El centralismo democrático y su utilización por los revolucionarios

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Autor: 
Daniel Alejandro García

La  necesidad  de  rediscutir los principios básicos de las organizaciones revolucionarias adquiere una vital importancia en el periodo en que la burguesía y sus representantes políticos cierran filas para contrarrestar cualquier medida a favor de la clase obrera. Estos debates deben ser impulsados en todos los niveles de nuestras organizaciones (FMLN, sindicatos, organizaciones sociales, etc.) y deben tener una orientación concreta: fortalecer los instrumentos revolucionarios, depurar de sus filas a elementos oportunistas y orientar al conjunto del partido a la lucha activa por el socialismo. Cualquier objetivo fuera de esto no solo derrocharía una cantidad de tiempo importante, del cual los revolucionarios no podemos jactarnos de tenerlo, sino que además volvería un tema de debate importante en una falsificación de discusión interna dotándola de pedantería y academicismo que debe ser repelido del seno de nuestras organizaciones.

El centralismo democrático es la piedra angular sobre el que se desarrollan los demás principios revolucionarios, no es casualidad que Marx, Engels, Lenin y Trotsky abogarán por la utilización de este método en la construcción del partido.

Debemos comenzar explicando que si bien es cierto de manera teórica los principios del centralismo democrático fueron desarrollados por los revolucionarios anteriormente mencionados, estos se encuentran diseminados en una amplia cantidad de artículos y resoluciones. Esto refleja, evidentemente, que para poder desarrollarlos no bastó con que surgieran de la genialidad de estos teóricos, tal Atenea surgiendo de la cabeza de Zeus, sino que son un producto directo del desarrollo del movimiento obrero y del estudio minucioso de cómo la clase obrera respondía ante determinados acontecimientos, las polémicas internas, cómo tomaban decisiones y cómo las ponían en práctica. Así como la experiencia de la Comuna de París significó un punto de impulso en la doctrina marxista del Estado, la participación revolucionaria de los clásicos dotó a estos de los elementos necesarios para crear una directriz organizativa que garantizara el sano desarrollo de los partidos obreros.

Para los trabajadores es de suma importancia tener un método de cómo decidir y cómo llevar a la práctica esas decisiones. A diferencia de la democracia formal, la democracia obrera presupone la entrada en acción o la retirada de los trabajadores en la lucha, ya sea de manera general o de forma táctica en acciones específicas, como por ejemplo una huelga. Para que una huelga sea efectiva es necesario que los trabajadores la realicen de manera audaz y contundente, que sea apoyada por la mayoría de estos, claro está que esto solo puede ser así si el conjunto de trabajadores o su mayoría decide emprender tal tarea, es decir, que estos hayan tenido previamente un espacio para discutir la necesidad de la lucha, y que producto de la discusión de manera consiente y voluntaria decidan lanzarse a la acción.

La primera idea entonces es que el centralismo democrático es una manera de tomar decisiones y ejecutarlas.

Sin embargo, esta toma de decisiones no se limita únicamente a actividades prácticas, esto solo es un punto de partida para poder entender el concepto. Dentro de un partido revolucionario el centralismo democrático adquiere una connotación de primer orden al ser el método para decidir el programa que defenderá el partido, estas orientaciones solo pueden surgir del debate, es una aberración suponer que en un partido obrero sano, la línea de acción emane únicamente de la dirección de cada partido (comités centrales, juntas directivas, comisiones políticas, etc.) y deban ser asumidas sin rechistar por las bases. Si bien es cierto los marxistas abogamos por la disciplina revolucionaria esta disciplina solo puede ser exigida si previamente la militancia -entendiéndose a esta como aquellos que han probado su compromiso con la lucha revolucionaria- ha tenido la oportunidad para discutir cada una de las directrices.

 

El debate, la facilidad en las organizaciones para poder verter opiniones y la oportunidad de que se pueda votar al respecto se convierte en el elemento democrático básico de este método.

Sin embargo, la democracia debe ser entendida también como la imposición de la mayoría sobre la minoría, a los revolucionarios no debe asustarnos esto. Si un partido tiene los espacios adecuados, los métodos establecidos para llevar a cabo las votaciones (por medio de delegados, congresistas, asambleístas, etc.), y una dirección, no impositiva sino que asegure la convocatoria de congresos y espacios de decisión, no debe representar ningún problema que existan minorías a la hora de tomar decisiones. El centralismo democrático en uno de sus principios aboga por la máxima amplitud -que las circunstancias permitan claro está-de la discusión pero también sobre la máxima unidad en la acción.

En próximos artículos concluiremos estos puntos, desarrollando: Centralismo y democracia: ¿son excluyentes?, ¿Cómo se deben acatar las decisiones?, principios fundamentales del centralismo democrático, el centralismo democrático en el FMLN ¿es necesario revalorar nuestros métodos de discusión?