EN SOLIDARIDAD CONTRA EL HETEROPATRIARCADO Y EL CAPITALISMO

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Autor: 
Roberto Zapata y Gonzalo Montano

Cada 8 de marzo se conmemora el día Internacional de la Mujer. Es un día muy importante de reivindicación para todas las mujeres que por siglos han sido víctimas de un sistema que las ha oprimido y confinado a vidas de subordinación y violencia, por raíces históricas, económicas y sociales que les dan supremacía a los hombres.

Las mujeres entendieron hace mucho tiempo que organizarse entre ellas era la única vía real de sacar adelante sus demandas como colectivo. Actualmente, y muy a pesar de la férrea oposición de muchos, las mujeres han logrado grandes victorias frente al heteropatriarcado[i]. Sin embargo, la lucha está lejos de terminar.

Históricamente la clase dominante ha implantado en el imaginario de la sociedad, ideas de una supuesta “naturaleza femenina” cuyas características son opuestas a la fuerza y autosuficiencia “masculinas”. Según esta lógica, aquellas personas relacionadas a esta “naturaleza femenina”, deben ser por ende como las mujeres, es decir, débiles, inferiores e incapaces. Este es el caso de las personas Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales, Transgénero e Intersexuales (LGBTI) que han sido y siguen siendo vistas por muchos como enfermas y contranaturales[ii]. Tal es el lastimoso argumento que pretende justificar las actitudes macho-moralistas de los burgueses, pero también de algunos camaradas obreros.

En las últimas décadas, la agudización de la opresión y exclusión capitalista y heteropatriarcal ha llevado a muchos grupos sociales –como el LGBTI –  a politizarse en movimientos independientes que buscan una transformación social. Para proteger sus privilegios, la burguesía no ha vacilado en utilizar su arsenal propagandístico para confundir al proletariado haciéndole creer que estas iniciativas no son más que elucubraciones que buscan poner el mundo patas arriba, estrategia que ha terminado por alejar al movimiento obrero de su fin integrador y orientador de las masas.

Lenin en su libro ¿Qué hacer?, advertía que: “La conciencia de la clase obrera no puede ser una verdadera conciencia política si los obreros no están acostumbrados a hacerse eco de todos los casos de arbitrariedad y de opresión, de todos los abusos y violencias, cualesquiera que sean las clases afectadas”, y agrega que los obreros no tienen una verdadera conciencia de clase si no aprenden “a observar a cada una de las otras clases sociales oprimidas en todas las manifestaciones de su vida intelectual, moral y política; si no aprenden a hacer un análisis materialista y una apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y la vida de todas las clases, sectores y grupos de la población”. A diferencia de lo que sostienen algunos, esta no es un táctica clientelista.

Como marxistas consecuentes con este planteamiento, debemos identificarnos e involucrarnos en la lucha contra el heteropatriarcado que junto a la sociedad de clases son las raíces de la opresión de las mujeres, personas LGBTI y otros colectivos.

Para Lenin, la defensa de las y los oprimidos y de los derechos democráticos era una línea esencial de los bolcheviques y por ello mantenía una constante crítica a los que creían que los marxistas solo deberían ocuparse de “su misma clase”.

Es tarea de todo buen militante educarse y deconstruir cualquier esquema que reproduzca la moral y prejuicios capitalistas entre las filas obreras. Sólo en el respeto irrestricto de la diversidad lograremos consolidar la identidad y la unificación de nuestra clase, pudiéndonos enfocar en la construcción del socialismo.

 



[i] El patriarcado es el sistema de relaciones políticas, socioeconómicas y culturales que se basa en la supremacía de lo masculino sobre lo femenino. Desde su aparición en el contexto del surgimiento de la sociedad de clases unos 9000 años atrás, este sistema ha servido para reforzar las relaciones de producción que oprimen a las mayorías. El heteropatriarcado es una forma específica de patriarcado que funciona en el capitalismo, cuya subsistencia necesita de la proliferación de familias nucleares de las cuales se sirve como fábricas de reproducción de trabajadores/as en masa.

[ii] Exhortamos a quienes emplean este desafortunado término a que lean un breve artículo de Pedro Cuadra Morales denominado ¿Contra natura? disponible en Internet.