Desde primeras horas del 1 de diciembre, la plancha del Zócalo en la Ciudad de México fue testigo de la llegada de miles de personas para presenciar la toma de protesta del nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quién por la mañana acudió a la Cámara de Diputados a la ceremonia oficial y posteriormente habló frente a 160 mil personas quienes abarrotaron la principal plaza pública del país. Estos acontecimientos son inéditos en la historia reciente, marcada por imposiciones y fraudes electorales; recordemos que en las elecciones locales y federales, el ambiente en las calles durante la toma de posesión de los anteriores presidentes fue de rechazo, oposición y de un profundo malestar entre amplios sectores de trabajadores y la juventud. En esta ocasión no fue así, las masas se volcaron a las calles, a festejar un triunfo que sienten como suyo.

Un terremoto político que sacudió al sistema

Los resultados de las elecciones del pasado 1 de julio sacudieron los cimientos sobre los que se sostiene el régimen político mexicano, millones de trabajadores del campo y la ciudad, jóvenes y mujeres se volcaron a las urnas para asestar un contundente golpe a los partidos de la derecha y al régimen, sumergiéndolos en una crisis de la cual no han podido recuperarse.

Se le otorgó así, un triunfo rotundo a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quién es hasta ahora el presidente más votado en la historia del país, con más de 30 millones de votos, además goza de mayoría relativa en la Cámara de Diputados y Senadores (suficiente para aprobar leyes, pero no para modificar la Constitución) y un triunfo electoral indiscutible en 30 de los 31 estados de la República.

En contraste, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó el sexenio pasado y estuvo al frente del gobierno durante más de 7 décadas -desde el año 1929 hasta el 2000- fue el más castigado, obteniendo la votación más baja de toda su historia; perdió cerca de 10 millones de votos. Por su parte el Partido Acción Nacional (PAN), que ha gobernado durante dos sexenios el país, del año 2000 al 2012, perdió cerca de 3 millones de votos.

La crisis de los partidos del régimen continúa, de acuerdo con una encuesta publicada el 28 de Noviembre de 2018 por el periódico conservador El Financiero, el apoyo electoral hacia los dos partidos -PRI y PAN-, sumado en la actualidad, no supera el 19%. Por otro lado, las encuestas, incluso aquellas que favorecían la percepción de los partidos de la derecha, admiten que la popularidad de López Obrador y las expectativas sobre su gobierno ha crecido, el mismo periódico en un reciente sondeo del 3 de diciembre reveló que tras la toma de posesión el 83% de la población se siente optimista, que a las personas que se consideran como parte del pueblo al 80% le inspira confianza, por su parte Mitofsky admite que tiene el 60% de credibilidad entre los mexicanos y una aceptación del 63%, superior a la votación obtenida el pasado 1 de Julio.

Toma de protesta 1 de Diciembre de 2018 / Foto: www.lopezobrador.org

La rabia contra el régimen y los deseos profundos de cambios radicales que observamos en el pasado proceso electoral ya se habían expresado previamente en las calles mediante multitudinarias manifestaciones, que cuestionaban cada día más al régimen político y al sistema económico, esto se hizo más notorio durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Décadas de privatizaciones, pobreza, desplome del poder adquisitivo del salario, aunado a la ola de violencia que recorre el país, los notorios casos de corrupción de los funcionarios de gobierno, fueron creando una marea de descontento y odio contra las instituciones, el Estado, los gobiernos corruptos y los partidos de derecha.

Producto de la elección del 1 de julio, por primera vez en la historia del país un presidente identificado en los márgenes de la izquierda política asume la presidencia, esto que ha despertado grandes expectativas entre la clase trabajadora, los jóvenes y las mujeres.

Si podemos definir el estado de ánimo en las calles durante el pasado 1 de diciembre era de alegría y festejo, reafirmando el sentimiento que se ha venido fortaleciendo tras el triunfo en la elección presidencial; el Zócalo de la Ciudad de México estaba convertido en una inmensa verbena popular, en el rostro y la mirada de las decenas de miles de asistentes se dibujaba la esperanza de cambios radicales, los miles de asistentes eran conscientes que se trataba de un momento histórico.

Cientos de veces se ha colmado la plancha del Zócalo de la Ciudad de México por las manifestaciones, contra las privatizaciones, contra la violencia, contra las desapariciones forzadas, contra los fraudes electorales, por las demandas más inmediatas del pueblo y los trabajadores: mejora salarial, salud, educación, vivienda, etc. Pero está ocasión el 1 de diciembre fue diferente, se desbordó la principal plaza del país con la sensación de que esta vez se debería festejar una victoria contundente sobre el odioso régimen y sus partidos.

AMLO desde el Congreso de la Unión y la plancha del Zócalo anunció el fin del modelo neoliberal, el nacimiento de una nueva etapa histórica denominada la Cuarta Transformación, precedida de la guerra revolucionaria de independencia iniciada en 1810, por las Leyes de Reforma promulgadas por el gobierno de Benito Juárez, y la revolución mexicana de 1910.

El terremoto político de los resultados electorales del pasado 1 de julio sigue enviando ondas expansivas que continúan sacudiendo al régimen político y las entrañas del sistema. El fantasma y las esperanzas de cambios radicales recorren el país y se hizo presente en las calles y en el Zócalo el pasado 1 de diciembre.

El discurso de AMLO

Andrés Manuel López Obrador dirigió un discurso en la Cámara de Diputados, tras recibir la banda presidencial y tomar protesta como mandatario, realizó un discurso donde denunció los estragos del llamado modelo neoliberal, el fracaso de las llamadas reformas estructurales, los recortes y privatizaciones, los actos de corrupción y los fraudes electorales en las elecciones.

Sobre la reforma energética mencionó:

Lo digo con realismo y sin prejuicios ideológicos: la política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país. Por ejemplo, la reforma energética, que nos dijeron que vendría a salvarnos solo ha significado la caída en la producción de petróleo y el aumento desmedido en los precios de las gasolinas, el gas y la electricidad.

Más adelante, continuó:

Es tan grave el daño causado al sector energético nacional durante el neoliberalismo, que no solo somos el país petrolero que más gasolinas importa en el mundo, sino que ahora ya estamos comprando petróleo crudo para abastecer a las únicas seis refinerías que apenas sobreviven, téngase en cuenta que precisamente desde hace 40 años no se construye una nueva refinería en el país.

Desde su punto de vista, otros aspectos negativos del llamado modelo neoliberal son:

De México es originario el maíz, esa planta bendita y somos la nación que más importa maíz en el mundo. Antes del neoliberalismo producíamos y éramos autosuficientes en gasolinas, diésel, gas, energía eléctrica. Ahora compramos más de la mitad de lo que consumimos de estos insumos.

Además, realizó un recuento del desplome del poder adquisitivo del salario, el cual durante los últimos 30 años se ha deteriorado en más del 60%.

Andrés Manuel López Obrador en el Congreso de la Unión / Foto: www.lopezobrador.org

Otro aspecto fundamental de su propuesta tiene que ver con la relación entre el poder político y económico, de acuerdo con su proyecto se pretende que: “El otro distintivo del nuevo gobierno será la separación del poder económico del poder político. El gobierno ya no será un simple facilitador para el saqueo, como ha venido sucediendo. Ya el gobierno no va a ser un comité al servicio de una minoría rapaz”.

Un aspecto central del discurso y el programa de AMLO se centra en el combate a la corrupción:

Según la última medición de Transparencia Internacional, ocupamos el lugar 135 en comparación con 176 países evaluados. Ocupamos el lugar 135 en corrupción, entre 176 países evaluados y pasamos a ese sitio luego de estar en el lugar 59 en el 2000, subir al 70 en el 2006, escalar al 106 en el 2012 y llegar en 2017 a la vergonzosa posición en que nos encontramos.

Por la tarde en el Zócalo bosquejó nuevamente su programa de gobierno, en un templete simbólico cubierto por miles de hojas de tomoxtle (hojas de maíz) de colores y ante miles de personas de distintos lugares del país, que colmaban la plaza.

Ofreció apoyo y atención a los grupos indígenas; becas a los jóvenes y niños que estén estudiando; la creación de 100 universidades públicas; apoyo a los damnificados de los sismos del año 2017; atención médica y medicamentos gratuitos; aumento en la pensión a los adultos mayores; apoyo a los productores del campo; el no aumentar el precio de la gasolina, los combustibles y la energía eléctrica más allá de la inflación; ofreció austeridad y honestidad en todos los niveles de gobierno; la implementación de diversos megaproyectos como el Tren Maya que se construirá en la Península de Yucatán; la creación de una refinería e inversión para producir más gas y petróleo; conexión de internet en todo el país y el servicio será gratuito en lugares públicos; incremento al salario mínimo; investigar a fondo la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa; la creación de una polémica Guardia Nacional con la Marina y el Ejército para que se haga cargo de las tareas de seguridad pública; promover las consultas para orientar las decisiones del gobierno; bajar los altos salarios de los funcionarios de gobierno; no crear nuevos impuestos; la cancelación de la mal llamada Reforma Educativa y a su vez preservar la memoria histórica, mediante la lectura y la promoción de la cultura, entre otras propuestas.

Expresó que habrá cercanía del gobierno y no traicionar las esperanzas de millones de personas que confían y simpatizan con la causa de la Cuarta Transformación:

No dejemos de encontrarnos: mantengamos siempre la comunicación. No habrá divorcio entre pueblo y gobierno. Yo les necesito, porque como decía Juárez “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”. No me dejen solo porque sin ustedes no valgo nada o casi nada; sin ustedes, los conservadores me avasallarían fácilmente. Yo les pido apoyo, porque reitero el compromiso de no fallarles; primero muerto que traicionarles.

Siguiendo la tradición de los liberales del Siglo XIX, de los que López Obrador es un ferviente seguidor, la Cuarta Transformación centra su programa en el combate a la corrupción y la implementación de un gobierno austero, eliminando los gastos innecesarios y suntuosos, además pugna por que el gobierno sirva a todas las clases sociales y sectores de la sociedad, sin que esté sometido a la presión del poder económico y el capital financiero. Se basa en un combate contra el modelo económico neoliberal, no contra el sistema que le da origen: el capitalismo, y pretende implementar una serie de reformas y concesiones a los sectores más vulnerables: jóvenes sin empleo, adultos mayores, etc. Además pugna por mantener una independencia económica y política de México respecto a los gobiernos extranjeros.

No está demás mencionar que la propuesta del paquete de reformas que pretende implementar Andrés Manuel López Obrador encuentra una base social de apoyo amplia, ante la política de ajustes, privatizaciones y eliminación de derechos sociales y laborales que se ha implementado por lo menos en los últimos 30 años.

Su discurso de combate a la corrupción encuentra eco ante los escandalosos casos de enriquecimiento ilícito de los altos funcionarios públicos, opacidad en los contratos para la obra pública entre todos los niveles de gobierno y las empresas privadas y el vínculo entre el crimen organizado y los gobernantes. El capitalismo mexicano destila corrupción por todos sus poros.

Y aunque explicado de manera abstracta, sin detalles, la idea de separar el poder político del económico, para millones de personas implica que el gobierno ya no sea un comité al servicio de los intereses de los banqueros y los grandes empresarios.

El deseo de cambios profundos se ha apoderado de la mente de millones de personas, trabajadores, campesinos, amas de casa, jóvenes. Saben muy bien lo que no desean: corrupción, violencia, pobreza, desempleo, bajos salarios, las reformas estructurales, gobierno entreguistas al imperialismo. En su desarrollo de conciencia producto de la lucha política y la experiencia propia que han adquirido en los últimos años, han asimilado y apoyado, por ahora, el programa de López Obrador, porque es el único que hasta ahora promete no continuar con el odioso estado de las cosas; reconocemos que la toma de conciencia es un proceso contradictorio, pero que millones de personas hayan roto con los partidos tradicionales y cuestionen el régimen existente, es un paso importante, pero no es el punto final de un largo proceso político que nos espera.

Millones de personas tendrán que pasar por la escuela política de un gobierno de López Obrador, antes de comenzar a sacar conclusiones abiertamente revolucionarias. El 1 de julio y el pasado 1 de diciembre fueron días claves en este proceso, aunque no serán los únicos.

En el Zócalo ante miles de seguidores. / Foto: www.lopezobrador.org

Un gobierno sometido a dos grandes fuerzas sociales

El gobierno de López Obrador estará sometido a dos grandes fuerzas sociales, que representan a las clases fundamentales del actual sistema capitalista.

Por un lado, los grandes capitalistas y banqueros presionarán para moderar el paquete de reformas propuesto en su programa político e impedir que se logren cambios fundamentales en beneficio de la clase trabajadora y los sectores populares. El deseo de los dueños del dinero, de los que denominamos la “mafia en el poder”, es mantener su tasa de ganancia alta, basada en la explotación de la clase trabajadora, con salarios bajos, sin prestaciones, ni derechos sociales y en el saqueo despiadado de los recursos naturales. Intentarán que los cambios sean cosméticos, pero que en el fondo la política social y económica sean las mismas. De hecho ya han comenzado a presionar, tomemos 3 ejemplos:

a) Producto de la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto, un grupo de empresarios han comenzado a retirar sus fondos e inversiones, lo que debilita el peso mexicano frente al dólar. Esto  ha llevado al nuevo gobierno a comprar una serie de bonos invertidos en la construcción del aeropuerto, adquirir deuda y abrir una nueva ronda de negociaciones con los capitalistas interesados en que el nuevo aeropuerto se construya en Texcoco y así evitar un conflicto abierto con los empresarios, que podría llegar a tribunales internacionales.

b) En días pasados se presentó en la Cámara de Diputados una iniciativa para regular las altas comisiones bancarias que le cobran a los usuarios, la respuesta fue una estrepitosa caída en la Bolsa de Valores, y presiones de los altos directivos de los Bancos en manos del capital de origen español. Debido a esta situación la iniciativa tuvo que ser retirada.

c) Ante la presentación de una propuesta por parte de algunos diputados identificados con la izquierda para revisar los contratos de las empresas mineras y otra iniciativa para regresar al antiguo régimen de jubilaciones y pensiones y revisar el modelo actual de las afores en manos de los bancos, ha habido una respuesta rabiosa por parte de los banqueros y los grandes empresarios, que también han amenazado con el retiro de las inversiones.

Como vemos, los banqueros y empresarios utilizarán su poder económico, basado en la propiedad privada de las grandes empresas, los bancos y grandes extensiones de tierra para presionar, e incluso boicotear la economía, para evitar que el paquete de reformas propuestas en el programa del nuevo gobierno avance, incluso aquellas que parecen ser iniciativas mínimas. E impedirán que a toda costa se reviertan las llamadas reformas estructurales como la energética o la laboral.

Por otro lado, se encuentran millones de personas, obreros, campesinos, jóvenes, amas de casa, que componen la base social del movimiento en torno a López Obrador, con un fuerte deseo y sentimiento de cambio, que desean un rumbo diferente en el terreno económico, político y social del país, desean que se reviertan las reformas estructurales, que se eleve el salario mínimo, se recuperen prestaciones y derechos sociales arrebatados, que se castigue a los políticos corruptos y represores del pueblo, se liberan a los presos políticos y que anhelan vivir en paz frente a la ola de violencia.

Sin embargo, para avanzar en ese programa mínimo, nos tenemos que enfrentar a los intereses y proyectos de los grandes empresarios y banqueros, quienes desean mantener el estado actual de las cosas. Tenemos que hacer frente a los intereses de una minoría privilegiada durante los gobierno del PRI y el PAN.

Organización del pueblo para lograr la Cuarta Transformación

La fuerza de los millones de trabajadores y gente del pueblo radica en su organización, la cual tendremos que profundizarla ante los grandes acontecimientos históricos venideros, en la movilización en las calles en la que no debemos dudar si la “mafia en el poder” pretende descarrilar el proyecto de cambio, y en un programa político correcto, el cual tendremos que ir discutiendo y debatiendo democráticamente para pasar de un naciente antineoliberalismo y anti corrupción a un programa abiertamente anticapitalista.

Al programa de AMLO se debería proponer una táctica para revertir las reformas estructurales, incluyendo la reforma energética y laboral, que el Estado recupere la industria minera, petrolera y eléctrica, recuperar las prestaciones y derechos sociales arrebatados en el pasado. Para que algunas propuestas sean duraderas debemos pasar de una lucha abierta contra el neoliberalismo a discutir la necesidad de que el programa contemple la lucha contra el capitalismo, el origen de la explotación y las desigualdades.

La cuarta transformación es digna heredera del movimiento revolucionario por la  independencia de 1810, de la guerra revolucionaria de reforma y contra la intervención extranjera, del movimiento revolucionario donde participaron cientos de miles de campesinos y obreros en 1910 contra la dictadura de Porfirio Díaz. Ahora nuestra tarea es luchar por una verdadera independencia y liberarnos del yugo del imperialismo; terminar con el viejo régimen sostenido por los nuevos conservadores que se niega a morir; nuestra tarea es luchar, aquí y ahora contra los que nos explotan y nos oprimen; contra la nueva dictadura que sostienen los oligarcas, banqueros y burgueses.

La Cuarta Transformación no sólo tendrá que ser antineoliberal y anticorrupción, tendrá que ser anticapitalista y revolucionaria para que el cambio verdadero sea duradero. Solamente con la expropiación bajo control democrático de los trabajadores de las grandes empresas nacionales y multinacionales podemos empezar a transformar México en beneficio de la mayoría de trabajadores, campesinos y pobres. La Cuarta Transformación solamente puede llevarse a cabo mediante la lucha por el socialismo.

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