¿Cuál es el siguiente paso luego de la aprobación de la ley contra la minería metálica?

Versión para impresoraVersión para impresora
Autor: 
Allison Madrid

Ya se ha analizado y hemos informado antes en este periódico sobre el impacto eco-social que hubie­ra tenido la minería metálica en El Salvador, en el caso  de que se le hubiese dado el permiso a la empresa minera Ocean Gold de intervenir y ex­plotar dentro del territorio salvadoreño, más específicamen­te en El Dorado, San Isidro, en el departamento de Cabañas. Las cosas han cambiado radicalmente en los últimos meses, por eso en este caso se pretende enarbolar y analizar la vic­toria que ha tenido El Salvador luego de una lucha incesante que duro más de una década por parte de diferentes organi­zaciones ambientalistas al lograr la prohibición de la explota­ción minera, convirtiéndose así en el primer país en el mun­do en prohibir por completo la minería en su territorio.

El pasado miércoles 29 de marzo del presente año, la Asamblea Legislativa aprobó con 69 votos los 11 artículos de la ley para prohibir la minería metálica en El Salvador. Dicha ley contempla la prohibición absoluta de la exploración y explotación minera en el país, así como el uso de sustancias tóxicas como el cianuro. Esto ha sucedido después que el Estado salvadoreño había estado librando una lucha por ganar la demanda que la empresa Ocean Gold había puesto en contra, en la cual el juicio de la CIADI fa­lló a favor del Estado salvadoreño. Así como también, luego de años de lucha por parte de organizaciones ambientalistas y de la sorpresiva intervención de la iglesia católica y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), quienes fueron los que presentaron la iniciativa de ley el pasado mes de febrero.

Es necesario plantear, aunque sea de una manera muy su­perficial, el significado económico que hubiera tenido la in­tervención de la minería metálica, la cual no hubiese signifi­cado un gran impacto en el crecimiento económico del país, ya que, no era más del 0.5 % del PIB y que a su paso deja de­mostrado que la minería no representa ningún tipo de desa­rrollo para la población, sino solo para sus dueños capitalistas. Era entonces muy claro que la minería metálica bajo sus ma­las prácticas de extracción no iba a tener más que un impacto negativo a nivel ambiental, social y económico; si se analiza­ba los gastos que podía significar solventar las consecuencias a futuro que conlleva la explotación de minerales pesados, las desventajas son más que las supuestas ventajas. Aunque la aprobación de esta ley es un gran paso para la población sal­vadoreña, la lucha no ha terminado. Resulta que tanto en Gua­temala como en Honduras se sabe de proyectos de minería que terminarían contaminando el río Lempa, ya que este río -principal fuente de agua en el país- nace en Guatemala, y su cuenca continua en Honduras hasta llegar a El Salvador, por tanto, la minería metálica sigue siendo una amenaza latente.

Se debe entender que bajo la lógica capitalista no hay ninguna esperanza, y que las leyes en sí mismas no resuelven nada. Aun así la aprobación de esta ley debe inspirar al movimiento de lucha para conseguir más conquistas, por apoderarnos, como explo­tados desposeídos, de los recursos naturales y utilizarlos de for­ma racional y equilibrada para solventar nuestras necesidades.

Con esto no despreciamos la importancia de contar con una ley que prohíba la minera, es más, debemos luchar porque se vuelva una ley constitucional, de tal manera que no pueda ser derogada fácilmente. Sin embargo, hacemos énfasis en que la lucha por la defensa del medio ambiente no debe terminar allí, sino que debe vincularse con otros problemas fundamentales que afectan a los oprimidos, por ejemplo la crisis hídrica, el país está en un punto muy crítico con relación a la contaminación tan profunda que sufre el recurso hídrico estando más de 98 % en un grado alto de contaminación, según estudios de Minis­terio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN). Esto debe ser motivo de organización y concientización de la clase trabajadora en defensa de sus recursos vitales, a las diferentes organizaciones revolucionarias, para no detenernos en la con­secución de leyes, pues la igualdad formal nunca será suficien­te, sino tenemos bajo nuestras manos el control directo de los medios de producción y aquí también se incluye los principales recursos naturales. Solo de esta manera podremos garantizar una sociedad que inscriba sobre su bandera un principio funda­mental, la relación armónica entre la naturaleza y la humanidad.

 

¡La lucha continua!