La necesidad imperante de luchar por la salud sexual y reproductiva como una política de Estado

La salud sexual es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; la cual no es la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. Para que la salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexuales deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud”. Según la misma OMS, “se requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad  y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”. La salud reproductiva, dentro del marco de la salud tal y como la define la OMS, aborda los mecanismos de la procreación y el funcionamiento del aparato reproductor en todas las etapas de la vida.

Implica la posibilidad de tener una sexualidad responsable, satisfactoria y segura, que debe ser garantizada por las instituciones pertinentes del gobierno, que involucra tanto al Ministerio de Educación como al Ministerio de Salud, para iniciar el proceso de formación y educación sexual responsable desde las primeras etapas de la vida de los niños y niñas, involucrando a toda la familia, motivandoles a recibir y poner en practica la información que se les brinda. Desde ahí tanto niños como niñas serán conscientes de su sexualidad y comprenderán mejor las etapas de su crecimiento, cambios físicos y emocionales que tendrán a lo largo de ellos y hacerles saber que son dueños de su cuerpo, que deben cuidarlo como tal y que nadie puede  arrebatarles ese derecho; de esta manera los niños y niñas desde sus primeras etapas de vida conoceran todo lo que implica la salud sexual y reproductiva para que no vivan con la idea errónea de que solamente los adultos pueden tratar estos temas.

El concepto de salud sexual y reproductiva debería contemplar que hombres y mujeres tengan conocimiento y acceso a métodos anticonceptivos seguros, eficaces y a precios al alcance del bolsillo de la mayoría.

Bajo el capitalismo y en los países excoloniales como el nuestro, sobre todo, podemos observar con claridad que no se garantiza una educación integral enfocada a sexualidad y reproducción, porque bajo el sistema capitalista la salud de los trabajadores desde el Estado burgués nunca será una prioridad. Los beneficios que tenemos hasta hoy han sido conquistados a través de la lucha de generaciones pasadas, de lo contrario al capitalista le bastaría con brindar lo minimo para que el obrero pueda regresar al día siguiente a la fábrica. Todo este “orden” de cosas, de política capitalista absurda, genera en la población joven y  adolescente, incluso en adultos un pobre acceso a información y material educativo sobre educación sexual y reproductiva que, a mediano y largo plazo, provoca violaciones inicialmente de su derecho al  acceso de información, a ser victima de agresiones sexuales, embarazos a temprana edad no planificados, etc.

La educación en salud sexual y reproductiva no es enseñar a tener relaciones sexuales ni a procrear. Las personas, durante  la adolescencia, empiezan a darse cuenta de los cambios en sus cuerpos y similitudes y/o  diferencias que tienen respecto a otros adolescentes de su edad. En esta etapa, una mirada, un roce, o solamente el pensar en alguien puede hacer que su corazón lata más rápido y producir una sensación de calidez o cosquilleo por todo el cuerpo y los adolescentes, muchas veces no saben cómo reaccionar ante estas emociones y sentimientos. El hablar con sus padres o pediatra es una buena forma de recibir información, para ayudarles con las inquietudes que tengan sobre estos cambios, sin embargo, si los padres de familia no han sido concientizados sobre ello, podrían entrar en pánico y tratar de evadir el tema  por falta de conocimiento, por considerarse tabú o podrían darles información equivocada; y estos chicos a quienes no se han informado de manera correcta, se dejarán llevar por lo que consideren oportuno para ellos aunque no sea lo más responsable. Por tanto el Estado debe impulsar también campañas de concientización a los padres durante algunos años, para combatir posturas erradas.

Cada padre y madre debe recibir información sobre todos y cada uno de estos temas por medio de fuentes verídicas y no por terceros que podrían solamente entorpecerlos, pero ¿garantiza el Estado el acceso a esta información? ¿Es válido que evada  este y otros temas de vital importancia? ¿Por qué no se brinda educación sexual y reproductiva en las escuelas? ¿Le conviene al Estado que la población no se informe a cerca de ello? ¿Estamos obligados a permanecer así? Éstas y muchas otras interrogantes  son las que vienen a nuestra mente al darnos cuenta que no se nos está permitiendo en el acceso a la información de manera  completa, certera y gratuita. Se debe dejar atrás el moralismo religioso y comenzar a abordar estos temas con la seriedad que merecen, sin embargo, el Estado burgués como fiel defensor de los intereses de la clase dominante no estará interesado en invertir minimamente recursos para esto, por eso, la clase trabajadora debe exigir la implementación de un programa revolucionario que incluya una reforma de salud integral que aborde estas necesidades para mejorar su calidad de vida. Solo la lucha organizada nos garantizará esto.

 

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