TSE: Apuntes sobre la democracia burguesa

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Autor: 
Fabio Aguilar

El Salvador está a menos de un año de las elecciones de alcaldes y diputados, programadas para marzo de 2018. Diversas propuestas de personajes han surgido en los últimos días, tanto en la derecha representada por ARENA, como en la izquierda representada por el FMLN. Debemos tener en cuenta que, por un lado, los candidatos de derecha, llenos de desprestigio y polémicas, defenderán a capa y espada los intereses de la burguesía; y por otro lado, se espera que los candidatos de izquierda defiendan ideas y un programa que compagine con los intereses de la clase trabajadora. En este sentido, la cuestión electoral del país es punto de referencia para los marxistas, en tanto sus resultados son síntoma del ánimo de las masas respecto a la lucha por sus demandas más sentidas.

Inmersa en lo profundo de esta coyuntura está una limitante del sistema capitalista  y  su estructura política: la incapacidad del Estado burgués y sus  instituciones para  garantizar el cumplimiento de la democracia burguesa. Nos referimos aquí, a la crisis fiscal del Estado frente a las exigencias en el tema de recursos que las elecciones necesitan.

En los últimos meses, esto se ha visto reflejado en la lucha librada entre el Ministerio de Hacienda y el Tribunal Supremo Electoral (TSE), la disputa hunde sus raíces en el monto del financiamiento para las próximas elecciones. El presupuesto solicitado por el TSE asciende, según la solicitud hecha a Hacienda el pasado abril, a $39.9 millones, para sostener la preparación, desarrollo y análisis de resultados de las elecciones. El ministro de Hacienda, Carlos Cáceres, sugiere un recorte a este presupuesto de $14.1 millones, argumentando que suele haber despilfarro en cuestiones que no competen a las elecciones, por ejemplo, las reuniones del TSE en hoteles lujosos. No es que Hacienda niegue los fondos para las elecciones, esta decisión al final le compete a la Asamblea Legislativa, según el Código Electoral.

Consideramos que los costos de las elecciones han aumentado debido a los nuevos mecanismos creados para elegir cargos públicos. Mecanismos que según los voceros de la democracia burguesa “garantizan más la participación y la capacidad de decidir por parte de la población”. Pero que, en realidad, son trampas del sistema político para confundir a las masas. Y que se les permite funcionar debido a la burocracia que sostiene el sistema político-electoral del país, que se acopla, directamente al carácter burgués de la democracia que nos gobierna actualmente, y de ello devienen las prácticas de despilfarro de los fondos electorales.

En esta problemática los verdaderos revolucionarios debemos agitar desde las bases de nuestras organizaciones tradicionales: el FMLN y los sindicatos consecuentes, para preparar medidas revolucionarios y socialistas; que busquen acabar con esto, proponiendo, en primera instancia, que el TSE debe estar  formado  por            representantes de  los  trabajadores sindicalizados, del partido FMLN en el gobierno (elegidos democráticamente en las bases de los mismos); y de elementos de los partidos de derecha. Con el fin de que sus funciones beneficien más a los trabajadores. Esto es posible combinando la lucha parlamentaria con la lucha de calles. Debemos plantear esto, pues al final los revolucionarios luchamos porque la clase trabajadora conquiste el poder en todos sus ámbitos y gobierne según sus intereses.

Desde aquí debe lucharse por sistemas y mecanismos de votación que prioricen el programa o plataforma de cambio, antes que la cara o la simpatía de ciertos candidatos, y luchar por transformar la democracia burguesa en democracia proletaria. Los representantes de los trabajadores y del FMLN en esta instancia no deben ganar más que un obrero cualificado. Solo de esta forma, podremos combatir la burocracia y despilfarro de nuestro sistema político electoral.

Por supuesto que lo anterior debe ir acompañado por la lucha para salir de la crisis estatal, por medio del desconocimiento de la deuda externa, la nacionalización del sistema de pensiones, y un combate a la elusión y evasión fiscal, es decir, una política fiscal revolucionaria, menester del FMLN en el gobierno para garantizar, entre otras cosas, un presupuesto electoral que responda a la transformación de la democracia burguesa en proletaria.

Los marxistas hemos planteado y defendido históricamente, que las elecciones en el marco de la democracia burguesa no son un fin en sí mismo, sino un medio para conquistar instancias de poder político, y estando en ellos demostrar las limitantes del Estado burgués para cumplir con las demandas de la clase trabajadora, como agitación para transformar estas instancias en órganos de poder proletario. Por lo tanto, nuestra tarea es actuar en consecuencia de esto.