La necesidad de desechar las políticas reformistas

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Redacción del Militante

El reformismo desde sus inicios tanto teóricos como prácticos ha estado en constante lucha con la revolución socialista, y no en consonancia con ella como muchos han creído. Entre los principales fundamentos teóricos del reformismo clásico –sintetizados por Berstein1 a finales del siglo XIX- destacan: la desaparición de las crisis generales del capitalismo gracias al sistema crediticio, alianzas empresariales, etc.; el ascenso del proletariado a clase media; y la mejora política y económica del proletariado por medio de la lucha sindical. Es decir, el proceso de reformas sociales como el fin último, y no un como un medio de la revolución socialista.

Dentro del proceso de construcción del partido revolucionario las desviaciones son inevitables, esto es tan perjudicial como beneficioso, lo primero porque puede crear una tendencia fuerte en las bases, que pudiera llevar al partido revolucionario a una degeneración de tal grado que se abandonarían los ideales y métodos de la lucha por el socialismo y se adoptaría como línea política general la “vía reformista”; y lo segundo porque alecciona a la clase trabajadora sobre su futuro socialista, ya que un análisis serio del reformismo desde el marxismo plantea la cuestión de que ideas, programa, métodos y tradiciones son las más adecuadas para la liberación de la opresión capitalista en todas sus facetas. Por ello es de vital importancia explicar bajo los lineamientos marxistas las ilusiones e imposibilidad de la vía reformista hacia el socialismo.

El siguiente texto pretende analizar la política reformista de la dirección del  FMLN en nuestro país, a propósito de demostrar su fracaso inmediato dentro de los límites del capitalismo. Fracaso que podríamos sintetizar en la crisis estatal fiscal, y sus principales razones: sistema de pensiones, deuda externa, y elusión y evasión fiscal; en el carácter de los programas sociales llevados a cabo por el FMLN desde el 2009; y en las conquistas burocráticas de los sindicatos afines al partido.

Crisis estatal fiscal

El Estado salvadoreño en los últimos 25 años ha acumulado una creciente deuda pública, creada a raíz de la política de endeudamiento y saqueo a las arcas estatales, hecha por los gobiernos de ARENA. Según los economistas de izquierda dicha crisis se sostiene: en primer lugar, en la administración privada de las pensiones, que desde que fueron privatizadas y puestas en manos de las AFP, el Estado ha acumulado hasta hoy una deuda de $4,027 millones, cifra que sigue creciendo, el Estado se ve obligado a prestar con un 2.2% de interés anualmente a las AFP para pagar a los pensionados que aún están en su obligación. Y las AFP acumulan $1,400 millones de ganancia neta por la administración de las pensiones en el país, en los últimos 18 años. De muchos es sabido que cuando se decretó pasar del sistema público al privado de las pensiones alrededor de 90 mil cotizantes pasaron del Estado a las AFP y 10 mil quedaron cotizando al Estado, el requisito era que si la persona era menor de 36 años era obligatorio pasar al sistema privado, si era mayor era opcional. El problema es que las pensiones en las AFP son míseras, y no son vitalicias, mientras tanto el Estado posee a miles de pensionados y debe cargar con aquellos que su pensión ahorrada en las AFP se les terminó, ¡solventar esto con solo 10 mil cotizantes! Aquí yace la razón de endeudarse con las AFP, inflando la burbuja cada año más.

En segundo lugar, la deuda externa alcanza la cifra de $9,261 millones2, este año se invertirá del Presupuesto General de la Nación $914 mil de abono. Cada año incrementa más, ya que el gobierno en el poder recurre a préstamos, que acarrean intereses, para financiar su funcionamiento y el de sus programas, gracias al déficit de recaudación estatal y presupuesto. Según datos oficiales el presupuesto de 2016 es de $4,957.8 millones y la recaudación estatal en 2015 fue de $978.5, todo el hueco restante se ha llenado con préstamos y “donaciones”.

En tercer lugar, la elusión y la evasión fiscal según Salvador Arias alcanza cerca de los $28 mil millones en los últimos 13 años, para ello la burguesía utiliza diversos medios: como la creación de empresas ficticias en paraísos fiscales, falsas declaraciones de IVA, etc.

Las consecuencias que la crisis estatal fiscal puede ocasionar serían nefastas para la clase trabajadora, fomentarían la austeridad –que ya es propuesta firme del FMI y ARENA en las recientes “negociaciones”- que solo significaría más tributos a la población, aumento del IVA, aumento al año de jubilación, recorte en los gastos sociales, focalización de subsidios, etc.

Programas sociales

Los programas sociales del FMLN, además de verse amenazados por su forma de financiamiento sobre la base de préstamos y deudas; expresan en su contenido el carácter reformista de la política gubernamental de la dirección del FMLN.

Algunos de los programas sociales por un lado al otorgar zapatos, uniformes, útiles escolares y comida a los centros educativos públicos del país incentivan a la pequeña industria que contrata y explota a un número pequeño de trabajadores. Por otro lado, otros programas pretenden insertar a los jóvenes al campo laboral o fomentar su interés por el deporte y la cultura, para reducir las bases sociales de los grupos lumpenizados: pandillas y crimen organizado; y se enfocan en promover el emprendedurismo, sobre la falsa idea “de que todos podemos ser empresarios y superarnos por este medio”.

Todo esto con el fin de que el proletariado poco a poco en diversos grupos y diferentes momentos ascienda a clase media. Aclaremos, no estamos en contra de los programas sociales del gobierno, somos los primeros en defenderlos. Nos oponemos a su forma de financiamiento y a su contenido porque en lugar de hacer avanzar el nivel político de las masas en pro de la revolución social, solamente reproducen el sistema y estancan el proceso revolucionario. La dirección del FMLN ha adoptado el programa reformista y dejado de lado el socialista, considerando que la revolución es por etapas, y no permanente.

Conquistas proletarias 

Recientemente la clase trabajadora salvadoreña ha obtenido importantes concesiones arrancadas al gran capital sobre la base de luchas. El reciente aumento salarial, es un claro ejemplo. Sin embargo, cabe recalcar que dicha conquista estuvo viciada de tradiciones reformistas y por ende burocráticas. La lucha se resumió a negociaciones de los dirigentes sindicales afines al FMLN con las instituciones del Estado con poca o nula participación de la clase trabajadora.

Esto creó en la clase trabajadora mucha confusión, por un lado, la falsa idea de depositar plena confianza en las instituciones burguesas para que sean ellas y no nuestra lucha la que nos otorgue mejoras de vida; y por otro lado, el aislamiento y burocratismo de esta lucha no permitió conectar con toda la clase trabajadora, esto permitió que muchas empresas en vista del aumento salarial aumentaran la meta de producción y la jornada laboral, sumado a la elevación de los precios de la canasta básica. Ante esto se ha visto poca o nula resistencia por parte de los trabajadores, sobre todo en las zonas francas, donde ni siquiera es respetado el derecho a la libre sindicalización. Por tanto, esto ha hecho que muchos saquen la conclusión errónea que lejos de beneficiarles el aumento salarial les ha perjudicado.

A pesar de que estas conquistas hayan sido conseguidas de esta manera. Los sindicatos y el FMLN deben dar el siguiente paso: agitar y organizar a los trabajadores para que estas conquistas sean respetadas, duraderas y ascendentes, dejar de lado las negociaciones con los empresarios “buenos”, y emprender la alianza con los trabajadores en defensa del aumento salarial. No debemos dejar de lado la crisis del capitalismo, el carácter de la producción capitalista y las limitantes de la lucha sindical.

Reformar o derrocar al capitalismo

Las direcciones de todas las instancias del partido deben desechar el plan que se ha venido ocupando y aplicar un programa revolucionario si realmente se quiere cambiar la situación. Debemos dejar la política del endeudamiento, conciliación de clases, y la revolución por reformas, debemos dejar de administrar la crisis del capitalismo, negociándola con la burguesía, pues esto no corresponde en lo más mínimo a los intereses de los trabajadores, sino que nos recuerda a los postulados Berstein sobre que el crédito o los prestamos adaptan poco a poco al capitalismo a las necesidades del pueblo y evitan sus crisis. Y que esta “adaptación” permitiría el ascenso de una capa considerable del proletariado a clase media, por medio del sistema cooperativista. Por tanto, el proletariado debía resumir su lucha por conquistas económicas y políticas mínimas que mejorarán sus condiciones de vida dentro del ámbito legal.

Rosa Luxemburgo al criticar el reformismo explicaba que el crédito ni en pequeña ni en gran escala ayuda a la adaptación del capitalismo y a la desaparición de sus crisis, sino que profundiza las mismas. El crédito es el medio para que un capitalista disponga de capitales ajenos para sus fines, pero que, debido al modo de producción capitalista contradictorio al modo de distribución capitalista, los créditos en lugar de estabilizar al sistema conllevan a sus crisis, pues “empujan a la producción a sobrepasar los límites del mercado”3, crean especulación sin medida. Así mismo, los prestamos son los medios para que un Estado capitalista débil disponga de capitales de Estados capitalistas fuertes para sus fines, pero con una economía estancada, que a pesar de sus auges mínimos no se recupera de la crisis del 2008, y que su “crecimiento” se basa en altos porcentajes en comercios y bajos en producción, es imposible que estos préstamos estabilicen su funcionamiento, todo lo contrario, los intereses incrementan cada vez más, los prestamos solo agudizan la crisis estatal del Estado salvadoreño, ya que lo prestado empuja al financiamiento a sobrepasar la capacidad de recaudación y de pago del mismo. La especulación de prestar para financiar, pero no recaudar para pagar es una rueda de caballitos que no deja de girar y amenaza con salirse de su eje en cualquier momento.

Rosa también explicaba que las cooperativas no eran más que “pequeñas unidades de producción socializada dentro de la distribución capitalista”. Pero que la distribución controla a la producción, y que debido a la competencia la producción se da sobre la base de los intereses del capital: máxima explotación laboral para el enriquecimiento individual del propietario privado, y esto es vital para la supervivencia de una empresa. Las cooperativas pretenden reducir los beneficios comerciales del capital, pero para ello deben vender sus mercancías a bajo costo, por tanto, producir más en el menor tiempo, aumentando la explotación de sus pocos trabajadores. Los sindicatos pretenden reducir los beneficios de producción del capital, por medio de sus luchas por mejores salarios, mejores prestaciones, respeto de los derechos laborales, algunos curules en el parlamento, etc. pero poseen la principal limitante de luchar por regular dentro del mercado capitalista la venta y compra de fuerza de trabajo, es decir defender al proletario de los ataques del capital. Pero pocas veces se avanza a la lucha por la conquista del poder político, esto limita y estanca al proletariado en la lucha por la revolución social. Esto explica los vicios burocráticos de los sindicatos actuales del país.

Los reformistas olvidan que existe una balanza entre salario y ganancia, mientras uno sube la otra baja, y viceversa; que son las leyes del mercado: oferta y demanda las que regulan los precios de las mercancías; que las competencias de los monopolios cada vez más proletarizan a la clase media y no ascienden al proletariado a esta clase; y que por ende las conquistas de los trabajadores en periodos de crisis serán arrebatadas no mantenidas. Y lo que tenemos ante nosotros hoy en día es un periodo de crisis. Proponen sobreponer la propiedad privada ante la propiedad social, y la lucha por las reformas sociales ante la revolución social. Esto no regula, sino que agudiza la crisis del capitalismo.

En síntesis, la política de la dirección del FMLN de endeudamiento, conciliación de clases, y revolución por reformas sociales, es un freno económico, político y social para la revolución socialista de El Salvador. Lo que necesitamos es una política proletaria que se proponga el no pago de la deuda externa, mecanismos de control popular que dicten más impuestos hacia las grandes empresas para financiar programas sociales que capaciten a los jóvenes en la necesidad de luchar porque les garantice un empleo digno y una educación gratuita y calidad, los jóvenes son tierra fértil en la que debemos sembrar la semilla revolucionaria no la reformista. Una política que defienda el aumento de la cuota sancionatoria a las empresas que se nieguen a pagar el aumento salarial reciente, la congelación de los precios de la canasta básica y la defensa del empleo. Solo de esta forma la revolución salvadoreña inclinara la balanza para el lado de los trabajadores. La cuestión y la prueba de fuego de las masas hacia el FMLN se resumirá en el próximo periodo en lo siguiente: derrocar o reformar al capitalismo, gobernar para los trabajadores o para los empresarios.

 

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1. Eduard Berstein (1850-1932). Activista socialdemócrata alemán. Formuló los fundamentos teóricos del reformismo. Su teoría se puede sintetizar en el consejo de abandonar la revolución social, como fin último de la lucha de clases, y convertir las reformas sociales de ser un medio a ser el fin último de la misma. Su más destacado postulado: “El objetivo último, sea cual sea, no es nada; el movimiento lo es todo”.

2. Banco Central de Reserva. (2016). Deuda Pública Total. 17 de febrero de 2016, de Gobierno de El Salvador Sitio web: http://www.bcr.gob.sv/bcrsite/?x21=1

3. Rosa Luxemburgo. (2014). Reforma o Revolución. Ciudad de México: Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx. P 37.