Preparémonos para las elecciones de manera revolucionaria

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Autor: 
Daniel Alejandro García

Trotsky, uno de los máximos dirigentes de la revolución rusa explicó que el socialismo necesita la democracia así como el cuerpo necesita el oxígeno, ésta afirmación contiene una verdad elemental para todo revolucionario: solamente con la participación de la clase obrera en los debates fundamentales, en la planificación y ejecución de las tareas es posible la construcción del socialismo. No es accidental que  Lenin en su obra El Estado y la revolución explicara que la tarea de la destrucción del viejo aparato del Estado burgués será posible en la medida que la reducción de la jornada laboral otorgue el tiempo necesario para que la clase obrera puede entrar de manera efectiva al campo de la política, es decir, a la toma de decisiones.

¿Puede aplicarse esta afirmación a la construcción de un partido obrero? Las organizaciones obreras son elementos vivos, cambiantes, a medida que estos acuerpan al conjunto de la clase obrera las presiones crecen, la entrada de elementos nocivos a la izquierda es inevitable, tendencias ajenas a los intereses y reivindicaciones de la clase obrera pueden desarrollarse y elementos que antes jugaron un papel revolucionario pueden ceder ante presiones de los capitalistas. No existe una fórmula mágica para evitar esto, pero si métodos que combatirían su desarrollo. En el momento en el que nuestro partido, el FMLN, se prepara para afrontar las elecciones de 2018 creemos que es necesario reestudiar algunos principios revolucionarios, sobre todo con las capas más jóvenes o nuevas de nuestro partido.

Si leemos el primer estatuto de nuestro partido podemos observar que “El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional es un Partido Político democrático, revolucionario y socialista”, cuando nuestro partido se define como socialista y revolucionario debemos preguntarnos entonces: ¿Qué es el socialismo y quienes realmente lucharían por construirlo? ¿Qué clases pueden jugar un papel revolucionario? Responderemos de manera muy resumida: el socialismo es un estadio económico donde los grandes medios de producción dejan de pertenecer a un pequeño grupo de personas (ya sea mediante expropiación o nacionalización), la economía adquiere un carácter planificado y los beneficios son utilizados para elevar los niveles de vida de las masas,  evidentemente podemos descartar de inmediato a los grandes empresarios para esta tarea, actualmente son los poseedores de todo y los que más afectados en sentido negativo se encontrarán ante una revolución socialista, al contrario, serán los que con más fuerzas se opondrán ante medidas a favor de la clase obrera, confiar en ellos es el equivalente a encerrarse en una jaula con un tigre hambriento y confiar que no nos devore. A contrario sensu, solamente la clase obrera puede jugar un verdadero papel revolucionario, la pequeña burguesía (o lo que en nuestro partido se denomina “clase media”) puede ser ganada a la lucha pero bajo la condicionante de aceptar un programa obrero.

La primera tarea que podemos desprender de esta idea es la de romper cualquier ilusión de alianzas con sectores de la gran burguesía y orientar nuestro crecimiento hacia los trabajadores y la juventud oprimida.

Pero ganar trabajadores y jóvenes no es suficiente, es necesario que estos puedan verter sus opiniones y decidir lo más conveniente para nuestro partido, desconfiar de su capacidad sería un grave error, es cierto que un trabajador no cuenta con un tiempo abundante para construir al partido, pero es precisamente por esto que un trabajador honesto, al interesarse por la política aprovechará esas escasas horas para aprender, esclarecer sus dudas y sacar las conclusiones políticas adecuadas. Los trabajadores al ser educados en la lucha de clases, en la extenuante  jornada laboral y en los constantes ataques de su patrón están más predispuestos que nadie a sacar conclusiones revolucionarias.

En el pasado nuestro partido ha tenido que enfrentar a elementos oportunistas que aspiraban a ser los candidatos en las elecciones (por ejemplo el movimiento renovador) esto no se originó por la participación de los obreros en las internas del partido, sino por la falta de lineamentos de clase sobre los candidatos a alcaldes, diputados y/o presidentes, un criterio de militante (por ejemplo haber participado mínimamente 6 meses de forma responsable y activa en el partido) debería darle el derecho a la base para poder decidir algunos aspectos (en materia electoral). Quienes serán nuestros candidatos para ser electos deben defender un programa revolucionario y en caso de ser necesario decidir si hay que remover a aquellos representantes que no luchen por él.

¡La apertura a la democracia interna es la alternativa para luchar contra la degeneración burocrática y oportunista en el interior del partido!