Necesidad del desarrollo de las fuerzas productivas y megaproyectos de Nayib Bukele, un análisis necesario – Parte II

En esta segunda parte se tocará el punto concerniente al impacto de la 4RI (Cuarta Revolución Industrial) de la que se hace referencia en varios pasajes del plan de gobierno de Bukele en el eje de Innovación y Tecnología, y su relación con el atraso o estancamiento de la sociedad salvadoreña.

En el ya mencionado documento sus confeccionadores planteaban lo siguiente: “Toda esa dinámica, iniciada décadas atrás, nos ha llevado en la actualidad a la inminente Cuarta Revolución Industrial (4RI), donde muchos países en Latinoamérica ya están destacando. A pesar de que el país ha quedado rezagado en este tema, aún no es demasiado tarde para que pueda trazar esa ruta de éxito para su transformación y el cierre de la brecha digital.”. De manera somera y clara se explicará acá lo que se intenta decir con la inminente evolución de la 4RI y la forma en que las tecnologías de la información están vinculadas.

De acuerdo con los economistas actuales, fieles defensores del orden de las cosas y la jerarquía de las potencias mundiales, la 4RI se describe como: «La cuarta revolución industrial, no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la infraestructura de la revolución digital (anterior)”, esto de acuerdo con Klaus Schwab, director del Foro Económico Mundial, WEF por sus siglas en inglés. Y continua Klaus: «Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes».

En lenguaje simple y llano, la vida será más fácil, más placentera, los seres humanos podrán tener el mundo en sus manos, las cosas estarán conectadas entre sí (Internet de las Cosas, IoT), se resolverán muchos de nuestros problemas con un simple apretón de algún botón, tecla, o pantalla táctil a nuestro alcance. Los recursos serán renovables e inagotables y la raza humana podrá comenzar su liberación de las cadenas que la atan a la constante lucha por la existencia y a la supervivencia; las máquinas al servicio de la sociedad realizarán el trabajo duro y constante que por años ha realizado el hombre y la mujer, y se tocarán las puertas del Jardín del Edén.

Hasta acá el panorama parece muy alentador y deberíamos estar completamente locos si nos oponemos a que la 4RI sea implementada en nuestra sociedad y que seamos parte de la innovación y la tecnología, ya que el conocimiento de la primera y la aplicación de la segunda nos haría seres libres. ¿Pero libres de qué? Como se mencionó antes, de la necesidad de debatirnos contra la muerte día a día como trabajadores para llevar el sustento a la mesa de nuestras familias, ya que todo será mejor en el mejor de los mundos posibles bajo la 4RI. Pero entre todo este optimismo algo no encaja y es lo siguiente.

Los creadores del Plan de Gobierno de Bukele en sintonía con Klaus, olvidan algo de historia universal elemental y un poco de economía política, pero no se puede esperar más de estos caballeros. La primera Revolución Industrial no fue un capricho de unos cuantos locos y trasnochados que ya no querían arar la tierra y servir al monarca dentro del feudalismo; fue el resultado de la necesidad imperante de superar un sistema productivo arcaico que no se correspondía con las necesidades de la sociedad y la historia en ese momento.

Marx en su introducción a la Contribución a la Crítica de la Economía Política lo explica de la siguiente manera: «En cierta etapa de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o –lo que es nada más que su expresión jurídica– con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De ser marcos de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en freno de las mismas. Entonces comienza una época de revolución social”. En otras palabras, llega un punto en que la ciencia, la tecnología y la industria se estancan, cuando el crecimiento económico, el empleo y los niveles de vida no se pueden garantizar, entonces se producen las revoluciones.

Luego de revoluciones burguesas victoriosas como la de Francia e Inglaterra, la implementación del poder de las técnicas modernas y la tecnología desarrollada hasta entonces hizo posible dar un enorme salto a la humanidad que basaba su modus vivendi fundamentalmente en la producción agropecuaria. De la fecha hasta entonces, el capitalismo como sistema productivo prevaleciente ha impuesto su sello y sus condiciones. Creó y desarrolló las fuerzas productivas, junto con la burguesía como nuevos amos de la sociedad; pero también creó a su sepulturero, a la inmensa mayoría de mujeres y hombres que no pueden optar por otra cosa que vender su capacidad laboral a los propietarios de esos medios de producción, y hoy en día de comercio y servicios.

La 4RI de acuerdo con sus promotores, estaría superando las revoluciones industriales anteriores, y los países capitalistas avanzados deben apostarle a sus características productivas claves, de acuerdo con Klaus “La cuarta revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras, las mismas que se han beneficiado con la llegada del mundo digital (y la posibilidad, por caso, de hacer pagos, escuchar música o pedir un taxi desde un celular ubicuo y barato)”. Agrega que son los países avanzados los que deben implementar primeramente las nuevas tecnologías, lo que equivale a una inversión fuerte y el uso amplio de las máquinas y la robótica con el consiguiente desplazamiento de la mano de obra.

Pero no todo es color de rosa, puesto que muchos capitalistas no están dispuestos a invertir en nuevas tecnologías en la producción, de hecho, sólo un 64% estaría de acuerdo con hacerlo. ¿Por qué invertir en ello, con todos los riesgos que implica, cuando se pueden tener grandes niveles de producción haciendo uso de mano de obra barata de las poblaciones de Asia, América Latina y África? ¿Qué harán los trabajadores si la robótica, las computadoras y el uso de maquinaria altamente desarrollada y conectada los manda a la calle? El problema no es la tecnología, sino la aplicación de la tecnología bajo el capitalismo.

Los capitalistas saben perfectamente que el sistema es inestable y contradictorio, por un lado, se tiene la capacidad de hacer avanzar a la sociedad a niveles de vida nunca vistos; y al mismo tiempo son conscientes del peligro del desempleo crónico que esto generaría debido a la substitución de la fuerza de trabajo por el uso de las modernas tecnologías, y por consiguiente una caída en la demanda. ¿Quién va a consumir el excedente de la producción bajo un clima de miseria, desempleo y degradación humana masivo? ¿Si toda la economía gira en torno a los comercios y servicios, quién producirá las mercancías? Su lógica mercantilista les dice que ahorrarían mucho produciendo bajo esas condiciones, pero también saben que proceder bajo su lógica implica un caldo de cultivo para futuras revoluciones y la colocación de dinamita bajo su propia estructura debido a la contradicción antes mencionada.

Las TIC y todo lo que deriva de la llamada 4RI por muy atractivas y necesarias que sean no resuelven las cuestiones fundamentales de las masas, y esto es mil veces más cierto en los países excoloniales que en los países imperialistas. Los marxistas no estamos en contra de dicho desarrollo de las fuerzas productivas, entre ellas la tecnología, lo que desvelamos es su carácter irracional bajo las fuerzas ciegas del mercado. John Mainard Keynes, el reconocido y polémico economista británico, comentó en un artículo en 1930 que:

«Estamos siendo afectados por una nueva enfermedad de la que algunos lectores todavía no habrán escuchado el nombre, pero que oiremos mucho en los próximos años, a saber, el desempleo tecnológico. Esto significa que el desempleo debido al descubrimiento de medios de economizar mano de obra avanza más rápido que el descubrimiento de nuevos usos para la mano de obra excedente”

Llegado a este punto reconocemos que es evidente que nuestro país está muy a la zaga del desarrollo de los países capitalistas desarrollados, la burguesía local a diferencia de la de otras latitudes, no ha jugado ningún papel progresista en nuestra historia, más bien su rol ha sido siempre dependiente y parasitario y poco o nada ha contribuido al desarrollo de las fuerzas productivas. La implementación de tecnologías de la información, tal cual lo afirma el plan de Bukele, ayudaría a cerrar esa “brecha digital” que tanto daño nos ha hecho, lo que no quiere decir que se cierre la brecha entre las clases sociales y la desigualdad en el ingreso económico.

Continuara…

En la tercera entrega, nuestro análisis girará en torno a los megaproyectos que propone Nayib Armando Bukele en su programa.

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