Las pandillas, un mal capitalista que no da tregua en un país tercermundista

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Autor: 
Sadie Jurado

No es de nadie desconocido que uno de los principales problemas que enfrenta El Salvador es la delincuencia, que en años anteriores ha alcanzado niveles alarmantes, y hasta ha roto récords a nivel mundial, posicionándose como uno de los países con más muertes sin estar bajo estado de guerra. 

En la década de los 80 miles de salvadoreños decidieron emigrar, y otros miles fueron obligados a hacerlo hacia Estados Unidos en búsqueda de una vida mejor, huyendo de la guerra civil que atravesaba nuestro país. En este año 2017 se cumple un cuarto de siglo de haber finalizado la guerra civil, después de la firma de los Acuerdo de Paz en 1992, sin embargo, la paz sigue siendo un ideal,  la delincuencia y las múltiples muertes diarias han confirmando lo mencionado en el párrafo anterior, los asesinatos se mantienen o incluso superan a los asesinatos realizados en periodo de guerra que duró cerca de 12 años.

De la guerra civil salvadoreña surgieron un gran número de males: económicos, sociales, culturales, entre otros. El fracaso de la revolución al no haber cumplido con el objetivo de la toma del poder ahondó en la proliferación de estos males.

En el periodo presidencial de Mauricio Funes (2009-2014) las pandillas anunciaron por primera vez una “tregua” algo que en primera instancia la población vio como un respiro, sin pensar que a largo plazo esto solo agudizaría el problema, en realidad fue como un receso que permitiría planificar el regreso de las pandillas con mucha más  fuerza. Sin duda alguna estos procesos nos dejan mucho que aprender. En enero de este año, una de las pandillas que cuenta con un buen número de integrantes y que tiene presencia en gran parte del país hace la promesa de desarticularse a cambio de dialogar con el Gobierno de El Salvador. Seguramente en sus peticiones estará algo parecido a la ley de amnistía que les permita “olvidar” los crímenes que han realizado a lo largo de su existencia. Muchas preguntas surgen  de esta propuesta: ¿Debe el gobierno de El Salvador sentarse a dialogar con las pandillas? ¿Es posible creer de nuevo en estos grupos? El GOES ya dio una respuesta contundente: no habrá ningún tipo de diálogo con pandillas, y lo ratifica con la petición de prolongar las medidas extraordinarias de seguridad anti pandillas que se implementan hasta el momento en los territorio que presentan los mayores índices de criminalidad en el país.

La represión generada por medio de las medidas mencionadas anteriormente de alguna manera han dado frutos, pero no todo es color de rosa. Los males que esto puede generar son abundantes, entre estos un repunte de homicidios y el fortalecimiento de las pandillas, recordemos que toda represión genera una acción, y en el caso de las pandillas se ha comprobado que cada acción represiva ha devenido en un desarrollo cualitativo de su desarrollo organizativo, fortaleciendo cada vez más su accionar.

Las pandillas no son un mal particular en El Salvador, o en la región centroamericana, causado por razones incomprensible, más bien son un síntoma de una sociedad en descomposición que agudiza la desigualdad, exclusión y falta de oportunidades engendradas por el capitalismo. Un diálogo es improductivo en un sistema que no da alternativas para la desaparición de estas, simplemente porque es incapaz de acabar con la raíz del problema, y que más bien es como una especie de abono que lo incrementa por medio del desempleo, los salarios de miseria y todo un aparataje de barbarie que perpetúan la aparición y fortalecimiento de estos grupos. En todo caso el dialogo debe de ser con las víctimas de las pandillas, o sea la clase obrera, y de esto tienen que salir medidas concretas para frenar su desarrollo. Es imposible pensar en una alternativa clara para acabar con las pandillas bajo los límites del capitalismo,  ante esto la única alternativa es la lucha por el socialismo, que vendrá a barrer con toda la miseria a la que hemos sido condenados.