Mujer Obrera - Política - 22 julio, 2019

¿La paridad de género es la alternativa para lograr la igualdad de las mujeres?

A inicios de mayo, justo un mes antes del traspaso de mando al nuevo gobierno, el presidente Nayib Bukele comenzó a hacer una serie de nombramientos vía Twitter de los funcionarios que conformarían el nuevo gabinete. Es así como el nombramiento de Alexandra Hill Tinoco como canciller de la república levantó grandes expectativas, por ser la primer funcionaria que revelaba Bukele y, además, por ser mujer.

Después de Alexandra, vinieron más nombramientos de funcionarios del gabinete. La sorpresa seguía siendo que todas eran mujeres: Suecy Callejas como Ministra de Cultura; Maria Chichilco como ministra de Desarrollo Local; Michelle Sol para el nuevo Ministerio de Vivienda; Karla Hananía de Varela en Educación; Ana Orellana Bendek en Salud y Morena Ileana Valdez Vigil para el Ministerio de Turismo. Todas las funcionarias, un total de siete, fueron presentadas de manera pomposa a través de extensos curriculum publicados en las redes sociales del presidente.

Luego de la toma de posesión, al ser develados los nombres de los demás funcionarios, hubo un total de 8 mujeres de 16 funcionarios del gabinete. A las antes mencionadas se les sumó María Luisa Hayem Breve como ministra de Economía. Esto ha sido novedoso en la historia del país debido a que ningún gobierno anterior había nombrado a tantas mujeres para dirigir las carteras del Estado. Por primera vez se ha conformado un gobierno paritario, es decir, uno dónde tanto hombres como mujeres tienen igualdad de participación y representatividad.

Un gobierno paritario ha sido una demanda de muchos colectivos feministas y organismos internacionales alrededor del mundo. En Centroamérica, solamente Costa Rica ha logrado la cuota de paridad y la ha superado. El presidente costarricense, Carlos Alvarado, en 2018 nombró a 14 mujeres y 11 hombres en el Ejecutivo. La paridad ha sido defendida desde la teoría feminista para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres dentro del marco de las relaciones de producción capitalista. ¿Pero realmente la paridad puede lograr esto?

La paridad de género ¿Qué es y de dónde surge?

La paridad de género ha sido una idea muy popular entre intelectuales y académicos porque supuestamente, al aplicarse a la democracia representativa de los Estados modernos, permitirá la igualdad tan anhelada entre hombres y mujeres, la consideran una condición primaria para este propósito.

A través de los organismos internacionales serviles al gran capital, sobre todo desde ONU Mujeres, la democracia paritaria ha sido ampliamente difundida. Desde 1979, en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer de las Naciones Unidas, ya se establecía que la participación plena de las mujeres en todas las esferas de la vida, teniendo igualdad de condiciones frente a los hombres, era parte importante para lograr el desarrollo total de los países. Sin embargo, fue hasta 1992 en la Cumbre europea de Atenas “Mujeres al poder”, cuando por primera vez se planteó la necesidad de la ‘democracia paritaria’:

“La igualdad formal e informal de mujeres y hombres es un derecho humano fundamental. Las mujeres representan más de la mitad de la población. La igualdad requiere paridad en la representación y administración de las Naciones. Las mujeres representan la mitad del talento y habilidades potenciales de la humanidad y su infra-representación en la toma de decisiones es una pérdida por el conjunto de la sociedad. La infra-representación de las mujeres en la toma de decisiones impide que se tengan en cuenta los intereses y necesidades del conjunto de la población. Una participación equilibrada de mujeres y hombres en la toma de decisiones produciría diferentes ideas, valores y estilos de comportamiento necesarios para lograr un mundo más justo y equilibrado para todo el mundo, tanto para las mujeres como para los hombres».[1]

Según ONU Mujeres, “la paridad de género en el ámbito político busca equiparar la participación de las mujeres en los parlamentos a través de los partidos políticos”. Además, explica que “un factor determinante para avanzar ha sido la inclusión de acciones afirmativas (cuotas de género) en las legislaciones de muchos países latinoamericanos (actualmente 15 cuentan con legislación vigente sobre cuota o paridad) y algunos caribeños (Guyana, Haití) que han obligado a incluir un porcentaje mínimo de mujeres en las listas de los partidos para cargos de elección popular, que oscilan entre 20 y 50%”.

Por tanto, la paridad busca a través de las diferentes legislaciones que los partidos políticos incluyan una cuota de genero en sus listas. Según la BBC, desde 1997 se han mostrado avances en el incremento del numero de mujeres parlamentarias alrededor del mundo. Hace dos décadas, destacaban países como Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca y Holanda con más de 30% de mujeres parlamentarias, y Suecia encabezaba la lista con el 40,4%. Sin embargo, en los últimos años los países nórdicos han sido superados por países como Ruanda e incluso por países latinoamericanos y hasta centroamericanos, ubicando a Bolivia, Granada, México, Nicaragua, Costa Rica y Cuba entre los primeros 10 países más paritarios con más del 40% de participación de mujeres en los parlamentos. Pero, ¿Esta condición paritaria ha hecho que estos países eleven el nivel en la calidad de vida de las mujeres y ha garantizado realmente su igualdad en la sociedad?

Si tomamos como ejemplo a México la respuesta es un absoluto no. México destaca por sus altas tasas de feminicidio no solo en Latinoamérica sino en el mundo. Los niveles de violencia sexual y física son alarmantes. La calidad de vida de las mexicanas no está siendo garantizada a pesar que haya mucha representación de mujeres en el parlamento.

Los marxistas y la paridad ¿Dónde surge la opresión?

Los marxistas no estamos en contra de que las mujeres puedan participar activamente en la política, al contrario, luchamos y lucharemos por liberar a las mujeres de las condiciones materiales de explotación que le impiden participar en política. El mayor problema de los marxistas respecto a la paridad es que esta se emplea sin tener en cuenta la perspectiva de clase. Tal como lo explica Jessica Cassel:

“Las políticas tokenistas[2], como la paridad de género y otras cuotas basadas en la identidad, se emplean sin tener en cuenta la perspectiva de clase o la orientación política, lo que en realidad da lugar a unas pocas posiciones ventajosas para un puñado de burócratas, que no se comprometen en movilizar una lucha por condiciones que palien la opresión y la explotación para la mayoría que constituye la base y la sociedad en general. La clase dirigente utiliza políticas similares para intentar apaciguar a los oprimidos dejando su sistema de explotación completamente intacto”[3].

Lo que la paridad plantea es que entre más mujeres haya en cargos de elección popular más se garantiza la igualdad de todas las mujeres en la sociedad, más se avanza en la erradicación de su opresión y su discriminación. Este es un error devenido de una concepción equivocada del origen de la opresión de la mujer, no hace más que desviar la atención de los puntos importantes. Las mujeres no están oprimidas por el hecho de no tener mayor representación en el Estado burgués, sino por la sociedad dividida en clases, es decir, es un problema de la estructura misma en la que se cimienta el sistema capitalista, por tanto, para garantizar una participación real de las mujeres lo que se debe hacer no es abogar por la aplicación de políticas de paridad, sino por la creación de organizaciones combativas que pongan en el centro las contradicciones de clase y barran de una vez por todas la estructura del capitalismo que impide que las mujeres puedan participar plenamente en la política.

Jessica explica también que: “La elección de mujeres como Margaret Thatcher, Angela Merkel, Theresa May o Hillary Clinton a algunos de los puestos políticos más altos no ha servido para promover la causa de la emancipación de las mujeres, y los revolucionarios hicieron una campaña activa contra ellas. Lo mismo puede decirse, por ejemplo, de la directora del FMI, Christine Lagarde, y la lista continúa”.[4]

La paridad en el gobierno de Bukele

A pesar de lo anterior, la política de paridad ha logrado tomar un fuerte impulso en los últimos años, debemos tener en cuenta que la igualdad que busca garantizar es la igualdad formal, es decir, la que se consigue a través de dictaminar leyes. En la Ley de Partidos Políticos de El Salvador en el Art. 37 se establece que: «Los partidos políticos deberán integrar en sus planillas para elecciones al menos un treinta por ciento de mujeres. Esta medida positiva de carácter temporal, tendrá vigencia para las próximas cinco elecciones de Diputados y Diputadas a la Asamblea Legislativa, y cuatro elecciones del Parlamento Centroamericano, a partir de la vigencia de esta ley.»

Pero de lo que se trata es de garantizar la igualdad real y esta pasa por acabar con las trabas materiales de explotación a las que son sometidas las mujeres trabajadoras para poder participar en política, lo cual significa acabar con el sistema de explotación capitalista.

En el gobierno de Bukele se pondrá a prueba si la paridad logra resolver la condición de vida de las mujeres o no. Sin embargo, nosotros creemos que el enfoque de la paridad tiene serias limitantes. Tarde o temprano esto quedará demostrado en la practica.


[1] Athens Declaration (1992). Consultado el 27 de junio 2019, en: https://eurogender.eige.europa.eu/node/8318

[2] Tokenismo, de la palabra token. Sinónimo de cortinas de humo, políticas distraccionistas, etc.

[3] Jessica Cassell. (2017). Marxismo versus Interseccionalidad, publicado en www.bloquepopularjuvenil.org

[4] Ibidem.

2 comentarios

  1. Me queda claro que la política de paridad no resolverá las condiciones de explotación de las mujeres ya que no toca el sistema opresor que las oprime.Por lo mismo,tampoco es cierto que el nuevo gobierno de Nayib esté a prueba en si puede o no cambiar las condiciones de las mujeres.

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