que sentía cómo su patio trasero se agitaba cada vez más con ideas revolucionarias procedentes del contexto mundial y temía perder el control. La triunfante Revolución Cubana era un faro de esperanza para los pueblos, y los norteamericanos no estaban dispuestos a que otros países de Latinoamérica siguieran su ejemplo.

 

Washington decide entonces intervenir con la Alianza para el Progreso, como contrapeso a las ideas revolucionarias que se expandían rápidamente como la pólvora. El objetivo central era invertir en la región con industrias ligeras para lo cual se necesitaría mano de obra cualificada y esto pasaba por modificar los planes de estudio y capacitar a los docentes para su ejecución. Con esto aparentemente generarían miles de empleos y expulsarían el fantasma del comunismo de las mentes de los trabajadores y el resto de la sociedad; pero en el fondo lo que se buscaba era la consolidación del régimen de explotación capitalista, el cual ni en sus mejores momentos ha sido capaz de generar pleno empleo.

 

ANDES se opone a las intenciones del Estado de querer aplicar dicha reforma, en ese momento la gremial ya contaba con alrededor de 4,000 docentes afiliados, y exigen su no aplicación junto con una serie de demandas para la mejora sustancial de los docentes a nivel nacional. La Reforma es considerada como autoritaria ya que tampoco toma en cuenta la postura del gremio con respecto a las modificaciones que querían aplicarse. Los docentes no logran revertir la Reforma, pero arrancan concesiones al Gobierno de Sánchez Hernández: un leve incremento salarial; el estudio de la Ley de Escalafón; disponibilidad para los docentes de ser atendidos en el Hospital de ANTEL, independencia del partido oficial de derecha—PCN—y fortalecimiento de la identidad gremial entre otros.

 

La herencia de nuestros compañeros, el legado que defendemos

 

La gremial continuó por la senda de la dignificación docente. Las batallas iniciales y las que se desataron en años posteriores, produjeron toda una generación de luchadores comprometidos con la educación del pueblo salvadoreño, también con los cambios profundos en beneficio de las masas empobrecidas del país. Líderes de la talla de Mélida Anaya Montes y Mario López surgen al calor de los enfrentamientos con el aparato represivo del Estado que incluía no sólo los hombres armados, sino que también el MINED.

 

La represión del Estado comienza a colocar en su lista negra a líderes y docentes destacados en la organización sindical, muchos llegan a la conclusión que la lucha armada es la única alternativa a la feroz persecución y comienzan a tener acercamientos con otras organizaciones que simpatizan con la misma idea. La defensa armada de los sindicatos y demás organizaciones se vuelve una necesidad imperante. Esto se mezcla con el método del foquismo guerrillero que tuvo éxito en países como Cuba y Vietnam, pero que no podía aplicarse mecánicamente a todos los países y contextos. Muchos docentes toman las armas ya no para la defensa de sus organizaciones, sino para el derrocamiento por la vía armada del gobierno y su dictadura militar a través de la guerra popular prolongada.

 

Muchos compañeros docentes también caen víctimas de la persecución despiadada de los militares y sus organizaciones paramilitares. Alrededor de 850 docentes son asesinados, desaparecidos o exiliados, en su mayoría militantes de ANDES. La cuota de sangre y sacrificio es invaluable, la guerra civil pasa factura a la gremial, despojándola de buena cantidad de sus mejores elementos, muchos de los actuales militantes que sobrevivieron a esta barbarie son fieles testigos de lo sucedido y de cómo la historia del sindicato ha sido escrita a sangre y fuego. Al finalizar el conflicto armado, el sindicato entra en la etapa de la postguerra, donde el capitalismo arremete con gran ímpetu y busca de nuevo afianzar sus tentáculos en la sociedad. La burguesía se afianza en el poder por medio de elementos provenientes de sus propias filas, utilizan al nuevo partido de derechas para profundizar sus planes de ajustes estructurales iniciados con el presidente Duarte y el PDC. Así ARENA es la expresión máxima dentro del Estado de los intereses de clase de los capitalistas, banqueros, terratenientes y el mismo imperialismo norteamericano.

 

ANDES comienza a recuperarse lentamente y se enfrenta de nuevo a los planes de los gobiernos burgueses de seguir manejando la educación como herramienta de dominación de la sociedad, prueba de ello es la Huelga de 1990, que se oponía a una nueva Reforma Educativa que buscaba en pocas palabras la privatización de la educación, siguiendo los dictados del FMI y el BM. La batalla del magisterio rindió sus frutos y se logró detener dicha Reforma en sus puntos más neurálgicos, garantizando que la educación continuara siendo pública y gratuita.

 

Los combates que se avecinan no dejan de ser relevantes, puesto que se enmarcan nuevamente en una prolongada crisis del sistema de producción capitalista, de la cual no hay expectativas de una pronta recuperación. Los mismos estrategas burgueses afirman que habría un estancamiento de la economía de por lo menos unos 50 años. Los capitalistas buscarán la forma de salir nuevamente de esta crisis, pero a un costo mucho más alto de sus antecesoras recesiones, no pararán de atacar las condiciones de vida de las masas, ya que buscan que la crisis la paguemos todos, excepto ellos. La única alternativa ante la barbarie es la revolución socialista, Rosa Luxemburgo advirtió de ello hace muchos años cuando afirmó que se tenía que llevar a cabo la revolución o la clase trabajadora pagaría altos niveles de barbarie por no conquistar el poder. ANDES tiene que incluir en sus objetivos inmediatos la educación a gran escala y la elevación del nivel de consciencia de la clase trabajadora en líneas socialistas, que permita comprender a las masas esta imperiosa necesidad. Nueve décimas partes de la revolución depende de esto, de la agitación, propaganda, organización y movilización. Debemos apostarle a un programa socialista que saque al gremio y al resto de la sociedad de la crisis.

 

¡El futuro es de esperanza, el presente es de lucha!

¡Maestros a luchar!



[1] CSTS. (2003). Movimiento Sindical en El Salvador. Historia Fotográfica, 1, 4.