En las recién pasadas elecciones,  hubo no sólo propaganda y agitación a favor de tal o cual proyecto político,  los dueños del país alzaron sus voces a través de su prensa con respecto a temas vitales de la economía. Uno de los más destacados fue las tarjetas de crédito y la reforma a la Ley que data de 2009. Actualmente, la ley establece que las tasas de interés efectivas aplicadas a las tarjetas de crédito serán establecidas por cada emisor. La reforma aprobada el 29 de septiembre pasado mandaría que los emisores de tarjetas de crédito no podrán fijar tasas de interés superiores a “ocho veces la tasa de interés ponderada que pagan los bancos al público por los depósitos a un año plazo” esta fue devuelta con observaciones por parte de Funes.

En las recién pasadas elecciones,  hubo no sólo propaganda y agitación a favor de tal o cual proyecto político,  los dueños del país alzaron sus voces a través de su prensa con respecto a temas vitales de la economía. Uno de los más destacados fue las tarjetas de crédito y la reforma a la Ley que data de 2009. Actualmente, la ley establece que las tasas de interés efectivas aplicadas a las tarjetas de crédito serán establecidas por cada emisor. La reforma aprobada el 29 de septiembre pasado mandaría que los emisores de tarjetas de crédito no podrán fijar tasas de interés superiores a “ocho veces la tasa de interés ponderada que pagan los bancos al público por los depósitos a un año plazo” esta fue devuelta con observaciones por parte de Funes.

Esta taza cambia todas las semanas y es publicada por el Banco Central de Reserva. Esto por supuesto que afectará los interés de las grandes empresas financieras, actualmente hay financieras que cobran un 7% anual como las que cobran el 49.99% anual. Ante esta propuesta impulsada por el FMLN sectores como la ANEP, FUSADES, COEXPORT, la Cámara de Comercio y por supuesto la Asociación Bancaria Salvadoreña (ABANSA), han acusado al gobierno y a los diputados del FMLN de populistas, de culpables de la pérdida en accesos a créditos pequeños y de querer regular al mercado. Es decir acusan al Estado de querer intervenir en los quehaceres de la empresa privada. Siguiendo con la política capitalista, el engaño de esta clase parásita de que el mercado se autorregulará a través de la libre competencia.
Según ABANSA, en 2008 habían 850,000 tarjetas de crédito en el mercado para 2011 eran 650,000. La baja se debe, dijeron, a los cambios en las reglas que se impulsan. 
ABANSA se manifestó en contra de esta reforma. La banca asegura que esto volverá “inviables” 400,000 tarjetas de crédito de menos de $500. Lo cierto es que estas 400,000 tarjetas de crédito son 400,000 pobres que no podrán estafar y a los que no podrán perseguir telefónicamente para que paguen cada centavo prestado a intereses de usureros.
Marx planteó que el crédito no es otra cosa que la extensión del mercado más allá de sus límites. Los banqueros viven de la usura, esto está claro para cualquiera. Por medio de los intereses que cobran por créditos otorgados, éstos honorables señores se apropian “legalmente”  del trabajo productivo que la clase trabajadora, generado ya sea por cuenta propia o como asalariados.
Los banqueros y sus lacayos agrupados en ABANSA (Asociación Bancaria Salvadoreña) , ya pusieron el grito en el cielo, lo que demuestra nuevamente que una reforma por tímida que sea, recibirá una férrea y feroz  resistencia por parte de los amos del país -oligarcas y burgueses- para que no se toquen en absoluto sus intereses y privilegios de clase.
La reforma pretende entre sus puntos más “controversiales”, poner un tope a la tasa de interés (precio del crédito) no mayor al 36% anual, actualmente la tasa es del 50%. Según la banca, este techo de interés no les permitirá cubrir los “costos” para operar las tarjetas que tienen montos menores a los $1,000.00 (esto es el 57% del total de las tarjetas en circulación). La propuesta de reforma de Ley generada por FMLN-GANA, es  la de aplicar un tope del 36% de interés (lo más justo dicen ellos), como si los discursos sobre “justicia” sea el tema de agenda diaria de los dueños de este mundo. Nuevamente arremeten los capitalistas y amenazan que de aprobarse esto, retirarán del mercado casi 400,000 tarjetas, con las que se hacen compras según ellos, por $300 millones al año.
Hecha la trampa, caído el ratón… estos señores no tienen ni tendrán nunca límites en su descaro e hipocresía. Según ellos, los usuarios más afectados con esta medida serían todas las personas que pertenecen a las MYPES (Medianas y Pequeñas Empresas), personas que utilizan las tarjetas de crédito para compra de mercadería o materias primas a falta de otros “instrumentos de financiamiento”. Si no tienen financiamiento es precisamente porque los banqueros de ABANSA no se los quieren dar, pero verá usted le tenemos “tarjetitas de crédito”  para que no se quede sin “producir” y su familia “sin comer”. ¡Qué personajes tan amables!
Al plantear esta reforma la izquierda y la derecha resentida con sus amos, no están haciendo otra cosa que intentar suavizar el verdadero rostro del capital financiero nacional e internacional, como intentando decir: “a ver, ya tienen muchos dulces en esa piñata, sería bueno que compartieran unos cuantos con los demás niños”, a lo que por supuesto los chicos de la piñata se negarán rotundamente, en este forcejeo quizá caigan unos cuantos dulces, pero los chicos que la poseen dirán: “Pero aún somos dueños de la piñata”. Esta reforma de llegarse a concretar, tendría su representación en la analogía antes descrita.
Como marxistas, sabemos que tenemos que apoyar estas reformas que aliviarán el yugo económico de muchas familias de manera incluso muy ligera, pero somos consientes de que esto no le quita el poder a la banca sobre las cuestiones fundamentales de la economía. El mercado encontrará otros canales para seguir enriqueciendo a los dueños del capital a costa de muchos, éstos le seguirán ofreciendo a las masas alternativas para seguir sobreviviendo dentro de los límites de la pobreza. Si somos verdaderos socialistas y revolucionarios, la propuesta ineludible es la de la nacionalización de la banca por parte  del estado y el control de ésta en manos de los trabajadores para que sea administrada de manera democrática, racional y planificada. Esto pasa también por remover a todos los “managers”, economistas, contadores a sueldo de la burguesía y que sirven ciegamente a su voluntad.

¡Por una alternativa de créditos baratos para los obreros!
¡Nacionalización de la banca YA!

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