Intelectualidad y revolución

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Autor: 
Raúl Dubon

“El estudiante revolucionario sólo puede contribuir si, en primer lugar, vive un proceso de autoeducación revolucionaria rigurosa y coherente y, en segundo lugar, si se liga al movimiento obrero revolucionario cuando todavía es estudiante. Permítanme aclarar que cuando hablo de autoeducación teórica me refiero al marxismo no falsificado” (León Trotsky). 

 Es innegable la importancia de los intelectuales en la revolución, sin embargo esta intelectualidad no debe poseer conocimientos parciales de la realidad, sino que debe ubicarse a la par de los trabajadores para explicar la realidad en la que ellos viven, eso evitará que se caiga en sectarismo. El sectario en la parcialidad de su comprensión, se ve a sí mismo como un maestro y orquestador de la revolución, sin embargo, su mayor error es no comprender el proceso de toma de conciencia del proletariado.

Los marxistas que tienen acceso a la educación y a la formación de su intelectualidad no limitan su conocimiento tomando al marxismo como dogma, sino que leen incluso las publicaciones de la “intelectualidad burguesa”, dando respuestas a las ideas que producen para engañar a las masas. Es tarea de todo revolucionario consecuente que, al haber tenido acceso a la educación superior, su formación y su producción intelectual corresponda a los intereses del proletariado.

Existe dentro del capitalismo la comercialización del pensamiento, por lo cual varios intelectuales no dudan en vender su pensamiento a los intereses mezquinos de la burguesía. La creación de instituciones que responden a la cúpula empresarial como FUSADES, se debe a la dificultad que acarrea el no poseer los medios de creación y difusión de información de nuestro pensamiento revolucionario, el cual debe expandirse por medios modestos, tal es el ejemplo de nuestra organización que solo cuenta con una prensa mensual y una página web.

Manheinem decía que “la intelectualidad es objetiva”, lo cual es un absurdo, el hecho de tener formación teórica no impide que estemos determinados socialmente, sobre todo en una sociedad dividida en clases. La objetividad es una panacea dentro del capitalismo, incluso hemos visto libros como “El gen egoísta” que trata de justificar la pobreza, atribuyéndole un origen genético, este falso argumento sirve para justificar el capitalismo y la desigualdad social que este desarrolla.

En este periodo de crisis capitalista se hace imperativo divulgar el único pensamiento emancipatorio: el marxismo revolucionario. No por medio del adoctrinamiento de los obreros, sino con la formación que les permita empezar el camino y sacar sus propias conclusiones revolucionarias. En esto nos distanciamos de la forma de pensar del sectario, el cual cree que enseñará como un profesor en las filas obreras, y explicar cómo hacer una revolución.

Dentro del capitalismo la intelectualidad solo se divide mediante dos hechos, esto se denota mayormente en el campo de las ciencias sociales, el hecho de justificar el statu quo y el hecho de criticarlo. Este último hecho no es una crítica que busca mejorarlo, sino una crítica que se orienta hacia la transformación completa del mismo.

Será solo dentro de una sociedad socialista que el pensamiento humano en todos los niveles tendrá la expansión suficiente y necesaria, libre de opresión burguesa. Es la única forma en que el género humano logre el control de sus vidas, no el estudio de relaciones de clase, sino el estudio de acciones en pro de la humanidad y el perfeccionamiento de la misma. Mientras esta tarea no se realice, nuestra tarea será la lucha constante contra el sistema, la formación consecuente del proletariado en las ideas del marxismo, y la crítica intransigente a la intelectualidad burguesa, a los sectarios y a los reformistas que postergan la revolución.

La única forma de liberar a la izquierda mundial, en general, y a los obreros en particular ante el lastre del estalinismo, que heredó un reformismo bañado de frases seudo revolucionarias, es la divulgación de las verdaderas ideas del marxismo, llevarlas a los obreros más consecuentes para que ellos saquen sus conclusiones, es decir, que se formen. Es tarea de los intelectuales que pertenecen a las filas del proletariado acompañar en este esfuerzo y tratar de hacer las ideas del marxismo lo más asimilables posible, no como sustitutos de los textos originales, sino como incentivos para leer los propios textos.

¡Por intelectuales que respondan a los intereses de liberación del proletariado!