Jornadas de julio, revolución rusa

Versión para impresoraVersión para impresora
Autor: 
Gonzalo Montano


Dentro del proceso revolucionario rumbo hacia el socialismo que llevaba Rusia, aparece uno de los momentos más importantes y difíciles del camino de la revolución, “Las Jornadas de Julio de 1917”, este es un período esencial donde tuvo lugar una de las mayores confrontaciones entre la burguesía y el proletariado, la cual termino con una derrota parcial de la clase trabajadora, pero ésta lleno de experiencia y confianza al movimiento obrero ruso, el cual fue capaz de sacar las lecciones necesarias de todos esos acontecimientos y que ha dejado hasta nuestros días un gran legado a todo el movimiento obrero mundial.

La derrota parcial que había sufrido la clase obrera rusa en los tres días del mes de Julio (del 3 al 5), dio paso a la toma del poder cuatro meses más tarde, en octubre de 1917 por parte del proletariado.
El alzamiento de Febrero 1917 que llevo a la sustitución del Zar por un gobierno provisional democrático burgués, provocó que el 3 de Julio ante la crisis gubernamental y económica por la que pasaba Rusia, los obreros y los soldados de Petrogrado, se alzaran en protestas de manera masiva, para tratar de derrocar al instaurado gobierno provisional, exigiendo que el poder se transfiriera a los consejos obreros o soviets. Las manifestaciones eran un síntoma del descontento generalizado hacia el desempeño de este Gobierno de coalición.
El 4 de Julio se da una manifestación armada con una participación de medio millón de personas, presentando la misma exigencia: que los consejos obreros se hagan cargo de todo el poder. El llamado de los bolcheviques en esta situación fue el de mantener estas manifestaciones de forma pacífica, y mantenerse al margen de las provocaciones.
El 5 de Julio la contrarrevolución lanzó una cacería contra los bolcheviques y una aguda persecución y represión hacia las capas más avanzadas de los obreros; el llamado a mantenerse al margen de las provocaciones permitió a la clase trabajadora mantener su capacidad y fuerzas revolucionarias ilesas.
Este período fue decisivo para demostrarle a la clase trabajadora cual era el partido que estaba de su lado: el Partido Bolchevique. Con el giro claro de los mencheviques y los socialrevolucionarios hacia la derecha, quedaba confirmado que estos habían traicionado los principios socialistas, y que eran los bolcheviques los que estaban junto a la clase obrera.
El plan de la burguesía era acabar con el proceso revolucionario, provocando al proletariado para que este se alzara en armas, hiciera una revuelta y así aplastarlo, ahogando el movimiento en sangre. Las Jornadas de Julio de 1917 fueron una provocación de la burguesía, la cual quería a través de trampas hacer que se generara una revuelta en Petrogrado para acabar con los trabajadores y con el Partido Bolchevique.
La primera estrategia de la burguesía fue retirar a los “representantes obreros” en la democracia burguesa del gobierno de coalición, con la retirada de los representantes Kadetes pretendía provocar nuevas exigencias entre los obreros y los soldados, este sabotaje aspiraba a que existiera una situación difícil entre ambos bandos al grado que llegaran a la utilización de la fuerza.
Con el estallido de una guerra mundial imperialista, los países de la Entente (la coalición contra Alemania) se prestaron para el seguimiento de la guerra, donde fueron asesinados varios millones de soldados, incluyendo a algunos miembros muy avanzados de la clase obrera internacional, esta idea era promovida por el gobierno provisional, y los partidos mayoritarios en los soviets, los mencheviques y los eseristas. El proletariado y los soldados cocientes de esta campaña sangrienta y del fracaso militar al que estaba expuesto la fuerza armada rusa, se oponen en contra de esta guerra. La burguesía aprovechando esta oposición tiene la idea de trasladar al frente los regimientos de la capital, con esta estrategias pretendía provocar que los soldados ante su inconformidad de ir al frentes se inclinaran al poder que les daba las armas, y formaran una revuelta para luego ser aplastados.
Los soldados al verse directamente bajo la amenaza de ser enviados al frente empezaron a unirse a los obreros para manifestar su oposición. El mayor progreso fue logrado en la fábrica Putilov, donde alrededor de unos 10 000 obreros se congregaron, los soldados decían que habían recibido orden de marchar al frente el 4 de julio, pero que ellos habían decidido no al frente, no contra el proletariado, sino contra los ministros capitalistas
En unas horas, el 4 de Julio todo el proletariado y los soldados de la ciudad se habían alzado y armado, y se guiaban bajo la consigna “todo el poder a los soviets”. Los bolcheviques claramente se pronunciaban en contra de la acción armada defendiendo su postura ante las masas.
Los argumentos que daba el partido bolchevique, era que la burguesía quería provocar al proletariado y a los soldados para que este se armara he hiciera una revuelta y así de manera sangrienta acabar con el movimiento obrero, además sostenía que la situación no estaba madura para la insurrección armada y que ésta sería una acción prematura que conllevaría a muchos riesgos.
El partido bolchevique decidió ponerse al frente del movimiento, pero para garantizar su carácter pacífico y organizado. En la manifestación del 4 de julio se pudo presenciar que la dirigencia del partido ponía orden. Los bolcheviques sabían el objetivo que tenían las masas, ya que obligar a que los dirigentes mencheviques y eseristas del soviet tomaran el poder en nombre de los consejos obreros era imposible que se diera, porque los mencheviques y eseristas, ya estaban integrándose en la contrarrevolución, y sólo esperaban una oportunidad para liquidar los consejos obreros, cabe destacar que los mencheviques y los eseristas todavía, por su mayoría aún guardaban una posición dominante en los soviets. Los obreros al ver esta actitud se percataron por sí mismos de las dificultades de transferir todo el poder a los soviets mientras los traidores ocuparan su dirección, mientras no se encontrara la forma de transformar los soviets desde dentro, el intentar transformar desde afuera y a través de las armas era en vano. Sin embargo haberse quedado en la tranquilidad hubiera significado también caer en la trampa de la burguesía.
Los bolcheviques sabían que la toma revolucionaria del poder es en cierto modo un arte, y que tanto una insurrección en un momento inoportuno, como no tomar el poder en el momento justo, son igualmente fatales.
Es importante destacar la acción del partido bolchevique al permanecer al lado de las masas, y esforzarse por dar un carácter lo más pacífico y organizado posible y no hacerse a un lado y dejar a las masas a la deriva.
Ante el previo fracaso que había tenido la burguesía cuando los bolcheviques lograron conducir al proletariado y evitar la trampa que se les había puesto, la burguesía recurre a la campaña de mentiras donde se decía a través de un documento que Lenin y todos los bolcheviques eran agentes alemanes, la noticia se esparció por todos lados principalmente en los regimientos donde los ánimos cambiaron y se empezó a tener una postura de oposición hacia Lenin, al cual lo presentaban como un enemigo de todo el movimiento. Esto obligo a Lenin y a otros bolcheviques a ocultarse. Esta acción tenía como fin inyectarle a los soldados la idea anti-bolchevique lo cual género una brecha entre los obreros y los soldados viniéndose así un nuevo momento de represión e ilegalidad. Lenin y otros bolcheviques intentaron por todos los medios demostrar que esa era una campaña de mentiras impulsada por la burguesía para debilitar y enfrentar al movimiento, con esto intentaron rescatar su reputación ante la clase obrera. La profunda confianza que había desarrollado el proletariado ruso en su partido, permitió la sobrevivencia y permanencia del mismo en este periodo de confusión.
Conclusiones

Las jornadas de Julio dejan de manifiesto nuevamente la capacidad revolucionaria que tiene el proletariado, así como el papel indispensable que juega el partido en la dirección del movimiento obrero.
Cabe destacar la inteligencia política del partido bolchevique y el ingenio que presentaron los miembros dirigentes al estudiar las estrategias y tácticas de la burguesía, así como la capacidad que tuvieron los bolcheviques para responder e intervenir en los momentos de más alta efervescencia revolucionaria para darle un sentido organizado y cociente al movimiento, el aventurerismo es algo que se debe de erradicar dentro del movimiento obrero pero solamente se podrá eliminar con la comprensión de la teoría marxista y rescatando las enseñanzas históricas que nos ha dejado el movimiento obrero mundial.
El generar una confianza plena entre los obreros y el partido es fundamental en los periodos de contrarrevolución, la confianza permite al movimiento existir por encima de cualquier trampa o campaña de mentiras que maneje la burguesía para debilitar y confundir a las masas, esto se logra a través de presentar un programa claro que le muestre al obrero el rumbo a seguir para la defensa de sus intereses de clase.
El carácter revolucionario de la dirección del partido es la lección más fundamental que nos dejan las jornadas de Julio, la burguesía emplea frecuentemente tácticas de provocación y enfrentamientos para debilitar y reprimir al proletariado y así ahogar el movimiento en sangre, por eso es decisivo el papel de vanguardia del partido y así evitar una derrota sangrienta para el proletariado.
Trotsky en su “Historia de la revolución Rusa” . Resumía el balance de la acción del partido de la siguiente manera. :«Si el partido bolchevique, obstinándose en apreciar de un modo doctrinario el movimiento de julio como “inoportuno”, hubiera vuelto la espalda a las masas, la semi-insurrección habría caído bajo la dirección dispersa e inorgánica de los anarquistas, de los aventureros que expresaban accidentalmente la indignación de las masas, y se habría desangrado en convulsiones estériles. Y, al contrario, si el Partido, al frente de los ametralladoritas y de los obreros de Putilov, hubiera renunciado a su apreciación de la situación y se hubiera deslizado hacia la senda de los combates decisivos, la insurrección habría tomado indudablemente un vuelo audaz, los obreros y soldados, bajo la dirección de los bolcheviques, se habrían adueñado del poder, para preparar luego, sin embargo, el hundimiento de la revolución. A diferencia de febrero, la cuestión del poder en el terreno nacional no habría sido resuelta por la victoria en Petrogrado. La provincia no habría seguido a la capital. El frente no habría comprendido ni aceptado la revolución. Los ferrocarriles y los teléfonos se habrían puesto al servicio de los conciliadores contra los bolcheviques. Kerensky y el Cuartel general habrían creado un poder para el frente y las provincias. Petrogrado se habría visto bloqueado. En la capital se habría iniciado la desmoralización. El gobierno habría tenido la posibilidad de lanzar a masas considerables de soldados contra Petrogrado. En estas condiciones el coronamiento de la insurrección habría significado la tragedia de la Comuna petrogradesa.
Cuando en el mes de julio se cruzaron los caminos históricos, sólo la intervención del partido de los bolcheviques evitó que se produjeran las dos variantes que entrañaban el peligro fatal tanto en el espíritu de las Jornadas de junio de 1848, como en el de la Comuna de París de 1871. El partido, al ponerse audazmente al frente del movimiento, tuvo la posibilidad de detener a las masas en el momento en que la manifestación empezaba a convertirse en colisión en la cual los contrincantes iban a medir sus fuerzas con las armas. El golpe asestado en julio a las masas y al Partido fue muy considerable. Pero no fue un golpe decisivo. La clase obrera no salió decapitada y exangüe de esa prueba, sino que conservó completamente sus cuadros de combate, los cuales aprendieron mucho en esa lección”