Los trabajadores de la ciudad debemos emular a nuestros compañeros en los cantones: ¡Nuestra mejor defensa son los comités de autodefensa!

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Autor: 
Daniel Alejandro García

En el 2014 el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia lanzó el plan “El Salvador seguro”, contemplando su funcionamiento para un periodo de 5 años, con perspectivas de resultados que irían desde los 6 meses hasta los 10 años y con un presupuesto de 2,100 millones de dólares. Esta apuesta evidentemente reflejaba la realidad por la que atraviesan miles de familias trabajadoras: los altos niveles de inseguridad producto directo de la descomposición del sistema capitalista.

En los últimos años los homicidios registrados por Medicina Legal han venido variando considerablemente. En el año 2014 fueron 3,912, en 2015 fueron 6,640 asesinatos, 2016 cerró con 5,278 y según declaraciones de Oscar Ortiz en los primeros 4 meses de 2017 se han registrado 1,157 homicidios, no negaremos que las medidas implementadas por el gobierno han tenido cierto efecto, sin embargo, las bases sobre las que se han sustentado los planes de seguridad no son estables, sobre todo en un periodo de crisis de la economía capitalista, donde el gobierno está siendo presionado por las entidades financieras internacionales y por los partidos de derecha para realizar recortes en materia social (como lo vimos en el reajuste del Presupuesto General de la Nación para hacerle frente a la crisis de pensiones). Y debido a la misma degradación a la que está sometida la clase obrera, de no contar con un programa socialista para afrontar la crisis y sin un llamado serio a la participación de los trabajadores en tareas de seguridad los viejos niveles de violencia regresarán y de una manera más profunda.

¿Cómo responden las clases oprimidas ante esto?

En momentos de “normalidad” los trabajadores tienden a confiar en las instituciones del Estado para que estas les garanticen  bienestar, sin embargo, suponer que esta confianza será eterna es un error, tarde o temprano la clase obrera buscará medios alternos para garantizar su seguridad, muestra de ello son los grupos de autodefensa que han salido a la vista pública luego que la prensa burguesa capitalizara su formación como una forma de difamación  a las medidas de seguridad del gobierno.

En  este último periodo  el tema ha alcanzado cierta relevancia, a tal punto que tanto el ministro de seguridad, el director de la Policía Nacional Civil, la procuradora para la defensa de los derechos humanos, así como diputados de izquierda y de derecha se han visto obligados a posicionarse al respecto. 

Saludamos con entusiasmo la conformación de grupos de autodefensa en las comunidades, creemos que las tareas de seguridad deben recaer en las manos de los trabajadores, sin embargo, creemos también que tan importante tarea debe estar acompañada de un amplio debate en el seno de las clases oprimidas, de tal forma que la iniciativa no sea ahogada y entorpecida por la legalidad burguesa o aplastada por los elementos lumpenproletarios contra los cuales se está luchando.

Las pandillas o lumpenproletariado son un producto natural de una sociedad divida en poseedores y desposeídos, no son exclusividad del capitalismo, al respecto Engels en La guerra campesina en Alemania escribía: “El lumpenproletariado en sus formas más o menos desarrolladas es un fenómeno común a todas las etapas de la civilización. En aquel tiempo el número de gentes sin profesión definida ni residencia fija estaba en aumento, pues al descomponerse el feudalismo aún reinaba una sociedad que dificultaba el acceso a todas las profesiones y esferas de actividad con un sinnúmero de privilegios”.

A pesar de no ser exclusivos de la sociedad capitalista es en esta donde el lumpenproletariado adquiere su forma de degradación más profunda y muestra también de manera más abierta la bestialidad con la que defenderán sus intereses. En los primeros seis meses del año 2013 mientras se desarrollaba la famosa tregua con las pandillas se registraron 1,149 casos de extorsiones, en 2015 el presidente de Asociación de Transportistas de Pasajeros (ATP), Roberto Soriano, señaló que tuvieron que pagar $37 millones a las pandillas, en ese mismo año la Policía Nacional Civil registraba 2,121 denuncias por extorsión, en 2016 FUSADES publicaba un estudio donde asegura que el 42 % de los casos de extorsión que sufren las micro y pequeñas empresas (MYPES) son efectuadas por pandillas de la misma forma en 2014,  de esto derivamos otra conclusión importante: las pandillas no enfocan sus ataques únicamente a la clase obrera, a pesar de esto, sería totalmente erróneo suponer que afectan de la misma manera  a los grandes empresarios, a las MYPES y a los trabajadores, son estos dos últimos quienes viven la violencia a flor de piel.

El plan de seguridad al que hacíamos referencia al principio del artículo tenía como eje principal la prevención, orientando el 74 % de los recursos para esto, de ese monto el 52 % serían orientados a educación y empleo, creemos totalmente acertado, que el eje principal sea destruir la base económica que engendra a las pandillas, el problema reside en que el plan no pone sobre la mesa la erradicación del capitalismo para poder sustentarlo. Mientras siga existiendo la propiedad privada de los medios de producción las pandillas no dejarán de existir, tampoco resuelve otro problema fundamental: ¿Cómo combatir al conjunto de lumpenproletariados que no quieran abandonar su estilo de vida?

El papel de las armas y el uso de la violencia

A todos los trabajadores honestos nos parecen aborrecibles los actos criminales de las pandillas, la brutalidad con la que ellos actúan provoca asco generalizado, sin embargo, sería un error explicar el problema de la violencia desde un punto de vista moralista. Los revolucionarios tenemos la tarea de explicar el uso de la violencia como lo que es: una herramienta de las clases sociales en defensa de sus intereses, el nivel que esta violencia alcance están aparejados a los niveles de degradación de la clase que la ejerce.

El 25 de abril de este año La Prensa Gráfica (LPG) publicaba la nota: “Comunidad se arma contra pandillas”, haciendo referencia al grupo de autodefensas que se había formado en Tecoluca, bastaron unas semanas para que se hicieran públicos otros grupos: en San José de la Montaña en Zacatecoluca, Guadalupe la Zorra en San Luis La Herradura, La Laguna en Chalatenango, y posiblemente existan muchos más. Todos los grupos comparten características similares: son grupos armados que piden se les de legalidad por parte del gobierno. Existe una comunicación entre la policía y estos grupos, y tuvieron que organizarse ante el avance de las pandillas que huyendo de las ciudades quisieron enquistarse en los municipios y/o cantones  donde la policía no podía hacerles frente.

En la publicación de LPG del 25 de abril podemos leer: “la clica Shadow Park Locos Revolucionarios llegó a tener hasta 90 miembros que impregnaron miedo a los campesinos. La comunidad estaba paralizada. Los pandilleros no permitían que cualquier institución de Estado ingresara, prohibieron los cultos religiosos y las celebraciones, según los reportes policiales.”

Clausewitz, uno de los mejores estrategas militares que ha tenido la historia escribía en su obra magna De la guerra: “La fuerza, es decir, la fuerza física (porque no existe una fuerza moral fuera de los conceptos de ley y de Estado) constituye así el medio; imponer nuestra voluntad al enemigo es el objetivo”. Suponer que las pandillas pueden ejercer tal control sin el uso de amenazas o que los grupos de autodefensa podían lograr sus objetivos sin recurrir al uso de las armas es una falacia, de esta manera suponer que el uso de la violencia esta desligada de nuestros objetivos y que el dialogo abstracto solucionará las cosas es lo que Clausewitz criticaba abiertamente: “las falsas ideas surgidas del sentimentalismo son precisamente las peores”.

La violencia obrera y campesina no alcanzará nunca los elementos barbáricos de la violencia ejercida por la gran burguesía o por el lumpen, para los revolucionarios el uso de las armas tiene un carácter tanto defensivo como ofensivo, cualquier avance de la clase obrera o cualquier medida promovida por el FMLN para desmantelar a las pandillas tendrá como contraparte lo que ya Trotsky explicaba en el programa de transición: “la exacerbación de la lucha del proletariado significa los métodos de resistencia por parte del capital”. La estrecha visión de elementos como Howard Cotto director de la PNC, o de los reaccionarios arzobispos de San Salvador y la procuradora para la defensa de los derechos humanos no logran alcanzar a comprender que la mejor alternativa que tenemos los trabajadores es prepararnos para una lucha en contra de los elementos que de por sí ya están acabando con nuestra clase, entre más medidas implemente el gobierno y menos participación de los trabajadores exista, la clase obrera solo se está preparando para ser carne de cañón para las pandillas.

En 2015 escribíamos: «el 9 de noviembre del 2014 La Prensa Gráfica publicaba: “En San Esteban Catarina vecinos patrullan armados y controlan quién ingresa”, en esta nota se daban datos que muestran de forma embrionaria  lo que pensamos de los comités de autodefensa obrera: Una población de alrededor de 7,000 personas, en lo que es la zona más segura de todo San Vicente, registrando el ultimo homicidio en el 2011 (hasta la fecha de la redacción del artículo, debemos averiguar tanto usted amable lector como nosotros qué ha sucedido en estos últimos meses), inclusive se dejaron de registrar el hurto y robo de ganado que era su delito más común,  ¿Cómo lograron esto? Pues formando comités de Defensa Comunitarios en los que participa una cifra nada despreciable de 800 personas de siete cantones distintos, con tareas específicas, y claro están armados, lo más importante con lo que cierra la nota: “Todos los habitantes están involucrados con la seguridad. Si se organizan asambleas vecinales asiste toda la comunidad y todos mantienen comunicación”»

Existe un temor que los grupos de autodefensa se degeneren en grupos de exterminio, como marxistas condenamos a estos grupos que nada tienen que ver con nuestra visión de trabajadores organizados, pero una cosa es tener un temor y otra luchar por que estos grupos no se degeneren, las organizaciones obreras (organizaciones de izquierda o comunitarias, sindicatos y el FMLN) deben extender su mano a los comités que se están desarrollando. Una posición tímida por parte de nuestro gobierno no ayuda en nada, es necesario que para evitar cualquier derramamiento innecesario de sangre o la degeneración de estos se explique la necesidad que estén directamente vinculados a asambleas vecinales, donde puedan participar elementos del ejército y de la PNC de manera democrática, que los elementos que lo conformen sean electos por las comunidades y que se cree un plan nacional de comités de autodefensa.

Nuestros compañeros en los cantones nos están dando un gran ejemplo a los trabajadores y a la juventud de las ciudades, la mejor forma de acompañarlos en su lucha por la seguridad es creando un frente de autodefensa barrial que proteja también la seguridad en las fábricas y demás centros de trabajo, ¡confianza en nuestras fuerzas, solo los trabajadores podemos salvar a los trabajadores!