La militarización del país y los graves riesgos del uso de la represión estatal

La violencia delincuencial en El Salvador es una problemática que no necesita ser contada, se expresa por sí sola, como dicen es “el pan de cada día”. Lo que necesita ser narrado es cómo se genera, qué puede solucionarla de verdad, qué la reproduce más, y quiénes son los actores o generadores directos de ella.

La violencia delincuencial en El Salvador es una problemática que no necesita ser contada, se expresa por sí sola, como dicen es “el pan de cada día”. Lo que necesita ser narrado es cómo se genera, qué puede solucionarla de verdad, qué la reproduce más, y quiénes son los actores o generadores directos de ella.

 

Este tipo de violencia es típica dentro de los países atrasados económicamente, es un hecho que en los países donde menos se han desarrollado las fuerzas productivas, la violencia delincuencial se expresa con mayor lucidez. En algunos países capitalistas desarrollados los niveles delincuenciales son relativamente bajos, sin embargo, no hay una relación automática en esto, es algo contradictorio y no mecánico, esto es así porque no necesariamente el desarrollo de la técnica y las fuerzas productivas determinarán los índices de decadencia social,  sino también la distribución de la riqueza, la forma en cómo se produce y la propiedad privada de los medios de producción. Los niveles de vida que se gozan en países adelantados o desarrollados se pueden dar gracias a la división internacional del trabajo, donde los países atrasados tienen  que pagar la crisis y sobre explotación para que las burguesías locales de países desarrollados puedan tener tranquilos a los obreros locales.

De la base económica de la sociedad capitalista se desprenden una serie de factores que se reproducen y que se enmarañan, como una enredadera, en las relaciones sociales. La violencia como tal no es un problema cultural, esos son argumentos de los reaccionarios que tratan de justificar las matanzas y violencia desmedida con consideraciones genéticas o culturales. Al final de cuentas, la cultura que se genera en una sociedad va de la mano con las relaciones sociales de producción. El capitalismo es un sistema violento desde su nacimiento, concentra la riqueza extraída de los trabajadores condenando a una gran masa de seres humanos a la mendicidad, pobreza e ignorancia; es violencia cotidiana que hemos asimilado como normal. Y hasta cierto punto es normal en el capitalismo. El sistema genera esas bases sobre las que descansa toda su forma de organización social y el Estado es el máximo representante de esta violencia. Los estándares culturales  de comportamiento dentro del sistema capitalista tienden a ser el egoísmo, sometimiento a los demás, la corrupción, etc. Todo esto genera pobreza, y la pobreza genera necesidades que tienen que ser cubiertas para no morir de hambre. Esta situación cuando se vuelve permanente crea “profesionales” o ejércitos de gente que tienen que rebuscarse para sobrevivir sin trabajar, haciendo negocios ilícitos, robando, etc. Un desclasamiento de la sociedad a gran escala.

Con la finalización de la guerra en El Salvador las ilusiones democráticas crecieron exponencialmente, pero con el desarrollo del capitalismo voraz conocido como neoliberalismo estas ilusiones democráticas se han ido desvaneciendo, hemos llegado a un callejón sin salida para el avance de la sociedad. Cuando hablamos de ilusiones democráticas hablamos del desarrollo de las fuerzas productivas y el fortalecimiento de las instituciones burguesas, de la participación “democrática” para la clase trabajadora, del fortalecimiento y la transformación de los grupos represivos y coercitivos del Estado (policía y Ejército), y la ilusión de creer que desde estas últimas medidas la vida de los trabajadores entrarían en un nivel superior: un mundo de riqueza, paz y amor para todos. En la práctica va quedando demostrado, contundentemente, que la realidad de estas ilusiones se ha difuminado, se han desvanecido como el humo. Estas fases democráticas han llegado a su límite, han retrocedido diametralmente, durante más de 20 años han sido incapaces de brindar una alternativa a la desigualdad y a la explotación creciente, han perdido, por así decirlo, su razón de ser en la historia y hoy expresan una necesidad de superarlas.

El Estado burgués como un árbitro entre las clases

Hay muchas verdades que nuestros líderes (gobierno y partido) no revelan, y esto no se debe a la ignorancia se debe claramente a intereses de clase, para algunos es fundamental mantener el orden existente, de ahí dependen sus buenos salarios y comodidades. Cuando las contradicciones de clase no se expresan de manera clara, es normal deducir que el Estado es un ente regulador, un instrumento de todos y para todos y pareciera que así es, pero ese ente todopoderoso, representa como tal una expresión de violencia. El Estado burgués no es más que un administrador de los negocios de la burguesía, un regulador, un árbitro entre los dominados y los dominantes. Y este ente siempre defenderá en momentos decisivos los intereses de una clase en particular: la clase de los ricos y poderosos. Ahora bien, podemos ver que existen dos tipos de violencia: la violencia de arriba hacia abajo (ejercida por el Estado burgués), y la violencia de abajo (delincuencia por parte de grupos criminales), la primera está resguardada por un envoltorio estéticamente diseñado para que sea casi imperceptible, la segunda es más evidente, pero ambas existen.

Por años se ha intentado acabar con el aumento pandilleril en El Salvador, hemos perdido la cuenta de cuántos planes se han echado andar, pero hay algo que si tenemos bien claro: todos han fracasado y todos también han intentado esconder y desconocer que la violencia que ha impuesto el capital, sobre la clase trabajadora durante años, es el principal generador de la violencia delincuencial que sufren las clases bajas. Con el fin del conflicto armado hay un punto fundamental que no se solucionó y ese por ahora es el responsable fundamental de toda la decadencia y degradación de la sociedad, con el fin de la guerra se abrió paso al fortalecimiento de la democracia burguesa, esto en materia económica significa el enriquecimiento de unos pocos, a costa del trabajo y el empobrecimiento de millones. La democracia burguesa significó  que en las últimas dos décadas y media solo 160 ultra ricos controlen la porción más grande de riqueza en el país.

La violencia delincuencial parte de condiciones materiales concretas tales como: la falta de empleos dignos para la juventud, salarios precarios, la violación al derecho primordial a la vivienda digna, salud y educación, entre otras. Estas demandas fundamentales no han sido cumplidas en el periodo post guerra, lo que ha significado una situación de precariedad para la juventud. La expresión más categórica y fundamental de esto es el desarrollo de los grupos pandilleriles y la emigración constante.  Han pasado 24 años desde la guerra pero seguimos manteniendo las principales causas del conflicto armado.

Atacar las causas no sus efectos

El gobierno del FMLN ha querido desligarse completamente de los demás gobiernos fracasados en materia de seguridad. Uno de sus principales reformas ha sido el incentivo a la educación con los paquetes escolares y equipo técnico entre otras, no obstante, esto ha sido insuficiente para erradicar las causas de la degeneración de la sociedad. Otra de las medidas que se han tomado ha sido la creación del Consejo Nacional de Seguridad Publica, una entidad donde participan funcionarios, sindicatos, líderes de iglesias e incluso empresarios, pero tal entidad ha sido incapaz de poder brindar orientaciones sobre cómo erradicar el problema y esto es normal, pues al igual que un tigre jamás se pondrá de acuerdo y hará las paces con su presa, así también empresarios y trabajadores jamás se podrán poner de acuerdo. Al final, el interés de uno de estos prevalecerá y bajo la sociedad capitalista el interés que prevalece es el interés de los empresarios. El problema del pandillerismo se puede ir terminando cuando acabemos con la pobreza y desigualdad, con la falta de educación y empleos con salarios dignos. Dentro del capitalismo esto es una utopía conseguirlo, principalmente en un momento de bancarrota generalizada del sistema a nivel mundial.

De lo que se trata es de escuchar a los trabajadores y a las clases explotadas, de fomentar la organización del pueblo para la defensa de sus intereses y seguridad. Es claro que los incrementos salariales, la creación de viviendas dignas, de empleo, de hospitales y centros recreativos, pasa necesariamente por tocar una buena parte de la plusvalía que le es expropiada al trabajador en la producción. El dinero para superar la precariedad existe, lo único que imposibilita en que nosotros, la mayoría, podamos hacer uso de ese recurso es el interés mezquino de la clase dominante.

Medidas con efectos contrarios

En los últimos días hemos visto el despliegue de Fuerzas Especiales de la Policía y Ejército armados hasta los dientes. Parece ser que la presión de la burguesía ha orillado al gobierno y la Asamblea Legislativa al fortalecimiento del Estado y al uso de la violencia para “erradicar” el crimen en el país. Un hombre al borde del acantilado no razona, con estas medidas el FMLN ha girado y ha caído en lo que antes criticaba: los métodos represivos. Lejos de solucionar el problema se tendrán efectos contrarios. Puede que en sus primeros días, meses incluso, la situación se mantenga en calma y aparentemente la situación mejore, pero así como una ola se retira de la costa, eso no significa que una más desarrollada nos pueda arrollar en el futuro, no es descartable ataques en niveles superiores por parte de estos grupos delincuenciales.

El sistema crea las condiciones para que se genere la violencia, luego con excusa de acabar con esta, se arma hasta los dientes para supuestamente enfrentarla, pero en realidad lo que hace con ese aparato de represión es atacar a los que se quejan de las miserables condiciones. Nunca solucionan el problema porque este es inseparable del capitalismo.

Todo Estado es una organización coercitiva de la clase dominante que se alza sobre las demás clases, el régimen social permanece estable en tanto la clase dominante es capaz de mantener el orden a través de su Estado. El Ejército y la policía son los órganos principales del Estado y obedecen a la clase dominante, si bien es cierto la burguesía renuncia (aunque no completamente) a crear sus propios ejércitos privados en favor del Estado es solo para evitar que la clase obrera cree su propias fuerzas armadas. En momentos de relativa calma hasta las clases oprimidas perciben como algo natural el monopolio de las fuerzas armadas. El FMLN con el fortalecimiento del ejército y la policía no está solucionando nada, al contrario está fortaleciendo los instrumentos que la clase dominante utilizará para aplastar a los trabajadores cuando decidan tomar con sus propias manos el rumbo de sus vidas.

Lejos de militarizar el país, de fortalecer la policía, de endurecer las leyes y de reforzar medidas excepcionales, lo que se necesita es hacer un frente único con los trabajadores. Estos están organizados de muchas formas en el trabajo, en las colonias, en centros deportivos, etc., desde estas organizaciones podemos empezar a desarrollar un plan revolucionario e integral que solvente las necesidades más acuciantes de los trabajadores. Los niveles de desarrollo de los grupos pandilleriles exigen una alternativa inmediata de seguridad, el Estado ha sido incapaz de brindarla. Creemos necesario que las tareas de seguridad pasen a ser parte de la agenda inmediata de las organizaciones comunitarias y laborales. Debemos organizar asambleas democráticas en las comunidades y centros de trabajo, donde se designen grupos de autodefensas y que estos se rijan por las necesidades y reglas democráticas de las asambleas comunitarias barriales, municipales, departamentales y nacionales.

Este tipo de organización debe de contar con el apoyo necesario del gobierno, combinando la lucha contra los grupos criminales. Defendiendo nuestras vidas debemos también luchar porque se apliquen medidas que vayan eliminando las fuerzas que impulsan el desarrollo de la criminalidad y la delincuencia, este punto pasa necesariamente por una lucha de clase, una lucha contra aquella clase que concentra en sus manos la riqueza que producen las clases bajas, riqueza que necesitamos para poder crear las condiciones necesarias para avanzar a una sociedad diferente, más justa e igualitaria, estos son los principales temas de agenda de la organización del pueblo.

Estos organismos podrán ser los embriones de una nueva sociedad, los embriones que deberán a través de la lucha decidida establecer las condiciones materiales que necesitan las nuevas generaciones para desarrollarse humanamente. Sin embargo, esta lucha pasa porque el FMLN le dé la espalda del todo a los capitalistas, y se apoye solo en la única clase capaz de llevar a la sociedad al siguiente nivel y superar los límites del sistema capitalista. Solo el socialismo, la expropiación de las fuerzas productivas al capital privado y utilizar esta riqueza para industrializar y modernizar al país pondrá las bases para terminar con la delincuencia y el pandillerismo, este es el camino que nos salvará del derramamiento de más sangre inocente en un futuro.

 

News Reporter
Editor de la página www.bloquepopularjuvenil.org sección salvadoreña de la Corriente Marxista Internacional CMI y del periódico Militante BPJ -Voz marxista de los trabajadores y la juventud-

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