Internacional - Nicaragua - 25 junio, 2019

Nicaragua: A un año del intento golpista de las iglesias reaccionarias, la burguesía y el imperialismo

Por: Carlos Alas

La lucha de clases seguirá prevaleciendo hasta que no cambiemos las bases de la explotación de clases. Las ingenuas posturas de los reformistas que creen que ya no existen diferencias entre las clases sociales o que hablar de lucha de clases es algo del pasado, que no es necesario, que hoy son nuevos tiempos; solo demuestra su cobarde claudicación ante los dueños de Nicaragua. Esto es algo que repiten una y otra vez denotando su traición a los intereses del proletariado, claro sus condiciones han cambiado, se han acomodado, ya que en su diario vivir no mantienen una carga pesada como la mantienen los trabajadores. Para los marxistas es más que claro que no se puede quedar bien «con Dios y con el Diablo» al mismo tiempo. Al final una política de conciliación de clases, tratar de conciliar los intereses de los explotadores y los explotados, resulta en la afectación de los intereses de los trabajadores.

La burguesía nicaragüense se siente encantada y hasta enamorada cuando la izquierda conciliadora parece una sutil doncella que los escucha, les comprende, les apoya y obedece. La conciliación de clases es un absurdo reflejo de los partidos tradicionales de la izquierda reformista que se han olvidado del sufrimiento de los trabajadores; quieren tapar el sol con un dedo, ocultar la realidad que viven las masas obreras en las fábricas, en los barrios, una realidad caótica en la que tienen que sobrevivir la mayoría de personas en la sociedad.

Cuando inicia una crisis económica los platos rotos los pagan los trabajadores, la burguesía se harta de mantener acuerdos y alianzas con los conciliadores y ejecuta todo un ataque reaccionario e indiscriminado por recuperar las miserables migajas que años atrás dejo caer, a partir de mínimas reformas.

La clase trabajadora paga las consecuencias de la crisis

Al cumplirse un año del intento de golpe, la economía está sumergida en una crisis profunda. Según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), “en el 2018, Nicaragua experimentó una serie de acontecimientos sociopolíticos que afectaron a diversos sectores de la economía, alterando la tendencia de crecimiento económico que se venía desarrollando desde 2010, lo que se reflejó en afectación a la actividad económica estimadas en $1,453.3 millones, reducción de la ocupación hasta el tercer trimestre en 154,512 trabajadores y 139,918 adicionales que salieron de la fuerza laboral”.  La tasa de desempleo aumentó según datos presentados, pero el dato real es todavía más elevado, el cierre de micro y pequeños negocios dejó sin trabajo a miles de trabajadores que no contaban con seguro. Según la Central Sandinista de Trabajadores (CST) han existido “más de 180 mil despidos en la empresa privada y cierre de miles de negocios y pequeñas y medianas empresas” (comunicado de la CST noviembre del 2018). La CST lanza un dato aún más alto que el planteado por el BCN, pero según los datos en las gráficas de empleo en la página web del INSS (Instituto Nicaragüense del Seguro Social) a partir de los inscritos al Seguro de diciembre del 2017 a diciembre del 2018 había una diferencia bastante notable de 157.923 asegurados, esto arroja un dato mayor que el del BCN y menor que lo expuesto por la CST.

A pesar de las diferencias presentadas desde estos organismos, hay algo en común en todos, y es que los datos arrojados no toman en cuenta la pérdida de empleos en los pequeños comercios, por lo cual, no es descabellado asegurar que la pérdida de empleo ha superado los 200 mil, lo cual se traduce en miles de familias que no lograrán tener ingresos, menos alimentación, más pobreza. Las causas de esto: el intento golpista y la política conciliadora. En el capitalismo, o un partido de izquierda mantiene una política revolucionaria, expropia a la burguesía, asumiendo las principales palancas de la economía, impulsando la toma del poder real de clase trabajadora (y no por medio de una burocracia parlamentarista), o seguirá dando espacio a las acciones contrarrevolucionarias que son al final un ataque a los trabajadores, como lo vivimos en el 2018.

Auge y caída de los golpistas

En el 2018, pudimos ver sin mascara cómo la burguesía y el imperialismo de los EEUU unía a todos sus instrumentos sociales, políticos y religiosos, con un mismo fin: quitar del gobierno al partido de la izquierda conciliadora y reformista. La burguesía no quería colocarse al inicio como los verdaderos amos del proceso, dejando ese espacio a la Iglesia Católica y al Movimiento Renovador Sandinista (MRS, partido de derecha) que gustosos asumieron su verdadera careta con métodos fascistas de desestabilización. Al estilo de la inquisición, la Iglesia bendecía los asesinatos de todo aquel que fuese sandinista, (ver video de YouTube https://www.youtube.com/watch?v=5YM-HkH5Mb0) ocultaban armas en las iglesias, violaciones a mujeres, santificaban toda acción destructiva. Los sacerdotes no ocultaron sus deseos de ver a Daniel Ortega ahorcado en un árbol, y como no lo lograban, avalaban golpizas indiscriminadas y asesinatos. Los partidos políticos no se querían quedar atrás y querían una parte del pastel, se sumaron a la orgía desenfrenada de violencia.

Los conciliadores pensaron que bastaba negociar con ellos y ceder para que ellos cedieran, ¡craso error! Los conciliadores aceptaron la solicitud de los golpistas de acuartelar la policía, lo cual, permitió el ataque y creación de tranques que eran custodiados por drogadictos, narcotraficantes y toda la capa parasitaria de la sociedad. A cambio recibían dinero, comida, armas y la bendición de la Iglesia. Desde ese instante, inició un ataque a sedes policiales, saqueo de negocios y robos a la luz del día. La reacción del gobierno vino hasta que vieron que no se podía negociar más, que no servía de nada la política conciliadora, que los había mantenido entre dios y el diablo negociando y cediendo a los intereses de la burguesía, y soltando migajas para la clase trabajadora.

Ante esto, combatientes históricos del FSLN y juventud iniciaron una auto organización reconformando los frentes armados que aseguraron la victoria en el 79, y el aplastamiento de la contrarrevolución en los 80’s. Esta auto organización al inicio fue nutrida por el gobierno, desarrollando las caravanas de la paz, las cuales lanzaban una advertencia para que los que se mantenían en los tranques se retiraran o se enfrentaran con ellos, uno a uno los tranques fueron desapareciendo, los líderes de la Iglesia inmediatamente se apresuraron a pedir piedad y que dejaran de quitar los tranques; su mejor arma para mantener el caos.

Al haber perdido su mejor estrategia, los tranques y el acuartelamiento de la policía, los partidos políticos, la burguesía, los narcotraficantes y la Iglesia iniciaron sus luchas internas sobre qué se debería hacer, esto se fue haciendo más visible, a tal punto que generó una división de sus fuerzas, se crearon tres grupos para aglutinar a la oposición: la Alianza Cívica Ciudadana (ACC), la Unidad Nacional Azul y Blanco UNAB y el Movimiento 19 de abril. A pesar de los llamados de la Iglesia a unir esfuerzos, las fuerzas reaccionarias fueron dispersándose. En la actualidad, las organizaciones antisandinistas, fascistas, han sido desbaratadas, y desesperadamente han querido resurgir, después de haber generado muerte, destrucción y terror descontrolado. A la fecha, no pueden pasar de una convocatoria de 100 personas; esto refleja que la clase trabajadora no está dispuesta a apoyar algo que tampoco está acorde a sus perspectivas, es decir, aunque el gobierno de Ortega en su momento quiso golpear el bolsillo de los trabajadores con la reforma que luego retiró, en el fondo saben que un gobierno de corte reaccionario con el aval de los EEUU y grupos fascistoides y lumpenizados generando terror y persecución constante es mucho peor que la camarilla de Ortega y Rosario Murillo.  En un cierto momento de confusión al ver al cura, el pastor, al «buen burgués» haciendo llamados a las protestas y el poder de los medios de comunicación difundiendo día y noche sus intenciones, empujó a muchos a apoyar, luego, cuando se vivieron los horrores de los tranques, las violaciones, cobros por transitar, la muerte de gente inocente, golpizas injustificadas, drogas, etc., aquellos que creyeron que apoyaban algo que les favorecía dieron la espalda y los golpistas gradualmente han quedado solos.

El hecho que los grupos desestabilizadores pudieran haber generado un caos dentro de nuestro país, es el reflejo del fracaso al que lleva el reformismo, dirigentes que con conocimiento de causa o no, creen que sentarse con la burguesía y mantener una política de conciliación de clase le servirá para llevar a la sociedad al paraíso. Al contrario, en la práctica la experiencia en uno y otro país nos demuestra que esto nos lleva al infierno de la decadencia capitalista.

Ninguna conciliación de clase, debemos avanzar en las tareas revolucionarias

Todo lo acontecido es un llamado a los que buscamos forjar una sociedad socialista, no se puede andar con medias tintas, la burguesía tarde o temprano atacará de nuevo, los perros rabiosos que tienen bajo su control los soltarán de nuevo, la Iglesia bendecirá las atrocidades y las masacres sin dudarlo.

Los revolucionarios debemos agruparnos para defender las conquistas de la revolución y recoger la bandera de las tareas pendientes, no podemos conformarnos a administrar el capitalismo, nuestra misión es acabar con el sistema capitalista y las luchas serán más encarnizadas, pero solo existen dos caminos: el del infierno capitalista que nos ofrece una realidad insoportable o el camino del socialismo que nos ofrece una sociedad sin explotación y miseria.

Las bases del sandinismo son altamente revolucionarias, un llamado enérgico y determinante de los dirigentes para luchar por el establecimiento de una verdadera sociedad de transición hacia el socialismo haría despertar de nuevo las inmensas tradiciones y experiencias revolucionarias con las que cuenta el proletariado y el campesinado nicaragüense tal cual se percibió en el periodo de los tranques. La memoria de los compañeros y compañeras que dejaron su vida en las calles y montañas por liberarnos de dictadores como los Somoza y de la invasión constante de los marines norteamericanos perdura en la consciencia de un pueblo que ama tanto vivir y que ha buscado su libertad contra los tiranos representantes de un sistema injusto que merece ser destruido y superado.

Managua, 23 de mayo de 2019

 

Deja un comentario