VIGENCIA DEL PROGRAMA DE TRANSICIÓN DE LEÓN TROTSKY

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Autor: 
Xenia Barrera

En septiembre de 1938 se realizó el Congreso Fundacional de la Cuarta Internacional, en este fue votado y aprobado el documento central titulado El Programa de Transición, escrito por León Trotsky, que constituye un programa de acción para orientar la lucha de un programa democrático hacia perspectivas revolucionarias, es decir socialistas. A casi 80 años de su escritura, El Programa de Transición sigue manteniendo plena validez para la lucha revolucionaria que debemos librar en nuestros países.

“La situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado”, Trotsky comienza la redacción del Programa con esta aseveración que en nuestros días cobra mayor relevancia, debido al desencanto de las masas por la degeneración reformista y burocrática de la dirección de sus organizaciones tradicionales. Por eso, el mismo programa explica que el primer obstáculo para pasar de una situación prerrevolucionaria a una revolucionaria son las direcciones oportunistas del movimiento obrero.

El salto cualitativo de las masas hacia una situación revolucionaria se determina por dos factores: el primero, es el factor objetivo que tiene que ver con la crisis del capitalismo; y el segundo es el factor subjetivo que tiene que ver con el partido revolucionario capaz de liderar la revolución y el desarrollo de una elevada conciencia de las masas. Lo que la historia nos ha enseñado hasta el momento, es que mientras el factor objetivo está dado desde hace mucho tiempo, el factor subjetivo no ha logrado desarrollarse debido a la política de traición de las organizaciones obreras. En este sentido, Trostky plantea que la tarea estratégica de los marxistas es superar la contradicción entre la madurez del factor objetivo y la inmadurez del factor subjetivo.

Ahora bien, esta traición de las organizaciones obreras ha significado, entre otras cosas, en buscar alianzas con la pequeña burguesía o la burguesía “progresista” antes que con el proletariado, o bien en luchar por reformas que no van más allá de simples
concesiones a los trabajadores.  No hay pócimas mágicas, no hay atajos, no hay alianzas: ¡Solamente el derrumbe de la burguesía puede constituir una salida! Y debido a que no se trata de reformar el capitalismo sino de derribarlo completamente, El Programa de Transición es un puente entre las reivindicaciones actuales y las reivindicaciones del programa para la revolución socialista. Esto quiere decir que si bien debemos defender el programa democrático a través de reformas, estas deben ir orientadas con perspectivas revolucionarias, y no quedarse a mitad del camino.

Trotsky entendía que para que las masas giraran hacia una situación revolucionaria no bastaba con gritar, a diestra y siniestra, una propaganda abstracta en favor del socialismo, por eso en El Programa plantea consignas que acercan a los marxistas a las masas, consignas con gran valor educativo para la lucha decisiva por el socialismo. Entre ellas menciona la consigna de la escala móvil de los salarios para luchar contra el alto costo de la vida; la escala móvil de las horas de la jornada de trabajo para luchar contra la desocupación; los comités de fábrica para darle una expresión organizada a las huelgas; la confiscación de las ganancias y la expropiación de la industrias de la guerra para luchar contra el imperialismo y la guerra, etc. La consigna de la creación de Soviets (consejos de representantes de todos los grupos de lucha) es el punto
culmine del Programa de Transición, pues estos nacen cuando el movimiento de las masas entra en una etapa completamente revolucionaria.  

Si bien es cierto El Programa de Transición fue escrito es situaciones políticas muy diferentes a las actuales, en nuestros días al leerlo nos damos cuenta que  la mayoría de consignas, reivindicaciones y análisis que se plantean en él mantienen su total vigencia. Sobre el final del programa Trotsky insiste en que: “La crisis actual de la civilización humana es la crisis de la dirección proletaria”. Casi nada ha cambiado desde entonces, por eso la superación de esta crisis es una tarea que los marxistas llevamos sobre nuestros hombros, preparemos para ser dignos de la historia.